“Hola, soy ciego y he diseñado estas zapatillas”

Aitor, Roberto y Diego: la historia de las zapatillas para ciegos

“¡Muy buenas! Soy Diego, soy ciego y he diseñado estas zapatillas”, se le oye decir en el vídeo mientras intenta cazar al vuelo (sin mucho éxito al principio) una zapatilla que le lanzan desde detrás de la cámara. Imposible no sonreír. Y es que el buen humor forma parte de la identidad de la empresa de zapatillas fundada por Diego, Aitor y Roberto. Y aunque ellos mismos se definen como “la marca más normal del mundo”, Timpers está lejos de ser un proyecto corriente. Un vendedor de cupones y músico profesional, un estudiante de Arquitectura y otro de ADE nos cuentan cómo han llegado a crear este proyecto innovador, solidario y con mucho futuro.

Que el presidente del Gobierno hable de tu empresa en una rueda de prensa para reivindicar un país más comprometido, incluyente y competitivo no está al alcance de cualquiera. Pero si esta tiene apenas dos años de vida y dos de sus tres fundadores no han cumplido aún los 30 años, el logro es aún mayor. La historia de Timpers es, en parte, la de una empresa que fabrica, diseña y vende zapatillas online. Pero es también (y sobre todo) la del primer calzado con un diseño accesible para el colectivo de personas invidentes o con deficiencia visual (aunque todo el mundo puede llevarlas, claro está) y con un equipo formado íntegramente por personas con algún tipo de discapacidad. Aunque su objetivo, dicen sus fundadores, es “conseguir calidad, no caridad”. Se trata de Roberto Mohedano (26), Aitor Carratalá (26) y Diego Soliveres (40), tres amigos que un día decidieron dejar sus estudios, trabajos y ciudad natal para lanzar un proyecto en el que creían.

Del vestuario a los talleres de calzado

Los tres fundadores de Timpers coincidieron en los vestuarios del equipo de fútbol para ciegos de Alicante, donde Diego Soliveres era jugador, Aitor Carratalá, entrenador, y Roberto Mohedano, guía. Roberto (estudiante de ADE) y Aitor (Arquitectura), antiguos amigos del instituto, compaginaban en aquella época el fútbol con sus respectivas carreras universitarias, aunque la idea de emprender un proyecto propio llevaba tiempo rondándoles la cabeza. Ambos habían pasado mucho tiempo en hospitales (Aitor padece fibrosis quística y Roberto es trasplantado de riñón), por lo que en un primer momento se fijaron en las sillas de ruedas. Se preguntaban por qué nadie había planteado fabricarlas teniendo en cuenta el diseño más allá de su utilidad: “Veíamos a chiquillos usar la misma silla de ruedas que un señor de 80 años y nos dábamos cuenta de que algo fallaba”, recuerda Aitor. La idea de las sillas quedó aparcada, pero la semilla del emprendimiento ya había cuajado.

En el verano de 2018, un conocido de ambos, fabricante de calzado en Alicante, les propuso poner en marcha un marketplace para dar salida a un stock de zapatillas que había quedado obsoleto en su fábrica, aunque finalmente el proyecto no salió adelante. Fue entonces cuando, animados con la idea, deciden crear su propia marca de zapatillas y venderlas online. Roberto y Aitor comenzaron a visitar proveedores de Alicante (fábricas de tejido, suelas, cordones…) y a formarse en el mundo del calzado para empezar a producir los primeros modelos de zapatillas, una pequeña producción de 280 pares. Pero el negocio no acaba de cuajar: “Los únicos pares que vendíamos eran a colegas y familiares, así que decidimos llevarlas al club de fútbol a ver si con suerte nos compraban algunos pares allí”, recuerda Roberto entre risas. Lo que no sabían es que esa decisión estaba a punto de cambiar su futuro, pero también el de Diego, uno de los nuevos miembros del equipo de fútbol.

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“Los únicos pares que vendíamos eran a colegas y familiares, así que decidimos llevarlas al club de fútbol a ver si con suerte nos compraban algunos pares allí”

Diego, que sufre retinosis pigmentaria, se había formado en Derecho, pero abandonó la carrera en el último año, desencantado con una realidad que no se ajustaba a sus ideales. Y tras dieciséis años dedicándose a otra de sus grandes pasiones como músico profesional tocando la batería, empezó a trabajar como vendedor del cupón de la ONCE en busca de estabilidad laboral. Fue la misma época en la que decidió apuntarse al equipo de fútbol de ciegos de Alicante, donde una tarde, tras un entrenamiento, Aitor y Roberto le enseñaron unas zapatillas.

“En ese momento descubrimos que los discapacitados visuales veían las zapatillas de otra forma y apreciaban detalles que a los videntes les pasaban desapercibidos: las texturas de los materiales, la flexibilidad de las suelas, la forma de los cordones, porque los planos se enredan más fácilmente que los redondos…”, recuerda Roberto. Diego se suma en ese momento al equipo y comienzan a darle vueltas a la idea de fabricar unas zapatillas que resulten atractivas tanto a videntes como a invidentes. Entre los tres, crean entonces el que sería el primer prototipo de Timpers.

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Una apuesta ganadora

Presentaron su idea al certamen “Emprende y Discapacidad 2018” de la Universidad de Alicante. Y ganaron. “Fue cuando nos dimos cuenta de que el proyecto tenía fuerza y necesitábamos una pequeña inversión para sacar la primera producción”, afirma Aitor. “No dejábamos de buscar subvenciones por todas partes pero no era suficiente para empezar a rodar”, añade Diego. Así que, finalmente, fueron Aitor Y Roberto quienes hicieron, de su propio bolsillo, la inversión: “Fueron cerca de 4.000 euros, que pusimos a medias entre los dos”.

