“Todos deberíamos ser polímatas y saber de todo un poco”

Pilar Llácer: “Todos deberíamos saber de todo un poco”

Encontrar trabajo puede convertirse en un rompecabezas. Por eso, la experta en gestión de talento y filósofa palentina Pilar Llácer lo tiene claro: hay que ser práctico. Defiende que antes de lanzarse a buscar empleo nos paremos a pensar dos veces hacia dónde va el mundo laboral para poder enfocar mejor nuestros esfuerzos. Ella ya lo está haciendo actualmente como directora del centro Work of the Future en la EAE Business School, donde investiga cuestiones como la empleabilidad en entornos frágiles, inciertos y digitales. Sin marca personal no hay éxito, explica, pero considera que es un asunto que aún no está lo suficientemente interiorizado a la hora de dar con nuevas salidas profesionales. Entrevista con Pilar Llácer, una mujer atrevida y polímata para quien las redes sociales pueden convertirse en nuestro mejor escaparate.

Pilar, empecemos fuerte: ¿qué recomiendas a quien está buscando trabajo?

El futuro del trabajo tiene dos componentes: uno tecnológico y otro ligado al cambio climático y a los objetivos de desarrollo sostenible. Respecto al primero, ¿significa que tienes que ser informático? No. Significa que tienes que tener “actitud digital”. No tienes que saber diseñar una página web, sino mensajes digitales con impacto para publicarlos en ella. Respecto al segundo, ya seas electricista, arquitecto o comunicador, has de abrir los ojos frente al cambio climático y formarte en determinados conocimientos como, por ejemplo, la transición energética.

Pero esto no se aplica a todos los sectores ni puede garantizar que se vaya a encontrar empleo. ¿Qué se puede hacer entonces?

Es muy importante saber dónde está la pelota en el mercado laboral y no empeñarte en hacer surf si no hay olas. Si quieres ser coach o periodista, debes tener en cuenta que hay millones de ellos. Por eso, has de potenciar lo que te diferencia, y hay algo que te puede ayudar mucho a conseguirlo: tu marca personal. Hay que desarrollarla en las redes, ofrecer un contenido diferente y dedicarle tiempo y esfuerzo, y eso es algo que no todo el mundo entiende. No basta solo con estar ahí, sino que has de aportar un valor. Si no estás visible en el mercado de trabajo no te van a contratar, por muy perfecto que sea tu CV. Las empresas necesitan fijarse en un candidato, así que tienes que destacar y llamar su atención.

Cada persona tiene algo que la diferencia. Es importante saber explotarlo. Un ejemplo fantástico es el de Marie Kondo, que hizo de algo tan simple como ordenar armarios su seña de identidad.

¿Y qué pasa con quienes no tienen tiempo o ganas de exponerse en las redes?

Que se quedan fuera. La pregunta que has de hacerte es: ‘¿Quieres ser empleable toda tu carrera?’. Pues eso lleva tiempo y esfuerzo. Yo dedico todos los días una hora de mi tiempo a desarrollar mi marca personal, sobre todo en LinkedIn e Instagram. Es algo que aún no está en la mentalidad de muchas personas ni de muchas empresas, que por ejemplo tienen capado el acceso a redes sociales para que no entren sus trabajadores.

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¿Es ser filósofa parte de tu marca personal?

Durante muchos años, oculté que había estudiado Filosofía porque no es algo que las empresas pidan en sus ofertas. Con el tiempo, sin embargo, me he dado cuenta de que mi valor añadido frente a muchas personas es el pensamiento crítico que desarrollé. Soy una persona muy práctica y creo que la investigación también debe serlo.

¿Por qué decide una filósofa pasarse al mundo empresarial?

Después de estudiar Filosofía en Valladolid, me vine a Madrid a hacer el doctorado en Ética, que era la salida más común para quienes estudiaban mi carrera. Pero un día mi director de tesis me dijo: “Pilar déjate de Filosofía y estudia Informática”, porque algo que mucha gente no sabe es que en Filosofía estudiamos tres años de lógica, que es como las matemáticas, pero con letras. Le hice caso y estudié un máster en Informática y Derecho y luego hice varios cursos a distancia de programación, algo que a día de hoy me sigue encantando y donde aprendí sobre algoritmos, cosa que empleo actualmente en mi trabajo.

A pesar de que mi vocación era dar clase, me salí del doctorado porque quería tener una experiencia real de empresa. Un día encontré una oferta en el periódico para trabajar en gestión del conocimiento. La persona que me contrató sabía lo que podía aportar por ser filósofa y aunque un año después me despidieron, aprendí mucho y me reafirmó la idea de que hay que tocar el mundo real tanto para hacer investigación como para saber pensar.

