“Soy freelance y así me está afectando la crisis del coronavirus”

Testimonios: ser freelance durante la crisis del coronavirus

El cese de actividades no esenciales decretado por el Gobierno de España el pasado 30 de marzo dejó en la estacada a muchos de los trabajadores ‘freelance’, autónomos sin empleados a su cargo, que de la noche a la mañana vieron cómo se cancelaban sus actividades económicas. Mientras que algunos se han quedado sin trabajo, y como consecuencia, sin ingresos, otros aguantan el tipo a la vez que intentan adaptarse como pueden a una situación en la que es necesario buscar alternativas. Hablamos con algunos de ellos para conocer más de cerca cómo viven la coyuntura, a qué ayudas tienen derecho y cómo esperan salir adelante.

Los freelance pueden teletrabajar, conciliar más fácilmente su vida profesional con la personal y elegir los proyectos a los que quieren dedicar su tiempo. Pero, por otro lado, no tienen vacaciones remuneradas, ni pueden pasar por alto la cuota mensual fija a la Seguridad Social en meses económicamente más bajos, ni pueden blindarse ante situaciones como la ocasionada por el coronavirus. A diferencia de aquellos asalariados que han visto reducidas sus horas o han sido incluidos en un ERTE con derecho automático a prestación por desempleo, los autónomos se enfrentan a una situación incierta.

“Todos mis proyectos se han parado”

Hace dos años que Laura, periodista de formación, decidió hacerse autónoma y especializarse en redes sociales. Hoy presta servicios de consultoría y marketing digital a varias agencias de eventos nacionales especializadas en gastronomía y espectáculos. Le encanta su trabajo como community manager, pero con el coronavirus sus proyectos, muy vinculados a dos de los sectores que más están sufriendo el freno en la economía, se han parado. “Me pilló de vacaciones fuera de España. Cuando volví a Murcia, el mismo fin de semana que se decretó el estado de alarma, empecé a recibir e-mails de clientes diciéndome que se habían cancelado sus eventos y que, aunque seguían contando conmigo, no había dinero para pagarme. Mi sector es uno de los más afectados. Incluso cuando se levante el confinamiento, no sé muy bien cómo retomaremos el ritmo habitual”, lamenta.

“Mi sector es uno de los más afectados. Incluso cuando se levante el confinamiento, no sé muy bien cómo retomaremos el ritmo habitual” - Laura, periodista especializada en gastronomía y eventos

Al igual que ella, Álvaro, actor de doblaje y locutor de radio, publicidad y videojuegos, ha tenido que pararlo todo. Antes de la crisis, la mayoría de sus proyectos se desarrollaban en estudios de grabación pero ahora, por seguridad, muchas de sus ofertas se han cancelado y las que quedan se realizan en remoto, una alternativa que no está al alcance de todos. “En muchas ocasiones rechazan tus servicios directamente. Lo que les importa es saber si tienes o no un mini estudio en casa”. Por ello, Álvaro parece tenerlo claro: “Todos aquellos freelance que quieran seguir teniendo trabajo deberán invertir y adaptarse rápidamente”, y añade: “Cuando se levante el confinamiento, mi sector seguirá bastante afectado, ya que aunque en las cabinas de grabación solo suele haber una persona, no hay ventilación adecuada y además compartimos micro, atril, y guiones. El riesgo de contagio es alto”.

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Dificultad para acceder a una prestación

Para aliviar la situación de autónomos como Laura o Álvaro, el Gobierno ofrece la prestación extraordinaria por cese de actividad. Sin embargo, a la necesidad de haber cotizado durante 12 meses seguidos se le suma el hecho de que los freelance suelen tener ingresos variables, por lo que la condición necesaria de haber tenido que perder un 75% de la facturación no es de gran ayuda. “Es difícil que obtengan la prestación correspondiente a marzo porque, aunque no facturasen en la segunda quincena, sí lo hicieron las dos primeras semanas y, si les fue bien, no podrán acreditar una pérdida del 75%”, explica Rebeca Escudero, asesora fiscal de la asociación Demosfera.

“Es difícil que obtengan la prestación correspondiente a marzo porque, aunque no facturasen en la segunda quincena, sí lo hicieron las dos primeras semanas” - Rebeca Escudero, asesora fiscal

Pongamos un ejemplo. La media semestral de tus ingresos es de 700 euros. Si solo en la primera quincena de marzo ganaste 350 euros, ya no podrás acogerte a la ayuda, ya que tus ganancias han disminuido menos del 75% (tendrías que haber ganado solo 175 euros). Aún así habrás perdido dinero y además tendrás que seguir pagando la cuota de autónomos, que en el mejor de los casos es de 50 euros y en el peor… de casi 300.

