Por qué la cultura del hiperconsumo está transformando el mundo del trabajo

Cómo la cultura del hiperconsumo cambia el mundo del trabajo
Un artículo de nuestro experto

¿Se han vuelto incompatibles nuestros intereses como consumidores y nuestros intereses como trabajadores? Hasta la fecha, nunca habíamos visto cumplidos todos nuestros deseos con tanta rapidez y eficacia: con un simple clic, ahora los internautas pueden comprar lo que quieran y recibirlo en menos de 24 horas. Acostumbrados a la experiencia relativamente fluida que ofrecen los gigantes digitales, además de la hiperabundancia y la hiperpersonalización de sus productos y servicios, a los consumidores se les olvida sin embargo que detrás de toda esta parafernalia se encuentran una serie de trabajadores en una situación cada vez más precaria.

“El consumidor se ha convertido en el rey, obligando a las empresas a reorganizarse para ser más ágiles a costa de los empleados”, afirma Denis Pennel, director general de la Confederación Mundial del Empleo. Y parece que esta frenética carrera hacia el hiperconsumo nos está llevando inevitablemente a una mayor desigualdad, a un despilfarro de recursos y a una contaminación desenfrenada. Como si eso fuera poco, la actual pandemia mundial ha puesto de manifiesto hasta qué punto el paso de la economía de masas del siglo XX a la economía a la carta del siglo XXI está acentuando la división entre consumidores y trabajadores.

Denis Pennel lleva años explorando las cuestiones relativas a la transformación del trabajo, el empleo y el consumo. Su última obra, The Consumer Paradise has become a Hell for Workers ( español “El paraíso del consumidor se ha convertido en un infierno para los trabajadores”), no es el primer libro que dedica a la situación laboral. En 2017 ya publicó Work, the thirst for liberty (en español “El trabajo, la sed de libertad”), donde muestra una visión optimista de la emancipación moderna del trabajo, influenciada por “startups, emprendedores y otros trabajadores polivalentes que están reinventando el trabajo”. En él afirma lo siguiente: “Tras la esclavitud, la servidumbre, la artesanía y el trabajo asalariado, en la actualidad el trabajo está entrando en una nueva era”.

En uno de mis artículos sobre lecturas recomendadas dedicado a su anterior libro, destaqué el carácter liberador de la (relativa) desintegración de la relación de subordinación, mencionando la siguiente cita: “La relación de subordinación basada en la obediencia y el control se ha vuelto contraproducente, y está siendo sustituida cada vez con mayor frecuencia por la gestión colaborativa, en la que prevalecen la autonomía y el empoderamiento”.

Con el paso de los años, el autor se muestra más circunspecto en lo relativo a los avances actuales. Sin negar las oportunidades de emancipación que ofrecen las transformaciones en curso, Pennel hace un mayor hincapié en la necesidad de un nuevo contrato social, de cambios en nuestros hábitos de consumo y de nuevas reglas para contrarrestar la creciente mercantilización del trabajo. “La crisis de la Covid-19 ha reafirmado el hecho de que nuestro dogma productivista, basado en cuatro lógicas —extraer, producir, consumir, tirar—, ya no es sostenible”.

El objetivo de Pennel en este libro es ofrecer una visión general de la situación, a fin de comprender mejor los vínculos conflictivos que existen actualmente entre el trabajo y el consumo en nuestra economía a la carta, así como los cambios necesarios para que el mundo del trabajo sea más inclusivo, equitativo y sostenible.

“Si el futuro termina por parecerse al pasado, no seremos capaces de idear soluciones para los retos que plantea esta nueva revolución industrial si únicamente nos limitamos a poner parches a nuestro sistema actual”. Denis Pennel

La quiebra de la empresa y el retorno de la artesanía

Esa satisfacción inmediata que impulsa nuestra economía a la carta ha dado lugar a la rápida expansión de empleos en el sector servicios cada vez más precarios. Las plataformas de reparto de comida, por ejemplo, han propiciado la aparición de una nueva clase de repartidores en bicicleta que a veces trabajan unas pocas horas por semana.

En términos más generales, los puestos de trabajo en la denominada “logística de última milla” (para referirse al tramo final del proceso de entrega de las mercancías en el destino indicado por el cliente) se han multiplicado de una forma que apenas hubiera podido imaginarse hace cinco años. Teniendo en cuenta que cada vez más personas compran por internet, el número de pedidos que hay que preparar y entregar no ha dejado de aumentar. Esto supone un número cada vez mayor de empleados, muchos de los cuales son autónomos, pero con unas condiciones de trabajo que a menudo recuerdan a la “alienación industrial” de antaño descrita por Karl Marx.

