¿Por qué no normalizamos de una vez el despido?

¿Por qué no normalizamos de una vez el despido?

Prácticamente todos los trabajadores se enfrentarán alguna vez en su vida a un despido y, sin embargo, sigue siendo un tema tabú. Según un reciente estudio del Ministerio de Trabajo y Economía Social que abarca los años comprendidos entre 2015 y 2018, los despidos en España afectan a una media de 429.000 trabajadores al año. Si es algo tan corriente, ¿por qué lo tratamos como algo que hay que esconder? ¿Qué perdemos al actuar de esta forma? Y, sobre todo, ¿qué ganaríamos si lo normalizásemos?

“Me han despedido”

“Hablemos del despido. Es natural. No me gusta resistirme a lo que no puedo controlar, es absurdo. Me han despedido, ya está: ya es pasado”. Así de contundente se expresa Alba Rodríguez Illescas, una joven trabajadora de 29 años que decidió contar en su cuenta de LinkedIn que la habían despedido. El impacto de su publicación pilló por sorpresa a esta especialista en marketing y comunicación: recibió más de 35.000 reacciones y 1.700 comentarios y generó un interesante debate dividido entre quienes aplaudían su actitud y quienes manifestaban que prefieren no hablar sobre el despido porque lo entienden como un fracaso.

Aunque, para Alba, en líneas generales, “el post creó un espacio de empatía, sinceridad y confesión para mucha gente, que se abrió y escribió públicamente sobre su situación. Había tanto dolor y vergüenza en las palabras de tantísima gente…”, recuerda Alba, que también recibió docenas de mensajes privados para agradecerle lo que había hecho y compartir con ella “la ilusión que, por un segundo, les había devuelto el hecho de leer un post tan natural sobre el despido”.

Para Elisa Sánchez, psicóloga especialista en temas laborales y directora de la consultoría Idein, muchas personas pueden entender el despido como un fracaso porque se identifican a sí mismas con su trabajo. Y es algo muy común. “Fíjate que muchas veces lo primero que hacemos al conocer a alguien es preguntarle a qué se dedica o en qué trabaja”, señala. En muchas ocasiones, existe una identificación tan grande con el puesto de trabajo que, al enfrentarnos a un despido, debemos recomponer toda nuestra identidad y es natural sentir que no se es válido para otros ámbitos de la vida. Por ello, comunicarlo con naturalidad es complejo y puede generar incertidumbre o incluso ansiedad.

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Despido: un tema tabú

Para la psicóloga, hay varios motivos por los que el despido es un tema tabú. Uno de los principales puede ser generacional: “El objetivo de la generación pasada era entrar en una compañía, promocionar y trabajar en la misma empresa toda la vida”, explica. Era una generación que priorizaba la seguridad y la estabilidad antes que la satisfacción personal y laboral. Para esta generación de españoles, perder el trabajo significaba haber fracasado, por ello el despido ha sido considerado muchos años como un tema tabú y las generaciones más jóvenes han heredado esta visión.

Pero, en este sentido, Elisa Sánchez considera que las cosas van a empezar a ser de otra manera, ya que en pocos años “ha habido un cambio generacional muy grande con respecto al trabajo, y ahora es normal tener más de un trabajo a lo largo de tu vida o saltar de uno a otro”.

Otro factor que explica que prefiramos no hablar del despido tiene que ver con el motivo que lo ha provocado. “No es igual que hayan rescindido tu contrato porque tu empresa ha hecho un ERTE de reducción de plantilla a que te hayan echado porque has hecho algo que ha provocado el despido o porque no hayas superado el periodo de prueba”, matiza. En estos últimos casos, el despido puede causar sentimiento de culpa o rechazo y generar una emoción de vergüenza. Esta última “es muy tóxica y puede llegar a causar depresión, aislamiento y otros problemas serios”, afirma la experta.

Para Alba, el despido continuará siendo un tema tabú hasta que no cambiemos el paradigma actual del éxito y el fracaso. “Vivimos en una sociedad que solo abraza una parte de la vida. Somos unos negacionistas del dolor, las fealdades internas, las dificultades y las emociones menos agradables. Preferimos ser infelices 20 años en el mismo trabajo a ser despedidos”, opina esta joven trabajadora.

