Cómo reconocer y evitar la manipulación en el trabajo

Cómo reconocer y evitar la manipulación en el trabajo

En el mundo laboral, hay numerosas situaciones en las que necesitamos convencer a los demás de pensar o actuar de una forma que nos favorezca. Para lograr este objetivo, hay quienes dan argumentos (un método honesto, pero que no siempre da resultados) y quienes deciden manipular. Aunque no nos guste demasiado, es un hecho que la manipulación está presente en todas partes: la política, la comunicación, la publicidad, la familia, la pareja, etc. Y el trabajo no es la excepción a la regla. Algunas veces nos manipulan y otras somos nosotros los manipuladores, a menudo sin darnos cuenta. Así pues, ¿qué podemos hacer para no dejarnos controlar por un compañero dominante? El sociólogo francés Philippe Breton, autor del libro ‘La parole manipulée’ (que se podría traducir como “La manipulación de la palabra”), nos explica las técnicas de manipulación más corrientes en la oficina para enseñarnos cómo evitar caer en ella.

El fin no justifica los medios

Desde un punto de vista ético, no cabe duda de que está mal manipular a otra persona, incluso si tenemos buenas intenciones. El problema con esta práctica es que supone una falta de consentimiento, pues la persona manipulada no actúa de forma consciente. “La manipulación consiste en obtener algo de alguien que no te lo habría dado de otro modo, engañándole para obtener su consentimiento”, precisa Philippe Breton. Por lo tanto, se trata de una estrategia deshonesta, aunque en algunos casos no sea tan mala como imaginamos.

“La manipulación puede ser más o menos significativa, en función de lo lejos que llega cada persona, pero no necesariamente se trata de algo muy grave”, relativiza el sociólogo. “En realidad, hay diferentes niveles de gravedad, pero también de conciencia. A veces podemos manipular sin darnos cuenta o hacerlo de forma consciente y deliberada, lo que es más reprensible”. En el entorno laboral, las situaciones de manipulación graves forman parte del acoso, el cual puede tener grandes consecuencias psicológicas. “Un superior que alterna la dulzura, los halagos y la proximidad con la degradación, los insultos y los comentarios negativos hiere psicológicamente a su colaborador con el fin de tenerlo bajo su control”, alerta el especialista.

Sin embargo, en las relaciones laborales generalmente no hay una intención de perjudicar a los demás: “La mayoría de las personas quieren hacer un buen trabajo, ya sea por el bien de la empresa o de su equipo”, precisa Philippe Breton. “Pero emplean métodos más o menos cuestionables para lograr sus objetivos”. Así pues, se suelen utilizar dos técnicas: las que juegan con las emociones y las que trastocan los argumentos.

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La manipulación de las emociones

Apelar a los sentimientos

Cuidado con el seductor de la oficina, uno de esos compañeros de trabajo que no faltan en ninguna empresa. Sí, nos referimos a esa persona que se aprovecha de la cercanía emocional: “Este método consiste en acercarse a un compañero halagándolo o cautivándolo con el fin de crear una cercanía, la cual llevará a una relación agradable que hará que la persona esté más dispuesta a hacer lo que se le pida”, explica Philippe Breton. Aunque se trata de una técnica sencilla, ponerla en práctica requiere un poco de sutileza. Así pues, piénsatelo un poco si un compañero con el que no has hablado más de tres veces empieza a actuar repentinamente como si quisiera ser tu mejor amigo por el resto de tu vida (o hasta que termines de ayudarle con su proyecto).

La seducción a través de la figura

No, no estamos hablando de cautivar a los demás con tu atractiva figura: nos referimos a las figuras literarias, que son uno de los recursos más frecuentes de la manipulación: “El modo de expresarse sirve para convencer, incluso si sólo se centra en la forma y no el fondo”, afirma el sociólogo. En una empresa, a las personas con una buena oratoria les resultará mucho más fácil persuadir a las demás o hacerlas aceptar lo que deseen. Si tienes un nuevo compañero que es la mezcla perfecta entre Steve Jobs y Victor Küppers, recuerda aplicar el pensamiento crítico cuando asistas a su próxima presentación.

Manipular con la claridad

Aunque todos deseamos expresarnos de forma tan clara como el día en el entorno laboral, Philippe Breton explica que esto podría esconder otras intenciones: “La pedagogía de la claridad es algo muy positivo, pero no debemos caer en la tentación de presentar las cosas trastocando la realidad, que suele ser mucho más compleja. Al plantear una situación de forma clara y directa, tu interlocutor va a pensar: ‘¡Todo está muy claro! Debe tener razón, así que voy a hacer lo que me propone’”. Por lo tanto, no dudes en cuestionar y analizar cuidadosamente las propuestas que recibas, sobre todo aquellas tan transparentes que parecen resolver todos tus problemas y evitar que debas recurrir a otros proveedores o colaboradores.

La repetición

“Repite después de mí” quizás no parezca una técnica muy sutil, pero es muy eficaz. Esta es la base de la propaganda, se utiliza con frecuencia en la política y aplica a todos los ámbitos: a fuerza de repetir un mensaje, éste termina resultando convincente por sí mismo. “Es muy interesante a nivel cognitivo, pues terminamos creyendo en la veracidad de lo que se repite a pesar de que no haya ningún otro fundamento”, afirma sorprendido el autor. Por lo tanto, la próxima vez que oigas a tu compañera reiterar que su campaña de comunicación es la más exitosa en toda la historia de la empresa, tómate el tiempo de echarle un vistazo a las redes sociales para confirmarlo.