“Así, la transformación del concepto de subordinación refleja las nuevas limitaciones, oportunidades y exigencias de estar conectado, y dan lugar a una nueva exigencia: la disponibilidad, que se aplica a un número cada vez mayor de situaciones laborales”. Denis Pennel

La transformación de los patrones de consumo está teniendo profundas consecuencias para el empleo. El aumento de los servicios “llave en mano” y el consumo por suscripción, junto con la sustitución gradual de la propiedad por el uso y la creciente importancia concedida a la experiencia del cliente, explican la reciente multiplicación de nuevos puestos de trabajo en el sector de los servicios de conveniencia. Y es que, siendo sinceros, una buena experiencia del cliente requiere mucho trabajo. Sin embargo, estos puestos a menudo están menos valorados y son más precarios que los empleos manuales de las generaciones pasadas.

Para una minoría de trabajadores, el fin de la producción en serie ha supuesto nuevas oportunidades para los valores de la industria artesanal, como la independencia y la creatividad. Estos neoartesanos o creadores no se limitan a la artesanía tradicional —como los ebanistas, los fontaneros o los tapiceros, por citar algunos—, sino que muchos también han aprovechado las ventajas de internet para reinventar su carrera profesional: “La solución más fácil, obvia y natural es monetizar un área de interés en la que se tiene una experiencia particular. ¿Qué puede haber más fácil y emocionante que convertir tu pasión en tu trabajo?”.

El auge de la neoartesanía no es el único fenómeno destacable en el nuevo mundo laboral. Desde el inicio de la revolución digital, los límites entre lo interno y lo externo se han vuelto cada vez más difusos en muchas empresas. El número de proveedores de servicios, consultores y autónomos ha aumentado en comparación con el número de empleados que tiene una relación de subordinación con su empresa. Los departamentos de Recursos Humanos, centrados exclusivamente en los empleados, no siempre son capaces de ver hasta qué punto este cambio ha provocado una creciente fragmentación en la empresa. Y el aumento del trabajo a distancia no ha hecho más que acelerar dicha fragmentación.

Para Pennel, el trabajo se está volviendo cada vez más irregular, fluido e híbrido. Dicho en otras palabras, la multiactividad está ganando terreno. A medida que los terceros contratantes se hacen cada vez más frecuentes, el empleo asalariado tradicional se ha ido reduciendo progresivamente. “En retrospectiva, la generalización del empleo asalariado aparecerá sin duda como un pequeño paréntesis en la larga sucesión de modelos laborales a lo largo de la historia. Lo que comenzó con la esclavitud hace más de 2000 años fue seguido de la servidumbre, lo cual supuso un progreso relativo en términos de libertad y protección. Más tarde, el trabajo por cuenta propia se impuso entre los campesinos y los artesanos de la época preindustrial. No fue hasta el siglo XX que el empleo asalariado se convirtió en la norma, extendiéndose a la gran mayoría de la población trabajadora”.

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La economía a la carta está transformando todos los aspectos de la sociedad a medida que la atención se desplaza hacia el consumidor

No es de extrañar que los críticos de la economía a la carta la acusen de provocar una vuelta al “capitalismo salvaje del siglo XIX”. La mayoría de los empleos en crecimiento son contratos de corta duración o por cuenta propia, es decir, puestos de trabajo con una menor protección social en comparación con el empleo asalariado del siglo XX. Pennel señala que las empresas, confrontadas a una creciente imprevisibilidad, recurren cada vez más al trabajo flexible, lo que significa que, ahora más que nunca, “los empleados son de usar y tirar, como los Kleenex”.

La popularidad de las plataformas digitales ha resultado en un fuerte crecimiento de los modelos de trabajo que el autor considera “deshumanizadores”, bien porque nuestro “jefe” es un algoritmo, bien porque la interfaz digital nos vuelve invisibles y nos priva de la posibilidad de establecer vínculos con nuestros “compañeros”. Los compradores no suelen ser conscientes del trabajo que supone satisfacer sus deseos rápidamente. Existe la idea equivocada de que “digital” equivale a “automatizado”, cuando en realidad hay “millones de empleados invisibles que trabajan en la trastienda de los servicios en línea y otras aplicaciones, en ocasiones sin ninguna regulación ni control de sus condiciones de trabajo”.

¿Asistiremos al retorno del trabajo a destajo, tan extendido en el siglo XIX? El resurgimiento de una clase de trabajadores explotados con pocos derechos parece ir de la mano de la economía a la carta. Según Pennel, esto se está convirtiendo en un distintivo del siglo XXI: “Imagina a los trabajadores de hoy, que el día de mañana serán a su vez clientes exigentes e intratables, vengándose de la explotación del día anterior… Es un círculo vicioso y demente para muchas personas”.

