Dos grandes mitos de la motivación en el trabajo, desmontados

Dos grandes mitos de la motivación en el trabajo, desmontados

¿Qué es lo que nos motiva en la vida y por qué? ¿Es el dinero o, por el contrario, este ejerce una especie de poder sobre nosotros? ¿Es posible motivar a los demás? Hay muchísimas preguntas (existenciales) a las que voy a tratar de responder como especialista apasionado de las habilidades sociales.

Mito n. º 1: la mayoría de las personas no están motivadas

Cuando inicio una conferencia sobre el tema de la motivación, siempre hago la siguiente pregunta que, en mi opinión, es fundamental: “¿Creéis que todas las personas están motivadas?”. Cada vez que la planteo, la pregunta se entiende de forma incorrecta y el público me responde que no. Sin embargo, es al revés: sí, todo el mundo está motivado. La pregunta que realmente hay que plantearse es más bien qué motiva a las personas. Para entenderlo mejor, me gustaría que revisáramos el concepto de motivación intrínseca y extrínseca, el cual es la raíz de todas las teorías contemporáneas que existen sobre el tema.

Por una parte, existe la motivación intrínseca o, dicho de otro modo, la motivación interna, lo que nos mueve cada día, lo que hace que nos levantemos cada mañana, nuestra razón de ser. Esta motivación nos estimula y se mueve en nuestro interior.

  • Su primer ingrediente no es otro que el sentido que le encontramos a la realización de una tarea o un trabajo desde un punto de vista puramente profesional. El problema es que la mayor parte de las personas no sabe qué es lo que realmente las motiva. Es la razón por la que responden que “no” de forma masiva a la primera pregunta. Malas noticias para estas personas: lo más importante no es tanto qué hacemos, sino por qué lo hacemos. A este respecto, la famosa historia del conserje de la NASA es un buen ejemplo. En una visita al centro de esta institución, el presidente Kennedy le preguntó a un conserje cuál era su cometido en la NASA. Este simplemente le respondió: “Estoy aquí para ayudar a enviar al primer hombre a la Luna”. Esta historia es la ilustración por excelencia de la implicación en una misión común que va más allá de una simple tarea.

  • El segundo ingrediente de la motivación intrínseca, que es optativo, aunque fuertemente recomendable, es el placer. Cuando lo sentimos, llegamos al nirvana de la motivación. El tiempo se detiene y nos sentimos en “nuestro lugar”. Un estado extático que, en realidad, está íntimamente ligado a las personas que nos rodean. En el trabajo, no hay nada como un entorno en el que nuestros compañeros son también nuestros amigos, con quienes podemos pasar el tiempo fuera de la oficina. Esta tribu es la que hace que tengamos ganas de volver al trabajo al día siguiente. Es lo que hace que seamos capaces de motivarnos por nuestra cuenta, pues el entorno es propicio para la automotivación.

Por otra parte, está la motivación extrínseca, que se encuentra en el extremo opuesto de la interna, y que deja espacio a elementos externos como:

  • La recompensa, que se materializa con la nota de un examen o la remuneración económica por un trabajo, o dicho de otra forma: la zanahoria que nos ponen delante. Para la mayoría de personas, la motivación en el ámbito profesional va ligada a estos factores externos, pues antes que nada, hay que pagar las facturas. Una motivación poco cualitativa que les obliga a vivir esperando el viernes (uf, una enésima semana que termina) y a estar tristes el domingo (con la ansiedad que les genera la idea de tener que volver). Lo mismo les sucede a mis estudiantes: están aquellos que vienen para aprender y, quién sabe, por el placer de estudiar, y aquellos que piensan, por encima de todo, en su nota. La mala noticia es que corren el riesgo de ser infelices toda su vida, ya que la motivación vinculada a las recompensas siempre es, por naturaleza, efímera. Es lo que demostró Roland Paulsen con sus estudios sobre la lotería. Descubrió que el 70 % de las personas que habían ganado el primer premio seguían trabajando sin necesidad de hacerlo.

  • El otro ingrediente de la motivación extrínseca es el ego. Es lo que hace que vayamos a esa reunión que nos aburre tanto y que en el fondo nos es útil solamente para no quedar mal porque el jefazo va a estar presente.

