Funcionaria, enfermera... "Tengo que convivir con los clichés de mi trabajo"

Convivir con los clichés ligados al trabajo: testimonios

Desde decir que los funcionarios de la Administración Pública no saben lo que es trabajar, hasta afirmar que los escritores son personas solitarias y vanidosas. Los clichés y las generalizaciones forman parte, a menudo, de la imagen que tenemos de una profesión, y, en general, ayudan a que nuestro entorno sea más comprensible y predecible. Sin embargo, estas representaciones simplificadas de la realidad no dejan de ser muchas veces meras caricaturas, algunas divertidas, pero otras erróneas y estigmatizantes. Conversamos con cinco profesionales sobre algunos de los clichés –hay muchos más– asociados a sus profesiones y a su sector, para ver cuánta realidad hay en ellos y cómo con el paso de los años se han ido transformando.

Funcionarios: de las oposiciones al escaqueo

Que tienen un chollo, que una vez han ganado la plaza ya no se esfuerzan por hacer nada, que se les cae el boli a la hora en punto, etc. Sí, hablamos de los funcionarios, porque si hay un sector cargado de clichés en nuestro país, este es el del funcionariado. Mariona Bachs, técnica superior del departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya, lleva más de 12 años trabajando en la Administración Pública y reconoce que algunos de estos tópicos son reales, aunque insiste en que es injusto generalizar. “Hay auténticos profesionales del escaqueo, pero también gente que cumple rigurosamente y que, si hace falta, trabaja más allá de su horario habitual”, afirma.

Mariona nos describe figuras recurrentes: los que alargan los 20 minutos del desayuno (o incluso lo convierten en una hora) y aprovechan ese rato para ir a comprar o hacer una clase de yoga, los que saben truquitos para “engañar” a la máquina de fichar, los que utilizan excusas habituales como “ahora no puedo que estoy haciendo un curso” (“la Administración te obliga a que te formes constantemente, así que lo del curso es siempre una buena excusa”, aclara Mariona), o los que solo realizan una tarea al día y hasta la jornada siguiente no les puedes pedir nada más.

“No es lo mayoritario, y depende mucho de cada departamento, pero los tópicos están ahí”, asegura Mariona, que sin embargo opina que las cosas están cambiando y estos clichés “acabarán desapareciendo”. “Los que tienen jeta, en general, son los que llevan muchos años en la Administración, y esos ya se van jubilando. Los interinos y la gente más joven ya entramos con otras maneras de hacer. Es cierto que tenemos algunas ventajas, pero aunque parezca otro tópico, también hemos estado estudiando oposiciones durante muchos años. Yo, de hecho, me estoy preparando para las próximas”, reconoce.

“Los que tienen jeta, en general, son los que llevan muchos años en la Administración, y esos ya se van jubilando. Los interinos y la gente más joven ya entramos con otras maneras de hacer” - Mariona, trabajadora en la Administración Pública

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Enfermería: una vocación (o no) bajo la sombra del sexismo

Beatriz Mirabet, enfermera en el Hospital General de Valencia, explica que uno de los principales clichés que se oyen en su entorno es el de la vocación. La frase “la enfermera nace, no se hace” es recurrente, pero algo con lo que ella no se siente identificada. “Nunca me había planteado ser enfermera, pero acabé estudiándolo años más tarde y ahora me encanta”, comenta. Otra afirmación también repetida y bien cierta es que la enfermería es un sector de mujeres, aunque esto está cambiando con la incorporación de más perfiles masculinos.

Lo que sí persiste es el sexismo, que se hace patente en diferentes frentes. “Es uno de los grandes tópicos, los pacientes siempre tienden a pensar que si eres mujer eres enfermera, y si eres hombre eres médico”, explica Beatriz. Y apunta, con cierto tono de queja, hacia otro de esos frentes incómodos: “Todavía no he oído que a ningún compañero, tenga la categoría profesional que tenga, le llamen ‘nene’ o ‘guapo’. En cambio, que nos lo digan a nosotras es lo habitual”. De hecho, el estereotipo de la enfermera sexi con escote y minifalda, presentada como un objeto sexual en el cine, pero también en los cómics y algunos tipos de contenidos audiovisuales, ha perpetuado una imagen que, según Beatriz, “no puede estar más alejada de la realidad, pero que ha dado vía libre a ese tipo de comentarios sexistas”.

