El tabú de los primeros meses de embarazo: el rol del trabajo y la empresa

El tabú de los primeros meses de embarazo en la empresa
Un artículo de nuestro experto

Hasta que llega el momento de hacerse la primera ecografía, las mujeres trabajadoras se ven obligadas a llevar su embarazo en secreto tanto dentro como fuera del trabajo, tratando de ocultar como pueden los primeros síntomas y con el miedo al aborto. En su libro ‘Trois mois sous silence. Le tabou de la condition des femmes en début de grossesse’ (que en español se traduciría como ‘Tres meses de silencio. El tabú de la situación de la mujer al comienzo del embarazo’), la escritora francesa Judith Aquien nos ofrece un análisis riguroso de un mutismo institucionalizado.

La menstruación, los primeros meses de embarazo, el aborto y la menopausia parecen no existir en el entorno laboral. Con el objetivo de hacer carrera y ascender en una empresa, las mujeres han renegado durante mucho tiempo de su cuerpo o simplemente han ocultado ante los demás sus ciclos físicos y hormonales. No siempre somos conscientes del impacto y alcance de los tabúes asociados al cuerpo de la mujer en el mundo laboral. La angustia de las manchas de sangre durante la menstruación, las náuseas y el agotamiento al principio del embarazo o los sofocos durante la menopausia son algunas de las muchas molestias o dolencias que las mujeres deben acallar para ofrecer un aspecto profesional y seguir siendo “creíbles” como trabajadoras.

Hablar de hormonas y del cuerpo femenino es todavía más peligroso, ya que con demasiada frecuencia estos temas se han utilizado contra las mujeres para negarles un puesto o un ascenso. Los misóginos llevan demasiado tiempo afirmando que las mujeres no son legítimas para ciertos puestos, ¡precisamente por los cambios hormonales que sufren! No es de extrañar, en estas circunstancias, que el tema se haya convertido en tabú, incluso entre algunas feministas. En un mundo laboral desigual y androcéntrico, tratar abiertamente estos asuntos equivale a cavar tu propia tumba.

Tres meses de silencio: análisis feminista de un tabú sistémico

Pero en los últimos años se ha producido, en palabras de la filósofa francesa Camille Froidevaux-Metterie, un “cambio genital del feminismo”, el cual ha tenido un enorme impacto en las empresas y en sus departamentos de Recursos Humanos. En su libro, Judith Aquien pone en evidencia el tabú sistémico que rodea el comienzo del embarazo. A pesar de que la mayoría de las mujeres suelen sufrir náuseas y un agotamiento incapacitante durante los tres primeros meses de embarazo, se ven obligadas a ocultar sus síntomas sin obtener ningún tipo de apoyo por parte de la empresa.

“Nada más quedarme embarazada me di cuenta de que lo que se esperaba de mí, y lo que siempre se había esperado de las mujeres embarazadas, era que continuara sin decir ni palabra”. Esta feminista comprometida considera que ha llegado el momento de abordar los tabúes del comienzo del embarazo y del aborto espontáneo, y en su libro denuncia abiertamente el desamparo y la negación que conlleva este periodo en la vida de las futuras madres. Evidentemente, el contexto resulta propicio para nuevos debates: el teletrabajo se ha convertido en la norma general, la pandemia ha revelado y amplificado las desigualdades de género y ha llevado el debate sobre ser padres al ámbito empresarial. Nueva Zelanda ha anunciado recientemente la creación de una “baja por aborto”. El planteamiento es simple: si las mujeres recibieran más apoyo, ¡también serían más productivas!

Para el 85% de las mujeres, los tres primeros meses de embarazo son, en cierto modo, un infierno tanto físico como psicológico: náuseas, vómitos, agotamiento extremo, depresión, miedo al aborto y, en hasta el 20% de los casos, un aborto real… A pesar de que el inicio del embarazo se ve marcado por la inseguridad permanente de un cuerpo que se está preparando para albergar una nueva vida, nada debe revelar el verdadero estado de la mujer, por lo que estas se ven obligadas a llevarlo en silencio, tanto en el trabajo como en casa, y a ocultar los síntomas que están experimentando” - Judith Aquien en el libro ‘Trois mois sous silence’.

