¿Naciste antes o después que tus hermanos? Así afecta a tu carrera

Nacer antes o después que tus hermanos afecta a tu carrera

¿Sabes qué tienen en común Elon Musk, Richard Branson y Jeff Bezos? Más allá de ser multimillonarios, estos CEO legendarios también son los hijos mayores de sus respectivas familias. Por el contrario, Jim Carrey, Céline Dion y Robin Williams no solo se han dedicado todos a profesiones artísticas, sino que también son todos hijos menores. ¿Coincidencia? ¡Parece que no!

En los años treinta, el psicoanalista austríaco Alfred Adler se dedicó a demostrar la influencia del orden de nacimiento en el desarrollo de la personalidad. A lo largo del siglo XX, otros psicoanalistas continuaron con este trabajo y contribuyeron a definir el “perfil típico” del hermano mayor, el mediano, el menor e incluso el hijo único. En tu caso, ¿alguna vez te has preguntado si el lugar que ocupas entre tus hermanos influye en tu desempeño en el trabajo o incluso en tu orientación profesional?

Cada uno con una personalidad muy definida

El hijo mayor: un líder natural

El hijo mayor es un líder nato y de carácter autoritario. Suelen ser personas serias y concienzudas, que se esfuerzan por recibir la aprobación de sus superiores. En su búsqueda de la perfección, es probable que experimenten ansiedad cuando se acerque el plazo de un proyecto y les cueste aceptar el fracaso. ¿Te recuerda a alguien?

Desde el psicoanalista Adler hasta el psicólogo y profesor Frank Sulloway, las teorías sobre el hijo mayor esbozan la misma imagen: la del primogénito que, desde que nacen los demás, adopta el papel de “tercer padre”. Al cuidar de sus hermanos menores para que no se ahoguen con la tapa de un bolígrafo o crucen la calle sin mirar, se acostumbra a asumir responsabilidades desde muy joven y, de este modo, desarrolla con más facilidad su autoridad. De hecho, según un estudio reciente de YouGov, una firma internacional de investigación de mercados y análisis de datos, el 54% de los hermanos mayores consideran que son más responsables que los menores.

Asimismo, los hermanos mayores suelen tener un coeficiente intelectual ligeramente más alto que el de los menores. ¿Se trata de una diferencia biológica? No. Antes del nacimiento de sus hermanos, los primogénitos disfrutan de toda la atención de sus padres, que los estimulan más intelectualmente, lo que favorece el desarrollo de sus capacidades cognitivas. Cecilia, la mayor de una familia de tres hermanos, lo afirma. “Mis padres siempre se esforzaron por interesarnos por muchas cosas, tanto a mis hermanas como a mí, pero al ser la mayor, prestaban mucha más atención a mi desempeño escolar. Por ejemplo, se tomaron el tiempo de enseñarme a leer cuando estaba en la escuela infantil, mientras que mis hermanas aprendieron un poco más tarde, en la primaria”. Los primeros años que los hijos mayores disfrutan solos con sus padres también les acercan más a los valores familiares, lo que les convierte en personas más tradicionales y conservadoras.

Sin embargo, según Sulloway, debido a que los padres suelen proteger más a su primer hijo, es probable que este experimente más ansiedad ante los obstáculos y sea más sensible al fracaso. Igualmente, el deseo de recibir el reconocimiento y la aprobación de sus superiores le llevará a tener una actitud seria, organizada y quizás incluso perfeccionista .

Por otra parte, en el mundo laboral, parece que los hermanos mayores son más compatibles con los puestos de liderazgo, pues prefieren imponer su autoridad antes que estar bajo la de alguien más. Cecilia, por ejemplo, decidió crear su propia empresa hace algunos años para ser “su propia jefa”. Por supuesto, esto no quiere decir que los hermanos medianos o menores no puedan convertirse en mánager, pero no ejercerían este puesto igual que un primogénito. Según Ben Dattner, profesor de psicología de la Universidad de Nueva York, el hermano mayor tiende a intentar mejorar aquello que ya está establecido, mientras que los menores prefieren destruir todo y luego empezar de cero para tener la oportunidad de innovar. Por último, según el psicólogo Kevin Leman, los hermanos mayores se sienten más a gusto en las empresas con organigramas y procedimientos bien definidos, pues se trata de entornos menos propicios a cambios o innovaciones significativas, lo que les evita tener que readaptarse con demasiada frecuencia.