“Todavía no he oído que a ningún compañero, tenga la categoría profesional que tenga, le llamen ‘nene’ o ‘guapo’. En cambio, que nos lo digan a nosotras es lo habitual” - Beatriz, enfermera

No hace falta nombrar la infinidad de series sobre hospitales que, sin querer sexualizar a estas profesionales, sí que han marcado la manera en cómo los pacientes las ven: “Creen que somos la ayudante o la chacha del médico. Pero lo más grave es que hay médicos jóvenes que también lo creen, que piensan que no tienes criterio y que solo estás para hacer lo que él diga”. Beatriz también reconoce que las jerarquías y el clasismo siguen pesando en el sector: “Son clichés que acaban afectando en el día a día. Al final, no se trata de si has estudiado más o menos, se trata de hacer un trabajo en equipo. Un eslabón no es nada sin el otro”, remarca.

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Publicidad: creativa, pero con largas jornadas de trabajo

Otro sector retratado por películas y series es el de la publicidad, pero ¿cómo de fiel es ese imaginario? “La gente suele verlo como un trabajo cool, creativo, que te permite expresarte. La realidad es que el creativo es como un obrero, pero con Photoshop en lugar de pico y pala. Creen que eres ese creador de grandes anuncios televisivos, cuando en realidad eres el que hace ese banner que tanto les molesta cuando leen el periódico”, considera José Alegre, director de arte en una agencia de publicidad de Barcelona.

“Creen que eres ese creador de grandes anuncios televisivos, cuando en realidad eres el que hace ese ‘banner’ que tanto les molesta cuando leen el periódico” - José, director de arte

Y si bien reconoce que sí existen “esas personas que vuelan a Nueva York para presentar una campaña, o las que ponen el logo de Nike en una creatividad”, recalca que son una minoría. “La mayoría son trabajadores que hacen una publicidad menos visible y que, con suerte, pueden limitarse a sus 40 horas semanales”, dice. José introduce otro de los grandes clásicos de la publicidad: las jornadas de trabajo infinitas. Según este profesional, se trata de un mal instaurado, probablemente, por dos motivos: “Responsables más preocupados por no pagarte las horas que por que te sientas cómodo y trabajadores que históricamente nunca han reclamado sus derechos”.

El creativo gamberro y las fiestas dentro de la oficina también son estereotipos ampliamente difundidos. “Es cierto que a los creativos se nos permiten más licencias y algunas salidas de tono que no se aceptarían en otros departamentos, se considera que es la energía que necesitamos para trabajar”, reconoce. Sobre las fiestas, explica que “si das con un buen equipo, probablemente te lo pases muy bien y te sea más fácil hacer frente a esas jornadas infinitas. Al principio te conquista, pero con el tiempo aspiras a tener una vida más allá del trabajo, y esa fantasía se desvanece”. Estas condiciones hacen que las agencias de publicidad estén llenas de trabajadores muy jóvenes, y que los mayores solo ocupen cargos directivos. Algo que se confirma con esa frase tan escuchada de “trabajé en publicidad, pero lo dejé”. “Otro gran tópico, y una verdad absoluta, es que es un sector que te acaba agotando”, corrobora.

Escritores: más disciplina que musas

Sobre los sectores creativos planea otro cliché: el del consumo de alcohol y drogas para potenciar el ingenio. Algo que tanto José como Carmen Sereno, escritora, desmienten. “Conozco más escritores que no fuman ni beben que a la inversa. Para escribir necesitas tener la mente lúcida y estar descansado. La gran mayoría somos personas muy disciplinadas, que tenemos una rutina y unos horarios de trabajo, como si estuviéramos en una oficina”, expone la autora. La cuestión de la disciplina rompe con otro tópico, el de las musas: “Uno no se sienta a las 3 de la mañana en plan contemplativo hasta que llega la inspiración. Cuando escribes una novela todo tiene que estar muy bien planificado”, afirma Carmen.

