Fatiga Zoom: cómo acabar con el estrés que provocan las videollamadas

Fatiga Zoom: cómo acabar con el estrés de las videollamadas

Las videollamadas nos han permitido compensar el aislamiento social provocado por el teletrabajo, la cuarentena y los toques de queda. Gracias a estas herramientas virtuales, incluso durante los momentos más complicados de la pandemia hemos podido seguir manteniendo nuestras relaciones sociales. Poder pasar las reuniones y encuentros laborales al formato digital ha ayudado a hacer que podamos seguir viendo a nuestros compañeros a pesar del trabajo a distancia. Pero lo cierto es que, aunque a priori pudiese parecer una solución ideal, estos encuentros digitales nos están agotando. Es lo que se conoce como “fatiga por Zoom”, una extenuación mental derivada de esta nueva forma de comunicarse que pone a tu cerebro al límite. Si estás experimentando cansancio y un hastío generalizado hacia los encuentros digitales, te decimos cómo poder hacerle frente para que no te afecte en tu día a día.

La primera vez que tuviste una videollamada con tus amigos tuvo su gracia. A pesar de las restricciones sociales, era posible seguir tomando con ellos una copa mientras os poníais al día. En el trabajo, las reuniones online han permitido a los equipos mantenerse conectados y creativos. Hasta habéis puesto cara a ese compañero que ha entrado en tiempos de pandemia.

Pero lo que al principio estuvo bien, quizá ya no te lo parezca tanto. Es posible que, a estas alturas, cada vez que un compañero te propone una nueva reunión en Zoom o Hangouts solo seas capaz de resoplar y pedirle al cielo que se acabe anulando. Incluso cuando se trata de un evento más desenfadado con tu equipo, estos encuentros digitales solo te generan estrés y cansancio.

Si es así, debes saber que no estás solo. Son tantas las personas en todo el mundo que han identificado una sensación parecida desde el inicio de la pandemia que su sentimiento ha dado lugar al concepto “fatiga por Zoom”, aunque por supuesto también ocurre si lo que estás utilizando es Google Hangouts, Skype, Microsoft Teams, Webex… Pero ¿por qué se produce este cansancio? Aunque parezca que hemos podido adaptar las interacciones sociales al ámbito digital, lo cierto es que las conversaciones por vídeo distan mucho de parecerse a las que se mantienen cara a cara.

¿Por qué hablar por videollamada te absorbe la energía?

El desgaste emocional

Cada vez que te convocan para una entrevista a distancia, asistes a una clase en remoto o hablas con tus compañeros de trabajo por Zoom es como tener un recordatorio permanente de aquello que causa la situación tan compleja que afrontamos. Esto hace hincapié en el desgaste emocional generalizado que es posible que ya sufras.

“Va a cumplirse un año. Es una situación de estrés muy prolongado en el tiempo, casi de burnout y además no hay una fecha concreta en la que se vaya a acabar. La fecha final te da ánimos y energía para seguir tirando, pero ahora es como una carrera de fondo en la que estamos desfondados”, puntualiza la psicóloga experta en salud laboral, Elisa Sánchez.

La concentración necesaria para las conversaciones online

El tono, los movimientos corporales, las expresiones de la persona que habla, son matices que tu cerebro también utiliza durante una conversación para procesar información y construir la respuesta que se espera del oyente. Todos estos aspectos se pierden cuando la conversación pasa al formato digital: la comunicación no verbal sale de la ecuación, pues apenas vemos más allá del rostro de quien habla.

“No es lo mismo la agilidad de una conversación interpersonal que a través de una pantalla, pues ésta no deja de ser una barrera de comunicación”, considera Ángeles Gris, Directora de Proyectos de Wellness Coach Institute, centro especializado en el bienestar de los empleados dentro de las organizaciones. Esto hace que tengamos que prestar total atención al discurso y, para ello, nuestro ojos no se aparten de quien habla. ¿Alguna vez en la calle has mirado tan fijamente a alguien con quien hablabas como lo haces por Zoom? Si fuera así, tu mente acabaría exhausta. “Eso suele hacer que tengas que estar más pendiente de captar toda la información. Como observador quieres captar toda y entenderla, y eso agota”, explica a su vez la psicóloga experta en salud laboral, Elisa Sánchez.

El estrés de verte en pantalla

Tus compañeros de oficina se han convertido en un pequeño ejército de cabezas que cubre por completo tu pantalla. Así son ahora vuestras reuniones, un hecho que puede potenciar la sensación de sentirse observado, sobre todo si se tiene en cuenta que durante las videollamadas, a veces, nos vemos obligados a mostrar una parte de nuestra intimidad, como es nuestra casa, al resto.

