Cómo seguir trabajando con alguien a quien ya no aguantas

Cómo trabajar con compañeros a quienes no soportas

Te interrumpe constantemente en las reuniones, aparenta que trabaja pero siempre te tienes que encargar tú de terminar sus tareas, te esconde información, etc. Lo has intentado todo para solucionarlo, pero la situación no mejora. Lo tienes claro, odias a ese compañero, pero estás obligado a seguir compartiendo proyectos con él. Toma conciencia de la situación, detecta a qué perfil te enfrentas y sigue estos consejos. Con esfuerzo, buena actitud y mucha comunicación, trabajar con alguien a quien detestas dejará de ser misión imposible.

Con la ayuda de la psicóloga Ona Palau, miembro de la Junta de Gobierno del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña y profesora asociada en la Universitat de Lleida, desgranamos cuáles son los perfiles de trabajadores más odiados en una oficina y ofrecemos las claves para aceptar y a poner en perspectiva aquellas actitudes y defectos de los demás que más nos sacan de quicio. Todo es cuestión de tolerancia y de equilibrio.

Los perfiles más odiados en la oficina

El de las dos caras

No hablamos de Dos Caras, el supervillano de DC Comics adversario de Batman, si no de ese tipo de persona que por delante te sonríe y aparenta ser buen compañero mientras que por detrás no tiene reparos en darte una puñalada. Suelen ser individuos manipuladores, que solo miran por su interés y por fortalecer su posición dentro de la oficina. “Intentan conseguir sus objetivos pisando a quien sea, sin tener en cuenta a los demás”, explica la psicóloga.

¿Cómo lidiar con él?
No sabes nunca por donde saldrá y eso te genera tensión. Enfrentarte a él quizás no sea la solución, aunque sí debes estar alerta y prestar atención a sus movimientos, sin llegar a obsesionarte. “Sobre todo hay que dejar por escrito, y bien detallado, todo lo relativo al trabajo que compartes con esa persona. Si no hay una buena relación es probable que pueda manipularlo y esto, en algún momento, se te vuelva en contra”, aconseja Palau.

El falso trabajador

Te dirá siempre que está “muy liado”, alargará innecesariamente las reuniones para no volver a sus tareas y hará ver que se encarga de ese informe que, al final, tendrás que redactar tú. Aparenta hacer muchas cosas, pero en realidad es más fácil encontrarlo en la sala del café que en su puesto de trabajo. Por sus mentiras y su falta de compromiso también lo detectarás.

¿Cómo lidiar con él?
Si trabajas directamente con él, intenta ser lo más preciso posible en la asignación de tareas y controla regularmente si las está cumpliendo. En caso de que no lo haga, tira adelante el proyecto correctamente, pero intenta dejar indicios de que el trabajo lo estás haciendo solo tú. “Si no ha estado implicado, eso a la larga se notará. En las empresas, estos perfiles se acaban detectando y se suelen reorientar hacia otros puestos en los que puedan estar más controlados”, añade.

El pelota

Extremadamente molesto, aunque no siempre peligroso, el pelota es una especie que sobrevive en cualquier entorno educativo y laboral. “Suele ser una persona implicada, que participa en todo para recibir buenas críticas y para hacerse ver. Pero hay que tener en cuenta que detrás de todo esto probablemente haya mucha inseguridad personal”, comenta la psicóloga. En los casos más agresivos, el pelota es capaz de llevar a cabo todo tipo de artimañas para ser visto con buenos ojos, llegando a desestabilizar al resto del equipo.

¿Cómo lidiar con él?
“Hay que aceptar que esa persona es así y que seguramente no dejará de serlo. Pero ser pelota implica mucho desgaste, hay que aparentar y estar constantemente detrás de los jefes y responsables, por lo que al final eso les acaba dejando en evidencia”, comenta Palau. Analiza cuál es su manera de funcionar, intenta entender sus porqués y déjale hacer sin dar demasiada importancia a sus movimientos.

El adicto al trabajo

Llega antes a la oficina y se va más tarde que los demás, se ofrece para participar en cualquier reunión fuera del horario laboral, se lleva trabajo a casa para el fin de semana, etc. Es el mismo que, durante este período de confinamiento, estaba conectado a las once de la noche delante del ordenador. “Son personas que acaban dejando en evidencia al resto de trabajadores”, dice Palau, y eso puede generar cierto malestar.

¿Cómo lidiar con él?
“Es complicado porque a los jefes les suele ir bien que existan estos perfiles”, aclara la psicóloga. Mientras no interfiera en tu trabajo, lo único que puedes hacer es “tener claro cuáles son tus funciones y tus horarios y cumplir con ellos. Si estás haciendo lo que te toca, puedes estar tranquilo”, explica la psicóloga. Entiende que trabajar tantas horas es una decisión de ese individuo y que no tienes por qué seguirla. “Al final, el que quizás acabe con una baja por estrés es el adicto al trabajo, y no tú”, apostilla.

El de la crítica constante

El que aprovecha la mínima ocasión para criticar a los compañeros, el que constantemente recuerda todo lo que se está haciendo mal, el que nunca reconocerá una buena decisión del jefe, etc. Sabes de quién hablamos. “Son personas que desgastan, que te acaban consumiendo la energía”, añade la psicóloga.

