Hablemos de presentismo: el arte de 'calentar la silla'

¿Por qué en España no nos libramos del presentismo?

Mientras que la mayoría de los países implementan políticas que aumentan la flexibilidad (trabajo por objetivos, horarios flexibles, teletrabajo), desde el mes de marzo de 2019 las empresas españolas están obligadas por ley a controlar los horarios de entrada y salida de sus trabajadores, para evitar la realización de horas extraordinarias que no son declaradas a las Seguridad Social. Pero ¿es esta una solución efectiva para mejorar la productividad? ¿Por qué seguimos pensando que trabajo equivale a presencia en la oficina?

¿Qué es eso del “presentismo”?

El presentismo es “el comportamiento que consiste en acudir al puesto de trabajo dedicando el tiempo a otros quehaceres no relacionados con el propio puesto de trabajo ni con la empresa”, según la definición del VIII Informe Adecco sobre Absentismo. Dicho de otra forma: el trabajador ocupa su puesto de trabajo, pero no está trabajando. Es a lo que en España solemos referirnos de manera coloquial como “calentar la silla”. Pero no todos los presentismos son iguales:

  • Contemplativo: Consiste en estar presente en el trabajo, pero no trabajar en ninguna tarea concreta. Puede ser un síntoma de malestar físico o mental, o de desmotivación.

  • Estratégico: Consiste en alargar a propósito la jornada para mostrar que estamos allí, para ser vistos.

  • Compromiso crónico: Consiste en continuar trabajando o hacer horas extras mientras estamos cansados o enfermos. Se trata de un exceso de compromiso, motivado por varias razones, como pueden ser el perfeccionismo, la cultura corporativa o una carga de trabajo excesiva.

Por ejemplo, el presentismo en una empresa con frecuencia significa que los trabajadores están presentes en su puesto de trabajo, pero incurren en ausencias repetidas para salir a fumar o tomar un café, se toman más tiempo del realmente necesario para la pausa de la comida, utilizan las redes sociales con fines no laborales…

“Si sé que solo tengo 8 horas de trabajo al día, seguramente las usaré para lograr sacar mis tareas adelante y conseguir mis objetivos. Pero si, por el contrario, nadie controla las horas trabajadas ni si se han alcanzado los objetivos, y además parece que esté mal visto irse a la hora estipulada en el contrato, es más fácil que la gente pase las horas centrales de la jornada distraída y concentre su trabajo al final del día”, se queja Elena Silva, empleada en el sector del servicio al cliente. “La productividad y eficiencia son los factores que se deberían tener en cuenta y no las horas que pasamos en la oficina”, remata.

Pero, si somos conscientes del problema, ¿por qué seguimos valorando a los empleados por el número de horas que pasan en sus puestos de trabajo en lugar de por su productividad y la eficiencia a la hora de llevar a cabo sus tareas? La realidad es que la mayor parte de las empresas tienen pocas herramientas para medir el rendimiento y terminan agarrándose a lo único que tienen: la presencia física.

Así nos afecta el presentismo

La obligación o el sentimiento de necesidad de estar en la oficina, si bien podría parecer que resulta interesante para la empresa, la realidad es que resulta perjudicial: un trabajador que no realiza su función correctamente porque está desmotivado, por ejemplo, es menos eficaz en su trabajo, lo que tendrá un impacto directo en la productividad de la compañía.

Pero el presentismo puede además conllevar problemas de salud para el empleado. Puede dar lugar a patologías relacionadas con la sobrecarga de trabajo: dolor de cabeza, ansiedad, problemas en las articulaciones o fatiga intensa. Además, también está relacionado con la falta de flexibilidad que nos impide ausentarnos de nuestro puesto de trabajo, aunque sea debido a una enfermedad: en España, hasta el 62% de los empleados acuden al trabajo estando enfermos.

¿Un mal español?

El presentismo es un comportamiento difícil de medir. En España, el 30,8% de las empresas encuestadas por Adecco afirman observar prácticas de presentismo entre sus trabajadores. Según el mismo informe, el 6,5% del total de asalariados practica algún tipo de presentismo, lo cual equivale a un millón de trabajadores en toda España.

Otro estudio realizado en 2017 a nivel europeo por iniciativa de la compañía Fellowes, especializada en suministros de oficina y diseño de espacios de trabajo, revelaba que las empresas francesas y españolas son las más afectadas por el presentismo. “En España sigue existiendo cierta resistencia a cambiar la mentalidad empresarial; seguimos manteniendo la idea de que cuantas más horas pases sentado en tu silla y frente al ordenador más comprometido estás con tu empresa y, por tanto, estás mejor valorado”, opina Belén Cuesta, empleada del departamento de Consultoría de la empresa de seguridad Eulen.

Llama entonces la atención que en otros países que destacan por sus elevados niveles de productividad, como Dinamarca, Suiza o Estados Unidos, lo que está mal visto tanto por los trabajadores como por las propias empresas es, precisamente, quedarse en la oficina después de las 6 de la tarde está mal visto.