Con ayuda o sin ella, es casi seguro que los autónomos se vean obligados a afrontar esta situación teniendo que echar mano de sus ahorros, pues la ayuda del Gobierno no cubrirá los efectos colaterales que la pandemia traerá a largo plazo. “A no ser que se alargue la cuarentena, y por ende el tiempo que se conceda la ayuda, ésta solo durará dos meses. Lo peor es que los autónomos suelen trabajar por proyecto y con esta crisis, puesto que las empresas tendrán que reducir costes, dejarán de contar con ellos”, aclara Rebeca Escudero.

Tras el aluvión de críticas a las ayudas, la ATA (la Federación Nacional de Asociaciones de Autónomos) ha solicitado al Gobierno que:

Los autónomos que no cumplan con los requisitos necesarios, pueden intentar solicitar el paro, pero para ello tienen que haber cotizado al menos dos años seguidos como trabajadores independientes.

“Sigo trabajando, pero he dejado de facturar”: el caso de los trabajadores de la salud

“No nos permiten cerrar las clínicas, por lo que no podemos pedir la ayuda por cese de actividad esencial. Sí podemos, en cambio, solicitar la relacionada con la caída de la facturación en un 75%, pero como en marzo hemos trabajado quince días, será difícil de conseguir”, dice Gonzalo, dentista autónomo que a pesar de seguir oficialmente en activo, no genera grandes ingresos. Su sector sigue en funcionamiento al formar parte de las actividades esenciales, pero Gonzalo solo cobra por tratamiento acabado y en estos momentos solo se les permite atender urgencias. “Los fisioterapeutas, los podólogos y los ópticos están igual que nosotros, con el agravante de que se nos ha pedido que cedamos la mayor parte del material sanitario a los hospitales, por lo que, además, las medidas de seguridad se ven comprometidas”, apunta.

“He decidido adaptarme”

Mientras que para algunos la situación está siendo muy delicada, tanto económica como emocionalmente, para otros la coyuntura presenta una oportunidad de adaptación, de mejora de los servicios y de contacto con los demás. Edu, autónomo desde hace cuatro años como distribuidor de vino natural, ha decidido “dar una vuelta de tuerca” a sus servicios. “Quiero estrechar vínculos con mis clientes pero también con mis proveedores. Es un buen momento para ayudarse”, cuenta Edu, que usa su cuenta Instagram para divulgar el mundo del vino natural.

Hasta el 14 de marzo, Edu distribuía vino natural a restaurantes, donde también realizaba eventos y talleres, pero el cierre de estos le ha animado a empezar a vender a particulares confinados en sus casas. “He pasado de facturar 600 euros con cada entrega a restaurantes a unos 60 por día. Ahora reparto solo una media de tres botellas diarias, pero ahí no acaba mi jornada. Ahora invierto una gran parte de la jornada en redes sociales y en el desarrollo de un proyecto futuro de venta online”, explica. Pese a que ha decidido no pedir la ayuda del Gobierno, critica que la cuota de autónomos sea fija, especialmente en unas circunstancias como las actuales. “Me parece injusto que a la hora de pagarla no se tengan en cuenta las pérdidas que hayas tenido ese mes”, se lamenta.

“He pasado de facturar 600 euros a unos 60 por día. Ahora invierto una gran parte de la jornada en redes sociales y en el desarrollo de un proyecto futuro de venta online” - Edu, distribuidor

A diferencia de Edu, Amelia sí ha decidido pedir la ayuda, aunque tampoco ha dejado de trabajar. Como profesora de tango, quiere “poder seguir dando la opción a aquellos alumnos que quieran seguir aprendiendo”. Profesora de baile freelance desde hace tres años, Amelia daba clases presenciales en una academia de Barcelona, que ahora está cerrada. También vende zapatos de tango que trae de Italia.

A la espera de que todo vuelva a la normalidad, optó por seguir adelante con sus clases en modo remoto, pero ha bajado el precio ya que considera que no ofrece la misma experiencia que antes. También da algunos cursos gratuitos. “No quiero dejar a nadie fuera, valoro cada situación, porque sé que hay gente que, económicamente, lo está pasando especialmente mal”. Ahora, los martes todos sus alumnos están invitados a Zoom, donde aprenden la técnica de los movimientos de forma individual. Los jueves, las clases son en pareja. “Los que están confinados con alguien lo tienen más fácil y los que no… solo tienen que echarle imaginación con un cojín o con lo que sea”, comenta.

La cuarentena, una oportunidad para bajar el ritmo

Algunos trabajadores freelance, acostumbrados a la inestabilidad inherente a su condición laboral, afrontan la coyuntura con cierta filosofía, a pesar de lo delicada que es la situación. “He pasado de un ritmo frenético a no tener nada. Aprovecho para hacer otras cosas e incluso he decidido tender la mano a mis clientes, pues muchos se habían convertido en amigos”, cuenta Laura. “Tengo confianza en que las cosas saldrán bien y ni me lamento ni critico la actuación de los demás. Nadie sabe lo que va a ocurrir y esta situación nos servirá a todos de una manera distinta”, remata esta community manager.

Foto de WTTJ

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