Buscar la verdad y salvar el planeta: entrevista a Vandana Shiva

Buscar la verdad y salvar el planeta: entrevista a Vandana Shiva

La doctora Vandana Shiva, física cuántica, agricultora, activista de ecofeminismo y conservadora de semillas, puede que tenga el trabajo más interesante del mundo. Se dio cuenta rápidamente de que la forma en que los principales poderes y corporaciones mundiales explotan la tierra se basa en una visión colonial del mundo, que busca mermar los derechos y las vidas de pequeños agricultores, mujeres y comunidades indígenas.
Desde entonces, ha puesto su formación científica y su conocimiento, al servicio del activismo. Es autora de varios libros, como La violencia de la Revolución Verde (1989) o Tierra no petróleo (2008), y aboga por la reintegración de métodos agrícolas autóctonos y de una vida digna para los agricultores. Es seguidora de Chipko, un movimiento de conservación feminista no violento, y en 1984 fundó Navdanya, una ONG que trabaja para preservar la biodiversidad y conservar semillas en la India y que ha creado más de 150 bancos de semillas comunitarios. Por su parte, ha trabajado ayudando a gobiernos y comunidades de todo el mundo a mejorar su acceso al conocimiento.
Hablamos con Vandana Shiva, entre otros temas, de cómo es tener una carrera polifacética, de por qué se produce el “burnout” y de qué reclaman los agricultores indios.

Además de activista medioambiental, también es científica. ¿Cómo empezó su trayectoria?

Einstein fue la inspiración de mi carrera. Quería ser una física con conciencia, igual que él. Esto me hizo darme cuenta de la clase de persona que quería ser.

Me licencié en física de partículas en la Universidad del Punyab. Después de la universidad, estuve preparándome para ingresar en el organismo nuclear [de la India], el Centro de Investigación Atómica Bhabha. Sentía que era una experiencia realmente apasionante e inspiradora, hasta que un día mi hermana me hizo una pregunta sobre radiación y no tuve ni idea de qué responder. En física, te enseñan a calcular reacciones en cadena y ecuaciones de transición, sin mirar qué hay a tu alrededor. Pero yo estaba haciendo física para entender el mundo, entonces, ¿dónde me había equivocado?

Decidí ahondar más en la teoría y me fui a Canadá a estudiar un doctorado sobre los fundamentos de la teoría cuántica. Sin embargo, seguía queriendo volver a la India para ofrecer lo que sabía, ya que había algo que me desconcertaba y preocupaba profundamente. Siempre nos han dicho que cuanta más ciencia y tecnología tenga un país, menos pobreza tendrá. La India es la tercera comunidad científica del mundo y, sin embargo, nuestros niveles de pobreza siguen creciendo. Entonces decidí que lo que quería hacer era descubrir la razón del porqué.

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¿Recuerda el momento en el que se orientó hacia el activismo y el medioambiente?

Antes de irme a hacer mi doctorado a Canadá en 1977, fui a ver mi bosque favorito, en el que había crecido y por cuyas montañas había caminado, las cuales conocía como la palma de mi mano. El bosque había desaparecido. El arroyo que bajaba por él había sido reducido a un hilillo de agua. Me dolió muchísimo, como si una parte de mí hubiese muerto. Estuve preguntando por ahí y descubrí que había surgido un maravilloso movimiento llamado Chipko (que significa “abrazar”). Ya me había comprometido a irme a Canadá pero volvería siempre en vacaciones para ser voluntaria en Chipko. Los meses en los que no estudiaba, era activista.

Esta experiencia me abrió las puertas para trabajar en el Ministerio de Medioambiente de la India y cerrar las minas de mi ciudad natal. Fue entonces cuando decidí que iba a trabajar para proteger el medioambiente. Fundé la Fundación para la Investigación Científica, Tecnológica y Ecológica, de la que más tarde surgiría Navdanya y la conservación de semillas. Para mí son como las ramas de un árbol: algunas van creciendo en el momento adecuado, pero es el tronco lo que te hace comprender el mundo de forma científica, coherente y veraz.

Hablemos de las protestas de los agricultores de la India. ¿Cómo encajan en las conversaciones sobre los trabajadores que se están teniendo hoy en día en todo el mundo?