El mediano: un mediador insuperable

El hijo mediano es muy sociable, se adapta rápidamente a su entorno de trabajo y sabe integrarse. Es diplomático, destaca entablando y manteniendo relaciones profesionales, y es un excelente negociador.

Adler explica que el hijo mediano puede tener dificultades para captar la atención de sus padres, que tienden a concentrarse en los hijos mayor y menor. Ana nos cuenta sobre su experiencia. “Durante varios años, mi hermana mayor hacía más tonterías que yo y la menor todavía estaba construyendo su propia identidad. Por mi parte, no quería ser una preocupación adicional para mis padres, por lo que me esforzaba por ser buena y discreta. Eso me ha ayudado a ser más independiente, tanto en lo relativo a mis proyectos personales y profesionales, como para adaptarme a otros entornos fuera del círculo familiar”. Así pues, el hermano del medio suele ser más sociable que el mayor y, por lo tanto, más empático, altruista, abierto e innovador que sus hermanos. Debido a su actitud más abierta a la novedad, el psicólogo Frank Sulloway explica que podría sentirse particularmente atraído por las experiencias en el extranjero. Esto concuerda con el caso de Ana, que es francesa pero ha vivido varias veces en España. Se trata de una actitud que contrasta con la del hermano mayor, más conservador y apegado a la familia.

Por otra parte, el hijo mediano suele ser el mediador entre los diferentes miembros de la familia, por ejemplo, cuando hay peleas. Es una característica que se extrapola a su vida profesional. Una vez más, esto coincide con el perfil de Ana, que suele resolver los enfrentamientos de la oficina. “Cuando hay tensión, un problema o debate, a menudo soy la persona que toma una decisión y actúa como ‘árbitro’. Me han dicho varias veces que soy una buena mediadora, pero no sabría decir si está realmente relacionado con mi posición de hermana del medio”.

Por último, y con el objetivo de desmarcarse, el hijo del medio podría decidir brillar en un ámbito en el que sus hermanos no destaquen. Esta sería su propia burbuja. “Cuando elegí estudiar hostelería y restauración, y empecé a cogerle el gusto a la profesión, me di cuenta de que no conocía nada al respecto porque era la primera de mi familia en aventurarme en este sector. Tenía la impresión de que era una elección profesional original”, recuerda Ana. “Siempre había sido una niña obediente y tranquila, pero escogí una profesión muy viva y animada… ¡Es como mi propio acto de rebeldía! Sobre todo, pude encontrar mi lugar en la jerarquía de un hotel, lo que es muy importante para mí. Me gusta tener un mentor, pero también transmitir mis conocimientos y ser la mentora de alguien más. Así pues, incluso en el trabajo, me gusta estar en ‘el medio’”.

El hijo menor: el artista

El hijo más pequeño es creativo, tiene carisma y lo sabe. De hecho, a veces se aprovecha de ello para cambiar las cosas a su favor. Es servicial y no dudará en ayudar a sus compañeros y estar disponible para las personas que le rodean, tanto en su vida profesional como personal.

Según Adler, el “favorito” de los padres suele estar bajo menos presión que sus hermanos mayores y recibe mucha atención y cuidados por parte del resto de la familia. Menos propenso a desmoronarse debido a las expectativas de sus padres, el hijo menor tiende a ser más libre de seguir sus propios sueños en términos profesionales. Según Michael Grose, especialista en educación, los pequeños también son los más creativos de todos. Coincidencia o no, Alice, la benjamina de una familia de tres hermanas, siempre se sintió atraída por las profesiones artísticas. “Cuando era más joven, quería ser fotógrafa, cineasta, subastadora, etc. Cursé estudios para orientarme hacia las profesiones culturales y, desde entonces, es fundamental para mí tener un puesto con una dimensión creativa”.

Así pues, ¿deberíamos suponer que los menores están naturalmente dotados de una gran creatividad? No exactamente. Su sensibilidad podría ayudarles a entender mejor su entorno y comprender sus emociones. Esta perspicacia también puede convertirlos en personas un poco manipuladoras, pues saben qué hilos mover para cautivar a sus allegados y obtener lo que desean. Asimismo, los hace muy sociables. “Durante mucho tiempo, pude observar la forma en que mis padres y hermanas interactuaban con el mundo exterior y tuve la sensación de haberlos ‘imitado’, por ejemplo, a la hora de iniciar conversaciones con otras personas. Hoy en día, creo que gracias a ellos sé cómo integrarme en ambientes diferentes”.

