Llegó el verano: cómo seguir siendo productivo en jornada continua

Cómo adaptar tus horarios para ser productivo en jornada continua

Con la llegada del verano, también llega el calor y, quizás en tu caso, también llegue la jornada continua, ya sea solo los viernes o (si te ha tocado el premio gordo) durante toda la semana. Un formato bastante habitual en las empresas que la implantan consiste en trabajar de 8 de la mañana a 3 de la tarde durante los meses de julio y agosto, lo cual supone un cambio relativamente brusco que podría impactar en tu productividad. De repente, tu horario de siempre se modifica, cambias de hábitos y pierdes los huecos que solías reservar a ciertas tareas, como después de comer o a última hora de la tarde. La buena noticia es que, con un poco de planificación, es posible salir airoso de este formato y continuar siendo productivo.

¿Por qué resulta interesante?

La jornada continua está llena de ventajas para el trabajador. En primer lugar, ¡te deja las tardes libres! Si durante el año tienes un horario más tradicional en el que paras para comer y luego continúas trabajando hasta las 6, las 7, o incluso las 8 de la tarde, esto significa que estás acostumbrado a que tu día consista en trabajar y a que durante la semana no tengas tiempo para mucho más, ya que apenas te quedan unos minutos de ocio que rellenar tras cumplir con las obligaciones de la casa, dormir… y de vuelta al trabajo.

Con la jornada continua, las tardes son por fin para ti. Para ir al gimnasio, para socializar, para atender a la familia (C-O-N-C-I-L-I-A-C-I-Ó-N) o sencillamente para hacer lo que te dé la gana. Esta libertad se traduce, paradójicamente, en una mayor productividad laboral, ya que el hecho de poder, por fin, hacer mucho más que trabajar, hace que estemos más satisfechos y rindamos más. Y de paso, reducir el estrés.

La jornada continua también te permite separar más fácilmente el tiempo de trabajo y tu tiempo de ocio: tus mañanas empiezan antes, pero tu tiempo de descanso también. Tener que entrar a trabajar más temprano produce el mismo efecto que una mano invisible que te empuja a irte a la cama a tiempo para poder madrugar sin pasarte después el día como alma en pena. Y además, la jornada continua sigue sumando puntos: al no tener que trabajar por la tarde, la siesta (de las mejores tradiciones que tiene España, junto con el vermú del domingo) vuelve a ser una opción.

¿Quieres más ventajas? Dejar de tener que comer en la oficina implica menos comida de táper y menos escapadas al bar de abajo, lo cual se traduce en dos cosas: mejor alimentación y mayor ahorro.

¿A qué debemos prestar especial atención?

La jornada continua también tiene un lado oscuro. Entre sus riesgos y desventajas está el hecho de que quizás no todos los trabajadores sepan gestionar bien el hecho de trabajar tantas horas seguidas sin el descanso habitual al mediodía, más allá de los pequeños recesos que puedan ir haciendo durante la jornada. Corremos el riesgo de que se nos agoten las reservas de energía y la creatividad cuando todavía nos quedan horas para volver a casa.

Además, la dificultad para gestionar nuestro tiempo puede provocar que la jornada continua se vuelva estresante si no conseguimos gestionar el cambio que trabajar menos horas y con una rutina diferente supondrá para nuestra productividad. El cambio de paradigma puede ser difícil de sobrellevar: estamos acostumbrados a dedicar ciertos momentos a ciertas tareas, por ejemplo, antes o después de comer, o justo antes de finalizar la jornada, cuando el trasiego de llamadas, emails o interrupciones disminuye.

5 consejos para que la jornada continua no reduzca tu productividad

1. Aprovecha mejor tus horas

No plantees tus jornadas como “las horas en las que tienes que estar en el trabajo hasta poder salir”, pues es un método seguro para acabar abriendo la puerta a la procrastinación. ¿Cómo hacerlo? En lugar de pensar en el número de horas que te quedan para marcharte (algo especialmente tentador durante el verano), piensa en los resultados que puedes conseguir si te enfocas en las tareas importantes que has escogido o te han encomendado para ese día.

En el primer escenario, es muy posible que te marches a casa con esa vocecilla interior que te recuerda que se te están acumulando las tareas, lo que evita que consigas desconectar y descansar. En cambio, si aprovechas el tiempo, eliminando distracciones y enfocándote en tus tareas o proyectos, no solo es que habrás aprovechado mejor tus horas de trabajo, sino que podrás aprovechar mejor tus horas de descanso y disfrutarás más de tu tiempo de ocio.

2. Reestructura tus horarios

Es probable que, de septiembre a junio, hayas aprendido a estructurar tus jornadas de la manera que mejor se adapte a tu forma de trabajar. Así que la mejor estrategia para seguir siendo productivo en los meses de verano empezará por reflexionar sobre la forma de adaptar tu calendario a la modalidad de jornada continua. ¿No sabes por dónde empezar? No te preocupes, es posible que necesites un pequeño periodo de adaptación, pero si sigues estos consejos, seguro que sales victorioso de la jornada continua en lugar de llegar a septiembre con demasiados deberes por hacer.