Para mí, la razón del movimiento de los agricultores es importante porque estos no dejan de repetir que “nuestro trabajo es el más digno de todos”. Los agricultores son resistentes y la razón por la que están luchando no es únicamente el futuro de la agricultura, sino el futuro del trabajo, a pesar de que la obsesión por hacer dinero ha tratado de convertir la agricultura en una vocación obsoleta. En la actualidad, las empresas hablan sobre agricultura sin agricultores y sobre fábricas sin trabajadores, como si pudiéramos funcionar sin estos dos grupos de personas porque podemos hacer que los robots o la inteligencia artificial lleven a cabo todas las tareas. Está claro que estamos viviendo un momento interesante para reflexionar sobre el futuro del trabajo.

Algunas personas sugieren que la tecnología está para facilitar las cosas a los agricultores, mientras que otras defienden lo contrario. ¿Hay que encontrar un equilibrio entre tradición y tecnología cuando se trata de mejorar el trabajo de los agricultores?

Este es un dualismo totalmente falso. Los agricultores indios llevan 10.000 años existiendo. Resulta imposible trabajar la tierra de una forma sostenible durante tanto tiempo sin disponer de diferentes tecnologías. Existen tecnologías indígenas y tecnologías industriales.

Echemos la vista atrás. En 1984, los campesinos del Punyab organizaron una revuelta. Protestaban porque no podían elegir qué plantar ni de qué forma. En aquella espiral de violencia murieron 30.000 personas. Poco después, hubo una filtración en una fábrica de pesticidas de la ciudad de Bhopal y miles de personas murieron también. Se produjeron miles de muertos por una tecnología que había ganado el premio Nobel.

Por lo tanto, lo que tú llamas tecnología en términos absolutos, son en realidad instrumentos para matar plantas e insectos: herbicidas, pesticidas e insecticidas. Pero nosotros sí controlamos las plagas: si se preserva la biodiversidad, habrá insectos, pero no plagas.

Luego tienes la tecnología bruta y militar. Matas los insectos que, en realidad, son tus aliados para controlar las plagas y, en su lugar, plantas monocultivos que crean un festín para estas. Utilizas venenos que crean resistencia frente a los insecticidas. Y después pones pesticidas en una planta valiéndote de la ingeniería genética, lo que da lugar a que surjan superplagas.

Como científica, opino que esta es una tecnología torpe e infructuosa. No creo que la cuestión sea enfrentarla a la tradición. Lo que hay que conseguir son tecnologías ecológicas que funcionen en armonía con la naturaleza frente a instrumentos violentos que peleen contra ella. Esta es la elección que tenemos que hacer.

Ha sido agricultora y, al mismo tiempo, ha trabajado directamente con los legisladores, dando forma a las leyes y al sistema internacional. ¿Cómo ha sido, profesionalmente hablando, estar en este punto medio entre dos mundos que aparentemente no llegan a confluir?

Por una parte, tienes a los agricultores que no tienen conocimiento y que no deberían desempeñar ningún papel en la política y, por otro lado, a los llamados expertos que nunca han trabajado la tierra, que no tienen ni idea de que el suelo es un sistema vivo complejo ni de cómo sembrar una semilla. Creo que esto es el resultado de las jerarquías del colonialismo y la industrialización, donde se implantaron estas separaciones. Yo no estoy en medio de nadie. Estoy en mi centro, que es la agricultura y aprender cómo funcionan los sistemas vivos. Al mismo tiempo, he contado con el gran privilegio de haber ayudado a nuestro Parlamento a redactar leyes sobre patentes.

Hablemos un poco sobre la conservación de semillas. ¿Podría decirnos en qué consiste esta profesión y por qué es tan importante para la supervivencia de la humanidad?

Entre 1987 y 1991, me dediqué a recolectar semillas y a ir a los pueblos de Chipko, donde hablaba con las mujeres de allí y las animaba a que ellas las recolectaran también. De esta forma nació Navdanya como un movimiento de conservación de semillas que surgió al reconocerse que son sistemas vivos.

Este trabajo es importante por tres razones. En primer lugar, porque las semillas necesitan que las “salvemos”, al igual que te lanzarías al río a socorrer a alguien que se estuviera ahogando. La segunda razón es que cuanto mayor sea la biodiversidad de nuestras explotaciones, mayor será la producción y nutrición de la que dispondremos, y mayor será nuestra seguridad alimentaria. La tercera razón es que la alternativa son semillas tóxicas. Enfermaríamos si no hubiéramos conservado semillas o si no comiéramos alimentos que han sido producidos por un agricultor que las ha conservado.