Gracias a una crianza menos “estresante”, más del 40% de los benjamines se caracterizan por ser personas relajadas y fáciles de llevar, según el estudio de YouGov citado anteriormente. “Creo que las familias tienden a ser más optimistas y menos nerviosas con los hijos menores”, afirma Alice. “Al ver la historia de mis padres y hermanas, me doy cuenta de que, incluso cuando debemos afrontar obstáculos, a menudo todo termina arreglándose. Y en el caso de los más pequeños, cuando tenemos un problema, siempre podemos contar con la ayuda de personas más experimentadas, ¡lo que es una gran ventaja!”.

Al estar acostumbrados a recibir más apoyo, los hermanos menores también podrían ser menos espabilados e independientes que los otros miembros de la familia, y según la psicóloga y autora Gail Gross, menos proclives a ocupar puestos directivos y más egocéntricos. Sin embargo, serían muy perseverantes, motivados por el deseo de superar a sus hermanos.

El hijo único: creativo e inteligente

El desarrollo del hijo único es similar al del hermano mayor: tiene una gran necesidad de reconocimiento y atención, y también suele tener madera de líder. Según un estudio realizado por un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Chongqing (China), incluso los cerebros de los hijos únicos son diferentes. El hecho de jugar solos desde una edad temprana los hace más creativos y flexibles que los demás niños. Por el contrario, los análisis revelan menos materia gris en la zona encargada de regular las emociones, lo que indica una personalidad menos sociable. Sebastián, hijo único, ha podido constatar esto en su vida profesional. “Sé cómo acercarme a alguien y empezar una conversación con facilidad, pero prefiero trabajar solo y de manera autónoma. En el trabajo, tengo la impresión de que la colaboración incluso puede enlentecer las cosas y no siempre tengo la paciencia para ello”.

Según un estudio publicado en la revista estadounidense The Journal of Psychology, los hijos únicos también suelen cursar más estudios que aquellos con hermanos, así como suelen acceder a profesiones consideradas más prestigiosas (como Derecho, Ingeniería, Medicina, etc.). Además, un estudio alemán realizado en 2009 indica que tienen un coeficiente intelectual superior al de los hermanos menores. Por otra parte, el estudio The end of a stereotype: only children are not more narcissistic than people with siblings (“El fin de un estereotipo: los hijos únicos no son más narcisistas que las personas con hermanos”), publicado en la revista SAGE Journals, ha desmentido el cliché que afirma que los hijos únicos son narcisistas. De hecho, los grados de “admiración narcisista” (la tendencia a destacar sus propias cualidades) y de “rivalidad narcisista” (compararse a los demás para sentirse más seguro) fueron incluso menores que los de niños con hermanos.

Entonces, ¿todo depende del orden de nacimiento?

Si el puesto que ocupamos entre nuestros hermanos determina nuestra personalidad,¿por qué Cecilia, hija mayor, y Sebastián, hijo único, huyen de las jerarquías cuando deberían desear impresionarlas? ¿Y por qué Ana, hija mediana, a veces siente que es menos sociable que sus hermanas? Simplemente porque estos datos, aunque se reflejen perfectamente en algunos casos, deben tenerse en cuenta con reservas. En realidad, es difícil demostrar la influencia del orden de nacimiento en la personalidad. Tanto así, que las diversas investigaciones realizadas en los últimos años han fracasado en llegar a una conclusión irrefutable. Para que los resultados sean pertinentes, es necesario tener en cuenta numerosos criterios difíciles de acumular y analizar, tal y como: la cultura, la etnia, el nivel de vida, el género, la edad, etc. Es decir, quizás los primogénitos sean más responsables simplemente por el hecho de tener más años de experiencia, y no por el lugar que ocupan entre sus hermanos.

Es importante recordar que, tanto en el trabajo como en el día a día, aunque el orden de nacimiento puede tener una influencia, nuestra personalidad viene determinada por la suma de numerosos elementos: nuestra historia, decisiones, las personas que conocemos, aquello que nos inspira, nuestras experiencias, etc. Así pues, un primogénito puede fácilmente partir al extranjero y el benjamín puede ser excelente dirigiendo un equipo en una gran empresa. En conclusión, ¡tu lugar entre tus hermanos no te cierra ninguna puerta!

Traducido por Andreína Gil

Foto de WTTJ

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Gabrielle Predko

Journaliste - Welcome to the Jungle

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