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El embarazo: en tierra de nadie, y menos aún de la mujer

Pero, ¿por qué se ven obligadas las mujeres a mantener en secreto el inicio de su embarazo? En su libro, Aquien plantea el origen de esta ley del silencio: la principal razón por la que las madres (o las parejas) prefieren no anunciar el embarazo a sus familiares y compañeros de trabajo se debe al tabú del aborto espontáneo, que con frecuencia se percibe como una especie de “fracaso”. Sin embargo, lo que no decimos puede convertirse en un peso aún más difícil de soportar, tal y como explica Aquien: “Si no hablamos de ello, no somos realmente conscientes de que existe, ni de hasta qué punto está presente en la realidad de las mujeres”.

Este mutismo resulta aún más lamentable si tenemos en cuenta que esta fase del embarazo es especialmente complicada, debido a la angustia ante el posible aborto y a los desagradables síntomas que experimentan la mayoría de las mujeres. No poder hablar libremente sobre el tema les impide contar con el apoyo de sus jefes o de sus familiares, por lo que no les queda otra que sufrir en silencio y hacer como si no pasara nada.

Una gastroenteritis de doce semanas

Las “pequeñas dolencias” o “molestias” del embarazo son síntomas, a veces muy debilitantes, que la inmensa mayoría de las mujeres experimentan en las primeras semanas de gestación. “Todo se ve reducido, miniaturizado como en el mundo de Polly Pocket, como si las mujeres, como buenas histéricas (…) demasiado pendientes de sí mismas, hicieran una montaña de un grano de arena”. Así, padecimientos como el dolor de espalda, los problemas de circulación, el insomnio, los problemas digestivos, el agotamiento extremo y las náuseas tienden a no tomase en serio, al verse constantemente minimizados o desestimados por la sociedad y una parte del colectivo médico.

Las náuseas y los vómitos constituyen el mayor inconveniente al inicio del embarazo. Tal y como señala Aquien, estos afectan a cerca del 85% de las embarazadas, y pueden convertirse en un auténtico suplicio. “Resumamos en pocas palabras un día cualquiera en los primeros tres meses del 85% de las mujeres embarazadas: levantarse, vomitar, comer un poco, volver a vomitar, coger el transporte público para ir al trabajo, bajarse del transporte público una o dos veces para vomitar en una papelera, llegar al trabajo, vomitar en el baño, y así hasta la noche. Básicamente, estamos hablando de una gastroenteritis de 12 semanas”.

“¿Qué sociedad debidamente organizada permite que el 50% de su población vomite durante tres o cuatro meses seguidos sin que le echen una mano, especialmente en el trabajo? ¿Cómo es posible que, sabiendo que este síntoma afecta al 85% de las mujeres, los jefes de RR. HH. de todo el mundo no se hayan puesto de acuerdo para ofrecer el teletrabajo al máximo número de mujeres desde el inicio de su embarazo, de forma que puedan sentirse mínimamente liberadas sin por ello dejar de lado su actividad profesional?”

Muchas mujeres también suelen sentirse agotadas durante el primer trimestre de gestación (o incluso durante todo el embarazo), con “bajones de energía” tan incontrolables que en ocasiones se ven obligadas a echarse una siesta en el baño de la oficina (entre vómito y vómito). Pero debido a la desestimación tan frecuente de estos síntomas, muchas veces el colectivo médico no les da la importancia que merecen y la ciencia no dedica recursos suficientes a su investigación, ya que los tratamientos son casi inexistentes.

El aborto, un duelo sin rituales ni reconocimiento

En los últimos años, el aborto espontáneo se ha convertido en objeto de nuevas reivindicaciones. Un gran número de famosas, desde Michelle Obama hasta Meghan Markle o Paula Forteza, han hablado abiertamente sobre la terrible experiencia que les tocó vivir. Hace unos meses, Nueva Zelanda instauró una “baja por aborto espontáneo” del que se hicieron eco los medios de comunicación de todo el mundo. Varias empresas, situadas principalmente en el Reino Unido, se han animado a introducir una baja laboral similar para sus empleadas embarazadas y/o sus parejas, aunque la ley todavía no obliga a ello.

