Las claves para entender (por fin) tu nómina

Las claves para entender (por fin) la nómina

¿Cómo sé cuánto cobro realmente al mes? ¿Cuánto me retiene Hacienda en impuestos? ¿Qué demonios es un devengo? Cada mes, lo mismo: recibes tu nómina y tienes la impresión de enfrentarte a un jeroglífico imposible de descifrar. Pero no te preocupes, no tendrás que hacer ningún un máster en contabilidad para entenderla. Es más, las apariencias engañan, ya que de hecho, la nómina es un documento repleto de información útil: tu jubilación, tus vacaciones, tu seguro médico… Tu futuro. Te damos las herramientas para que aprendas a interpretarla.

La nómina: lo más básico

¿Para qué sirve la nómina?

La nómina es un documento de carácter mensual elaborado por la empresa y que reciben los trabajadores asalariados al mismo tiempo que su paga. El objetivo de la nómina es claro: informar al empleado sobre su remuneración por el trabajo realizado, además de otros aspectos importantes como:

  • horas trabajadas
  • vacaciones
  • horas extras
  • salario bruto
  • detalles de las contribuciones sociales
  • asignaciones y deducciones
  • salario total imponible

Pero la nómina también es la mejor prueba de todo el trabajo que has hecho, especialmente a la hora de calcular, por ejemplo, tu futura pensión.

Asegúrate de que conservas todas las nóminas y las tienes a mano, pero si este no es el caso, no te preocupes: las empresas están obligadas, según el Código de Comercio, a guardar tus nóminas durante seis años.

¿Cuándo y cómo?

Nómina y salario van de la mano, llegan al mismo tiempo. Cada compañía gestiona este trámite por diferentes vías: envío por correo electrónico, por carta, o a través de una plataforma online específica. En todos los casos, el método de envío de la nómina de pago debe garantizar la integridad y confidencialidad de la información que contiene.

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Las cuatro claves

Para comprender tu nómina en su totalidad, debes tener en cuenta que esta se divide en cuatro apartados diferenciados: la identidad de las partes implicadas, el salario bruto, las contribuciones a la Seguridad Social e impuestos y, finalmente, el sueldo neto imponible.

1. El encabezado

La nómina es una factura y, como tal, hay unos datos mínimos que debe contener, relacionados con el tipo de trabajo y las cantidades económicas. En este apartado, lo primero que aparece son los datos de la empresa:

  • Nombre legal de la empresa (no el comercial, sino el que aparece en el registro)
  • Domicilio social
  • Número de identificación fiscal (NIF)
  • Código de cotización de la Seguridad Social
  • Periodo de liquidación (el periodo por el que se abona la nómina)
  • Lugar de trabajo

Además, han de aparecer los datos del trabajador:

  • Nombre y apellidos
  • Número del Documento Nacional de Identidad (DNI) o Número de Identidad de Extranjero (NIE)
  • Código de cotización de la Seguridad Social del trabajador
  • Categoría profesional o grupo profesional
  • Fecha de antigüedad laboral
  • Código del tipo de contrato

Esta información se puede ampliar con especificaciones adicionales, como un segundo lugar de trabajo, el convenio colectivo al que está adscrito el trabajador, la cuenta corriente tanto del pagador como del cobrador, etc. En realidad, cualquier dato o información extraordinaria que el empresario o el trabajador acuerden puede figurar en la nómina.

2. El laberinto de los devengos: el salario bruto

El segundo punto que debe aparecer en toda nómina es el de los devengos. Estos hacen
referencia a los ingresos que recibe el empleado, que pueden dividirse en dos tipos:

  • Los devengos salariales son las cantidades a entregar al trabajador como retribución por su trabajo.

  • Los devengos no salariales son aquellos bienes o servicios que el trabajador recibe de la empresa pero que no tributan como salario (como los tickets restaurante, las dietas o el abono de transporte). Estos nunca pueden superar el 30% de las percepciones salariales.

