Dar carpetazo a una carrera en el lujo para ser florista: la historia de Rosa

Dar carpetazo a una carrera en el lujo para ser florista

Rosa Monserrate es una profesional del sector de la moda y el lujo que decidió dejar su puesto de directora de marketing para formarse como florista. Esta joven emprendedora de 31 años es una de las representantes de una tendencia al alza entre profesionales que buscan reconectar con su trabajo y, para hacerlo, recurren a la artesanía. Cofundadora de un negocio en Barcelona de pasteles y flores junto a una socia y amiga, Rosa cuenta cómo fue dejar de acudir a desfiles en Nueva York o diferenciar entre tipos de diamantes para empezar a servir tartas y hacer ramos de flores para novias.

Rosa, dejaste tu puesto de directora de marketing en una empresa de joyería de lujo en Barcelona para emprender. ¿Por qué?

En aquel momento trabajaba para un fabricante de joyas de alta gama con diamantes, un sector que desconocía pero que me atraía. Tenía sedes en Francia, Alemania, Estados Unidos y una fábrica en India con más de 400 trabajadores, y mi tarea durante tres años fue construir el departamento desde cero y toda la estrategia internacional.

Pero entonces se cayeron una serie de proyectos, tuve discrepancias con la dirección y me sentía estancada. A eso añade jornadas de 8:30 a 9 de la noche y mucho estrés. Ahí me dije: “Este es mi momento, me tengo que ir y voy a lanzar una idea diferente, ser mi propia jefa y gestionar mis propias ideas”.

¿Cómo era tu jornada laboral?

Comprobaba e-mails, acudía a reuniones, gestionaba tareas pendientes de organización y acudíamos a ferias como la de Basilea (la más importante en el mundo de joyería de alta gama, con otras firmas como Bvlgari o Chanel). También daba apoyo y soporte a los comerciales del grupo y hacía el desarrollo de campañas en Estados Unidos. Además, participaba con el departamento de diseño a la hora de sacar nuevos productos. Era un trabajo de ejecución muy rápido que dejaba poco tiempo para pensar e idear.

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¿Qué es lo mejor y lo peor de trabajar en el sector del lujo, según tu experiencia?

Lo mejor es formar parte de un mundo donde la belleza ocupa un lugar que raramente puedes ver en tu día a día, como la artesanía que hay detrás de los diamantes o los procesos de creación de las joyas. También el conocer y trabajar con gente muy buena en lo suyo, como en mi caso con una directora de diseño que había estado en Chanel. El de la joyería de alta gama es un mundo donde lo artesano y la tecnología se unen. Por ejemplo, yo viví la llegada de las impresoras 3D al negocio y eso fue muy interesante. También hice un curso de clasificación de diamantes y tengo un título por el HRD Amberes, que es el centro más prestigioso en este ámbito.

Lo peor es la desconexión con el cliente real. Los consumidores de hoy no tienen los mismos valores que los de antes, es un mundo un poco arcaico en ese sentido. Y también la cuestión de los precios. Creo que el lujo se tiene que reposicionar y ofrecer un discurso acorde a las nuevas generaciones.

“Los consumidores de hoy no tienen los mismos valores que los de antes. (…) Creo que el lujo se tiene que reposicionar y ofrecer un discurso acorde a las nuevas generaciones”

¿Fue eso lo que te hizo tomar la decisión de dejarlo?

Sí. Hubo un proyecto en el que estuve muy involucrada: el lanzamiento de una marca de joyería de lujo asequible. Al final no salió a la luz por motivos internos. Fue un golpe, ya que me di cuenta de que yo quería salir ahí fuera y crear algo que tuviera valor para la gente sin tantas complicaciones. Necesitaba empezar algo desde cero y crear un contacto real con el cliente, ausente en el mundo del lujo.

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¿Tuviste miedo?

Sí, pero tuve más determinación. Obviamente, dar carpetazo a una carrera que promete en una gran empresa y en algo para lo que te has formado da miedo. Nos educan desde pequeños para eso y es lo que la sociedad espera de ti. Pero a veces tomando algunas decisiones en la vida notas que la intuición funciona, porque es la que te dice: “Hazlo”. Hay que seguir esa intuición y quizás no pensar tanto en los años de experiencia acumulada en un sector. Esa vena emprendedora era algo que estaba pendiente en mí, sabía que era ahora o nunca. ¡Lo que no me imaginaba es que una pandemia mundial pasaría por en medio!

“Dar carpetazo a una carrera que promete en una gran empresa y en algo para lo que te has formado da miedo. Nos educan desde pequeños para eso y es lo que la sociedad espera de ti”

¿Qué te dijeron tus jefes y personas cercanas?

Mi jefe se quedó KO total, no se lo esperaba. Pero me vio tan determinada que no pudo hacer ninguna maniobra para convencerme. Mi familia y mi marido fueron muy comprensivos; además, conocían de primera mano el estrés de los últimos meses por las desavenencias con ese proyecto de joyería de lujo asequible. Mis padres imaginaban que, tras eso, volvería a encontrar otro trabajo similar, no se esperaban este giro radical. Pero lo hice. Elaboré el plan de negocio y fui a consultar a Barcelona Activa (agencia de desarrollo local del ayuntamiento de Barcelona) para que nos concedieran el préstamo. Fue un trabajo titánico lanzar el negocio, pero ahí está hoy Sweet&Flower.

De todos los ámbitos en los que podrías haber emprendido, ¿por qué florista?

