Los 7 perfiles de colegas que te encontrarás este verano en la oficina

7 perfiles de colegas que encontrarás este verano en la oficina

El regreso a las oficinas con el fin del estado de alarma va a suponer la vuelta del bullicio laboral preveraniego, ya de por sí difícil de sobrellevar, con el calor y tus compañeros recordándote constantemente cuántos días les faltan para sus vacaciones. Estos son los 7 tipos de colegas a los que deberás hacer frente, ahora que lo de quedarte en casa a trabajar en pijama ya no es posible.

1. El que toma los mandos del aire acondicionado

Pensabas que era de origen siberiano o petersburgués hasta que le escuchaste hablar con acento maño. Es el que dice “yo estoy bien a 0 grados, ni frío ni calor” y el que el uno de febrero ya guarda el abrigo para empezar a llegar a la oficina vistiendo polo. Aprovecha las pausas del café y las visitas al baño para girar a la izquierda el dial de la temperatura. “A ver si voy a ser yo el único que tiene calor”, dice mientras notas que a tu refresco le han aparecido cubitos de hielo y que tú no recuerdas habérselos puesto.

No entiende de razones, ni siquiera cuando vais ya por el tercer compañero que se ha tenido que quedar en casa con un trancazo del quince. “Es que si no pongo un poquito el aire empiezo a sudar”, insiste. El único antídoto posible es situar a un aliado de la LTC (Liga de las Temperaturas Confortables) en un puesto estratégico, cerca de los mandos del aire acondicionado, y asegurarse de que compensa las bajadas constantes de este caballero, que suda como Pavarotti entonando el Nessun Dorma. All’alba vincerò.

2. El friolero

Está en las antípodas del sujeto anterior. Da igual donde haya nacido porque siempre tendrá alma de canario y cualquier temperatura por debajo de los 26ºC le hace tiritar. Lleva todo el año esperando su momento: dice que prefiere vivir a cuarenta grados que a quince, que es de catarro fácil. Si le preguntas, te dirá que no pasa nada por apagar el aire si se dejan las ventanas abiertas para que corra el aire. Un 12 de julio, en Madrid, con quince personas bajo el mismo techo a las tres de la tarde.

“Pero si con el aire frío enseguida se cogen catarros y se irrita la garganta, nada es más saludable que apagarlo”, dice mientras los demás ya han empezado a derretirse. Quizás este tipo de colega perdiese el olfato en algún momento de su vida, cosa que no podemos confirmar. ¿La solución? Emplazarle a que se lleve su escritorio al punto ciego de la oficina en el que nunca llega ninguna corriente de aire acondicionado. Y, si no, siempre os quedará la opción de hacer una colecta entre los compañeros para regalarle una rebequita.

3. El que nunca tiene postre, pero quiere compartir tu helado

Un lobo con piel de cordero. Puede resultar tierno, casi divertido, pero que nadie se equivoque: este tipo de persona no respeta las normas, y menos las no escritas. Es el mismo compañero que se ha pasado el resto del año picoteando de todas las mesas de la oficina galletas, chocolate, frutos secos, ¡lo que fuese! Dejar comida sin supervisión era todo un riesgo. Este compañero dirá en el sitio de comidas para llevar al que vais todos los días que no quiere postre, pero ¡ay cuando saques tu helado del congelador en la oficina! se aprovecha de tus desembolsos gastronómicos para pedirte una cucharada, solo una, de tu helado, que simboliza la recompensa a una larga jornada de trabajo. Un día, quizás aceptes. Dos, ya no. Si lo convierte en costumbre, se habrá convertido en tu nuevo enemigo.

Si ya de por sí hablamos de un gorrón, hay que sumar diez puntos de espanto si trata de que compartas con él comida infraccionable salvo a mordiscos. Al menos, la pandemia ha traído un argumento inmediato y eficaz contra estas prácticas (aunque este compañero es capaz de seguir sorprendiéndose ante tu negativa). Seguramente, el de la sopa de murciélago en Wuhan también pensaba que aquello no era para tanto…

4. El que se pasa al short y las sandalias

Cada año sin falta, es llegar el mes de junio y este compañero abandona cualquier tipo de formalidad para no vestir con nada que no sean pantalones por encima de las rodillas y sandalias color caqui, porque “es verano y hay que estar fresquito”. Y no le quitas la razón. Sencillamente, no deja de resultar sorprendente cuando piensas que durante el resto del año no le has visto con nada que no fuesen camisas y colores oscuros.

