Rubén Serrano: periodismo y activismo 'queer' para quienes no están 'tan bien'

Rubén Serrano: del periodismo al activismo 'queer'

Es posible que en los últimos meses hayas leído o visto alguna entrevista con Rubén Serrano. Ha concedido muchas. Su libro ‘No estamos tan bien’ (Temas de Hoy, 2020), publicado en septiembre del año pasado y que recoge el testimonio de más de 30 personas del colectivo LGTBI+, ha tenido una inmejorable recepción por parte de los lectores, ya que supone una crónica directa y sin medias tintas de lo que significa actualmente pertenecer a la comunidad ‘queer’ en España.

A pesar de tener menos de 30 años, Rubén Serrano ya posee una amplia trayectoria profesional en medios como la Agencia EFE y PlayGround y es una de las voces más reconocibles dentro del activismo queer en nuestro país. Especializado en cultura, género, LGTBI+ y VIH, es también la persona que impulsó el movimiento #MeQueer en España. Conversamos con Rubén sobre su formación, su trayectoria profesional, su posición como activista y su visión sobre el sector de la comunicación y el periodismo.

¿Por qué decidiste dedicarte a la comunicación?

Fue casi por impulso. Estaba prácticamente decidido a estudiar Filología Inglesa, pero en el último momento, al enviar la lista de carreras que quería estudiar, puse primero Periodismo tanto en Elche como en Valencia. Siempre me había gustado escribir y comunicar y me lancé un poco a ver lo que pasaba.

Tenía bastante miedo, ya que en aquella época sufría de inseguridad y tartamudez y tenía sobrepeso. Pero me dejé llevar por aquello de “dedícate a lo que te gusta y todo te irá bien”. Después, con el paso de los años, he descubierto que esa frase hecha es una mentira, ya que dedicarte a lo que te gusta tristemente no supone que vayas a ser feliz ni tampoco que te vayas a ganar la vida con ello.

¿Dónde estudiaste? ¿Cómo fue esa época?

Estudié en la Universidad de Elche los dos primeros cursos de Periodismo, pero no me gustó porque los estudios no estaban muy enfocados al periodismo como tal. Se estudiaba historia, lengua… Sentía que estaba haciendo el bachillerato otra vez. Eso supuso para mí un desencanto importante, acrecentado por el hecho de que lo que yo quería realmente era estudiar en Valencia, pero mis padres no se lo podían permitir.

Tras estar dos años estudiando en Elche, me informé de las becas que podía solicitar para estudiar en Valencia. Presenté los documentos a espaldas de mis padres, pero conseguí mi beca y así pude cambiar de universidad. En la capital tenía amigos y la facultad estaba mucho mejor equipada, incluso tenía un plató de televisión. Aquello me hizo confiar en tener un futuro laboral más prometedor.

¿Y fue el caso?

Si soy sincero, a nivel general creo que la carrera en sí no me sirvió de mucho. Nadie me habló de Twitter, ni de Facebook Ads, ni de YouTube, ni de comunicación digital, salvo quizás en una asignatura por curso. Todo estaba muy centrado en el periodismo escrito, la maquetación, etc. Mis habilidades más valiosas, que están centradas en el periodismo digital y de redes, las he adquirido fuera de la universidad, trabajando en PlayGround y en otras empresas. Creo que todavía existe una gran desconexión entre la universidad y el mundo real.

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¿Cómo recuerdas tu incorporación al mundo laboral?

La recuerdo fácil, pero tampoco me vino dada. Me presenté al Programa de becas de periodismo de La Caixa y la Agencia EFE y conseguí estar entre los 15 mejores alumnos de periodismo de España en el año 2014. Eso me permitió estar un año como periodista en EFE Valencia y otro como corresponsal de EFE en Londres. Esta oportunidad me sentó muy bien y me dio una buena base a nivel de currículum por el prestigio que tiene EFE y el trabajo que realicé allí. Estoy muy orgulloso de esa parte de mi formación. Sin duda, la beca me sirvió más que los cuatro años de carrera.