El libro de Judith Aquien incluye un prólogo de la filósofa francesa Camille Froidevaux-Metterie titulado Dos hijos, cuatro embarazos y muchos tormentos, y en el que habla de sus abortos y de la desestimación por parte de la sociedad de este calvario por el que pasan muchísimas mujeres cada año (en España afecta a entre un 10 y un 20% de los embarazos): “Somos miles las mujeres que hemos tenido que pasar por la gran negación del aborto espontáneo. Sin embargo, solo descubrimos su magnitud cuando nos decidimos a hablar de ello con nuestro entorno (…). Le doy las gracias a Judith Aquien por haber puesto de relieve la intensa emoción de un ‘duelo sin rituales ni reconocimiento’”.

La recuperación tras un aborto espontáneo requiere mucho apoyo y palabras de consuelo. Como en cualquier duelo, es necesario contar con “ciertas medidas, un seguimiento bien pautado y un discurso de apoyo que toda la sociedad domine”. Sin embargo, dado que el primer trimestre del embarazo transcurre en secreto, no cabe esperar palabras amables de familiares y compañeros.

Cuando las mujeres que sufren un aborto espontáneo acuden al médico, se les dice simplemente que es algo “común y corriente”, negándoles así el derecho al reconocimiento y a los rituales que todo proceso de duelo requiere. “Sí, es algo común, pero no por ello es menos doloroso para las personas que lo viven. Al fin y al cabo, la muerte también es algo muy común, y sin embargo todos hemos aprendido a dar el pésame a quienes están de luto”, afirma Aquien.

“Si sabemos dar las condolencias habituales para los duelos ‘típicos’ (…) ¿qué nos impide aprender unas palabras básicas y discretas para cuando una mujer sufre un aborto espontáneo? La experiencia del aborto es la experiencia del duelo, y el duelo exige ciertas medidas, un seguimiento bien pautado y un discurso de apoyo que toda la sociedad domine”

Cómo poner fin a la relegación y a la discriminación

No resultaría difícil hacer una lista de medidas que las empresas podrían implementar para ayudar a las mujeres embarazadas desde el principio de la gestación. La reorganización de los horarios laborales y la generalización del teletrabajo podrían facilitarles la vida sin tener que dejar de lado sus puestos de trabajo, y una baja en caso de aborto les permitiría sobrellevar mejor el duelo y recuperarse tanto física como psicológicamente.

En el fondo tampoco son necesarios grandes cambios a fin de hacer más llevadero el primer trimestre de las embarazadas, para poder ofrecerles el apoyo y la atención que tanto necesitan en este periodo de ansiedad y desconcierto. De hecho, que estos tres primeros meses estuvieran reconocidos oficialmente, ya sería un gran paso. Este tabú, por desgracia, no desaparecerá tan fácilmente en una sociedad desigual donde muchas mujeres embarazadas siguen siendo discriminadas y relegadas en el trabajo. Mientras haya empresas que sigan considerando el embarazo como una “traición”, es poco probable que las mujeres logren abordar el tema con libertad. Una baja por aborto solo será útil cuando la notificación de una situación familiar no vaya acompañada de sanciones profesionales.

Sin embargo, solo una pequeña parte de las mujeres que se han visto discriminadas durante o después de su embarazo acuden a los tribunales para denunciar lo ocurrido, ya que muchas de ellas no pueden permitirse poner en peligro la relación con su superior. A día de hoy, la penalización profesional sigue siendo demasiado frecuente y el equilibrio entre la vida laboral y privada sigue siendo demasiado precario, especialmente en un mundo laboral que continúa dando preferencia al trabajo presencial y penaliza sistemáticamente a las mujeres.

Traducido por Rocío Pérez / Foto de WTTJ

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