Guillermo Cerdá, el impresor obsoleto

Entrevista con Guillermo Cerdá, fundador de Obsolete letterpress

Puede que hoy no podamos imaginarnos la vida en formato analógico, pero hay personas que deciden ir a contracorriente, rescatar oficios artesanales y triunfar. Es el caso de Guillermo Cerdá, que un día decidió apostar por su pasión y comenzar desde cero con un proyecto de impresión tipográfica artesanal. Antes había sido cocinero, diseñador industrial y “casi- arquitecto”. Hoy, desde Obsolete Letterpress, su imprenta tipográfica en Valencia, nos habla sobre el valor de las pequeñas decisiones, la importancia de arriesgar y, sobre todo, la belleza de las cosas imperfectas.

Guillermo, cuéntanos a qué te dedicas.

Soy impresor especializado en impresión tipográfica y acabados especiales en Obsolete letterpress. En mi día a día, casi todo lo que hago son tarjetas de visitas, invitaciones de eventos y, en definitiva, trabajos de impresión tipográfica que se salgan de lo habitual. Trabajo con una máquina tipográfica de aspas de los años 70, que compré a medias con un amigo como hobby, pero que se ha acabado convirtiendo en mi medio de vida.

Tu trayectoria es un tanto atípica. Te matriculaste en Arquitectura, luego estudiaste cocina y ahora te dedicas a las artes gráficas…

Sí, es cierto. A principios de la década de los 2000 estudié cuatro años de Arquitectura y lo dejé para estudiar un curso de cocina. Más tarde decidí hacer la carrera de Diseño Industrial, que sí terminé. Durante esa época también me dio tiempo de montar un estudio de diseño con dos socios y trabajar como cocinero varios años.

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¿Cómo ocurrieron todos estos cambios?

Comencé Arquitectura porque tenía una parte creativa que me encantaba, la de idear proyectos, pero la parte técnica (detalles constructivos, cálculos de estructuras…) no me acababa de convencer. Me parecía un trabajo muy burocrático, así que como siempre me había gustado cocinar, decidí dejar la carrera y meterme en un módulo ocupacional de cocina. Tengo un carácter bastante inquieto y no me lo pensé mucho. Eso sí, a mis padres les di un disgusto tremendo. Luego vino la crisis y mientras todos mis compañeros de carrera estaban en casa con los brazos cruzados, yo no paraba de trabajar. Así que visto con perspectiva, podríamos decir que fue un acierto.

Decidí dejar la carrera y meterme en un módulo ocupacional de cocina. Tengo un carácter bastante inquieto y no me lo pensé mucho. Eso sí, a mis padres les di un disgusto tremendo.

Pero el trabajo de cocinero también tiene sus puntos negativos. Experimentas mucho estrés y es difícil de conciliar con la vida personal. Por eso decidí volver a cambiar y empezar a estudiar la carrera de Diseño Industrial. Una vez acabada, monté un estudio con dos amigos donde me fue muy útil mi brackground como cocinero, ya que nos especializamos en food design. Siempre me ha gustado mucho el concepto interdisciplinar y, aunque en ese momento esa rama era incipiente, luego tuvo más recorrido. Creo que nosotros llegamos demasiado pronto, nos anticipamos a la tendencia y, aunque no nos faltaba trabajo, acabamos dejándolo.

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¿Qué has has aprendido de esas experiencias profesionales tan dispares?

Aunque he hecho cosas muy dispares, al final las he ido enlazando y cada una de ellas me ha servido para algo. Para empezar, todo me ha servido para tener una buena base de cultura general, algo que considero muy valioso. Nunca hay que dejar de formarse. A mi modo de ver, la cultura está bastante relacionada con el diseño y la carrera de Arquitectura me despertó esa pasión.

Todo me ha servido para tener una buena base de cultura general, algo que considero muy valioso. Nunca hay que dejar de formarse.

En los inicios de Obsolete letterpress, haber pertenecido al mundo del diseño me proporcionó muchos contactos que me permitieron conseguir mis primeros encargos. Por otra parte, tener formación como diseñador industrial ha hecho que me entienda mejor con mis clientes ya que, por decirlo de alguna manera, hablo su idioma. En el sector de la impresión se suele ver al diseñador como el enemigo, el que te pide siempre “cosas raras”, así que ver las cosas desde la misma perspectiva hace que exista una conexión que no se suele dar con otros profesionales.

