'Job hopping': ¿tendencia pasajera o inestabilidad normalizada?

'Job hopping': tendencia pasajera o inestabilidad normalizada

Para los nacidos entre 1980 y 1999, lograr un puesto para toda la vida ya no es sinónimo del trabajo perfecto. De hecho, hasta el 57% de los trabajadores menores de 24 años se plantea cambiar de trabajo a corto plazo, mientras que esta cifra era de apenas el 15% entre los mayores de 55. Pero, ¿es esta una tendencia inherente a una generación con una forma distinta de percibir el rol que el trabajo juega en sus vidas? ¿O estamos hablando de una inestabilidad generalizada dentro de un colectivo concreto que hemos empezado a normalizar?

Qué es el job hopping

El concepto job hopping (o “saltar de trabajo en trabajo”) consiste en cambiar de trabajo con frecuencia, a veces, tras apenas unos meses y acumula casi 47 millones de búsquedas en Google. Una cifra bastante llamativa si la comparamos con la de otros conceptos ligados al trabajo como el burnout o el boreout, que cuentan con unos 72 millones y menos de un millón de resultados respectivamente. Las causas que motivan el cambio pueden ser:

Motivos externos: inestabilidad económica

Los nacidos entre 1980 y 1999 se han adaptado más fácilmente a la realidad laboral inestable. Por necesidad, han asimilado que no se puede ser fiel a una sola empresa. La causa es que, durante la crisis económica que se inició en 2008, gran parte de estos profesionales tuvieron dificultades para encontrar un trabajo que cumpliera con sus expectativas… o simplemente un trabajo. Los jóvenes menores de 25 años fueron uno de los grupos de edad más golpeados por las crisis, con consecuencias que aún llegan hasta nuestros días: de 2006 a 2016, el paro pasó del 11% al 34,5% entre los veinteañeros. Al cierre de 2019, esta cifra se situaba en el 30,5%: un total de 462.800 jóvenes en situación de desempleo según los datos de la última Encuesta de Población Activa.

Como consecuencia de estas elevadísimas cifras de paro, resulta menos extraño que el 48% de los trabajadores jóvenes españoles esté infrautilizado en el mercado laboral. Los motivos apuntan a la larga crisis económica y entre ellos se cuentan los desocupados, los que tienen un empleo a tiempo parcial pero desearían jornadas completas, o los desanimados que han desistido de buscar un puesto de trabajo, pero están dispuestos a volver al mercado laboral en cualquier momento. En este contexto, la búsqueda del empleo ideal puede acabar convirtiéndose, precisamente, en un continuo cambio de una empresa a otra: el job hopping explicaría que esos jóvenes busquen ahora un puesto de trabajo que cumpla con esas aspiraciones a las que antes tuvieron que renunciar.

Motivos internos: una nueva manera de entender la carrera profesional

A diferencia de las generaciones anteriores, las prioridades para los jóvenes con respecto al trabajo han cambiado. Ya no valoran tanto la estabilidad como la búsqueda de nuevos retos para crecer en su carrera profesional. “Estos jóvenes profesionales no se quedan en un trabajo por inercia, como hacían las generaciones anteriores, y consideran su vida laboral como una parte importante de su identidad: si su situación laboral no les encaja, no se resignan”, adelanta Sofía Rosales, profesional de 41 años que trabaja en la creación de contenido para el sector de la moda y que ha tenido a su cargo equipos enteros de job hoppers.

Por su parte, la coach ejecutiva y personal Yolanda Cañizares opina sobre la idea de “permanecer durante muchos años en un puesto de trabajo” y afirma que no es la mejor manera de “movilizar y desarrollar talento”. “El momento que vivimos requiere personas despiertas, activas, con facilidad para salir de su zona de confort y que están dispuestos a dar valor cada día su talento para crecer y contribuir a la construcción de la nueva realidad que estamos dibujando”.

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¿Job hoppers o jóvenes insatisfechos?

Pero ¿es entonces cierto es que el modelo tradicional de empresa ya no es capaz de satisfacer las necesidades de este sector de la población activa?

