Discutir en el trabajo puede ser justo lo que necesitas

Los beneficios de las peleas en el trabajo

Vivimos en una época en la que están de moda los jefes comprensivos y la cultura positiva. No se llevan los conflictos. En el reino de la empatía, siempre tendemos a buscar la unanimidad, evitamos los desacuerdos y tratamos de controlar nuestro ego. Pero ¿y si esquivar los enfrentamientos y vivir en el mundo de los osos amorosos tuviera peores consecuencias de lo que parece? ¿No sería mejor llevarse una buena bronca de vez en cuando para volver a poner las cosas en su sitio? Te contamos lo que opinan los expertos.

Quizás los jefes benevolentes y demás cursilerías sean demasiado

A menudo asociamos la idea de enfrentamiento a sentimientos y comportamientos negativos: violencia, ruptura, enfado, rechazo, etc. Y, por extensión, el conflicto se convierte en un problema. Este es un sentimiento que tenemos particularmente arraigado, ya que desde nuestra infancia el colegio y la sociedad preconizan las buenas maneras y la armonía, aunque esta sea falsa. Nuestro rechazo al conflicto también está relacionado con el miedo: “Esquivando los roces, evitamos poner en peligro nuestra seguridad afectiva. Huir del enfrentamiento significa huir temporalmente del peligro que este pueda suponer. Psíquicamente, todo nos incita a evitar las situaciones conflictivas”, explica Dominique Picard, psicosocióloga clínica.

En su libro The Good Fight, Liane Davey describe la tensión que existe entre las empresas que necesitan conflictos para progresar y los trabajadores que están predispuestos a evitarlos. Lo cierto es que las diferencias son necesarias para avanzar, es bueno que las partes interesadas encuentren la mejor solución para resolver cada situación: cómo lanzar una campaña de márketing sin perjudicar a los comerciales, cómo asignar el presupuesto a los diferentes proyectos, cómo repartir los beneficios de una nueva idea…Todas estas preguntas del día a día provocan, como es natural, situaciones de enfrentamiento que obligan a encontrar soluciones. Pero no deben evitarse, ya que la propia salud de la empresa se podría ver amenazada. Sí, las empresas necesitan el conflicto para tener éxito.

“Un día, una compañera explotó. El motivo era totalmente ridículo, creo que alguien le había cogido sus bolsitas de té. Le gritó a un compañero y se marchó dando un portazo. Trabajaban en el mismo proyecto y parecía que se llevaban bien, pero tenían maneras de trabajar muy distintas. Creo que ella nunca se había atrevido a decirle hasta qué punto su forma de organizarse y comportarse le molestaba”, cuenta Julie, consultora interna del sector de la gran distribución. Cuando se reprime la frustración por miedo a que una relación se vuelva conflictiva, a veces lo único que se consigue es precisamente lo contrario: la relación toma una trayectoria aún más problemática y los sentimientos negativos no desaparecen. Se crea lo que Liane Davey llama una “deuda de conflicto”, una suma de pequeñas tensiones que van cociéndose a fuego lento y resurgen regularmente, hasta el día en que la presión se vuelve insoportable y entonces pagamos con intereses.

Estallar: no hay mal que por bien no venga

Lo cierto es que pocas veces acabamos tirando de los pelos o insultando a un compañero de trabajo. De hecho, los conflictos suelen ser más insidiosos, más hipócritas, y los desacuerdos latentes a menudo se esconden detrás de cumplidos y grandes sonrisas.

Es por ello que pelearse de verdad de vez en cuando puede resultar beneficioso: el enfado crea una ruptura y libera tensiones. Y siempre que los enfados sean solo ocasionales, ayudarán a que tus compañeros y jefes te tomen más en serio.

“Lo peor que podemos hacer es no expresar nuestro enfado. Cuanto más lo reprimimos, más perjudicial será para nuestra salud”, explica Antoinette Giacobbe, psicoterapeuta. Un conflicto es una buena oportunidad para evacuar la frustración, lo cual resulta imprescindible para una buena salud moral y física. Trata de evitar que el problema dure demasiado: poner las cosas en su sitio de vez en cuando es la única manera de volver a tener una relación sana con un compañero.

Enzarzarse, con todas las de la ley

A pesar de todo, es importante dominar la situación, para que el enfrentamiento resulte más positivo que negativo. De hecho, gritar a un compañero para aliviarse conlleva (a pesar de todo) una gran probabilidad de empeorar la situación. Sin embargo, si se gestiona bien y se limitan los daños colaterales, una discusión acalorada puede aportar muchas cosas positivas. Pero ¿qué es una buena bronca? Liane Davey nos da algunas pistas:

Conflicto afectivo versus conflicto cognitivo

Algunos estudios destacan la coexistencia de varios tipos de conflictos, con efectos muy diferentes. Los conflictos afectivos ponen de relieve las emociones y las diferencias entre las personas. En general terminan convirtiéndose en ataques personales: “Me da la sensación de que no entiendes lo que está en juego, Marta…”. Por el contrario, los conflictos cognitivos se centran en el problema en sí: “Creo que podríamos hacerlo de otra manera. ¿Tienes idea del impacto que podría tener esta solución?”. Este tipo de conflictos permiten que ambas partes reflexionen y encuentren una solución común. Los conflictos positivos se centran en el problema, no en la persona. Cuando no estamos de acuerdo con la persona (más que con la idea) el conflicto se vuelve inútil.

Juicio versus observación

Los métodos de comunicación no agresiva son la base de la gestión inteligente de los conflictos. “Te noto completamente perdido en este proyecto, Pablo”, es un ejemplo de crítica poco constructiva que, en general, solo consigue que el otro se ponga a la defensiva. Por el contrario, si uno se centra en los hechos (“Me he dado cuenta de que llevas dos días preparando la presentación del proyecto y normalmente tardas medio día”), no solamente tu compañero no se sentirá juzgado, sino que no opondrá ninguna resistencia y es más probable que te cuente lo que le pasa.

