La Casa de Carlota y el 'activismo creativo'

La Casa de Carlota, estudio de diseño y 'activismo creativo'

La Casa de Carlota no es un estudio de diseño como los demás. En sus diferentes proyectos participan diseñadores profesionales, estudiantes de escuelas de diseño, ilustradores y creativos con capacidades diferentes (como el síndrome de Down o los Trastornos del Espectro Autista o TEA). Además de lograr resultados sorprendentes en sus proyectos, La Casa de Carlota es el ejemplo de cómo cambiar el punto de vista y deshacerse de los prejuicios puede ayudar a crear “marcas relevantes y competitivas a partir de propósitos más humanos, sociales y transformadores”. Entrevistamos a José María Batalla, socio fundador y responsable creativo de La Casa de Carlota & Friends.

La Casa de Carlota & Friends es una consultora que trabaja para marcas y empresas, en la que se engloba también el trabajo de su estudio de diseño, La Casa de Carlota. Son, además, la primera compañía de comunicación en España en ser reconocida con el sello B Corp y se presentan como “activistas creativos” para incorporar el activismo social a los valores de empresa: “No se trata solo de vender, sino también de utilizar el poder de influencia de las marcas para mejorar los problemas sociales y medioambientales”, dicen. Así lo llevan haciendo desde 2013, cuando pusieron en marcha este estudio pionero. En 2014 fue elegido por Forética (la organización referente en sostenibilidad y responsabilidad social empresarial) como una de las mejores iniciativas sociales a nivel europeo, en 2016 se hizo con el premio internacional de la Fundación Corresponsables al Mejor Proyecto Social, y un año más tarde, con el Premio Europeo de Diseño 2017 del Instituto Europeo de Diseño.

¿Cómo era tu vida profesional antes de embarcarte en este proyecto?

Mi vida laboral ha estado ligada siempre la publicidad y la comunicación, como director creativo. Pero en 2013 decidí dar un cambio de perspectiva y fundar La Casa de Carlota, junto con otros socios provenientes de agencias de publicidad y del sector social. De hecho, Carlota es hija de una de las fundadoras iniciales del proyecto, que tiene síndrome de Down, y es a ella a quien debe el nombre el estudio. Fue una locura, una aventura y un riesgo empresarial, pero después de algunos años y muchos errores, el tiempo nos ha dado la razón.

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¿A qué se debió ese cambio?

Todo empezó por la inquietud de resolver un problema presente en nuestra sociedad: el de la integración de las personas con discapacidad en los entornos laborales ordinarios. La realidad es que, en cumplimiento de la ley de Integración Social de los Minusválidos (LISMI), seguimos relegando a estas personas a centros especiales de trabajo. No estamos en contra de esta medida, pero es frustrante que se tienda a pensar en este colectivo solo por sus discapacidades y nunca por sus capacidades.

Nuestra solución para este problema fue pensar en ellos como personas que pueden aportar diferentes maneras de ver y entender el mundo. Descubrimos que esta manera distinta de pensar resulta tremendamente útil en un trabajo creativo que necesita siempre visiones diferentes para solucionar problemas.Lo intentamos. Y funcionó.

“Es frustrante que se piense en este colectivo solo por sus discapacidades y nunca por sus capacidades”

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¿Y de dónde surgió la idea de La Casa de Carlota? ¿Os inspirasteis en algún proyecto similar?

El centro californiano Creative Growth es uno de nuestros grandes referentes, si bien ellos son una organización social sin ánimo de lucro y nosotros somos una empresa ordinaria. Su labor se centra mucho más en el mundo del arte y la nuestra en la creatividad y el marketing, pero coincidimos en nuestra obsesión por aprovechar y sacar a la luz el talento de personas con habilidades especiales y que, por desconocimiento, con frecuencia no reciben el reconocimiento que merecen.

Hacéis mucho hincapié en el hecho de ser una empresa y no una entidad social. ¿Por qué es tan importante para vosotros?