Y sin embargo la ética sigue presente en buena parte de tu trabajo. ¿Cómo se aplica la ética a los negocios?

Antes que nada, hay que saber que ser ético no significa ser buena persona, porque eso depende de cada uno. La ética no va de buenos ni malos. Estamos en un momento muy importante para la ética, porque está relacionada con el propósito. ¿Para qué trabajas tú? Mucha gente respondería que para ganar dinero. Pero la ética va más allá, está relacionada con un fin mayor, con tener un impacto en tu empresa, en la sociedad. La ética es el fin que guía la acción en cada decisión que tomas en tu día a día.

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En un post de LinkedIn hablas de la tiranía del triángulo de los bikinis y animas a que, más que preguntarnos por qué no cabemos en ellos, reflexionemos sobre por qué queremos entrar en ellos. ¿Pasa igual a la hora de buscar trabajo en ciertas empresas?

Yo siempre digo que mi generación, los que tenemos de 50 años para arriba, es un poco la de “los resignados”. Venimos de un entorno en el que si tenemos trabajo, parece que no podemos decir nada ni debemos cambiarlo, como si tuviéramos miedo. En mi escuela de negocio llevo la asignatura de prácticas curriculares de 1.500 alumnos al año y me encanta porque son la generación que va a hacer cambiar las empresas. No lo va a hacer ninguna política, lo van a hacer los millennials. Porque además de tener expectativas muy diferentes, tienen el valor de decir lo que no les gusta e incluso de marcharse. Y eso está haciendo que las empresas tengan que reflexionar sobre ello y replantearse el estilo de liderazgo.

Sin embargo, tampoco hay que olvidar que estamos ante una relación de dos, y la empresa también necesita el compromiso y la energía del trabajador. Por ponerte un ejemplo, no tendría sentido que tras un ERE lo primero que preguntes es cuándo podrás coger tus vacaciones.

Hablamos de empleabilidad, marca personal y oportunidades laborales. Pero ¿qué pasa con el despido? En tu último libro Te van a despedir y lo sabes reflexionas sobre una realidad que a todos nos toca de cerca, pero que no parece entrar en nuestros planes. ¿Qué consejos darías?

A mí me han despedido tres veces y he aprendido que no estamos preparados para ello. Por eso escribí el libro. Un despido tiene una carga emocional muy fuerte, sobre todo porque nos da vergüenza decirlo y asumirlo. Por eso, porque nunca sabes lo que va a pasar mañana, hay que tener un plan B, el currículum actualizado, tus contactos en mente, tu perfil en LinkedIn al día… El mercado laboral, y más ahora con la pandemia, es muy complejo y se podría comparar con una maratón: tienes que entrenar si quieres correrla. Yo, ahora, en mi mesa ya solo tengo una taza con lápices. Por lo que pueda pasar.

Y las empresas, ¿también cometen errores a la hora de buscar el talento que necesitan?

Las empresas no saben lo que necesitan, pero se basan mucho en “lo que se ha hecho siempre”. Contratar a una persona que ha estudiado Marketing para mi departamento de marketing, a alguien de Finanzas para contabilidad, y a un periodista para comunicación no hará que la empresa crezca exponencialmente, ya que se seguirá haciendo lo mismo que se ha hecho hasta ahora. Hay que innovar. En mi segundo libro que saldrá en septiembre, Por qué Recursos Humanos debería ser como Netflix, hablo de la necesidad de los departamentos de RR. HH. de replantearse su papel en la empresa.

¿Qué dirías que has aprendido en estos últimos años como experta en talento, innovación y Recursos Humanos?

Que todos deberíamos ser polímatas y saber un poco de todo, algo que no nos enseñan en la escuela, donde nos dicen que hay que ser buenos especialistas. En mi vida profesional he hecho cosas muy diferentes, y eso te permite, cuando el mercado laboral cambia o un sector deja de tener empleabilidad, tener otros conocimientos para poder saltar de un sector a otro más fácilmente.

Yo, a mis hijos, siempre les digo que da un poco igual lo que estudies porque si tienes el apellido “digital” o “de cambio climático”, encontrarás trabajo seguro. Ya que vas a estudiar, elige algo que te guste. En el ámbito educativo, se hace una poda de muchas pasiones que tienen los jóvenes y esa parte vocacional es fundamental para formar trabajadores felices.

Fotos de Davit Ruiz para WTTJ

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