¿Cómo lidiar con él?
La crítica constructiva permite mejorar, la destructiva no. Ante este tipo de perfil que se regodea en la negatividad, intenta cortar las conversaciones y las críticas, no las alargues más de lo necesario. Trata de trasmitirle aquellos aspectos positivos de los proyectos que estáis desarrollando o del día a día de la oficina. Y no olvides protegerte a ti mismo de las críticas, evitarás que tanto pesimismo te acabe afectando.

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Cómo nos afecta trabajar con estos perfiles

No es lo mismo convivir con un compañero que te genera rechazo porque canta todo el día en voz baja o se muerde las uñas, que con uno que te esconde información o que manipula el trabajo que habéis hecho juntos en beneficio propio. Aunque trabajar con alguien al que odias es posible, también puede generar dos evidentes consecuencias negativas en tu día a día:

  • Desmotivación
  • Bajada de la productividad

“Cuando intentas repetidamente mejorar las cosas con ese compañero y no lo consigues, se genera frustración y eso hace que te desmotives y que dejes de tener un perfil activo y productivo. Llegados a este punto, conviene evitar a esas personas tóxicas con las que la comunicación y la relación personal no es la más adecuada”, explica la psicóloga.

Pero ¿nos puede llegar a afectar psicológicamente? Para Palau, llegar a tener patologías asociadas al entorno laboral como un trastorno de ansiedad, una depresión o un burnout no solo depende del hecho de trabajar con alguien a quien odiamos: “Tiene que haber un contexto más complejo. Si tienes un buen entorno social, una familia que te apoya y fuera del horario de trabajo haces actividades que te motivan, todo ello te ayudará a soportar mucho mejor la situación que estés viviendo en la oficina”.

En lo referente al resto del equipo de trabajo, tener un perfil “odiable” entre sus filas puede generar consecuencias que afectan a todo el grupo:

  • Falta de cooperación
  • Reparto de la carga de tareas inadecuado
  • Miedo a proponer nuevas ideas
  • Pérdida de tiempo por tener que resolver los errores de aquella persona
  • Absentismo

Cómo conseguir relativizar la situación

1. Mantener la profesionalidad

Conserva el autocontrol, ignora las provocaciones (si las hay), sigue siendo cordial con tu colega en todas las circunstancias y no dejes que afecte a tu trabajo. Aunque te cueste hablar con esa persona, comunicarle tus críticas y los aspectos a mejorar es necesario. Hazlo de forma asertiva y constructiva, sin malas palabras ni exaltaciones, pues “siempre son mucho mejor recibidas”, dice Palau. Y añade: “No todo el mundo entiende la crítica de la misma manera y eso también hay que saber identificarlo y gestionarlo. Hay que intentar empatizar con esa persona para encontrar el equilibrio”.

2. Aceptar

No podemos llevarnos bien con todo el mundo ni compartir las mismas opiniones que todos nuestros compañeros. Si aceptas esta premisa básica, ya habrás recorrido buena parte del camino. Analiza cuál es la personalidad de ese compañero molesto y su manera de trabajar y haz también autocrítica de la tuya. “Es posible que esto te ayude a encontrar estrategias para interactuar con la otra persona. A veces solo nos centramos en la queja hacia el otro, sin ver que quizás nosotros también estamos teniendo conductas que dificultan esa relación”, recuerda.

3. Centrarse en los aspectos positivos

Aunque ciertas situaciones te irriten, encuéntrales el lado positivo. Te ayudará a manejarlas. Para la psicóloga, también es esencial “reforzar a la persona que odias cuando hace las cosas bien, aunque te cueste”. Con ese reconocimiento, el otro detectará que, aunque vuestra relación no sea buena, hay un parte de ti que quiere un cambio y que podéis estar más cómodos.

4. Desdramatizar

“A veces nos ofuscamos con aquello que nos molesta, no conseguimos verlo desde fuera y nos retroalimentamos en la negatividad constantemente”, dice Palau. Saber diferenciar entre molestia y odio te ayudará a relativizar la situación y a ponerla en perspectiva. También puedes recurrir al humor, aunque este se pueda convertir en un arma de doble filo: “Es bueno, pero no todo el mundo lo sabe utilizar y según cómo se haga puede verse como algo negativo, como si se estuviera haciendo burla del otro”.

5. Pedir ayuda

Si la comunicación con ese compañero no ha llegado a buen puerto y no has conseguido resolver el conflicto, quizás puedas hacerlo a través de otra persona. “Si es un igual a ti, tendrás que hablar con tu superior, siempre que afecte a las tareas laborales. Si es personal, deberás hacer tú el trabajo. Y si a quien odias es a tu superior, deberás poder justificar muy bien tus argumentos”, puntualiza Palau.
Si ese odio ha podido contigo y has llegado a un punto de desgaste importante, quizás debas buscar la ayuda en un psicólogo o en otro profesional externo a la oficina. Quizás así encuentres las pautas para llegar a ese punto de equilibrio y de tolerancia necesarios. Tampoco descartes buscar el cambio, ya sea de despacho o solicitando la movilidad dentro de la empresa. Recuerda que, a la larga, es tu salud mental la que está en juego.

Foto de WTTJ

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