Cuando no ir a trabajar no es una opción. Testimonios

Cuando no ir a trabajar no es una opción. Testimonios

La crisis del coronavirus ha tenido paralizada toda actividad no esencial en España, para frenar los contagios. Además del personal sanitario, hay otras profesiones que nunca pensaron que estarían en primera línea, como los transportistas o los empleados de banca. Ellos, que no forma parte de esos 834 mil empleos de menos que registró España en el mes de marzo, siguen trabajando como antes. O casi.

Los trabajos “invisibles”

Para Fahri, de 26 años, ayudante de panadero en una panificadora, el confinamiento total no habría sido una experiencia fácil. Comparte un pequeño piso al norte de Madrid, no muy lejos de la nave en la que trabaja. No tiene ahorros, así que vive al día. Por lo que se siente muy afortunado de poder conservar su trabajo. Según explica, la crisis del coronavirus no ha cambiado su trabajo y sus tareas son las mismas de siempre: preparar las masas y controlar que siempre hay stock de harinas y demás ingredientes. ¿Hora a la que suena su despertador? Las 3:30 de la madrugada. Su compañero de piso, Moad, también de Marruecos, trabajaba en el sector de la hostelería, pero después de 15 días sin poder trabajar no sabe cómo pagará el alquiler de mayo. Fahri asegura que intentará arrimar el hombro para que ambos puedan salir adelante. “Siempre ha sido él a quien le ha ido bien y me ha ayudado en los malos momentos. Sorprendentemente, ahora me toca a mí”.

A unos 400 kilómetros de Madrid, en Ponferrada (León), las mañanas de primavera siguen siendo frías. José Carlos López Jato, que a las 7 ya está en marcha al volante de su vehículo, lo sabe muy bien. Aunque la movilidad está limitada, el transporte ha demostrado ser fundamental para garantizar el abastecimiento de bienes de todo tipo. En el caso de Jato, como le conocen en el gremio, se trata de material eléctrico y de fontanería. Pero además de transportista en activo durante la crisis del coronavirus, Jato también es vicepresidente de Fetransa, la Federación Española de Transporte Discrecional de Mercancías, por lo que dedica parte de sus jornadas, que a veces pueden ser de hasta 15 horas, a atender llamadas de compañeros con sus dudas y preguntas sobre las ayudas al sector y consignas en materia de seguridad. “Por la naturaleza de nuestro trabajo, los transportistas interactuamos poco con otros compañeros, pero sí estamos tomando precauciones como, por ejemplo, mantener la distancia en el centro de carga y descarga”, explica.

“Al principio había un mayor descontrol e íbamos más nerviosos porque no teníamos tanta información” - Juan, trabajador en servicios de limpieza

Tampoco ha dejado de desplazarse estos días Juan Aranda por la provincia de Cádiz, como empleado de una empresa que proporciona servicios de limpieza y logística al sector público y privado. “Para la crisis del coronavirus se han organizado cuatro equipos de dos personas que se encargan de desinfectar centros de salud, unos 40-50 minutos para desinfectar cada uno de ellos. Yo acudo como refuerzo del especialista”, cuenta Juan. “Al principio había un mayor descontrol e íbamos más nerviosos porque no teníamos tanta información y teníamos que ir rastreando por dónde había pasado la persona que tenía síntomas o que luego daba positivo”, explica. Y añade: “Ahora hay un protocolo establecido y vamos muy protegidos: gafas, doble guante y mascarilla”, añade Juan. “En estos momentos delicados, por fin se está valorando el trabajo que hacemos mis compañeros y yo, ya que en general nuestra labor es siempre invisible. Cuando vamos a los centros de salud, noto que nos respetan y nos valoran más”, concluye.

Trabajo a destajo en los servicios sanitarios

Poco después que Jato y Juan, Rosa Gómez también se prepara para empezar su jornada. Su labor sí está siendo aplaudida estos días. Literalmente, pues trabaja como doctora adjunta en Neumología. “Yo no me siento especial”, dice, pero lo cierto es que está en primerísima línea, junto al resto de sanitarios, y a juzgar por las cifras, el riesgo al que se enfrentan es alto: el 12% de los casos confirmados de Covid-19 son trabajadores sanitarios. Rosa se lamenta de que el equipo de protección dificulte la relación con los pacientes: “Normalmente, estoy al cargo de entre 50 y 100 cama y el tiempo que puedo dedicar a cada paciente es menor. Se nota que la gente está nerviosa y hay cierta tensión”. Y remata: “Mi mayor preocupación estos días es que nos quedemos sin recursos y no podamos atender a quien lo necesita”.