Aprender a gestionar nuestras emociones para empezar a normalizar

A Alba Rodríguez la despidieron un miércoles. “Lloré y me lamenté el jueves, dormí todo lo que necesitaba dormir el viernes y el sábado me levanté y me decidí a compartirlo a través de las redes sociales”, cuenta.

Coincide Elisa Sánchez, que explica que, para poder hablar del despido con naturalidad, primero debemos gestionar las emociones que este nos provoca: “Si no gestionamos adecuadamente la frustración, tristeza o enfado porque nos hayan despedido no seremos capaces de expresarlo verbalmente de forma sana”. La experta recuerda que llorar puede ser una buena manera de liberar sentimientos de tristeza o ira y una eficaz herramienta para gestionar las emociones.

No hay que olvidar que un despido es una pérdida que conlleva una fase de duelo, por lo que gestionar bien todos estos sentimientos, aceptar que estamos tristes y ser capaces de verbalizarlo puede ahorrarnos muchos quebraderos de cabeza. “La frase el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional se podría aplicar en estas situaciones, porque viene a decir que no podemos evitar que algo nos duela, pero resistirnos a ese dolor solo traerá más sufrimiento que desembocará en un victimismo paralizante muy perjudicial”, recuerda Sánchez.

Para evitarlo, es vital encontrar nuestra propia manera de gestionar el duelo y poder verbalizar cómo nos encontramos o qué nos está pasando. Llorar, hablar con un amigo, hacer un maratón de películas, darlo todo en una sesión de deporte o, si fuera necesario, pedir ayuda a un profesional. Cada cual debe encontrar la forma de ordenar sus pensamientos, canalizar las emociones y hallar la forma de verbalizarlas.

¿Qué ganamos si normalizamos el despido?

Según explica Elisa Sánchez, todos tenemos un rol que jugar en este proceso de normalización, tanto cuando somos la persona afectada como si es alguien cercano quien comparte su situación con nosotros. En el primer caso, si sentimos que nos falta la confianza para hablar de ello con naturalidad, la experta aconseja “practicar con alguien de confianza” o incluso “delante de un espejo” para poder desarrollar las habilidades necesarias para hablar de un despido sin sentirnos culpables.

En el segundo, Alba aboga por centrarnos en mostrar nuestro apoyo: “Detallitos como no castigar inconscientemente a alguien por ser despedido es un buen comienzo”, apunta Alba Rodríguez, que aconseja “no responder con el típico ‘lo siento’ cuando alguien te cuenta que le han despedido” para evitar provocar un sentimiento de culpabilidad en la otra persona. Mejor preguntar en qué se puede ayudar u ofrecer un plan alternativo que le ayude a avanzar.

Esta joven profesional cree que si normalizáramos el despido “ganaríamos en salud mental” y asegura que los trabajadores “necesitamos urgentemente empezar a tomar responsabilidad de nuestras emociones, las buenas y las malas”. Aprender que hablar de ellas puede servirnos, dice, para abrirnos puertas, como ha sido su caso, pues asegura que ha recibido varias ofertas de trabajo tras hacer público su despido: “El post me ha dado lo que necesita alguien sin empleo: visibilidad”.

Este es, precisamente, un aspecto interesante y con frecuencia olvidado: hablar con naturalidad sobre un despido puede ser una buena manera de poner en funcionamiento nuestra red de contactos, que estará entonces al corriente de que nos encontramos en búsqueda de empleo y podrán orientarnos hacia nuevas posibilidades laborales.

Por otro lado, ser capaces de hablar de los despidos con naturalidad también nos ayudará a entender el despido como parte de nuestro desarrollo laboral, no necesariamente como un bache en tu carrera. Nos permite también obtener feedback de otras personas que hayan vivido esa misma situación y pueden compartir cómo vivieron ese momento de su vida y puede que incluso ofrecernos nuevas perspectivas que abran un nuevo camino laboral. La joven profesional lo tiene claro: “Está habiendo tantísimos despidos en todo el mundo que, en realidad, no veo otra opción que empezar a normalizarlo. Mientras tú te estás lamentando por tu despido, ya hay alguien que ha encontrado trabajo”.

Foto de WTTJ

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