¿Qué pasa con las salidas profesionales en carreras “de letras”?

22 oct 2020

7 min

¿Qué pasa con las salidas profesionales en carreras “de letras”?
autor
Ivo Cabral

Periodista freelance

Todo estudiante de Bellas Artes, Historia del Arte o muchas otras carreras de letras se ha enfrentado a esta pregunta. ¿Tiene salidas? ¿Estás seguro de que quieres meterte en eso? Hace años, un estudiante de Periodismo sería redactor en un periódico; un graduado de Historia, investigador; un egresado de Relaciones Públicas, publicista. Hoy en día, los datos muestran que esas líneas cada vez son más borrosas: lo que pasará después de la carrera es, cada vez más, una gran incógnita. En un panorama tal, ¿tiene sentido seguir hablando de salidas para las carreras universitarias?

Un trabajo “de lo tuyo”

Cuando Mª Carmen entró por primera vez en el aula del Grado de Turismo de la Universidad de Sevilla en 2006, su sueño era trabajar en la dirección de un hotel. Sin embargo, tras hacer prácticas como animadora en diferentes hoteles y como guía turístico varios veranos, vio cómo conseguir un puesto en el sector, en su “salida natural”, era dificilísimo.

Y no es la única. Turismo es la carrera en la que menos personas trabajan “de lo suyo”, según los últimos datos del Ministerio de Ciencia, Innovación e Universidades, recogidos por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE). En concreto, solo el 14% de los graduados de Turismo del año 2013-14 tenía un puesto de trabajo acorde con su formación cuatro años después de terminar la carrera.

El desajuste entre los estudios y el trabajo no es exclusivo de Turismo. En total, solo el 58,8% de los titulados en el curso 2013-14 tenía en 2018 un empleo que se ajustara a su formación. Además de Turismo, los que peor lo tienen para encontrar empleo en su campo son los de Gestión y Administración pública, Criminología, Comunicación e Historia del arte.

Si cerca de la mitad de los estudiantes acaban trabajando en otra cosa, puede parecer inútil seguir hablando de “salidas”. Sin embargo, para ciertas carreras, el concepto parece seguir totalmente vivo. Es el caso de titulaciones en Ciencias de la Salud como Medicina, Óptica y Optometría, Farmacia o Enfermería, así como ingenierías como Aeronáutica, Tecnologías Industriales o de la Energía, en las que más de dos tercios de los graduados consiguen un trabajo “de lo suyo” en menos de cuatro años.

¿Más Ciencias, menos Humanidades?

Las cifras de inserción laboral hablan por sí solas: de los 20 campos de estudio con peores resultados, 19 son titulaciones “de letras” (solo Ciencias del mar se ha colado como carrera científica con malas perspectivas de empleo). En cambio, de los 20 con mejores tasas de inserción, Educación primaria es la única que no es “de ciencias” (con la posición número 20).

Y aun así, la falta de perspectivas claras no hace que las Humanidades y las Ciencias Sociales pierdan su popularidad. A día de hoy, casi el 57% de los 1,3 millones de estudiantes matriculados en grados universitarios siguen cursando estudios “de letras”.

Muchos gobiernos que no están dispuestos a permitir que sus jóvenes titulados en carreras de Humanidades sigan engrosando las listas del paro y tratan de dirigirlos hacia carreras con más salidas. Algunos se plantean ofrecer incentivos para que los estudiantes se decanten por estudios STEM (acrónimo en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), como es el caso de Japón, donde han cerrado decenas de facultades de Humanidades. Otros, como el de Australia, han decidido que estudiar carreras “relevantes para el empleo” sea gratuito, mientras que doblan el precio de de las Humanidades. En España, el Gobierno ha anunciado este verano un plan de impulso de 1.500 millones de euros para la FP con el objetivo de mejorar la inserción laboral de los jóvenes. La cantidad de alumnos que optan por esa opción es de hecho cada vez mayor.

Pero ¿tiene sentido esta “caza de brujas” a las Humanidades en favor de las Ciencias? Ante las acusaciones de falta de utilidad práctica que reciben las disciplinas “de letras”, hay académicos que ponen el grito en el cielo. “La universidad no puede reducirse al concepto de utilidad porque no puede ser utilitarista”, defiende Francisco Esteban Bara, vicerrector de Comunicación de la Universidad de Barcelona y autor de La universidad light: un análisis de nuestra formación universitaria. El argumento de quienes defienden las Humanidades es claro: la universidad no debería servir solo para crear profesionales productivos, sino que debería ser un lugar para el desarrollo intelectual de los estudiantes.

Lynn Pasquerella, presidenta de la Asociación de Universidades y Centros de Educación Superior de Estados Unidos, refuerza el mismo argumento: en una sociedad cada vez más automatizada, es muy relevante que existan las aptitudes humanísticas como la comunicación oral, el pensamiento crítico, el razonamiento ético o el trabajo en equipo.

No todo está perdido: las opciones en carreras con difícil salida

Si tienes vocación por la Historia del Arte o el Turismo, pero te asusta no lograr trabajar en ese ámbito en el futuro, ¿deberías olvidarte de tus pretensiones y hacer una ingeniería? Nada de eso. Ante la falta de conexión clara entre carreras y empleos, hay varias alternativas que podemos tomar:

Combinar tus intereses con la proyección laboral

No todos los graduados “de letras” sufren para encontrar un trabajo “de lo suyo”. Aunque pueda sorprender, según los datos del ministerio de Educación, quienes estudian Música, Lenguas Clásicas o grados en lenguas españolas tienen índices de inserción laboral similares a algunas de las ingenierías más populares, como la de química industrial o civil.