Existen muchas fundaciones y ONG que trabajan con personas con discapacidad que reciben subvenciones públicas y donaciones para su subsistencia y hacen un trabajo social impresionante. Pero nuestro objetivo desde el primer día era tener un estudio de diseño profesional, normalizado, en el que todos los trabajadores fueran contratados por sus aportaciones al equipo, no por sus condiciones físicas o intelectuales.

De esta forma, la normalidad y la inclusión es total y absoluta. Todos formamos un equipo de trabajo como cualquier estudio profesional de diseño, y nuestros clientes nos valoran por la calidad y la excelencia creativa de nuestros trabajos no por el hecho de tener personas con discapacidad en nuestra plantilla.

“Nuestro objetivo era tener un estudio de diseño profesional, en el que los trabajadores fueran contratados por sus aportaciones al equipo y no por sus condiciones físicas o intelectuales”

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¿Cuál es entonces el proceso de selección en La Casa de Carlota?

La selección de los trabajadores con capacidades diferentes se realiza de la misma forma que la del resto de empleados: lo que buscamos son habilidades que sean útiles para la organización. Por supuesto, el hecho de que un candidato tenga Síndrome de Down o TEA no implica que tenga un perfil apto para trabajar con nosotros, igual que le puede pasar a cualquiera que se presente a un puesto de trabajo.

¿Y qué perfil tienen vuestros trabajadores

Como en cualquier estudio de diseño, buscamos personas que nos aporten puntos de vista diferentes, visiones nuevas y frescas para encarar un trabajo creativo. Por ejemplo, las personas con síndrome de Down tienen una ingenuidad innata que se nota en sus trazos, dibujos y manera de pensar. Nadie puede pensar como una persona con síndrome de Down, a menos que lo tenga. Y lo mismo pasa con las personas con TEA. Pero también pasa con los puntos de vista de una holandesa, un estudiante de 19 años o un vegetariano. La diversidad es la nueva creatividad y la mezcla de talentos diferentes es la clave. ¡Ser iguales es muy aburrido!

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¿Qué dirías que aporta trabajar con talentos diferentes a nivel creativo?

Disponer de esta inusual combinación de talentos, tan diferentes y a la vez tan complementarios, nos permite ofrecer soluciones de diseño frescas e innovadoras. Además, en el estudio intentamos tener un porcentaje de personas con síndrome de Down y de TEA equivalente al que tenemos de profesionales, diseñadores y estudiantes de escuelas nacionales e internacionales que hacen sus prácticas curriculares con nosotros: un triángulo que favorece la inclusión y el trabajo en equipo. Es precisamente esta forma inclusiva de trabajar la que nos diferencia, y no solo el hecho de contar con personas con síndrome de Down y TEA dentro del equipo.

“Es esta forma inclusiva de trabajar la que nos diferencia y no el hecho de contar con personas con síndrome de Down y TEA dentro del equipo”

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Volvamos a la cuestión del activismo social. ¿Por qué es importante integrarlo en el ámbito de la empresa?

Las empresas han entendido que ya no pueden competir en el mercado si se concentran únicamente en generar beneficios, ya que hay cuestiones sociales y medioambientales que nos afectan y a las que no podemos permanecer ajenos. Debemos convertirnos en agentes de cambios, en activistas.

Y aunque actualmente sí hay empresas que trabajan de manera ética, construyendo proyectos de impacto que ayudan a cambiar muchas cosas, lamentablemente también hay muchas otras que lo hacen por sumarse a una tendencia o por greenwashing (o “ecoblanqueamiento” ndlr).

Y ya por último, ¿qué podemos aprender de proyectos como el vuestro?

Que para ser relevantes y competitivos en un mundo cada vez más comprometido, necesitamos emplear una comunicación humana, social y trascendente. En nuestro caso, como B Corp, formamos parte de un movimiento de empresas y personas que, a pesar de trabajar en diferentes ámbitos, tienen la misma manera de pensar y de dirigir la cultura empresarial, decididos a formar y ser parte del cambio en el mundo. Tenemos que darnos cuenta de que nadamos en unos prejuicios que no nos permiten ver más allá de nuestras narices. Mirarnos constantemente al ombligo y no aceptar la diversidad nos hace pequeños.

Foto de WTTJ

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