Cuando observamos nuestra nómina, vemos que los devengos salariales se dividen en varias partidas:

  • Salario base: el sueldo mínimo que marca nuestro convenio.
  • Complementos salariales: retribución fijada en función de las circunstancias de cada trabajador: responsabilidades, conocimientos, idiomas, trabajo que desempeña, resultados en el beneficio de la empresa, etc.
  • Horas extras: esta partida corresponde a las horas de trabajo adicionales desempeñadas más allá de tu horario laboral, tanto si son voluntarias como impuestas por la empresa.
  • Gratificaciones extraordinarias: en España hay dos pagas extras obligatorias, una en Navidad y la otra en función del convenio. Las 12 pagas mensuales, más las dos pagas extras, conforman en total las 14 pagas, que por lo general se suelen cobrar en 14 ingresos, aunque también pueden estar prorrateadas en 12 pagas.
  • Salario en especie: aunque a veces es difícil de monetizar, se trata de la remuneración que el trabajador recibe en bienes o servicios y que forma parte de su salario (es decir, que tributa). Se trata de algo completamente optativo por parte del trabajador, que no está obligado a recibir ese tipo de prestación por su trabajo, a menos que aparezca reflejado en su convenio.

Los devengos no salariales también se clasifican en distintos grupos:

  • Indemnizaciones: son los gastos que el trabajador ha tenido que adelantar para la realización de un trabajo. Pueden ser gastos de transporte, de dietas, de material, etc.
  • Prestaciones e indemnizaciones de la Seguridad Social: este concepto hace referencia a las prestaciones por traslados, suspensión o despido, así como a gastos pagados por la empresa por incapacidad o por desempleo temporal.

3. Las deducciones

Pero no te equivoques, esta remuneración bruta no es definitiva: llega el turno de las deducciones sociales y fiscales. Ya que aunque existe un elemento que suma, como los devengos, por desgracia también existe uno que resta: las deducciones.

Se trata de las cantidades que aportamos como contribuyentes al IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas) y a la Seguridad Social. La empresa efectúa estas retenciones como intermediaria del Estado. Como consecuencia, el dinero de tu nómina se reduce y esa cantidad se paga a los organismos públicos.

  • IRPF:

El IRPF es la cantidad que va a parar a la Agencia Tributaria y que más tarde utilizaremos para realizar nuestra Declaración de la Renta. Aunque en lo que respecta al IRPF cada trabajador tiene una cantidad diferente en la nómina, es aconsejable entender qué significa y cómo te afecta.

Según el importe bruto que percibas durante el año, existe una clasificación. En función de tu situación personal, como por ejemplo el número de hijos que tengas, se te otorgará el porcentaje que debe ser descontado. Este puede oscilar entre el 2 y el 46%. Si el IRPF que se te aplica es muy bajo, lo más probable es que en la Declaración de la Renta te salga “a pagar” (tendrás que devolver parte del dinero cobrado), mientras que si es muy alto, la Declaración es posible que te salga “a devolver” (habrás adelantado dinero que te será devuelto).

  • Seguridad Social:

Las cotizaciones sociales son impuestos comunes a cualquier empleado, independientemente de su situación personal. El importe total a abonar a la Seguridad Social es asumido tanto por el trabajador como por la empresa y normalmente aparece desglosado en la nómina. El pago que realiza el trabajador corresponde a varios conceptos por los que se debe de cotizar:

  • Desempleo: 1,55%
  • Contingencias comunes: 4,70%
  • Formación profesional: 0,10%
  • Horas extraordinarias por fuerza mayor: 2%
  • Resto de horas extraordinarias: 4,70%

4. El salario neto

Por fin. Tras todo este proceso de resta de impuestos y retenciones, ha llegado la hora de la verdad: una vez realizadas las deducciones a tu salario bruto mensual, la cantidad restante es tu salario neto mensual. Eso sí, siempre y cuando no tengas acordado con la empresa que te retenga directamente en la nómina algún otro concepto, como por ejemplo cuotas sindicales, en cuyo caso también habrás de descontarlas del salario bruto.

Entender la nómina es esencial para asegurarte que todo está correcto y recibes la cantidad adecuada. De esta forma no solo te evitarás problemas fiscales, sino que te asegurarás de poder demostrar que tienes unos ingresos regulares, necesario por ejemplo a la hora de solicitar un préstamo al banco o alquilar un piso. Así que ya lo sabes: guarda tus nóminas como si de un tesoro se tratara y, si algo no te cuadra, echa mano de la calculadora.

Foto de WTTJ

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