¿Qué te aportó esa experiencia en Londres?

Fue una pasada. Creo que fue el mejor año de mi vida. A nivel laboral aprendí muchísimo, también mucho inglés (ya que todo el trabajo se realizaba en inglés, salvo escribir las piezas en sí), y tuve la oportunidad de entrevistar a personas que siempre he admirado, como Jennifer Lawrence, Sylvester Stallone, Chris Evans o Emilia Clarke, cubrir Wimbledon o los BAFTA, cubrir las presentaciones de los discos de Alicia Keys, Kylie Minogue y Beyoncé, cubrir el referéndum del Brexit… Esto último no se me olvidará jamás. Desde entonces no he vuelto a trabajar en un ambiente así, practicando ese periodismo tan “de película”.

Al volver a España tras ese año fuera, ¿cómo encontraste el panorama laboral español en 2016?

Lo encontré un poco desolador, aunque más desolador está actualmente. En 2016 ya era complicado, no veía por dónde tirar. Pero encontrar trabajo ahora es una odisea. En mi caso, yo llevaba un año fuera y estaba muy desconectado. Además, volví a casa de mis padres y personalmente necesitaba estar fuera. Por suerte surgió la oportunidad de PlayGround.

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Háblanos de tu paso por este medio, lo bueno y lo no tan bueno.

Lo mejor de PlayGround fue el equipo humano y profesional que me encontré allí. He mantenido el contacto con casi todos los compañeros. Creamos un grupo muy unido, con intereses comunes como el medio ambiente, las desigualdades, el colectivo LGTBI+, el antirracismo… Ir a trabajar allí era muy guay, iba motivadísimo. Fue muy estimulante conocer a profesionales como Anna Pacheco, Luna Miguel, Eudald Espluga, Antonio Rodríguez… Me alimentó mucho.

También creo que hicimos cosas importantes que luego muchos medios imitaron. Y eso es que algo bien hicimos. Creo que fue un momento muy chulo de los medios en España y que los profesionales que estuvimos durante esa época creando, pensando e innovando en medios como PlayGround, Vice España o BuzzFeed Españahemos dejado huella en el sector y marcado un poco el camino a nivel de comunicación, no solo audiovisual, sino digital.

Lo no tan bueno de aquella época fue el ERE que realizó la empresa en enero de 2019. Los dos meses que duró la negociación fueron horribles, sobre todo el hecho de ver cómo la empresa iba descomponiéndose.

¿Cómo fue enfrentarse a ese ERE, que además fue tan público en los medios y en redes sociales?

Enfrentarse al ERE fue todo un máster en Derecho Laboral. Aprendimos mucho. Cuánto vale nuestro trabajo, qué nos tocaba como empleados, por cuánto nos podían echar… Se nos disparó la conciencia de clase a todos los que estábamos allí. Fue un golpe muy duro.

Yo creo que el hacerlo público y darle tanto bombo en las redes estuvo bien porque lo hicimos a nuestra manera, por ejemplo a través de un concurso al que llamamos EREvisión. Aunque el último mes fue terrible, las reuniones con los comités, pensar en lo que podríamos conseguir… Acabamos todos un poco agotados pero orgullosos del trabajo que habíamos hecho.

Y después, ¿cómo quedó tu panorama laboral?

Después de PlayGround me dediqué a escribir el libro. Realmente, quedarme sin trabajo me permitió dedicarme a él completamente. Escribí este libro en el paro, gracias al subsidio y a la indemnización que conseguimos tras el despido, sin ese dinero habría sido imposible. Me costó un año de entrevistas, redacción y reescrituras. Estoy muy feliz de haber apostado por escribir el libro, haber invertido en él.

Cuando terminé ese trabajo, necesitaba un empleo de forma urgente. Empecé a colaborar en medios y encontré un trabajo para llevar redes sociales como autónomo. Pero ha sido un año duro porque no tengo mucha estabilidad, no tengo contrato y estamos en medio de una pandemia.

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Tu libro No estamos tan bien es la culminación de tu posición como activista. ¿Cuándo comenzó el activismo a ser una parte importante en tu trabajo?

