Horarios diferentes: cuando el trabajo se cuela en la vida de pareja

Horarios diferentes: el trabajo se cuela en la vida de pareja

Según los datos recogidos en la última encuesta continua de hogares del Instituto Nacional de Estadística, el 54,5% de los hogares de nuestro país están formados por parejas. Si es tu caso y compartes vida y casa con tu pareja, puede que te suene de algo la incompatibilidad de horarios, el no poder hacer planes porque te has llevado trabajo a casa el fin de semana o las tensiones surgidas durante el teletrabajo. Varias parejas en esta situación explican cómo han conseguido encontrar la armonía en sus relaciones sin dejar de lado el trabajo que ahora, con la pandemia, cobra una nueva dimensión.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) desarrollaba en una guía publicada en 2019 el concepto de “trabajo decente”. Una de las peticiones principales era la adopción de límites en las horas de trabajo, pues se consideraba que la realidad laboral actual podía “mermar la capacidad de los trabajadores para equilibrar su trabajo remunerado y su vida personal, e incluso la relación entre las horas de trabajo y el tiempo de socializar”.

Según este estudio, entre las muchas causas que pueden empujar a las parejas a una crisis, ocupaban un lugar importante las horas de trabajo y los diferentes ritmos laborales. De hecho, otra investigación a nivel mundial, elaborada también por la OIT, concluía que las principales razones que reducen la conciliación entre el trabajo y la pareja son las largas jornadas laborales y los horarios menos tradicionales es decir, el trabajo por turnos (especialmente aquellos con horarios de tarde o de noche), las horas extra o los trabajos sin horario que requieren una continua disponibilidad por parte del trabajador.

Estas situaciones laborales merman nuestro tiempo libre y nuestra capacidad de desconexión, por lo que pueden no solo repercutir en la pareja y la vida familiar, sino también desembocar en problemas de salud como el estrés o el síndrome de burnout.

El reto de coordinar horarios, descansos, vacaciones

Para algunos sectores fuertemente afectados por la crisis, la inseguridad laboral se suma a la sensación de no poder decir ‘no’ a las horas extras, lo cual puede complicar las cosas con la pareja. Es el caso de Daniel García, que trabaja como ejecutivo en una entidad bancaria en Madrid y, a parte de hacer horas extra, suele llevarse trabajo a casa y está pendiente del móvil en todo momento. A pesar de que desde Europa se ha reconocido el derecho a desconectar digitalmente y en España existe desde 2018 una ley para garantizar la desconexión digital de los trabajadores, la realidad es otra bien diferente. En un informe publicado en enero de 2021 por el Parlamento Europeo, se reconoce que aunque se sabe que seguir pendiente del móvil después de acabar la jornada laboral puede interferir en la vida personal de los trabajadores, es complicado acabar con esta práctica porque, en algunas compañías y países, el uso del teléfono móvil se ha convertido en la nueva norma.

La pareja de Daniel trabaja en una pequeña empresa de venta al por menor, tiene una jornada laboral de 30 horas semanales y los fines de semana libres. Hace cuatro años que viven juntos y, aunque han conseguido encontrar cierta estabilidad, explican que coordinar sus horarios para que estos interfieran lo menos posible en su vida en común no siempre es fácil. Daniel confiesa que muchas veces se encuentra mentalmente “agotado y abrumado” y tiende a sentirse irritado y “saltar por tonterías”, lo que puede convertirse rápidamente en una fuente de conflictos dentro de la pareja.

Otras profesiones, como la de Marta Ochoa, fotógrafa y profesional del sector audiovisual, exigen jornadas sin horarios o muy flexibles. “Trabajo en casa casi todas las mañanas con el ordenador. Por las tardes puedo tener algún rodaje, que a veces se alarga varios días. Por supuesto, también me toca trabajar los fines de semana y durante las fiestas porque es cuando más bolos me salen”, cuenta. Adrián, su pareja, es profesor de Primaria y tiene los fines de semana libres, las vacaciones de verano, Semana Santa y Navidad, unos periodos que en general coinciden con los momentos en los que más trabajo tiene Marta, por lo que resulta bastante difícil cuadrar sus vacaciones o planear eventos con antelación, aunque aseguran que lo llevan lo mejor que pueden. “Casi nunca nos da problemas”, afirman.