E incluso en el caso de las carreras de Ciencias Sociales más clásicas, como Ciencias Políticas o Relaciones Internacionales, existen programas que tratan de responder a las demandas de un mercado laboral cada vez más internacionalizado. Por ejemplo, un Grado en Estudios Globales prepara a sus estudiantes para una carrera internacional en ámbitos tan diversos como el comercio internacional, el asesoramiento de partidos políticos y ONG o la organización de grandes eventos.

Si jamás te habías planteado realizar estudios como estos, no eres el único. Antonio Luna, coordinador del grado, reconoce que se trata de una formación única en su universidad, por lo que no es de extrañar que muchos estudiantes no conozcan esta opción. Así que si no has comenzado tus estudios o te planteas comenzar una nueva carrera, es muy recomendable que investigues todas las posibilidades y valores los índices de colocación de los diferentes estudios antes de lanzarte a la piscina.

Incluso si ya has terminado una carrera, ampliar o completar tus estudios también puede serte de gran utilidad. Es lo que hizo Mª Carmen, que tras terminar Turismo se dio cuenta de que muchos de los puestos en el sector de los hoteles van a parar a graduados de otras carreras. Así que decidió continuar su formación y estudiar Derecho y ADE. Ahora es técnico de proyectos europeos y gracias a ese abanico tan amplio de conocimientos considera que es mucho más resistente ante las crisis que puedan llegar.

Presentarte más allá de tu titulación

Pero no se tratará solo de elegir la formación adecuada, sino de que tus potenciales empleadores entiendan tu valor como profesional. Y esta es precisamente la queja de varios jóvenes profesionales entrevistados: denuncian que los empleadores no se fijan más allá del nombre de la carrera que han estudiado, sobre todo si se trata de titulaciones poco conocidas.

Lo explica Daniel, que tras haber conseguido un doctorado en Historia, se encuentra en el paro después de terminar un contrato como investigador en la universidad. Afirma que le cuesta encontrar trabajo en organizaciones culturales ya que, a pesar de que sus estudios le han preparado para explicar con rigor las historias que se esconden detrás de los monumentos, los edificios y las calles de pueblos y ciudades, el nombre de su titulación no invita a pensar en que esté formado para trabajar, por ejemplo, como guía turístico o divulgador. También a María L., graduada en Biblioteconomía y Documentación y que ahora dirige un departamento de veinte documentalistas en una consultora, le costó encontrar trabajo. “Estoy segura de que me descartaron en muchas ofertas en las que se pedía Ingeniería, a pesar de que estudié y trabajé en lo que necesitaban y cumplía todos los demás requisitos”, comenta.

¿La clave? Lograr que las empresas vean más que el nombre de tu titulación. Recuerda que muchas de las capacidades que resultan deseables para las empresas corresponden con frecuencia a carreras “de letras”, como son la capacidad para entender y expresarse en inglés, la resolución de problemas o la autocrítica. De hecho, según un informe de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, muchos empleadores aseguran tener problemas para encontrar a candidatos que posean estas aptitudes.

Así que no dudes en destacar en tu currículum las habilidades que desarrollaste durante tus estudios. Por ejemplo, María M., que se graduó en Sociología y Antropología y hoy dirige un equipo de siete personas en una administración autonómica, destaca: “Mis estudios me han dado la capacidad de analizar la realidad desde una perspectiva amplia, de desarrollar mi capacidad argumentativa, mi razonamiento crítico, mis habilidades de aprendizaje autónomo, de organización y planificación, y de trabajar en equipos multidisciplinares”.

Conocer los caminos que puedes tomar

Otro de los problemas es la falta de orientación. Tanto el informe de BBVA y el IVIE como el de la CRUE recomiendan que la Administración realice mayores esfuerzos para que los estudiantes conozcan las oportunidades laborales de cada carrera. Sin ir más lejos, varios de los graduados en carreras con difícil colocación que hemos entrevistado admiten que antes de entrar en la carrera no imaginaban que acabarían desempeñando sus trabajos actuales.

Cuando María L. estudiaba Biblioteconomía y Documentación, se planteaba tres posibles salidas: bibliotecaria, archivista o documentalista. Hoy trabaja como consultora, algo que no entraba en sus planes, y achaca esa falta de conocimiento a que los profesores a menudo están desconectados del mercado laboral. “Debería haber más profesionales trabajando de docentes, en lugar de profesores que no saben explicar de qué pueden trabajar los alumnos porque ellos no han trabajado nunca en el sector privado”, critica.

Otros, como Daniel, creen que existe un desfase entre la formación que los estudiantes reciben en la universidad y las habilidades útiles en el mercado laboral. “Me habría gustado tener más formación en idiomas, en Historia pública, en gestión cultural… y una explicación clara de las opciones laborales”, lamenta.

Y ni siquiera las carreras con amplias posibilidades de aplicación se libran de la escasa definición en los primeros pasos en tu vida laboral tras salir de la universidad. María M., que además de Sociología estudió Ciencias Políticas y un máster en Comunicación Política, lo resume a la perfección: “En muchos casos tendrás que ir creándote tú mismo el camino y superar el vértigo que eso provoca”. Así que mantén los ojos abiertos y busca información sobre las diferentes posibilidades que tus estudios pueden abrirte.

Hay carreras que siguen teniendo “salidas naturales”, sobre todo en ciencias y en salud. Pero si la tuya no está entre ellas, piensa en todas las posibilidades que te ofrecen tus estudios y qué estás buscando exactamente con ellos. En cualquier caso, si no sabes en qué quieres trabajar aún, no hay que desesperar. Muchas profesiones del futuro aún no existen , y gran parte de las habilidades que se aprenden en la carrera te servirán para adaptarte mejor. ¡Ya tienes respuesta para quien te pregunte si tu carrera no tiene salidas!

Foto de WTTJ

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