Cómo afrontar el sentimiento de pérdida de identidad al dejar un trabajo

Qué hacer si dejas tu trabajo y sientes que pierdes tu identidad

“Y tú, ¿a qué te dedicas?” Seguro que en más de una ocasión te han hecho esta pregunta, a primera vista inofensiva, y es probable que tú también la hayas hecho muchas veces al conocer a alguien. Es como si nuestra identidad dependiera principalmente de nuestra profesión. En una época en la que encontrar el sentido a nuestro trabajo parece ser la clave de la realización personal, un cambio o la pérdida del empleo puede suponer para algunas personas una auténtica crisis de identidad: “¿quién soy, si ya no tengo un trabajo que me define?” Ante estas preguntas, algunos psicólogos estadounidenses han acuñado el término “enmeshment” —que significa “amalgamiento” o “enredo”— para describir la confusión que existe a veces entre la identidad personal y la identidad profesional. ¿Cuáles son las consecuencias de tal “enredo”? ¿Cuáles son los riesgos de identificarnos demasiado con nuestro trabajo? ¿Cómo aprender a vivir al margen de este? Ha llegado el momento de descifrar un fenómeno que es mucho más común de lo que parece.

“Trabajo, luego existo”: el origen de esa pérdida de identidad

En España, es muy habitual mencionar tu profesión al presentarte ante una persona, y eso dice mucho de la importancia que nuestra sociedad otorga al trabajo. Sin embargo, la pandemia ha hecho que muchas personas —puede que tú también— se hayan quedado sin trabajo o hayan tenido que replantearse sus carreras profesionales, y ello les ha dejado con esa impresión de no tener muy claro quiénes son en realidad. Cuando perdemos nuestro trabajo o decidimos cambiarlo, ¿por qué algunas personas tienen la sensación de haber perdido una parte de sí mismas, mientras que otras lo ven simplemente como una transición que no afecta a su identidad? Para ayudarte a sacar en claro en qué situación te encuentras, a continuación te revelamos tres factores que podrían determinar tu excesiva vinculación con el trabajo.

Factor 1: la presión de tu entorno laboral

Según la psicóloga estadounidense Janna Koretz, si trabajas en un entorno de alta presión y alta remuneración, es más probable que te identifiques en exceso con tu trabajo. “Nuestro sentido de la identidad se ve muy influenciado por la forma en que nos presentamos ante los demás. Cuando alguien construye una identidad basada en la riqueza, el éxito profesional y el poder, no puede evitar quedar ligado inextricablemente a la carrera bien remunerada que le ha llevado hasta ahí”, explica en un artículo publicado en Harvard Business Review. Del mismo modo, si has invertido mucha energía emocional en tu trabajo, también es más fácil que te identifiques con él, como puede ser el caso de algunas profesiones asistenciales.

Factor 2: la fusión de tu vida profesional y personal

Aunque esta crisis de identidad puede ocurrir independientemente del entorno profesional, lo cierto es que si reduces tu entorno personal hasta el punto de fusionarlo con tu entorno profesional (al pasar muchas horas en el trabajo, salir con tus compañeros más que con tus amigos, pensar constantemente en el trabajo incluso en tu tiempo libre, etc.) podrías encontrarte más indefenso si de repente un día este entorno laboral desapareciera.

Factor 3: una gran necesidad de reconocimiento

Otro criterio de peso es la consabida necesidad de reconocimiento. “Las personas se muestran más o menos receptivas al reconocimiento que reciben de la sociedad, de los demás o de sí mismas, y es este grado de sensibilidad el que determina el lugar que otorgan al trabajo en la definición de su propia identidad”, según explican Anne-Marie Fray y Sterenn Picouleau en la revista de investigación Management & Avenir. Así, cuanto mayor sea tu necesidad de reconocimiento, mayor será el riesgo de identificarte con lo que tanto se valora en la sociedad actual: el trabajo.

“Reconocer a alguien significa identificarlo: cuando un niño nace, es reconocido por sus padres en el Registro. Así es como comienza a formar parte de la sociedad. En el trabajo ocurre lo mismo: el reconocimiento no solo es algo que nos hace sentir bien en un momento concreto, sino que además nos proporciona un sentido de pertenencia a un grupo y nos permite reforzar nuestra autoestima social”, afirma la psicoanalista Hélène Vecchiali. Desear un reconocimiento a través del trabajo es algo totalmente normal, pero ¿en qué momento la imagen que tienes de ti mismo pasa a estar totalmente ligada a esta necesidad? ¿Cuándo llega tu trabajo a definirte por completo?

