Vocación o estabilidad: ¿nos obligará la crisis a tener que elegir?

Vocación o estabilidad: ¿nos obligará la crisis a elegir?

Entramos en tiempo de desconfinamiento con una crisis que ha dejado tras de sí un panorama desolador: millones de empleos perdidos, personas paradas y el regreso a una nueva normalidad desconocida, sin saber cómo será nuestra vida a partir de ahora. La incertidumbre se cierne sobre todos, pero en especial sobre los jóvenes a los que la crisis económica del 2008 les pilló empezando su carrera. Ahora, un segundo golpe socioeconómico vuelve a truncar muchas de estas trayectorias, invitando al éxodo o a formar parte del llamado “precariado”. Hablamos con algunos de ellos para conocer de cerca la realidad de este problema y saber cómo se están enfrentando a la situación.

La crisis económica que deja el coronavirus

Según los últimos datos del INE, desde el inicio de la pandemia se han destruido cerca de un millón de empleos, lo que hace que el número de parados en España supere ya los tres millones. El 53% fueron de menores de 35 años, a pesar de que suponen apenas el 25% de los trabajadores.

Según explica Carmen Cruz Fábrega, psicóloga experta en coaching laboral, esta generación se caracteriza por conocer muy bien la incertidumbre laboral –ya lidió con otra crisis económica en 2008– y por tener un alto nivel de formación, incluso con experiencias en el extranjero. Los jóvenes de entre 25 y 35 años a menudo “se han sentido frustrados porque en sus entornos laborales no han tenido oportunidad de aportar el valor que les habría gustado y han desarrollado trabajos muy por debajo de sus posibilidades”, explica. Y todo eso a la vez que soportan un retroceso en la calidad de vida que se plasma en las cifras: al inicio de la crisis del 2008, los jóvenes de entre 25 y 29 años tenían un sueldo anual de unos 19.400 euros de media. Nueve años más tarde esa misma franja de edad ganaba de media un 15% menos.

Pero la cosa tampoco mejora en el siguiente tramo, de 30 a 34, ya que de los casi 23.000 euros que ganaban de media se han reducido en tres mil. A muchos les ha pillado todavía en una situación inestable y con sueldos precarios y poca capacidad de ahorro para hacer frente a momentos como el actual. Para Elisa Sánchez, psicóloga y directora de IDEIN, “la crisis económica nos va a afectar a todos, pero para aquellos que estaban comenzando su vida laboral supone otra bofetada de realidad. Saben desde la crisis del 2008 que los trabajos no son para siempre y esto agravará su desencanto”.

“La crisis económica nos va a afectar a todos, pero para aquellos que estaban comenzando su vida laboral supone otra bofetada de realidad” - Elisa Sánchez, psicóloga

Ante el temor de quedar en situación de desempleo, no resulta extraño que la mayoría dé prioridad a la estabilidad de sus trabajos, incluso si eso significa posponer proyectos personales o profesionales. Para Carmen Cruz, “en estas circunstancias no queda otra que aceptar la situación tal como es”. Pero esto no significa renunciar a los proyectos, sino que se impone otra lógica que pasa por plantear nuevos objetivos y trazar un plan a largo plazo para alcanzarlos.

El peso de la renuncia

Para esta experta en coaching, los jóvenes de hasta 35 años son los más afectados por esta crisis, pues muchos de ellos “se disponían a sacar adelante proyectos profesionales personales que ahora se han derrumbado por completo”. “Ni siquiera saben si podrán reconstruirlos, quizás tengan que iniciar otros completamente diferentes o sencillamente les tocará renunciar a sus sueños y sobrevivir”, lamenta. Pero, ¿hasta qué punto puede afectar esta renuncia?

Para muchas personas esta crisis supondrá empezar de cero tras años de esfuerzo. Es el caso de Lucía M., 33 años, auxiliar administrativo, cuyo contrato temporal finalizó hace unas semanas en una empresa que se acogió a un ERTE, por lo que no hubo posibilidad de renovar. “Me siento como si me hubieran tirado un jarro de agua fría, no sólo se ha destruido mi proyecto, sino también el boceto que lo guiaba”. Para esta joven de Madrid, estar encerrada en casa sin trabajo ha sido muy complicado a nivel emocional. Reconoce que la situación le ha obligado a renunciar a varios proyectos personales, entre ellos cursar un máster con el que esperaba ampliar su horizonte laboral. A pesar del golpe, Lucía no pierde la esperanza: “No me lo tomo como una renuncia total sino como un periodo de espera. No lo doy todo por perdido y quiero ser optimista, pero la situación es muy dura”.