Casualmente, estaba el verano pasado de vacaciones en familia y mi cuñada soñó que yo era florista y ella pastelera y que montábamos un negocio juntas en Barcelona. Me gustó la idea, encajaba muy bien con lo que tenía en mente. A partir de ahí le puse gasolina al motor y empecé a trabajar en ello. Me informé sobre lo que se requería para emprender y busqué una florista independiente para formarme con ella. He descubierto que es muy estimulante usar las manos, y trabajar con flores es relajante.

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Cuéntanos cómo es el proceso de aprender un oficio otra vez.

Es apasionante, te sientes como un niño porque empiezas desde cero y no hay esa presión de las expectativas y de la autoexigencia. Te sientes más relajado. En este nuevo reto laboral y personal me propuse ser menos autoexigente, dejar más libertad al fallo porque los fallos son buenos, ya que te hacen aprender. Este cambio de mentalidad me ha sentado bien.

“Te sientes como un niño porque empiezas desde cero y no hay esa presión de las expectativas y de la autoexigencia”

¿Y por qué en Barcelona? ¿Hay cultura de flores en la ciudad?

Aquí la fecha clave es Sant Jordi, el 23 de abril, un día simbólico para el sector porque se venden muchas rosas y se nota en la facturación. En España, en general el sector de la flor está enfocado como regalo o para ocasiones especiales, pero en otros países como en Francia, por ejemplo, hay una floristería en cada esquina y puedes ver a hombres y mujeres comprando flores todo el tiempo como decoración. Poco a poco esa cultura está arraigando también aquí.

¿Cómo es tu jornada actual?

Llego sobre las 8:30. La tienda ofrece un concepto abierto para que la gente nos vea trabajando, así que saco flores y plantas, quito hojas secas, las limpio y las coloco. Tras abrir la tienda, hago ramos, diseño los encargos para los eventos y recibo a los vecinos que vienen con el jarrón en la mano para ayudarles con las flores. También tengo flores secas y preservadas. Si mi socia me necesita, ayudo a servir los cafés y las tartas, especialmente a la hora de la merienda. El trabajo es duro, pero gratificante, y ahora el estrés es “del bueno”. La gratificación con lo que haces es directa y clara. Trabajamos sábados y domingos, mi día libre es el lunes. Pero incluso ese día aprovecho para ir al mercado de flores, no lo veo como parte del trabajo.

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¿Te has arrepentido de algo?

No. Nunca. Y mira que las cosas están ahora “chungas” con la pandemia. A lo mejor tenemos que acabar cerrando, no se sabe, pero por ahora vamos bien. La experiencia es tan buena que, aunque al final nos veamos obligados a cerrar, habrá merecido la pena. Cobraré menos que antes, lo sé, pero no me agobia.

Precisamente, hablemos de dinero. ¿Lo ha notado tu cuenta corriente?

Sí lo noté y me agobié porque también se me acabó el paro. Lo había planeado para que la tienda empezara a funcionar coincidiendo con el final del paro, pero justo empezó la crisis por el coronavirus. Hasta hoy todavía no he tenido ningún ingreso y solo gastos para la inversión inicial. Me preocupa, claro, porque esto no estaba previsto. De vivir bien con mi sueldo y sin preocupaciones he pasado a no tener ingresos.

“Lo había planeado para que la tienda empezara a funcionar coincidiendo con el final del paro, pero justo empezó la crisis por el coronavirus. Hasta hoy todavía no he tenido ningún ingreso”

¿Hay algo de tu etapa como directora de marketing que hayas podido aplicar en tu negocio de flores?

La visión 360 grados de cómo funciona una empresa, todos los actores que están implicados en la toma de decisiones y la importancia de la interacción entre todos los departamentos para lograr el éxito. Ahora, como copropietaria de un negocio, estoy empleando esa misma estrategia, tratando con proveedores, desarrollando promociones de marketing, o llevando a cabo la creación y gestión financiera.

Eres el reflejo de una tendencia en alza: personas que, tras trabajar en otros sectores, deciden volver a lo artesano y a lo local. ¿Le ves futuro?

Creo que es una tendencia que puede tener recorrido aún. La gente está quemada por trabajar en oficinas y hacer horas cobrando menos de lo que se debería. Muchos podrían hacer un burnout mañana mismo. Trabajar con las manos, la artesanía y desarrollar la creatividad es una medicina. Además, cada vez hay más público que lo aprecia y que da valor a lo que estás haciendo.

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En tu caso, al final has logrado sentir plenitud con lo que haces. ¿Crees que tu historia puede serle de interés a otros?

Yo creo que sí porque hay un miedo general que nos impulsa a dejar de lado lo que verdaderamente te puede hacer feliz. La felicidad no siempre está detrás de un ordenador, de lo que has estudiado y de lo que se espera de ti. Al final, muchas veces estás doce horas trabajando para enriquecer a alguien que no eres tú. Tirarse a la piscina y cambiar de profesión puede ser muy bueno para tu vida. Es verdad que yo ahora no tengo ni hijos ni hipotecas… Mucha gente me ha dicho que lo habría hecho, pero si tienes cargas es más complicado. Pero al menos mi historia puede hacer reflexionar.

Si mañana un amigo viniera a verte para decirte que le gustaría emprender, ¿qué consejo le darías?

Que haga un curso de marketing. Y si puede ser digital. Que no se necesita ir a Harvard para entender cómo funciona el darse a conocer, usar redes sociales, crear contenido visual atractivo y que aporte valor. Y esa es hoy una parte fundamental del trabajo. Yo eso ya lo tenía, ¡lo que a mí me faltaba era la formación artesanal!

Foto de WTTJ

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