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Cómo saber si te identificas demasiado con tu trabajo

Según la psicóloga Luce Janin Devillars, los pacientes con una identidad demasiado vinculada a su trabajo pueden reconocerse por los episodios depresivos que sufren cuando ya no la tienen. “Las reacciones se suelen articular en un cuadro depresivo: como ya no hago nada, no soy nada. Existe una confusión entre la actividad profesional —que es solo una parte de la vida— y la vida misma”, explica. Si la sensación de inutilidad y la impresión de haber dejado de existir son demasiado fuertes, probablemente sea una señal de que el trabajo se ha vuelto determinante en la percepción de nuestra identidad.

Para intentar averiguar hasta qué punto te identificas con tu trabajo, la psicóloga Janna Koretz recomienda hacerte las siguientes preguntas:

  • ¿Cuánto tiempo dedicas a pensar en el trabajo fuera de tu horario laboral?

  • ¿Te resulta difícil participar en conversaciones que no tienen que ver con tu trabajo?

  • ¿Cómo te describirías a ti mismo? ¿Hasta qué punto está vinculada esta descripción a tu trabajo, empresa o puesto? ¿Podrías describirte de otra manera?

  • ¿Se ha quejado alguna vez tu entorno del tiempo que pasas en el trabajo?

  • ¿Tienes alguna afición fuera del trabajo?

  • ¿Cómo te sentirías si dejaras tu empleo? ¿Hasta qué punto esta idea te genera una sensación de estrés?

Si las respuestas a estas preguntas parecen revelar la desproporcionada influencia que tiene tu trabajo en tu identidad, es hora de tomar cartas en el asunto.

Cómo dar un paso atrás para poner las cosas en perspectiva

Para superar esta situación y aprender a existir —tanto para ti mismo como para los demás— fuera del trabajo, solo hay una solución posible: relativizar el valor del trabajo. Es un proceso difícil, que te obliga a cuestionar las creencias sobre las que has construido tu imagen del trabajo. “Solo mediante la reflexión con una tercera persona (un psicólogo, un orientador o un familiar bien informado) se puede relativizar el valor del trabajo, dar un paso atrás para ganar perspectiva, y comprender que tu existencia no se reduce a una tarea o un puesto. Pero el camino suele ser largo. Dejando de lado el aspecto económico, la pregunta más importante que debes hacerte es: ¿Qué te hace pensar que solo existes por y para tu profesión?” Dado que cada individuo tiene sus propias razones para pensar que su trabajo le define, la mejor manera de poner cierta distancia entre uno mismo y el trabajo pasa por aprender a relativizar, con la ayuda de un profesional.

Haz una lista de las cosas que más te importan fuera del trabajo: este es un buen método para darte cuenta de que hay otras prioridades en la vida. Janna Koretz sugiere que clasifiques estos elementos por orden de importancia (familia, relaciones, religión, comunidad…) y luego reflexiones sobre los valores que son importantes para ti dentro de cada uno de ellos, lo que te permitirá orientar tus próximas decisiones vitales.

Realiza actividades fuera del trabajo: es una buena manera de otorgar al trabajo el tiempo justo que merece en tu vida diaria. Janin Devillars aconseja actividades como la meditación o el yoga, que “nos permiten vernos y valorarnos como un todo, en lugar de sentirnos fragmentados como un rompecabezas”. Pasa tiempo con tus seres queridos y trata de conocer a gente nueva: esto también te permitirá darte cuenta de tu valor a ojos de los demás, fuera del trabajo.

Por último, piensa en las habilidades a las que recurres en tu trabajo o en tu carrera profesional, y fíjate en que también pueden ser muy valiosas en otros ámbitos, además del laboral. Este es un paso esencial para comprender que tu valor añadido va mucho más allá de tu empresa.

La pandemia ha hecho que nos replanteemos muchas de nuestras prioridades, y nos ha hecho ver que, en última instancia, el trabajo es algo insignificante si lo comparamos con la salud de nuestros seres queridos. Del mismo modo, al imponer una distancia física con los compañeros y la oficina, este periodo también nos ha ayudado a distanciarnos mentalmente del trabajo y volver a centrarnos en nosotros mismos y en nuestros objetivos. Nos ha hecho dar cuenta de que al final, y por suerte, el trabajo solo es una pequeña parte de nuestra identidad.

Traducción de Rocío Pérez / Foto de WTTJ

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