Así como la revolución digital está transformando la relación entre los empleados y las empresas, estas últimas también se están pasando a la “consumerización”. Incluso los empleados en una situación más o menos estable se comportan a menudo como “consumidores” en el mercado laboral. En consecuencia, los códigos del marketing han invadido el mundo de los Recursos Humanos, provocando la generalización de la promoción de la identidad corporativa, también conocida como employer branding.

Además, tal y como afirma Pennel, todos los aspectos de la vida están cada vez más “tribalizados”: “Nuestra vida como ciudadanos se reduce a una yuxtaposición de tribus, en guerra entre sí, que en el mejor de los casos se ignoran pero que pueden llegar a odiarse (…)
El espíritu colectivo, la prevalencia del bien común, han desaparecido”. Así es como se erradica la cultura de masas: “El objetivo ya no es unir a la gente, sino agudizar sus diferencias”.

Frugalidad, consumo responsable y contrato social: tres remedios para “humanizar” el capitalismo

Al leer sobre todos los males que conlleva el auge de la economía a la carta, no es raro sentir impotencia. Sin embargo, cada vez más personas utilizan su consumo como herramienta de activismo. La frugalidad está cada vez más de moda, tal y como demuestra la popularidad de Marie Kondo y su libro La magia del orden : herramientas para ordenar tu casa— ¡y tu vida! (Ed. Aguilar). Muchas personas se valen de sus hábitos de compra para crear vínculos dentro de su comunidad, recurriendo a los pequeños comercios y consumiendo productos locales.

Las decisiones que tomamos como consumidores pueden tener un impacto ético en la sociedad en general. Nuestras elecciones pueden contribuir a evitar el despilfarro de comida, reducir los residuos y la contaminación del medio ambiente, promover el comercio justo e incluso evitar el uso de herbicidas o insecticidas mediante la compra de productos ecológicos. Según Pennel, “se impondría de forma natural un nuevo tipo de frugalidad, donde la importancia de los vínculos humanos podría sustituir a la adquisición de bienes”.

“Para que tenga éxito, la economía frugal debe funcionar de forma colaborativa”. Denis Pennel

En muchos sentidos, la crisis sanitaria mundial ha puesto en tela de juicio nuestros hábitos de consumo y nuestras aspiraciones. Nos ha obligado a bajar el ritmo, a renunciar a lo superfluo y a “reconocer la diferencia entre lo esencial y lo meramente frívolo”. Pennel parece optimista en cuanto a la continuidad de esta tendencia una vez superada la pandemia.

“Se trata de una especie de ecología humana que habría que aplicar en el lugar de trabajo: del mismo modo que la ecología natural debe reaccionar ante los gritos de nuestro planeta, ¡la del trabajo debe reaccionar ante los gritos de las personas! Eso implica un mayor respeto por los empleados, una gestión responsable de los recursos humanos, una empatía benévola, una gestión justa y colaborativa, unas condiciones de trabajo acordes con las opciones y limitaciones de cada uno, y una economía circular de los trabajadores”. Denis Pennel

Así, Pennel aboga por el desarrollo de una “ecología humana en el trabajo” basada en la ecología natural y centrada en tres áreas clave:

  • Garantizar unas condiciones de trabajo dignas, en las que haya un nivel suficiente de seguridad y salud.
  • Los objetivos centrados en el trabajo significativo deben formar parte de la misión de la empresa y de las funciones individuales de los empleados.
  • Las personas deben tener un mayor control de su trabajo, sobre todo en lo relativo al tiempo.

El remedio más importante consiste en reinventar el contrato social. Pennel se pregunta: “¿cómo podemos reducir la inestabilidad laboral y el estancamiento salarial en los países desarrollados? ¿Cómo se puede garantizar un umbral mínimo de protección social para todos los individuos, a pesar de que los modelos de empleo sean cada vez más diversos?”. Muchos países siguen un modelo social que permite financiar buenos servicios públicos y fomentar una mayor igualdad. Sin embargo, la mala gestión de la crisis de la Covid-19 y el aumento de las desigualdades parecen poner en duda la eficacia de ese modelo en algunos lugares.

En un contexto de creciente fragmentación, el reto consistirá en reinventar el contrato social volviendo a centrar en las personas la protección frente al riesgo, independientemente de su estatus profesional. “A fin de adaptar el mundo del trabajo a la realidad económica y social del siglo XXI, debemos avanzar hacia un sistema de protección social centrado en las personas y no en las empresas, sistematizando las protecciones sociales y reuniendo todas las prestaciones sociales disponibles (seguridad social, jubilación, derecho a la formación, subsidio por desempleo, etc.)”.

Para Denis Pennel, hay una cosa clara: no conseguiremos humanizar el capitalismo sin una mejor distribución de la riqueza y un mayor respeto por el planeta. Y eso solo será posible si cambiamos nuestras formas de trabajar y de consumir.

Traducido por Rocío Pérez/ Foto: Welcome to the Jungle

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