Miedo a convertirse en el empleado ‘difícil’: ¿podemos acabar con él?

Cómo acabar con el miedo a convertirse en el empleado ‘difícil’

Preguntar por el convenio laboral o por el sindicato de trabajadores, pedir días de vacaciones atrasados, decir “no” a hacer horas extra o pedir que se remuneren correctamente… Todas ellas son demandas legítimas y, sin embargo, con frecuencia los trabajadores temen plantearlas por miedo a que se les considere como trabajadores poco comprometidos o a que se les tache de “difíciles” entre sus jefes y compañeros. Pero ¿de dónde viene este miedo a defender nuestros derechos? ¿Con qué herramientas podemos hacerle frente? Empodérate, cárgate de confianza y reivindica aquello que te pertenece.

“Este miedo lo siento con más intensidad, sobre todo, desde que empezó la pandemia. Lo que se entendía como ‘dar el 200%’ de manera puntual por la situación, alargando horas no remuneradas ni recuperables, o trabajando fines de semana y festivos, se ha instaurado como costumbre y, lo peor, como nuevo horario de trabajo normal”, explica Pau Castells, que ejerce como Social Media Analyst en una agencia de comunicación en Barcelona.

Según explica, ha tratado de abordar este malestar con sus jefes para reclamar algo que le es legítimo, pero las reuniones no han tenido éxito y, como resultado, ha empezado a sentir miedo a que sus superiores hayan empezado a verlo como un empleado “difícil”. “Salir a mi hora habiendo cumplido la jornada establecida por contrato, o pedir más manos para dar respuesta a la enorme cantidad de trabajo que no cesa de llegar a mi mesa, levanta malas miradas en los despachos”, lamenta.

¿Por qué aparece este miedo?

Al principio, intentas ser comprensivo y arrimar el hombro. Asumes que hay cuellos de botella puntuales y la idea es remar juntos para salir del atolladero. Pero cuando ves que el jefe comienza a entender lo excepcional como rutinario, o que el negocio empieza a crecer gracias a ese ‘200%’ que das todos los días, la cosa cambia”, reflexiona Pau.

Sin embargo, no siempre es fácil levantar la voz para reclamar un derecho o denunciar una injusticia. Esto es especialmente cierto en contextos laborales con condiciones precarias, donde ser el “empleado difícil” puede suponer la diferencia entre mantener un puesto de trabajo o perderlo, si bien en general afecta a trabajadores en todo tipo de sectores, empresas y puestos.

“Algunas empresas se aprovechan de estos miedos para imponer condiciones inferiores a las legales: peores sueldos, horas extra no pagadas, jornadas interminables, etc.”, afirma Maite Moreno, profesora del Máster en RR. HH. de EAE Business School. Y recuerda: “Muchos trabajadores, a la hora de exigir sus derechos, tienen miedo de que la empresa tome represalias contra ellos”. Estas posibles represalias se traducen en situaciones perjudiciales para el trabajador, con frecuencia relacionadas con estar mal visto por los superiores o los compañeros, ser relegado de sus funciones o incluso perder el trabajo.

“Algunas empresas se aprovechan de estos miedos para imponer condiciones inferiores a las legales: peores sueldos, horas extra no pagadas, jornadas interminables, etc.” - Maite Moreno, profesora del Máster en RR. HH. de EAE Business School

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Pau explica que ha intentado hablar la situación y que solo ha recibido largas, excusas y “alguna pullita” acerca de su poca empatía. “A medida que la situación persiste y no te dan solución, caes en la rebeldía sistemática, luego en la tensión continua y, poco después, en la frustración y la apatía permanentes”, señala. Con este cóctel de emociones, es fácil que el desgaste emocional, la desilusión y el agotamiento mental acaben haciendo acto de presencia.

“Sin darme cuenta, he pasado de ser un profesional apasionado y proactivo a una especie de ‘cortacésped’ que ejecuta a granel y sin pensar”, expone Pau. Y añade: “El más mínimo contratiempo con clientes o compañeros me lo tomo como un ataque personal y me hace sentir mal conmigo mismo porque sé que, en el fondo, no soy así”. Un enojo que también puede llegar al ámbito más íntimo: “Me cuesta aplicar aquello de ‘lo que ocurre en el trabajo se queda en el trabajo’; lo pago con la pareja, la familia y las amistades, he aparcado proyectos personales, etc.”, se sincera.

“Sin darme cuenta, he pasado de ser un profesional apasionado y proactivo a una especie de ‘cortacésped’ que ejecuta a granel y sin pensar” - Pau, Social Media Analyst

“Para estar bien emocional y mentalmente, el trabajador tiene que estar ilusionado y sentir que tiene estabilidad y que está desarrollando su trabajo en las mejores condiciones posibles”, apunta Reyes Pérez, coordinadora del Grupo de Trabajo “Evaluación de personas en entornos laborales y organizacionales” del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña. De lo contrario, si lo que manda es el miedo, el enfado o el cansancio, esto repercutirá en su productividad, en los resultados de su trabajo y en la relación con sus compañeros.