Marta y Adrián reconocen que, con sus horarios, el reparto de labores domésticas puede suponer otro escollo en la relación, aunque ellos lo solventan lo mejor que pueden, “haciendo la comida y las tareas de casa el que está libre o tiene más tiempo”. Sin embargo, no todas las parejas se entienden igual de bien y los distintos horarios laborales pueden acarrear un desequilibrio en el reparto de las labores cotidianas y ser un foco de problemas que puede verse agravado. Según un estudio del Observatorio Social de La Caixa, en España el trabajo doméstico aún recae mayoritariamente en la mujer, incluso cuando es el único miembro de la pareja que tiene un empleo remunerado.

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De vuelta a la oficina tras la aventura de emprender

Tomar decisiones dentro y fuera del trabajo

En muchos casos la solución pasa por adecuar la realidad laboral a las expectativas propias y de pareja. Es el caso de Francisco y Raquel (nombres ficticios). Este joven emprendedor decidió hace unos meses trasladar su oficina a un espacio compartido de coworking. Tras un año trabajando en jornadas maratonianas en su casa, Francisco tomó la decisión de ponerse horarios y no trabajar el fin de semana porque, según explica, durante los primeros meses de la pandemia se sentía “agobiado, con ansiedad, trabajando once horas al día y siendo infeliz”. Reconoce que esta decisión ha ayudado a equilibrar la vida en común, ya que ahora disponen de más tiempo en común de lunes a viernes y pueden aprovechar también los fines de semana.

“Ahora Raquel se queda en casa trabajando de 10 a 14 (da clases online), luego se va a sus clases de máster y llega a las diez de la noche. Como yo llego antes, normalmente hago la cena y así nos vamos apañando”, explica. Aunque confiesa que, a veces, es complicado pisar el freno, especialmente para quienes trabajan como autónomos.

Esta es una situación que conoce bien Marta Ochoa: “Muchos días cuando yo me siento a trabajar, Adrián se va a la cama porque al día siguiente madruga”. Para ella, hacer renuncias ahora es imposible porque, tras la pandemia, el volumen de su cartera de clientes ha bajado mucho y no puede “renunciar a trabajar los findes”. Sin embargo, esta pareja cree haber encontrado un equilibrio en su relación y asegura que la clave es entender la situación del otro e intentar aprovechar los momentos juntos. “Nos gusta mucho ir de excursión o hacer rutas y excursiones cortas. Si a mí me toca trabajar en una ciudad y Adrián tiene libre, viajamos los dos y cuando termino nos juntamos para poder empezar la escapada”, cuenta.

Un nuevo escenario: la pandemia

Según refleja una encuesta realizada por Doctoralia, el 28% de los trabajadores aseguran que la pandemia ha reforzado la conexión de pareja, mientras que un 22% considera que el hecho de repartir las tareas del hogar equitativamente les ha permitido tener más tiempo para la pareja y para ellos mismos.

Pero no todo son buenas noticias, un 19% afirma haber descubierto aspectos negativos de su pareja durante la cuarentena y, según los datos recogidos por el Servicio de Estadística del Consejo General del Poder Judicial, el número de demandas de separaciones y divorcios aumentó tras el confinamiento un 16,6% respecto al tercer trimestre de 2019.

Francisco, que decidió poner en marcha su propio negocio durante la cuarentena, admite que el confinamiento también afectó a su relación: “Durante el confinamiento yo tenía el foco muy centrado en mi proyecto. Raquel daba clases de apoyo en un colegio, por lo se quedó con mucho tiempo libre mientras yo estaba trabajando unas 10 horas al día”. Esta diferencia de ritmo acabó afectando a ambos. “El problema venía cuando yo hacía un descanso porque necesitaba desconexión total y mi pareja lo que necesitaba era estar conmigo, ver una peli… Pero a mí lo que me pedía el cuerpo era leer un libro, pintar, estar solo o llamar a algún amigo. Personalmente fue duro y afectó a la relación, y aunque ahora estamos fenomenal, la experiencia fue complicada”, reconoce. Raquel recuerda que superaron esas dificultades a base de “comunicación y honestidad”, y recalca la importancia de hacer un esfuerzo para discutir las necesidades de cada uno, “como individuos y como pareja”.

Foto de WTTJ

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