El desafío con este colega está en recordarte a ti mismo el respeto profesional que le tienes, mientras ves esos pelillos en la pechera y las pantorrillas al aire y tienes en general la impresión de que está más cerca de saltar a la cancha a jugar al tenis que de consolidar la contabilidad trimestral.

Aunque este sujeto pueda levantar suspicacias entre el resto de compañeros en la primera semana con un look informal, hay que estarle agradecido en cierta medida: su coraje levanta la veda para que el resto también podamos ir fresquitos. Eso sí, recuerda los códigos de honor: nada de camisas abiertas enseñando el pecho, nada de chanclas y, por favor, nada de ropa que te sirve luego para ir al gimnasio. La camisa de manga corta es opcional, aunque corres el peligro de echarte un aire a Homer Simpson.

5. El que se descalza en el open space

Pero si las sandalias en uno resultaban sorprendentes, en este otro compañero se convierten en algo deseable. Por alguna razón que no llegáis a entender, no importa que calzado lleve, porque sus pies nunca estarán lo suficientemente frescos. Es entrar en el open space, y descalzarse para pasearse a pie desnudo sobre el parquet, como si de su casa o de una comuna hippie se tratase. Lamentablemente, el calor que ha pasado de camino a la oficina (y que sigue pasando con el friolero apagando el aire acondicionado en cuanto tiene la oportunidad) se queda flotando en el aire en cuanto aparca las deportivas junto a su escritorio.

Este tipo de persona suele tener experiencia en pequeños pecados “oficinísticos”, así que difícilmente va a entrar en razón. Es improbable que en el próximo amigo invisible del trabajo se acabe llevando un Devor-Olor, pero por las miradas que os echáis cuando pasa por delante de vuestra mesa a pie desnudo para ir a por un café, ganas no os faltarán.

6. El que quiere recuperar el tiempo perdido

Tres meses en estado de alarma y buena parte de ellos encerrado en casa por culpa del confinamiento, la falta de socialización ha dejado su cuenta de Instagram hecha un solar. De poco le han servido las videollamadas grupales (esas con gotelé de fondo y la piel más pálida que un helado de horchata). Para este apasionado de la vida social, el aislamiento ha sido la madre de todas las plagas.

Ahora, con el contacto humano diario recuperado, quiere retomar todos los planes que no pudo organizar desde antes de que empezase la primavera. Propone team buildings en casas rurales, exige afterworks casi diarios y acepta planes que vayan desde ir a la bolera hasta raves. Ya ni siquiera le molesta que se hable de política cuando sale a comer fuera con sus compañeros: ya no entiende de colores, solo de consumiciones. “Joaquín, por favor, que los demás también tenemos vidas, y familias, y amigos fuera del trabajo”.

7. El de la operación bikini exprés

Tres meses metido en casa le han pasado factura, y solo ha sido al volver a la oficina cuando se ha dado cuenta de que los pantalones sin elástico ya no le entran. Y es ahora cuando lo habéis entendido todo: no era que no le gustase prepararse tupper para comer, es que lo de cocinar no es lo suyo. Y a falta de menú del día en el bar de abajo, lo de este compañero ha sido un auténtico festín de comidas a domicilio en el último trimestre.

Ahora, con la culpabilidad reflejada en el espejo cada mañana, ha cambiado el Just Eat por las ensaladas y los Doritos por almendras. Dice que necesita ponerse en forma antes de que lleguen sus vacaciones. Hasta ahí bien. El problema es que, para sobrellevarlo mejor, se dedica a ir pregonando las bondades de la comida natural y no envasada. “Ya no como productos, como ingredientes”, te suelta, y tú acabas dudando si deberías cambiar el flan que te has traído de casa por la piña. Y eso no hay poleo menta que lo digiera.

Foto de WTTJ

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Javier Lacort

Redactor freelance especializado en tecnología y startups

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