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Tras aquella primera inversión para poner en marcha la producción, la llamada que les ofrecía la oportunidad de llevar Timpers a Lanzadera, la aceleradora e incubadora de proyectos y startups situada en La Marina de València, no tardó en llegar. Se trataba de una estupenda noticia, pero también suponía mudarse de ciudad y abandonar sus trabajos, estudios, amigos y familia.

Roberto recuerda ese momento como un punto de inflexión. Antes de empezar sus estudios de ADE, lo había intentado con Ingeniería Civil, pero lo abandonó antes de terminar. “Sentía que ya había perdido tres años y había vuelto a empezar de nuevo, así que dejarlo todo de nuevo era complicado”, recuerda. A Diego también le daba vértigo la idea: “Llevaba muchos años dando bandazos, con la carrera por terminar, con mucho tiempo invertido en la música, y por fin estaba a punto de tener un contrato indefinido con la ONCE. Pensaba que si lo de Timpers salía mal me vería otra vez sin nada y dos años más viejo”.

“Llevaba muchos años dando bandazos (…) y por fin estaba a punto de tener un contrato indefinido con la ONCE. Pensaba que si lo de Timpers salía mal me vería otra vez sin nada y dos años más viejo”

Aitor fue quizá el que lo tuvo más claro, ya desilusionado con la carrera que estudiaba y compaginaba con un trabajo en un estudio de Arquitectura: “Volvía todos los días a casa cabreado, con problemas que no eran míos y pensaba que todas esas horas que le dedicaba al trabajo no me compensaba porque, al final, estaba trabajando para otro”.

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Tras la oferta de Lanzadera, en mayo de 2019, los amigos se reunieron para valorar la propuesta. Aquella reunión fue decisiva, recuerda Roberto: “Los tres nos pusimos de acuerdo en que si queríamos que el proyecto triunfara, era esencial trasladarse a València y dedicar todo nuestro tiempo a la empresa. Creo que ese fue el momento exacto en el que decidimos aceptar formar parte de Lanzadera, mudarnos a València y apostar por Timpers al 100%”.

Timpers, hoy

En estos momentos Roberto es el CEO de la empresa, de él dependen las finanzas, la producción y la estrategia de Timpers. Aitor es el responsable de marketing, branding y redes sociales y, a pesar de que no tiene nada que ver con su formación académica, nos cuenta que ha aprendido de forma autodidacta y con ayuda de varios profesionales de Lanzadera, que les ayudaron “con las piezas básicas y fundamentales de marketing” y con eso empezaron “a tocar las primeras métricas”.

Él está encantado con su nuevo puesto y, cuando le preguntamos por las dificultades a las que se enfrentan, solo es capaz de mencionar, quizás, a algunos haters que tienen en redes sociales. Porque, aunque cueste imaginarlo, parece que hay quien no termina de creerse el proyecto. “Hemos tenido todo tipo de críticas: que Diego no es ciego, que Timpers ha cogido a un discapacitado sólo para vender…”, cuenta. Pero reconocen que lo llevan con deportividad y que tienen su propia forma de hacer las cosas. Una fórmula “con mucho sentido del humor para normalizar todo lo que tenga que ver con la discapacidad” que triunfa entre sus más de 25.000 seguidores en Instagram.

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Diego, por su parte, es el responsable del área de comunicación y confiesa que, aunque su recorrido académico dista de su actual puesto, su experiencia en el mundo de la música y como vendedor de cupones le han hecho tener tablas en el asunto. “En mi etapa como músico era yo quien atendía siempre a los medios y concedía las entrevistas. Además, haber tocado en sitios grandes delante de mucha gente también me ha ayudado a ganar confianza”, comenta. Asegura que sus dos años como vendedor de cupones de la ONCE le han enseñado que, para llegar al cliente, es necesario “ser empático y transmitir buen rollo”.

Diego también se encarga de seleccionar los materiales y prototipos de las zapatillas en lo que él mismo denomina un proceso de diseño sensorial. “Intento que los materiales de las zapatillas evoquen alguna idea, objeto, lugar o sensación. Luego los combinamos basándonos en el contraste de colores vibrantes (para hacer la zapatilla más accesible a personas con visibilidad reducida) y Aitor y Roberto eligen los colores finales de los modelos, por lo que, de alguna manera, estamos todos implicados en el proceso”, cuenta.

“Intento que los materiales de las zapatillas evoquen alguna idea, objeto, lugar o sensación. Luego (…) y Aitor y Roberto eligen los colores finales de los modelos, por lo que, de alguna manera, estamos todos implicados en el proceso”

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La (penúltima) buena noticia que han tenido es la calificación de la empresa como Centro Especial de Empleo, lo que acredita que el 100% de su plantilla son personas con algún tipo de discapacidad. Héctor, por ejemplo, que tiene una discapacidad intelectual y se encargará del almacén y los pedidos, ha sido el último en llegar al equipo.

Hoy por hoy, cuenta Roberto, no pueden estar más satisfechos: “Formamos un muy buen equipo, hacemos lo que nos gusta y, aunque a veces trabajemos hasta doce horas diarias, lo hacemos en un proyecto en el que creemos y que va creciendo día a día. Además, recibimos mucho feedback positivo de nuestro entorno y estamos rodeados de gente maravillosa”. El futuro de Timpers se escribe con paso firme.

Fotos de Eva Máñez para WTTJ

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