“Me siento como si me hubieran tirado un jarro de agua fría, no sólo se ha destruido mi proyecto, sino también el boceto que lo guiaba” - Lucía M., auxiliar administrativo

Tiempo de replantearse prioridades

Pero, en plena crisis, también hay oportunidad para los cambios positivos. Es el caso de Amaia G., 35 años y desde hace cuatro mánager de una cadena de hoteles: un sueño laboral cumplido para esta estudiante de turismo. Antes del ERTE en el que se encuentra actualmente, se sentía realizada en su trabajo a pesar de que “requería total flexibilidad horaria y estar pegada al móvil 24 horas al día”. Esta madrileña, que también es madre de un hijo, explica que antes de la crisis, un día en su vida “era una locura”, pues sencillamente “no tenía tiempo” para su vida personal. Amaia confiesa que al comienzo de la pandemia se vio muy afectada por la situación, pero al poco tiempo cayó en la cuenta de algo: “Todo ese tiempo en casa podía ser la oportunidad de tener tiempo para mí y para mi hijo. Incluso podía hacer cosas sencillas como leer un libro o ver una serie, algo que antes era prácticamente imposible”. En estos momentos, a pesar de que le apetece retomar la rutina laboral, también tiene claro que algunas cosas deben cambiar. “Voy a reducir mi jornada, cosa que no quise hacer antes para no perjudicar mi carrera profesional”, explica. El confinamiento le ha hecho reflexionar acerca de sus prioridades y reconoce que es una afortunada y que mucha gente de su generación no tendrá esa misma oportunidad de elegir.

“Todo ese tiempo en casa podía ser la oportunidad de tener tiempo para mí y para mi hijo (…) Voy a reducir mi jornada, cosa que no quise hacer antes para no perjudicar mi carrera profesional” - Amaia G., mánager de una cadena de hoteles

Una crisis que cambia el rumbo de muchas carreras

Carmen Cruz Fábrega señala que en estos días se acercan muchos jóvenes afectados por la crisis a su consulta con ánimo de aprovechar este momento y tomar un nuevo rumbo en sus carreras. La coach destaca que muchos de ellos “ansían un cambio en la sociedad y buscan un trabajo coherente con sus valores”.

Es el caso de Leticia Alameda, que tras varios años trabajando en el departamento de diseño estratégico para varias empresas se había decidido a poner en marcha un proyecto propio. Casi al mismo tiempo de tomar esta decisión, estalló la crisis del coronavirus. Esta publicista confiesa que aunque ha aprovechado el confinamiento para ultimar detalles de su web, durante este tiempo también ha sentido como su seguridad inicial se ha ido apagando. “Tengo mucha incertidumbre, empezar como autónoma en plena pandemia es complicado porque no sé cómo funcionará el proyecto ni si tendré clientes”.

Este es el motivo que le ha llevado a valorar una oferta de trabajo en un proyecto de innovación social en Camboya que hace dos meses no se habría planteado aceptar. “Estaba muy motivada con montármelo por mi cuenta, pero creo que se avecinan unos años difíciles y, como no estoy segura de que me vaya a salir bien, prefiero probar fuera. Siempre me había apetecido involucrarme en algún proyecto social y siento que este puede ser el momento. Tal como están las cosas, no tengo nada que perder”, afirma.

“Siempre me había apetecido involucrarme en algún proyecto social y siento que este puede ser el momento” - Leticia Alameda

El momento de tomar decisiones

Leticia no es la única, muchas personas que vivían en grandes ciudades protagonizarán un éxodo forzado a causa de la crisis. Es el caso de Alfredo L., licenciado en arquiitectura de 27 años. Este canario se trasladó desde Las Palmas a la península para cursar un máster de diseño en Madrid y sus planes eran establecerse en la capital cuando acabase las prácticas, con la esperanza de buscar trabajo y ampliar su red de contactos. Ahora, sin embargo, se plantea volver a casa y trabajar una temporada en el negocio familiar hasta que todo pase.

“No veo nada claro el futuro laboral para profesionales con mi perfil, donde se comienza como freelance o trabajador júnior a cambio de un salario muy bajo”, explica. También el apoyo económico de la familia juega un papel importante en muchos casos. “Con la crisis del coronavirus mi familia tampoco está pasando por su mejor momento y no pueden apoyarme como lo hacían antes”, cuenta. Para Alfredo, dar el paso de mudarse a la capital y dejar atrás la comodidad de su ciudad natal fue complejo y cree que podría no volver a presentarse la oportunidad de hacerlo. “Siento que estoy en el momento de encauzar mi vida profesional, pero esta situación supone un parón en mi carrera y quién sabe si un punto y final a mi sueño de dedicarme a lo que me gusta”.

En situaciones como esta, la coach laboral aconseja: “Es legítimo lamentar lo que hemos perdido, pero no podemos quedarnos ahí eternamente. Algunas cosas se han ido para no volver, pero también pueden surgir nuevas oportunidades”. Por ello es necesario observar la situación sin dejarse llevar por el catastrofismo y poniendo el foco en el presente y en el futuro. En este punto trazar un plan y mantener una actitud proactiva, dos pilares básicos de la resiliencia, pueden ayudarnos a mantenernos a flote en momentos bajos.

Foto de WTTJ

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Olga Tamarit

Freelance Content Creator

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