Para tratar de evitarlo, algunos hospitales han ampliado el personal en plantilla, tanto de enfermería como de auxiliares y han maximizado el número camas de UCI. Precisamente en el Servicio de Reanimación y UCI en un hospital de Madrid trabaja Javier del Pozo, enfermero, que regresa a casa tras una de sus guardias de 10 horas. Antes trabajaba con pacientes postquirúrgicos, pero debido a la situación provocada por el Covid-19, se han cancelado todas las cirugías no urgentes y ahora trabaja con enfermos de coronavirus. “El trabajo es similar en cuanto a los cuidados del paciente, aunque en la actual situación son sobre todo cuidados de patología respiratoria, con la dificultad añadida de tener asistir al paciente vestido con el Equipo de Protección Individual (EPI), con lo cual disminuyen la movilidad, la visión y la audición”, cuenta Javier.

“El ambiente de trabajo es bueno, pasamos muchas horas en el hospital y los compañeros estamos muy unidos” - Javier, enfermero

“Disponemos de una zona limpia y una zona sucia, delimitadas por una franja de color rojo”, explica. La zona sucia es en la que se encuentran los pacientes, a la que solo se puede acceder con el EPI y en la que los sanitarios deben permanecer el menor tiempo posible, lo que resulta complicado “pues esos pacientes precisan de múltiples cuidados y muchos han sido intubados y sedados”. Y también añade: “El ambiente de trabajo es bueno, pasamos muchas horas en el hospital y los compañeros estamos muy unidos, a pesar del impacto emocional que supone esta situación”. Sin embargo, también les une la preocupación por por la salud de sus familiares: “Cada día, afronto el turno con ilusión y energía, pero la salida del turno no es lo mismo. Muchos días vuelvo en metro hacia mi casa llorando. Tenemos demasiada tensión acumulada y es necesario soltarla”.

Un día a día con nuevas limitaciones y mucha pedagogía

Carmen Reig es farmacéutica y regenta junto a su marido una farmacia en Benidorm (Alicante). “Mi jornada arranca a las 7 de la mañana. Hemos puesto una mampara en el mostrador y un aparato para desinfectar el aire, y hay algunos compañeros que trabajan con el mostrador de guardia todo el día, para estar más protegidos. La verdad es que trabajamos asustados”, asegura. Aunque quizás lo más llamativo es que, según comenta Carmen, tienen ahora mucha más clientela que antes: “Los clientes vienen a comprar mascarillas, geles, guantes… todo el mundo está obsesionado, aunque nosotros recomendamos sobre todo mucha higiene y el uso de mascarilla todo el tiempo”. Pero al terminar la jornada, no pueden volver directamente a casa: “Bien protegidos, vamos a llevar medicamentos a las personas mayores a sus casas, y también a los que son positivos y no pueden salir”, explica, unas visitas a domicilio que hasta ahora no estaban autorizadas por el colegio de farmacéuticos, aunque esto ha cambiado con la llegada de la crisis. “La verdad es que me alegro de poder ser útil en esta crisis. La gente nos lo está agradeciendo mucho, especialmente aquellos a los que visitamos a domicilio”.

“Me alegro de poder ser útil en esta crisis. La gente nos lo está agradeciendo mucho, especialmente aquellos a los que visitamos a domicilio” - Carmen, farmacéutica

Otros establecimientos que también permanecen abiertos, y que ha sorprendido a muchos, son las entidades bancarias, aunque algunas han cerrado hasta la mitad de sus oficinas. Las que siguen abiertas, lo hacen en su horario habitual, pero solo para atender urgencias. “Con los cajeros automáticos y las aplicaciones informáticas se solventan el 90% de los asuntos habituales y para el resto, podemos ponernos en contacto con la oficina por teléfono o e-mail”, explica Israel de la Fuente, que trabaja en una oficina bancaria a las afueras de Madrid.

Su labor es fundamental en estos tiempos de incertidumbre económica: responde las llamadas para resolver dudas y tramitar nuevas operaciones de moratorias de pagos y los préstamos ICO por línea de avales activados por el Gobierno. “Estos préstamos son algo novedoso y conllevan un tiempo de trámite para poderlos aplicar correctamente, pero los clientes no están en situación de poder esperar y todo es urgente”, lamenta Israel. “Nos preocupa que no llegue a la población la realidad de las ayudas, ya que el Gobierno avala el 60-80% de los préstamos, pero la financiación la da la entidad bancaria. Así que estas ayudas no son para todos, hay que cumplir unos requisitos de vulnerabilidad. Por eso se va a exigir mucha documentación y no se podrán aprobar todas las propuestas”, concluye.

Foto de WTTJ

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Bea González

Periodista

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