¿Cuál es su relación con el trabajo?

Desde mi punto de vista, mi trabajo es autodescubrimiento, significado y realización.

Esta realización también debe venir de encontrarse en la cumbre de varios proyectos al mismo tiempo, sobre todo como activista. ¿Qué es lo que le da fuerzas para seguir adelante?

Detrás de mis investigaciones científicas se esconde el deseo de conocer la verdad del mundo. Este es mi oxígeno y la fuerza que me impulsa.

Cuando escucho algo que es totalmente falso, como “nosotros alimentamos al mundo” o “la semilla es una máquina”, simplemente me dedico a desmentir ese argumento. Y esa labor ya me enseña muchísimo.

Pero al mismo tiempo, cuando te enfrentas a los poderes brutales y más grandes del mundo, tienes que profundizar mucho en tu búsqueda. Yo iré donde esté la verdad, y si esta se encuentra en 30 fuentes, las consultaré todas. Hace unos años, cuando estábamos observando una explosión de las enfermedades crónicas, escribí un libro sobre alimentación y salud con mis compañeras. Como resultado, algunos científicos que estaban investigando la microbiota intestinal empezaron a enviarme su trabajo. Cuando buscas la verdad, esta te busca a ti también.

Después, hay algo que la gente suele olvidar muy a menudo: cuando un sistema funciona desde dentro, nunca se agota. Sin embargo, cuando se fuerza desde fuera, se genera entropía (magnitud física que indica el grado de desorden molecular de un sistema, ed). Esta entropía no solo tiene que ver con contaminación y gases de efecto invernadero, sino también con la disipación de tu alma. No te sientes realizado. Esta es la razón por la que es tan fundamental trabajar desde el interior de tu verdad y tu conciencia.

¿Por eso se produce el “burnout”?

Totalmente. El “burnout” disipa la energía en lugar de regenerarla. Esto es por lo que los agricultores de la India están luchando, por ser trabajadores autónomos. La autonomía es un “yo decido” cuándo ir al campo dependiendo del momento en el que el campo necesita a los agricultores, y no al revés. Cuando eres agricultor para una gran explotación industrial, te explotan y, por lo tanto, tú también explotas.

Los movimientos de trabajadores que surgieron en la Revolución Industrial buscaban lograr derechos laborales. En los tiempos que vivimos, la lucha será por el derecho a trabajar y por el derecho a tener unas condiciones laborales que estén en armonía con la naturaleza, en solidaridad con la comunidad y que satisfagan nuestras necesidades de una forma correcta.

Su trabajo y su identidad “no profesional” están fuertemente vinculados. ¿Existe algún aspecto negativo de esto?

No, decidí de forma muy consciente dejar mi carrera académica. Cuando creé la Fundación para la Investigación en 1982, quité el “Dra.” que precedía a mi apellido, pues iba a ser mi trabajo, y no mi doctorado, el que definiera quién era yo. Si me tomara en serio todos los ataques y trolls, claro que diría que tiene aspectos negativos. Pero no me tomo en serio a nadie al que le paguen para mentir.

¿Qué consejo le daría a los jóvenes que quieren adoptar un enfoque parecido al suyo en lo que respecta al trabajo y el activismo?

Lo que predico es el autodescubrimiento y el darse cuenta de que el trabajo es una evolución constante de potencial. Tenemos capacidades ilimitadas y cuando mejor florecen es cuando seguimos nuestras pasiones, cuando hacemos lo que nos inspira. La bonito es que en el mundo aún quedan muchas cosas por hacer.

Existen numerosas oportunidades de trabajar de una forma diferente, pero de lo que me he dado cuenta es de que tenemos que abandonar las ilusiones de jerarquía que nos han obligado a seguir. No hay ningún trabajo que valga menos que otro. De hecho, el único trabajo que no debería contarse como tal son el robo y la explotación. El trabajo significa trabajar con tu potencial, tu cuerpo, tu mente y con otros seres que se esfuerzan por crear un mundo mejor.

Traducido por Jorge Berné / Foto: Welcome to the Jungle

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