Tampoco hay que olvidar que tu cara también aparece en la pantalla. Nunca antes habías sido tan consciente de cómo eres hablando y no es de extrañar si no puedes apartar tu mirada de tu propia imagen: “¿Así es mi cara realmente? ¿Tengo estos gestos? ¿Esas son mis expresiones cuando hablo?”. Entra en escena “la ansiedad de verte a ti mismo en la pantalla”, subraya Sánchez, lo que puede amplificar la “sensación de que te están evaluando constantemente”. Por ejemplo, “las personas que tienden a ser más críticas consigo mismas y se están viendo los gestos de la cara, la imagen que proyectan… acabarán teniendo una retroalimentación cada vez más negativa que les genere cada vez más preocupación y ansiedad”.

Los problemas derivados del uso de la tecnología

“Sientes ansiedad cuando hay muchas exigencias y no tienes recursos para hacerles frente. Cuantos más añadidos o situaciones novedosas fuera de tu control hay, más probabilidades tienes de sentirte desbordado. Y, precisamente, depender de la tecnología agrega más aspectos que están fuera de tu control”, explica Sánchez.

“No toda la comunicación depende ahora de ti, también de la calidad de la red, no se escucha bien, se congelan las pantallas… todo eso también es una barrera a la comunicación”, coincide Gris. La ciencia lo ha corroborado. Según una investigación de 2014 recogida por un artículo de la BBC, retrasos de tan solo 1,2 segundos en llamadas o sistemas de conferencias tienen un impacto negativo en la conversación, haciendo que las personas perciban al hablante como menos amigable o concentrado.

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Cómo lidiar con la fatiga por Zoom

La buena noticia es que hay ciertas cosas que puedes hacer para intentar combatir esa sensación negativa de ansiedad y cansancio que te provoca hablar por Zoom.

1. Lo primero, no abusar de las reuniones

Puede que esto no siempre esté en tu mano, pero evitar el exceso de reuniones en la medida de lo posible, especialmente ahora que es posible que todas ellas sean por videollamada, reducirá tus niveles de “fatiga por Zoom” por motivos evidentes.

“Muchos jefes de equipo quieren saber que los trabajadores están trabajando y la única manera que tienen es convocando una reunión detrás de otra. Hay un abuso de las reuniones que en un entorno presencial no se harían”, considera Gris. Frente a esto, nunca antes había sido tan necesario como ahora “reducir estas a las imprescindibles y convocar solo a las personas esenciales”, aconseja la experta en bienestar.

2. Sustituye algunas videoconferencias por llamadas o correos electrónicos

Según las expertas consultadas, para todo aquello que se pueda solucionar con un mensaje por Slack o un correo es conveniente evitar las videollamadas. Y para aquellas ocasiones en las que necesites hablar algo más detenidamente, recuerda que siempre puedes optar por el teléfono: ahora parece que es imprescindible verse porque hemos normalizado las videollamadas, pero no tiene por qué ser así.

“Incluso a los clientes puedes comentarles ‘¿oye te importa que lo hablemos por teléfono en lugar de videollamada?’, de esta forma puedes ir caminando o estar de pie durante la llamada”, aconseja Sánchez.

3. Desconecta tu imagen para no verte

Cuando tengas que utilizar la videollamada, puedes optar por algo tan sencillo como desconectar tu cámara. Así al menos podrás desprenderte de la presión de “verte expuesto” y la desagradable sensación de estar todo el tiempo analizándote.

Muchas empresas piden a sus equipos que activen sus cámaras para que los otros miembros puedan verte, pues en general resulta más agradable y humano. Pero recuerda que en ningún caso se te podrá obligar a tener la cámara encendida si no te sientes cómodo con ella o si decides no hacerlo.

4. Evita el multitasking

Reconócelo, en más de una ocasión durante una videollamada has aprovechado para mandar un correo, seguir una conversación por el móvil o incluso hacer un comentario a algún compañero vía Slack. “Cuando entrabas en una reunión presencial apagabas tu móvil o lo mirabas de refilón. Ahora, con las videollamadas, no estás solo en la videollamada, sino que estás atendiendo a los correos, a los WhatsApp… esta multitarea te agota”, analiza Sánchez.

Puede que estemos muy (mal) acostumbrados a hacer varias cosas a la vez, pero lo cierto es que la evidencia apunta a que esto no tiene tantos efectos positivos como podrías pensar, al menos en lo que a recordar la información se refiere. Si mantener una charla por vídeo conlleva que tu cerebro necesite un mayor grado de concentración, entonces ayuda a tu mente a centrarse en ello.

5. Haz pausas (pero no para entrar en Instagram)

El monitor de tu ordenador se ha vuelto más que nunca la ventana que te conecta con el mundo. Y cuando no estás en tu ordenador, estás comprobando tu WhatsApp o subiendo una foto a Instagram. En resumen, te pasas el día mirando una pantalla. Por ello ambas especialistas remarcan lo imprescindible que se ha vuelto hoy hacer pausas, pero hacerlas alejados de las pantallas y primar en ellas cierta actividad física.

“Debemos marcar unas horas casi obligatorias de descanso de unos diez minutos, en los que te tengas que levantar”, aconseja Gris. No significa que tengas que correr entre tarea y tarea, pero puedes aprovechar estos descansos para caminar o bajar a la calle y desconectar 10 minutos mientras das una vuelta a la manzana.

Foto de WTTJ

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