El modelo tradicional egocéntrico de grandes corporaciones no alcanza a satisfacer los valores de confianza y cooperación que tanto les importan a estos jóvenes”, cuenta la joven periodista Anna Thorsen en Valuer, una plataforma que pone en contacto startups con grandes corporaciones. Y para una generación de jóvenes profesionales que ha crecido con las redes sociales y con una conexión al resto del mundo disponible las 24 horas del día, no conformarse con lo que uno tiene y aspirar a más dentro del ámbito laboral parece más fácil que nunca.

Lo confirma Kasia Jarco, editora de vídeos y responsable del canal de YouTube Color Grading Insights. Tiene 28 años y ha cambiado de trabajo cinco veces en tres años. “Para mí el job hopping no es una elección, me he visto obligada a ello porque estoy constantemente insatisfecha con mis trabajos”, asegura. Jarco aporta un punto de vista distinto a la constante búsqueda de la felicidad laboral: cree que en los antiguos modelos de cultura empresarial no se valora al trabajador como individuo. “Esto hace que los trabajadores busquen desesperadamente un empleo donde puedan sentirse menos anónimos, más escuchados y apreciados”, añade Jarco.

“Se podría decir que los perfiles más propensos a caer en el job hopping no lo son en función de su profesión, sino más de su personalidad: son aquellos que tienen definido una meta profesional y que necesitan sentirse parte de la evolución y transformación social y económica actual”, remata la coach Yolanda Cañizares.

Pros y contras del job hopping

PROS

  • Se refuerzan valores derivados de la cooperación: “Una persona con un foco individualista y competitivo tiene poco recorrido en el job hopping”, reflexiona la coach.

  • Consecución de objetivos profesionales: Un job hopper evaluará la posibilidad de alcanzar sus aspiraciones antes de incorporarse a una empresa. Y una vez dentro, aprovechará para seguir aprendiendo y adquiriendo conocimientos, construir su marca personal y cambiará de empresa cuando considere que ya no puede seguir creciendo. “Personalmente admiro esta claridad, ambición y determinación”, reconoce Sofía Rosales.

  • Más oportunidades de mejorar su sueldo. Cambiar de empresa puede ser una manera más rápida de mejorar el sueldo que esperar a la revisión anual, según comenta la experta en empleo juvenil Katye Zimmerman en Forbes.

CONTRAS

  • Inestabilidad. Cambiar de empresa, compañeros, proyectos y hasta posibles altibajos en el salario dan forma a un escenario poco estable. No todos los trabajadores están preparados para afrontar este tipo de situaciones.

  • Un job hopper puede correr el riesgo de no llegar nunca a sentirse satisfecho con el trabajo que desempeña: “Posiblemente, saber gestionar la inquietud para encontrar el equilibrio personal sea un requerimiento de este tipo de perfiles”, dice Yolanda.

  • En ocasiones no se llega a profundizar en determinados aspectos profesionales: “A veces es sano aburrirse un poco en el trabajo y poner el foco de atención en otros aspectos de tu vida, no estar en constante búsqueda del puesto de tus sueños. Además, hay que tener en cuenta que algunas soft skills como la resiliencia, el trabajo en equipo, o cosas tan simples como interpretar situaciones cotidianas o saber leer a otras personas, no suelen aprenderse de la noche a la mañana”, remarca Rosales.

Ventajas y desventajas quedan bien resumidas en el sentimiento de la propia Jarco: “Lo mejor de saltar de trabajo en trabajo es que te da seguridad saber que hay siempre nuevas puertas por abrir en algún lugar; lo peor es que no hay estabilidad ni sensación de apego con las personas con las que trabajas ni con la propia empresa”.

Las cifras muestran que las nuevas generaciones tienen una forma diferente de entender el trabajo, del que esperan satisfacción y oportunidades de seguir creciendo no solo profesionalmente, sino también en el ámbito personal. Y aunque el mercado parece haber empezado a adaptarse a las nuevas necesidades de sus empleados, las cuestiones relacionadas con la estabilidad y la experiencia de los trabajadores siguen siendo asignaturas pendientes. “La clave está en seguir poniendo en valor y actualizando la experiencia acumulada, para que esta siga siendo útil a medida que el mercado va cambiando”, concluye Yolanda Cañizares.

Foto de WTTJ

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