La sincronización

La PNL: si un compañero acaba pareciéndose a otro, tal vez no sea una mera coincidencia. La programación neurolingüística es una técnica de manipulación consciente y controlada que podemos encontrar en el mundo laboral. Consiste en mejorar la cercanía emocional mediante técnicas de sincronización corporal, detalla Philippe Breton: “Para obtener algo de alguien, la persona que manipula se va a sincronizar con la otra, es decir, va a imitar su respiración, su forma de hablar, las veces que parpadea, su posición corporal, vocabulario…”. Al tratarse de una técnica más compleja, es necesario haber aprobado el nivel II del curso de manipulación para dominarla, pero si alguna vez tienes una reunión de negociación, observa si tu interlocutor está intentando imitar tus gestos.

El poder del tacto

Una técnica suave, pero poderosa. Tocar a una persona es una forma de manipulación increíblemente eficaz, pues crea una gran cercanía emocional. “Dar una palmada en el hombro o acariciar ligeramente el brazo o la espalda permite cruzar la barrera invisible que delimita el espacio personal de una persona”, revela el sociólogo. “Esta sensación de complicidad hace que no deseemos reflexionar demasiado y nos lleva a aceptar fácilmente lo que nos piden”. Sin embargo, en tiempos de coronavirus, esta es la técnica menos discreta que alguien podría intentar contigo este año.

La manipulación cognitiva

La falsa negociación

A veces menos es más. En este caso, todo depende de la forma en que presentas las cosas para lograr un objetivo. El método de manipulación más frecuente es pedir “más” de lo que realmente deseas obtener. “Al hacer una petición significativa y luego modificarla para pedir algo más fácil de otorgar, provocas una sensación de alivio en tu interlocutor, que se siente más dispuesto a aceptar tu pedido. Sin esta estrategia, la otra persona probablemente habría rechazado tu solicitud de inmediato”. Ten en cuenta este principio de la falsa negociación si algún día tu jefe te pide que dediques tres días a un proyecto nuevo de “alta prioridad” y, después de negarte, te dice que un solo día es suficiente.

La amalgama cognitiva

Este principio consiste en relacionar una figura emblemática que todos conocen con otra estableciendo puntos en común entre ambas. Esto crea una imagen mental en la psiquis colectiva que dejará una huella difícil de borrar. Se trata de una técnica ideal para desacreditar a alguien, como lo confirma nuestro experto: “Puede ser una afirmación exagerada, injusta e incluso falsa, pero a partir del momento en que se dice, deja una marca”. Por ejemplo, si uno de tus compañeros afirma que vuestro responsable “habla como Mussolini”, pensarás en el dictador italiano cada vez que veas a tu superior, incluso si nunca antes habías pensado algo similar.

Técnicas de autodefensa

Aunque no existe una fórmula mágica para protegerse de todos los tipos de manipulación posibles en el trabajo, te damos algunas recomendaciones para evitar caer en estas trampas.

1. Analiza tu grado de vulnerabilidad ante la influencia externa

“La manipulación funciona mejor con las personas influenciables, es una cuestión que varía en función de la personalidad. Ser sugestionable no es una característica negativa como tal, pues nos permite cambiar de opinión y evolucionar, así que todos debemos serlo un poco. Pero siempre es importante verificar si lo que aceptamos es compatible con nosotros”, precisa el autor. Para lograrlo, te anima a preguntarte: “¿La propuesta que me han hecho me conviene realmente? ¿De verdad se trata de algo que deseo hacer? Es necesario observar cómo nos dejamos influenciar por los demás”, apunta.

2. Presta atención a las señales de alerta

Teniendo en cuenta que el objetivo de la manipulación es convencer a alguien de que haga algo que no habría hecho de otro modo, es necesario aprender a permanecer alerta. “Entablar una nueva amistad en la oficina puede ser algo muy positivo, pero si se trata de una relación sorprendente y repentina, es mejor tener cuidado e ir poco a poco. La confianza es la base de cualquier relación, pero no por ello debemos confiar a ciegas”, aclara el sociólogo.

3. Habla con tu equipo

Si tienes la sensación de que un compañero o un superior te manipulan, lo mejor es hablar al respecto con tu equipo, incluso si no siempre es fácil admitir que has sido víctima de un engaño. Philippe Breton lo confirma: “Es necesario prevenir a los demás, explicarles nuestras dudas y preguntarles si la persona manipuladora los trata de forma parecida. El objetivo es no afrontar esta situación a solas, pues si la otra persona es culpable, el resto de grupo probablemente la excluya en defensa propia”. Cuando la sociedad identifica a un manipulador, lo rechaza automáticamente y nadie confía más en él.

Sin ser mal pensados, más vale prevenir que curar. Y si eres tú el que a veces manipula sin darse cuenta, quizás sea el momento de hacer un examen de conciencia. Cuestionar tu actitud y ajustarla en consecuencia permite fomentar la transparencia y las buenas relaciones laborales , lo que es beneficioso tanto para ti como para los demás.

Traducido por Andreína Gil

Foto de WTTJ

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