Cuando combinamos ego y recompensa, tenemos el resultado perfecto para llegar directamente al burnout, pues se trata en realidad de una motivación de pésima calidad. Por el contrario, cuando aunamos sentido y placer, entramos en una zona de rendimiento superior. ¡Enviamos la primera persona a la Luna!

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Mito n. º 2: motivar a las personas es posible

Cuando planteo la pregunta de si es posible motivar a las personas, el público me responde un “sí” de manera casi unánime. Sin embargo, esta vez, la respuesta es “no” o, al menos, “casi no”. Como mucho, es posible crear un entorno en el que las personas van a motivarse por su cuenta. Si se quiere conseguir esto, hacen falta tres ingredientes secretos que han sido desarrollados por Edward L. Deci y Richard M. Ryan, los teóricos de la autodeterminación. Estos han evaluado la motivación intrínseca y extrínseca y, a la luz de sus resultados, han identificado tres necesidades psicológicas primarias, las cuales representan tres fuentes importantes para una motivación óptima.

  1. En primer lugar está la autonomía, siempre y cuando sea relativa, acotada por una serie de reglas y límites, es el primer ingrediente. Es el caso típico de un empleado al que se le deja libertad para organizar su trabajo y alcanzar sus objetivos, todo lo contrario a una microgestión estúpida en la que el jefe vigila a todo su equipo para ver quién se conecta a Teams a las 8:31. A este respecto, mis hijos me permiten demostrar este concepto cada día. Todas las mañanas, a mi mujer le cuesta vestir a mi hija, que hace lo que le da la gana. Por mi parte, le doy a elegir entre dos pantalones y esto basta para satisfacer su necesidad de autonomía. En fin, desde la cuna hasta la oficina, a todos nos mueve la necesidad visceral de elegir, ¡e incluso de decidir!

  2. El segundo ingrediente es la afiliación social, pues conectarse con los demás sigue siendo una necesidad fundamental para todos los seres humanos. Cuando un niño exige tu atención, no te dice “escúchame”, sino más bien “mírame a los ojos”, puesto que su necesidad de conexión con la otra persona es intensa y palpable. Más que nunca, la pandemia lo ha demostrado. Algunos lo entendieron mejor que otros añadiendo informalidad dentro de plataformas de comunicación formales. El arte de crear vínculos y de romper el hielo de forma informal con sus diferentes empleados por medio de encuentros virtuales representa un buen ejemplo de la importancia que tiene la afiliación social en este periodo de COVID-19. En la empresa, para sentir motivación, todas las personas necesitan sentirse valoradas, saber que forman parte de algo colectivo y, sobre todo, sentirse aceptadas.

  3. En tercer lugar, el sentimiento de competencia o, dicho de otro modo, de sentirse seguro y bien preparado, es el tercer ingrediente imprescindible. Por el contrario, ¿sabes cuántas veces se cae un bebé antes de ser capaz de caminar? De media, ¡cerca de 2000 veces! Lejos de desanimarse, el niño que cae tiene el sentimiento de avanzar, lo que le lleva a persistir y perseverar. En la empresa, hay que hacer lo mismo: todo el mundo debe poder aprender de sus fracasos, sentirse preparado, constatar un verdadero progreso de sus competencias, o incluso de su carrera.

En materia de motivación, ya sea en el ámbito profesional o personal, todo está interconectado. La naturaleza de la motivación humana nunca es ganar dinero. Las personas que tienen éxito no son aquellas que buscan grandes ahorros, sacar buenas notas o esperar el viernes con impaciencia. El dinero va en segundo lugar, no es el objetivo principal.

Para terminar, haz este ejercicio: imagina el trabajo de tus sueños y los seis elementos que te harían feliz. ¿Ya? Déjame adivinar, seguramente no has mencionado el dinero, la seguridad de una buena jubilación o la búsqueda de ego. Sin duda alguna, has pensado en la autonomía, la creatividad, la flexibilidad, los compañeros estimulantes, la libertad, el sentimiento de realización o el placer de ayudar a los demás.

Traducción de Jorge Berné / Foto de WTTJ

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