Llega el registro de jornada

Parece que algo está cambiando en España para hacer frente a las horas extraordinarias sin sentido (y en muchos casos, no remuneradas por la empresa): desde mayo de 2019 una modificación en el Estatuto de los Trabajadores obliga a las empresas a llevar a cabo un registro de horarios con el objetivo de evitar posibles fraudes con las horas extras impagadas. Las empresas deben garantizar el registro horario de la jornada de trabajo y este deberá incluir la hora concreta de inicio y de finalización de la jornada de cada empleado. Los trabajadores que no registren su horario podrían ser sancionados, tal y como especifica la guía publicada por el Gobierno.

Esto se debe a que el “fichaje obligatorio” está sirviendo para ordenar y regular las horas extraordinarias y regularizar el tiempo de trabajo para reducir los “tiempos muertos”. Tras los tres primeros meses, los datos ya reflejaban una notable reducción del número de horas extras derivada del cumplimiento del horario. De hecho, el número de horas extra de los trabajadores españoles en el segundo trimestre de 2019 es el más bajo en cinco años.

“Esta medida puede tener un aspecto positivo si viene acompañada de controles efectivos para que las horas de más sean debidamente retribuidas”, afirma Belén Cuesta. “De esa forma, se evitarían los malos hábitos y vicios adquiridos en algunas organizaciones, especialmente por parte de los directivos, de tener a los empleados calentando la silla gratuitamente solo porque está mal visto que la gente cumpla estrictamente con su jornada laboral”.

¿Cómo podemos prevenir el presentismo?

Si queda demostrado que el presentismo nos perjudica tanto a los trabajadores como a la propia empresa, buscar la manera de luchar contra ese trabajo improductivo debería convertirse en una prioridad para todos. Y en la búsqueda de soluciones, los expertos en empleo lo tienen claro: la respuesta para luchar contra el presentismo laboral es establecer objetivos y apostar por la flexibilidad de horarios .

Esa es también la opinión de Andrés García Cordero, country manager de Retarus Ibérica: “que las empresas sean flexibles nos dota de un mecanismo fantástico para alcanzar la conciliación laboral y familiar, pero una conciliación de verdad, no utilizada como arma política o mediática”. Es precisamente esta conciliación, según comparte Belén Cuesta, la que “permite que los trabajadores estemos más motivados y orientados a la consecución de objetivos”.

Horario de trabajo flexible o teletrabajo

Los horarios laborales flexibles son aquellos que no establecen una jornada de trabajo rígida, sino que se adaptan a las necesidades de los empleados. Y aunque esta flexibilidad sigue planteando mucho retos en la empresa tradicional, en las empresas tecnológicas o startups se promueve como estrategia para retener talento y aumentar la productividad. Por ejemplo, Elena Silva, que ha desarrollado toda su carrera en startups, asegura que si bien las horas extras durante periodos de trabajo intensivos son valoradas, “también se respeta y promueve el descanso de los trabajadores y la flexibilidad laboral”. Aunque, desde su punto de vista, el trabajo flexible tiene un pero: la falta de horarios definidos pueden dificultar que el trabajador consiga desconectar de su trabajo.

Y si hablamos de flexibilidad, no podemos olvidarnos del teletrabajo, ya que muchas funciones de numerosos puestos de trabajo no precisan ser llevadas a cabo en la sede de la empresa. Con buena planificación, cualquier trabajador puede ser productivo desde casa, sin necesidad de encontrarse físicamente en la oficina, con la ayuda de fórmulas mixtas que alternan la jornada de trabajo presencial con el trabajo a distancia.

Establecer objetivos

La evaluación por resultados, no por horas, permite trabajar desde la oficina o desde casa, las horas que sean necesarias para alcanzar unos objetivos previamente acordados entre el trabajador y la empresa. Esto permitiría a los trabajadores, por ejemplo, trabajar un sábado y descansar un miércoles, si esto le resultara más cómodo para compaginar sus horarios.

Los objetivos realistas y específicos que se pueden medir y tienen una duración concreta pueden ayudar a evitar el presentismo: si un trabajador sabe qué tiene que hacer y para cuándo tiene que estar terminada cada tarea, podrá organizarse el tiempo según sus necesidades para ser eficiente. Este sistema, sin embargo, tiene detractores: no todos los puestos admiten los objetivos a medio o largo plazo ni el éxito depende siempre de la capacidad del empleado, sino de variables externas.

“La irrupción de las tecnologías de la información y la digitalización han traído un cambio estructural al mundo laboral que ya no tiene vuelta atrás y que, necesariamente, cambiará la forma de trabajo y de organización de las empresas”, reflexiona Belén Cuesta. Precisamente, estamos viendo que las empresas que serán capaces de ajustarse a la nueva realidad, que implica más flexibilidad para los empleados, serán sin duda las mejor preparadas para afrontar los retos de futuro.

Foto de WTTJ

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Bea González

Periodista

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