Crítica a la productividad: qué podemos aprender de la filosofía

Crítica a la productividad, de la filósofa Céline Marty
Un artículo de nuestro experto

Durante el primer confinamiento que hace ahora un año empezábamos a dejar atrás, viste como tus seres queridos reorganizaban armarios y limpiaban a fondo, aprendían a hacer pan, practicaban yoga o zumba… Dicho de otra forma: habían convertido el confinamiento en algo productivo. Y mientras, tú no empezaste a pintar con acuarela, ni hiciste ejercicio, ni leíste a Proust. Desde entonces, es posible que hasta hayas empezado a sentirte culpable por ver pasar tus días a una velocidad vertiginosa, sin entender realmente lo que “haces con tu tiempo”. Céline Marty, profesora de filosofía y fundadora del canal de YouTube META, que tiene como objetivo popularizar y naturalizar algunos de los grandes temas de la filosofía, analiza las nociones de “tiempo” y “productividad”.

¿A qué llamamos “aprovechar bien el tiempo”?

Solías quejarte de que nunca tenías tiempo para ti, pero en cuanto llegó el confinamiento, de repente empezaste a tener la sensación de que tenías que usar bien el encierro: el confinamiento, ya de por sí doloroso, debía además convertirse en algo útil.

Si te reconoces, debes saber que estás atrapado en una lógica “productivista” o, en otras palabras, en un estado de ánimo en el que buscas maximizar tu tiempo y energía para hacer tantas cosas como sea posible y que estas te sean útiles, a mayor o menor largo plazo. Esto implica que te has dado cuenta de la “jerarquía social” que existe entre las diferentes actividades y te dices a ti mismo que ver pasar las nubes en el cielo no es igual a tener éxito en el encierro, porque es una actividad inútil. Así que optas por actualizar tu CV, reactivar tu red de contactos o aprender un nuevo idioma.

Estás en la situación que analiza el filósofo austríaco André Gorz en su obra Metamorfosis del trabajo (1988): la racionalidad económica y la obligación de ser eficientes se han extendido desde el sector económico a todos los ámbitos de nuestra existencia. Por eso buscamos maximizar nuestra “autoproducción”: nuestras actividades son consideradas como un medio para mejorarnos a nosotros mismos y desarrollar nuestras capacidades, como lo haríamos con una máquina o un animal al que entrenamos. Cada minuto debe usarse para algo. La psicología positiva inventa mil consejos, libros y sesiones de coaching para ayudarnos a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Y si no lo logramos, es porque no nos hemos dado los medios suficientes. Pero en realidad, como muestra la socióloga franco-israelí Eva Illouz en Happycracia, esta búsqueda de superación personal es extremadamente vaga y lleva a la gente a creer, erróneamente, que el éxito personal tiene que ver con la fuerza de voluntad.

Buscamos maximizar nuestra “autoproducción”: nuestras actividades son consideradas como un medio para mejorarnos a nosotros mismos y desarrollar nuestras capacidades, como lo haríamos con una máquina o un animal al que entrenamos.

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El derecho a la pereza

Muchos de nuestros proyectos profesionales se encuentran en el aire en estos momentos y nos enfrentamos a un momento extremadamente complicado de gestionar. Este periodo revela precisamente que todos los medios que se pusieron a nuestro alcance para nuestro desarrollo profesional y que nos parecieron importantes a corto plazo (un curso de formación, una conferencia, un evento…), ahora nos parecen irrisorios en relación con la crisis que estamos viviendo. Más todavía si lo comparamos a la escala de toda una vida.

Entonces, ¿por qué observar todas nuestras actividades bajo la lente de la productividad? ¿No tienen valor en sí mismas las actividades que disfrutamos? ¿No es este momento de crisis el momento ideal para dejar de pensar en lo que nuestras acciones nos podrían proporcionar algún día y, simplemente, decidir qué queremos hacer sin preocuparnos por la productividad ni por su valoración social?

En el siglo XIX, el periodista y ensayista francés Paul Lafargue en El derecho a la pereza (1880) consideraba una locura (y hasta un vicio) ese amor por el trabajo que nos empuja no solo al agotamiento de nuestras fuerzas vitales, sino también, en ocasiones, a la degeneración intelectual. El autor considera que la pereza es placentera en sí misma, sin que se vea como una pausa en el trabajo. Por ello propone limitar el trabajo a un máximo de 3 horas diarias, para que se convierta únicamente en un entretenimiento de la pereza y no al revés.

Este puede convertirse en el momento adecuado para regenerar nuestras fuerzas y pensar en dirigirlas a algo más que al trabajo. ¿Qué harías tú para disfrutar plenamente de tu tiempo?

*Este artículo es del segundo episodio de nuestra serie que combina filosofía y trabajo, “Philo Boulot”. Fue escrito y producido en asociación con el canal francés de YouTube META.

Foto de WTTJ

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