Carmen asegura que, en su caso, se enfrenta además a los tópicos asociados a la novela romántica. “Si te dedicas a este género –por cierto, uno de los más leídos y vendidos–, la gente piensa que eres superficial, que no te puede interesar la política ni la historia, que no estás al día de cuestiones trascendentes o que no tienes nada que decir”, resume. “No son solo historias de amor ‘pastelosas’ con frases tipo Mr. Wonderful, ya que debido a sus tramas complejas, este tipo de novelas abordan cada vez más temas sociales y debates de actualidad”, defiende la autora.

También menciona que, si bien algunas personas siguen considerando la escritura como una afición y no como una profesión, otros asocian la figura del escritor con la fama y el dinero, “como si todos fuéramos best sellers tipo Ken Follett”, bromea. “En mi caso, mi situación personal me permite vivir de la escritura, pero la mayoría lo combinan con otro trabajo. Nuestros beneficios son pocos y hay que vender muchos libros para vivir holgadamente”, precisa. En esta línea, también desmiente el tópico de que entre autores hay rencillas y vuelan los cuchillos: “Tenemos cierto ego, pero no somos tan vanidosos y egoístas como se cree. Somos una comunidad y siempre que un compañero publica un libro le apoyamos”, defiende.

“Uno no se sienta a las 3 de la mañana en plan contemplativo hasta que llega la inspiración. Cuando escribes una novela todo tiene que estar muy bien planificado” - Carmen, escritora

Restauración: poca conciliación, pero más profesionalización

“No tienen horarios” probablemente sea una de las frases más repetidas cuando se habla de chefs, camareros y otros profesionales de la restauración. “Antes todo era más caníbal, pero con la obligación de tener un control horario de los empleados impuesta por el Gobierno, esto se ha acabado y el sector se ha tenido que espabilar”, comenta José Varela, restaurador responsable del Grupo Varela. Quien trabaja en la hostelería sabe que, aun así, las jornadas son difíciles de encajar con una vida familiar. “Por lo menos ahora se cumplen los horarios, y si se hacen horas extras, al menos en mis restaurantes, se pagan”, añade.

Asimismo, recuerda otro estereotipo histórico: “La hostelería se ha visto como el último recurso para gente no formada, ha sido el coche escoba del mercado laboral”. Según Varela, este es el motivo por el cual “cogió mala fama, ya que la gente no se sentía valorada ni realizada”. Aunque no solo se trataba de la falta de profesionalización, que a día de hoy ya está muy presente en la restauración. Varela habla también de dos lastres que sobrevuelan el sector: el de los contratos precarios y el de la informalidad de las plantillas. Si bien asegura que las condiciones de trabajo están cambiando, “depende mucho de cada restaurante y obviamente siempre habrá ovejas negras”.

“La hostelería se ha visto como el último recurso para gente no formada, ha sido el coche escoba del mercado laboral” - José Varela, restaurador

Otro gran clásico es que los fogones siguen siendo cosa de hombres. “Lamentablemente es una herencia que arrastramos, ya que antiguamente el trabajo en la cocina era mucho más duro y físico”, dice, aunque celebra el cambio hacia una mayor presencia y visibilidad de las mujeres chefs. La aparición de los chefs estrella también hizo arraigar otra idea: “Todo el mundo quería ser cocinero, mientras que el servicio en sala era menospreciado”, dice Varela, que asegura que se está produciendo una evolución y que el futuro pasa por ofrecer un servicio que aporte valor añadido a la experiencia gastronómica, pero también al trabajo de camarero.

Y es que, si bien ciertos tópicos están ahí, tal y como nuestros cinco testimonios han reconocido, muchos de ellos no dejan de ser residuales y constituyen la herencia de viejas prácticas que van cambiando al tiempo que se transforma el mundo laboral. Hay clichés que ayudan a entender el porqué de algunas quejas y reivindicaciones de los distintos sectores, pero otros simplemente son ideas prefabricadas, comúnmente aceptadas pero alejadas de la realidad. Las generalizaciones simplifican y las apariencias ya sabemos que engañan. Por eso, tal y como apuntaba Varela, mejor quedarse con las ovejas blancas y no seguir fijándose en las negras.

Foto: Welcome to the Jungle

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