Hacerle frente al miedo: las herramientas a tu alcance

1. Deja las cosas claras, desde el principio

“En realidad, el trabajador no debería tener que estar reclamando algo que le pertenece o que le es legítimo”, puntualiza Pérez. Por eso, y para evitar llegar a esa situación, recomienda que, en el inicio de la relación laboral con cualquier empresa, además de firmar lo escrito en el contrato, os aseguréis de definir perfectamente, y de la manera más transparente posible, las tareas a desarrollar y las condiciones en las que se llevarán a cabo. “Ambas partes saben lo que están poniendo en juego y así se evita una mala gestión de las expectativas a posteriori”, precisa.

2. Comunícate de manera asertiva

Las herramientas comunicacionales son fundamentales para que establezcas un diálogo con tus superiores y logres romper este miedo. Recuerda que eres un adulto capacitado para preguntar y cuestionar los argumentos de los demás. Para ello, acompáñate de estos otros recursos que destaca la psicóloga:

  • Ten claro lo que es legal y lo que no: Saber si tus reclamaciones son lícitas te permitirá hablar con conocimiento y ser más efectivo.
  • Habla de igual a igual: El miedo aparece cuando tú mismo te sitúas en un nivel inferior al de tu interlocutor y piensas que el otro tiene más poder.
  • Sé asertivo: Confía en tus habilidades y recursos para exponer tu desacuerdo, pero hazlo con de manera respetuosa y a través de argumentos y datos que te ayuden a justificar tus peticiones.
  • Defiende tus objetivos: Utiliza el diálogo para hacer entender que tu trabajo debe ser valorado por tu talento y por la consecución de objetivos, no por criterios como la presencialidad o el servilismo.

3. Busca apoyos

“El miedo solo se vence con confianza, es la respuesta natural. Y esa confianza se coge teniendo conocimiento o buscando apoyo externo”, resume Pérez. En tu caso, para ganar confianza, recaba toda la información que puedas necesitar, analiza los supuestos que contempla tu convenio profesional, y, si lo consideras necesario, tal y como aconseja Moreno, busca consejo en tu departamento de RR. HH., en los representantes de los trabajadores o en los sindicatos.

Pero si tus intentos de negociación o tus solicitudes solo han obtenido respuestas negativas o indiferencia, Moreno recuerda que el Ministerio de Empleo y Seguridad Social pone a disposición de todos los ciudadanos un buzón de lucha contra el fraude laboral, donde el conocedor de algún incumplimiento de la normativa (ya sea laboral, de Seguridad Social o de Prevención de Riesgos) puede ponerlo en conocimiento de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, sin aportar ningún dato personal.

¿Se puede cambiar la etiqueta de empleado “difícil”?

Pérez y Moreno afirman que, en general, cuesta mucho sacarnos de encima esas etiquetas, ya que con frecuencia implica tener que hacer un cambio radical en nuestros comportamientos. Sin embargo, existen algunos pasos que se pueden dar para minimizar esa imagen sin renunciar a tus valores:

  • Elimina de tu imaginario la etiqueta de “difícil” y autodefínete como una persona “responsable, que llega a acuerdos y que busca el cumplimiento de los mismos”, afirma Pérez.
  • Comunícate sin confrontación y sé receptivo. “Evita la tentación de agredir verbalmente y no consideres inmediatamente la crítica como un ataque”, añade Moreno.
  • Ten paciencia y trata de ser empático y de entender cómo se siente tu interlocutor.
  • Escucha de forma activa y aparca tus opiniones y sentimientos hasta que la otra persona haya terminado de exponer su punto de vista. Recuerda que el objetivo es siempre buscar un entendimiento.

Y ten en cuenta que, si se te está poniendo esta etiqueta al reclamar algo que te corresponde, el problema no es tuyo sino de la cultura de tu empresa. “En nuestro país todavía quedan empresas con sistemas muy paternalistas, donde el trabajador no es considerado como un igual”, afirma Pérez. Sería lógico, pues, pensar que si la cultura de tu empresa no cambia, tu etiqueta tampoco lo hará. Es en efecto una afirmación realista, pero que no debería limitarte. Las empresas tienen que avanzar en este sentido y tú puedes contribuir a esta transformación utilizando el diálogo, la confianza en tu experiencia y en tu propio potencial y la seguridad de saber que aquello por lo que alzas la voz está del todo refrendado por un convenio laboral.

Foto de WTTJ

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