En su libro ¡Tráguese ese sapo!, Bryan Tracy desarrolla una premisa simple: que la primera tarea que completes en tu jornada laboral sea la más tediosa y complicada. Es decir, si tienes que “tragarte un sapo”, mejor hazlo cuanto antes en lugar de permitir que el día avance sabiendo que te tienes que enfrentar a algo tan desagradable. Una vez lo hayas hecho, tendrás ese cierto sentimiento de satisfacción al saber que lo peor ya pasó.

Este sistema puede ser especialmente útil cuando tu jornada se va a desarrollar sin una pausa a mediodía: si empiezas cada mañana haciendo lo más importante, complejo o tedioso, podrás dedicar el resto del día a otras tareas menos importantes y terminar con las tareas más mecánicas, que podemos hacer sin necesidad de tener el cerebro a pleno rendimiento, o que no tienen una fecha límite demasiado cercana. De esta forma, el final de la jornada (según vayan bajando tus niveles de energía) será cuesta abajo.

3. Utiliza métodos para mejorar tu gestión del tiempo

Hay multitud de técnicas y métodos para ayudarte a convertirte en el rey de la gestión del tiempo. Lo primero que necesitas es identificar a qué tareas necesitas dedicar tu tiempo: haz una lista para ver de forma tangible lo que has de hacer. Recuerda que tu listado debe contener tareas concretas y específicas, no objetivos generales. Por ejemplo, las tareas “preparar propuesta de campaña 2020-2021”, “pedir la maquetación al diseñador” y “compartir propuesta con Sandra y Maite”, mejor que “hacer propuesta de campaña 2020-2021”. Con tu lista preparada, puedes:

  • Utilizar el método Eisenhower, si lo que buscas es ayuda para identificar en qué tarea deberías enfocarte cada día. Te ayudará a decidir qué tareas debes hacer y en qué orden, y cuáles debes delegar o desechar.

  • Incorporar el time blocking a tu calendario, súper efectivo para enfocarse en una tarea cada vez y evitar la improvisación.

  • Probar el deep work si tienes problemas de concentración y tiendes a dispersarte.

  • Empezar a utilizar Notion, si tu problema viene por la falta de orden, pues puede convertirse en un gran aliado a la hora de tener toda la información relevante centralizada en un único espacio.

4. Adecua tu espacio de trabajo

Es posible que parte del problema resida en tu espacio de trabajo. El verano es una época fantástica, pero el calor aprieta. Por eso mismo, acciones tan sencillas como prestar atención a la temperatura de la oficina (o de la habitación en la que estés trabajando, si en tu empresa habéis optado por el teletrabajo), que debería mantenerse alrededor de los 23 grados, o tener una botella de agua a mano te ayuden a trabajar más cómodo. Puede sonar banal, pero algo tan simple como estar acalorado o descuidar la hidratación es el primer paso para no estar a gusto y no rendir.

Por otra parte, presta especial atención a las distracciones. En una época en la que mucha gente está ociosa o de vacaciones y crecen las tertulias, ¿has pensado en desactivar las notificaciones de tu teléfono móvil? Y si lo que te interrumpe constantemente son los emails que llegan a tu bandeja de entrada o los mensajes en Slack, ¿qué tal si desactivas también las notificaciones en tu ordenador, para que no te distraigan fuera del horario que has decidido dedicarles?

5. No abandones la comunicación con tu equipo

La comunicación interna es fundamental en el trabajo, así que no permitas que la jornada continua y la falta de tiempo te impidan mantenerla. Si tienes una comunicación constante con el resto del equipo, te será más fácil saber en qué tarea y en qué proyecto está enfocado cada uno, qué problemas pueden estar surgiendo, qué prioridades se están siguiendo y qué cambios pueden ser necesarios si algo no sale como debería. Para mantener un buen flujo de trabajo y no dejar que la jornada continua se lleve por delante tu productividad (y la de tu equipo), especialmente si estáis trabajando a distancia, es fundamental conservar esa comunicación con el resto del equipo.

Y si bien acostumbrarnos a la jornada intensiva, especialmente si hemos empezado a aplicarla cada día, puede suponer un pequeño reto, en cuanto le pilles el truco no habrá proyecto o tarea que se resista (a pesar incluso de estos calores). Pero ojo, porque en unos meses tendrás que hacer frente a la mayor desventaja que presenta la jornada intensiva: se acaba al mismo tiempo que el verano, y entonces te tocará volver a asumir 10 meses de jornada habitual, como una suerte de estrés postvacacional. Al fin y al cabo, tener las tardes libres es, para muchos, un lujo efímero. Bendita flexibilidad.

Foto de WTTJ

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Javier Lacort

Redactor freelance especializado en tecnología y startups

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