Comenzó en Londres cuando era corresponsal allí. Empecé a ir a asociaciones LGTBI+ y de personas seropositivas. Realmente en aquella época me apuntaba a todo. Gracias a visitar esas asociaciones me conciencié y aprendí muchísimo sobre la pandemia del sida, los derechos LGTBI+ y toda la historia del movimiento. Me di cuenta de lo que es vivir al margen gracias a escuchar a gente que estuvo a punto de morir o a personas trans que en el pasado se vieron obligadas a vivir en la sombra.

Eso me despertó la chispa de hacer algo, de contribuir. Aunque, realmente, cuando me llaman activista me siento un impostor, porque yo nunca me he expuesto como todas esas personas que lucharon en la revuelta de Stonewall. Mi activismo ha sido más bien digital.

¿Cómo se gestó la idea de escribir un libro sobre crecer y vivir siendo queer en la España actual?

El libro se gestó a raíz de #MeQueer, el movimiento que estalló en España en agosto de 2018. Todo empezó con un tuit en el que utilicé este hashtag. A las tres horas vi que era trending topic y comencé a tuitear y a hacer un llamamiento para que las personas que se sintieran aludidas me contaran sus historias.

Entonces me contactaron cuatro editoriales para proponerme hacer un libro sobre el tema y me dieron la oportunidad de definir el proyecto de la forma con la que yo me sintiera cómodo. Me gustó mucho la editorial Temas de Hoy, sobre todo porque me dieron algo que era clave: tiempo. Para crear el libro tal y como yo lo había concebido, necesitaba tiempo. Me costó dos años redactarlo.

¿Qué encuentra el lector en No estamos tan bien?

Es periodismo y se trata de una fotografía actual de lo que supone ser una persona LGTBI+ en España. A qué violencias nos exponemos en los espacios que cruzamos cada día, como el trabajo, las instituciones, o hasta las cárceles y los hospitales, y qué impacto psicológico tiene esta exposición. El libro recoge los testimonios de 33 personas y yo las acompaño con mi voz, con algunas notas didácticas sobre los temas tratados y con algunos datos.

¿Qué recepción ha tenido? ¿Te ha abierto alguna puerta?

La recepción ha sido muy buena, realmente flipé con la reacción de mucha gente. A veces me envían mensajes que me emocionan. Mucha gente me dice: “Gracias por contar nuestra historia” o “He aprendido mucho del libro”. Todo eso me hace muy feliz.

Y una parte de mí sí esperaba algo, no sé exactamente qué. Pensé que profesionalmente, si el libro iba bien, me aportaría algo, algún tipo de contrato o de estabilidad, pero no ha sido así. Pero bueno, lo mejor del libro ha sido conocer a las personas que entrevisté, aprender un montón de ellas y sobreponerme a mi miedo de exponerme en las redes, aunque es algo que me sigue aterrando.

Sí me han invitado a alguna que otra ponencia universitaria para hablar de la violencia contra personas que se salen de la norma y, gracias a estos actos, he podido seguir tejiendo redes y alianzas. Quizá lo más importante es que me ha servido para demostrarme que podía hacer algo valioso.

Desde tu perspectiva y a raíz de las entrevistas de tu libro, ¿cómo ves la integración del colectivo LGTBI+?

Veo que estamos ahí, que las personas LGTBI+ han empezado a ocupar espacios visibles y de poder en la política, el cine o la literatura, por ejemplo. La gran barrera es poder hablar abiertamente de tu condición sexual, ya no en estos espacios, sino en la panadería o en el bar, y que no pase nada.

Estamos mucho mejor que en los 80, por ejemplo, pero no estamos tan bien si las personas trans siguen sufriendo acoso o si hay una parte del feminismo académico-burgués que intenta cercenar sus derechos.

Para terminar, ¿cómo ves el futuro?

La verdad es que lo veo bastante incierto e inestable. Lo único que pido es estabilidad, y no sé cuándo va a llegar.

Fotos de Sergio Ávila para WTTJ

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