Proponer una solución versus iniciar una discusión

A veces resulta tentador cortar por lo sano un conflicto desde el principio, proponiendo una solución precipitada, más o menos justa y razonable para todo el mundo. Sin embargo, la mayoría de los conflictos aparecen porque las personas afectadas ven el problema desde diferentes puntos de vista. Por ello, comenzar a discutir sin ponerse de acuerdo sobre el problema en sí conduce inevitablemente al fracaso. “Yo tenía un jefe que tenía la malísima costumbre de hablar en nombre de todo el mundo. Creo que quería dárselas de inteligente porque empezaba todas sus frases con un ‘entiendo perfectamente cómo te sientes’, pero luego, en realidad, sólo proponía sus ideas. En general decía cosas que estaban completamente fuera de lugar, lo cual le daba un aire manipulador muy desagradable”, cuenta Manon, responsable de comunicación en el sector de los seguros.

En conclusión, una buena bronca, es aquella bronca que no ha tenido lugar ya que se ha convertido en una discusión inteligente entre personas que no estaban de acuerdo pero que querían ponerse de acuerdo. No deja de ser un conflicto, pero aspira a ser constructivo.

Los beneficios del conflicto productivo

La mayoría de los mánagers y empleados intentan evitar los conflictos ya que no creen que estos lleven hacia una mejor comprensión ni un mayor compromiso. Pero Liane Davey asegura que los conflictos productivos resultan muy beneficiosos a la hora de hacer que una empresa progrese.

Un buen conflicto favorece el compromiso

Si propones una nueva idea y tus compañeros no fruncen el ceño ni se oponen a ella, probablemente no te hayan escuchado (o les da exactamente igual). Pero esto también quiere decir que será más difícil obtener su ayuda llegado el momento. Por el contrario, debatir airadamente en torno a un problema puede hacer que el equipo se implique más. Un buen conflicto hace que la gente “despierte”, preste más atención y encuentre las mejores soluciones.

Un buen conflicto es una oportunidad para progresar

Sí, tu presentación PowerPoint es bastante mala… Las diapositivas llevan tanta información y están tan mal organizadas que es imposible concentrarse en el contenido. Las palabras duelen, pero dar y recibir feedback inteligente es la única manera de progresar profesionalmente, y esto conlleva una pequeña dosis de discordia. “Tuve un jefe muy exigente. Me ponía a temblar de miedo cada vez que me tocaba hacer una presentación y sistemáticamente me pedía que volviera a hacerlo todo. Con el tiempo, me he dado cuenta de que todos sus comentarios estaban justificados y de que, en realidad, él fue quién más me enseñó”, cuenta Jade, periodista en un canal televisivo.

Un buen conflicto previene los dramas antes de que sucedan

Al igual que procrastinamos cuando nos toca hacer deporte por la mañana temprano, también tendemos a procrastinar con los conflictos inmediatos. Sin embargo, en ambos casos, si no lo hiciéramos, el resultado sería positivo. Nuestro cuerpo soporta mejor un sufrimiento rápido e intenso (una discusión) que un periodo largo y permanente de estrés y frustración engañosa (una deuda de conflicto). Posponer una discusión implica correr el riesgo de ir añadiendo al problema pequeñas capas de frustración y que después resulte más difícil volver al origen del problema y resolverlo.

Un buen conflicto favorece la creatividad

Las mejores ideas nacen cuando cuestionamos el statu quo. De hecho, así fue como aparecieron las grandes empresas triunfadoras de nuestra década: Uber frente a los taxis, Airbnb frente a los hoteles, BlaBlaCar frente a los trenes, etc. Los conflictos son incómodos pero necesarios para hallar nuevas soluciones y detectar posibles riesgos. “Me llevo tan bien con una de mis compañeras de trabajo que nos hemos hecho amigas. Sin embargo, nunca conseguimos ponernos de acuerdo y trabajar juntas sin alzar la voz. Curiosamente, aunque discutamos, siempre salimos de las reuniones riéndonos. Este subeybaja se ha convertido en una especie de juego que nos permite encontrar las mejores ideas para nuestro proyecto”, cuenta Samuel, consultor de organización.

Un buen conflicto mejora las relaciones dentro de un equipo

Un mánager que incita a discutir de manera controlada (y genera así conflictos productivos) permite que cada uno explique el porqué de su manera de trabajar. Esto calma las tensiones, pues aunque el ambiente de trabajo parezca tenso, en el fondo acaba siendo más tranquilo.

Un buen conflicto… hace feliz

Un estudio realizado en China con empleados americanos y chinos asegura que existe una correlación entre la aplicación de métodos para la gestión de conflictos positivos (aquellos que se centran en expresar la frustración y llegar a un acuerdo, en lugar de en evitar el enfrentamiento) y la felicidad en el trabajo. Si no le tuviéramos miedo al desacuerdo, apreciaríamos más el trabajo en equipo.

Así pues, discutir no es el fin del mundo. En ocasiones, es lo mejor que podemos hacer si queremos ir a por todas y volver a empezar con buen pie. Si los enfrentamientos se gestionan de manera inteligente, no solo hacen que los equipos sean más eficaces, sino que crean vínculos más fuertes y sanos. Discutir sirve para reparar daños antes de que sea demasiado tarde. Pero para ello, resulta indispensable entender el conflicto como un aliado, no como un adversario. Porque sí, es posible tener una buena bronca y luego pasar página.

Traducido por María Gutiérrez

Foto de WTTJ

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Marlène Moreira

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