Y mi paso por el mundo de la cocina, aunque parezca que no tiene mucho que ver con mi trabajo actual, me ha enseñado mucho a nivel organizativo. Me explico: en una cocina, si no estás muy organizado, nada funciona bien, así que parte de ser buen cocinero reside en tener un esquema mental de lo que debes hacer en cada momento. Ahora mismo trabajo solo y si no estuviera organizado sería imposible sacar todo el trabajo adelante.

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¿Por qué decidiste cambiar totalmente de profesión de nuevo y elegiste algo tan poco habitual?

Casi por casualidad. Estaba trabajando de cocinero en una cafetería y uno de mis jefes me enseñó unos fanzines realizados con letterpress que me encantaron. Comencé a investigar y a ver vídeos por Internet mientras fantaseaba con la idea de comprar una máquina de aspas de los años 70, que es la que se usa para este tipo de trabajos. Un día vi que una imprenta cerraba y vendía la maquinaria y pensé que era la oportunidad que estaba esperando. Se lo comenté a mi jefe y no nos lo pensamos mucho. El problema es que la máquina pesaba una tonelada y, obviamente, no podíamos meterla en casa. Así que pensamos alquilar un local para dejarla ahí y al mismo tiempo hacer un coworking que hiciera sostenible el alquiler, y la idea funcionó muy bien.

Un día vi que una imprenta cerraba y vendía la maquinaria y pensé que era la oportunidad que estaba esperando.

En esa época trabajaba pocos días y tenía mucho tiempo libre para dedicar a la imprenta. Poco a poco me empezó a gustar más y más hasta que llegó un punto en que pensé que quizá podría convertirse en un modo de vida y no un simple pasatiempo. Le planteé a mi socio comprarle su parte y accedió. Eso fue hace siete años y supuso un punto de inflexión en mi vida.

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Y a día de hoy, ¿qué te aporta tu trabajo?

Me permite estar en contacto con el mundo creativo y del diseño, porque me siento parte de él. Y también me aporta retos: muchos clientes vienen a mí cuando les han dicho que no en otras partes. A mí me encanta hacer cosas fuera de lo común y buscar soluciones a trabajos complicados. Esta es la parte que me anima a seguir en esto.

También me aporta estabilidad económica y cierta libertad para dedicarme a otras cosas que me gustan, como mi sello discográfico Abstrakce, de música electrónica experimental.

En este proceso, ¿qué ha sido lo más fácil y lo más complicado?

Lo más complicado fue aprender a manejar la imprenta tipográfica de aspas, he sido prácticamente autodidacta. Cuando nos la vendieron, el anterior maquinista me dio unas nociones básicas de cómo usarla, pero todo lo demás lo he aprendido a fuerza de equivocarme. Debo reconocer que al principio fue un proceso muy frustrante. He tenido que ir descubriendo a modo de ensayo y error.

Al principio fue un proceso muy frustrante. He tenido que ir descubriendo a modo de ensayo y error.

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Lo más fácil fue conseguir los clientes, pero todo ha ido bastante rodado gracias al boca a boca, y también he tenido suerte porque los tipos de acabados que se consiguen con esta imprenta, el letterpress, se han puesto de moda: los clientes cada vez valoran más los acabados que no son perfectos, las piezas únicas que no van seriadas. Lo bueno es que no tengo mucha competencia porque es un proceso muy laborioso y poco productivo en comparación con los sistemas modernos de impresión.

¿Qué consejos darías a alguien que quiera cambiar de sector?

Haría hincapié en la formación. Creo que hay que aprovechar el tiempo que estás cursando tus estudios, pero es importante seguir formándote luego. También aconsejaría, si se tiene la oportunidad, hacer prácticas en alguna empresa para aprender los fundamentos del nuevo sector al que te quieras dedicar y ahorrarte así la frustración del principiante.

También es vital tener algunas nociones claras de marketing, saber a quién te quieres dirigir y quién es tu público. Y por supuesto, aconsejaría aprender a gestionar bien las redes sociales, son una herramienta que puede ayudarte mucho en según qué sectores.

Y por último, tú que has cambiado tanto, ¿aconsejarías a alguien lanzarse y empezar de cero profesionalmente?

Creo que la gente hoy en día es muy conservadora. Aconsejaría ser valiente y atreverse, sobre todo si estás en un punto de tu vida sin demasiadas cargas y en el que aún tienes un poco de margen para intentarlo. ¡Ahora es el mejor momento para comenzar algo nuevo!

Fotos de WTTJ

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