Beneficios en la empresa: ¿es oro todo lo que reluce?

Beneficios a los empleados: bienestar o alienación

Podríamos calificarlas de “all inclusive” o “todo en uno”. En el mundo de las compañías innovadoras, el bienestar se ha vuelto inherente a la cultura de la empresa. Cada vez son más las compañías que ofrecen un ambiente atractivo y doblan sus esfuerzos para cuidar al máximo a sus empleados. Ofrecen todo tipo de servicios: gimnasios, zonas de ocio, guarderías, restaurantes e incluso alojamiento. Muchas empresas de Silicon Valley actúan como alumnos aplicados, cada día más preocupadas por el bienestar de sus trabajadores. Pero, ¿cómo lo valoran los empleados? ¿Cómo afecta a su relación con la empresa? Más allá del salario, ¿realmente los beneficios contribuyen al enriquecimiento profesional? Aline y Stéphane, dos antiguos empleados de unas de estas multinacionales de éxito, comparten con nosotros su experiencia. Nos adentramos en los entresijos de esta “generosidad” de las empresas.

Bienestar o “estar bien”

Según la OMS, la buena salud de los trabajadores puede incrementar el nivel de productividad en un 20%. Y para conservarla, no hay nada mejor que librarse de las preocupaciones diarias que reducen la productividad. Por eso, cada vez son más las empresas que se preocupan por el bienestar de sus empleados. Así lo atestigua la aparición de todo tipo de etiquetas en las últimas décadas que califican este fenómeno: Top employers, Great place to work, Happy at work, etc. Las empresas que valoran el confort de sus empleados resultan más atractivas, y los candidatos se pelean por formar parte de ellas.

¡Pero cuidado! Porque las empresas en las que es positivo ser empleado no tienen por qué ser las mismas es la que es positivo trabajar, tal y como lo precisa Victor Waknine, director de Mozart Consulting y especialista en bienestar laboral. Según este profesional, la confusión reside en la terminología: las buenas condiciones laborales vienen marcadas por la calidad del contrato, el ambiente y el resto de ventajas que se ofrecen, mientras que el enriquecimiento profesional tiene una dimensión intelectual y relacional.

Para los trabajadores españoles, las políticas de conciliación de la vida familiar y laboral (mejora del permiso de paternidad y del de materniadad, ayudas, guarderías de empresa, etc.) son de gran importancia. Pero este fenómeno podría ser un arma de doble filo: por un lado el trabajador se siente aliviado en algunas de sus tareas personales del día a día (por ejemplo, gracias a servicios como los de paquetería, lavandería o tintorería), pero por otro la empresa invade su vida privada. ¿De verdad puedes conseguir el equilibrio entre vida privada y profesional cuando el trabajo invade tu esfera íntima?

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Motivación y productividad: la falsa gratitud

El hecho de que las empresas ofrezcan beneficios laborales a sus empleados no les sirve solo para que estos disfruten de mejores condiciones, sino que les permite utilizarlo como incentivo para ser más atractivas ante los candidatos a quienes quieren contratar (y a los trabajadores a los que quieres conservar). Así, todos ganan: baja el absentismo, aumenta la productividad, disminuye el burnout… Nadie sale perdiendo: ni los dirigentes, ni los empleados.

Muchas de las ventajas pueden parecer insignificantes, pero lo cierto es que aumentan la implicación de los trabajadores en la empresa: estos llegan más temprano a la oficina, hacen horarios más largos, etc. Aline, que trabajó como business developer en una multinacional, recuerda aquellas largas jornadas de trabajo: “Resulta engañoso porque, sin darte cuenta, la empresa consigue que llegues a las 8 de la mañana, regalándote el desayuno, y de este modo a las 8 y media ya estás trabajando. Lo mismo ocurre al mediodía, todo es gratis, así que comes allí y comes más rápido, porque ya está todo preparado. A lo largo del día, esto añade mucho tiempo a la jornada de trabajo”. Si puede hacer deporte en la oficina, tiene allí una guardería para sus hijos y le hacen la comida, el empleado puede dedicarse plenamente a sus tareas profesionales sin preocuparse de nada más, ¡y además siente que le están haciendo un favor!

Beneficios laborales: no es nada nuevo

No sólo proliferan las ventajas en especie, sino que a veces hasta se construyen verdaderas “ciudades empresa”. Es el caso del Willow Village de Facebook, en Silicon Valley, o de Google City, en Toronto. En estos lugares de aspecto futurista las energías son renovables y las calles cubiertas de vegetación, con centros comerciales, viviendas, colegios, oficinas y jardines a tutiplén. El objetivo es simple: juntarlo todo. No se trata de una tendencia innovadora, ni mucho menos, sino de una idea del siglo XIX. Un tal Charles Fourier, sociólogo y filósofo francés, ya imaginaba en 1832 una inmensa comunidad: el Falansterio. Aquel lugar estaba concebido para facilitar los intercambios y las reuniones. La vida privada y la vida profesional se entremezclaban permanentemente. Unos años más tarde, otro francés, el industrial Godin, se inspiró en el modelo de Fourier y diseñó el Familisterio, un conjunto de edificios de viviendas para los obreros y sus familias.

Casi un siglo y medio después, las apacibles ciudades empresa, de arquitectura utopista, ofrecen las mejores condiciones de vida posible a sus empleados, tal y como lo idearon Fourier y Godin. Hasta ahí podría parecer que no hay nada alarmante, salvo si lo interpretamos como el regreso de un cierto paternalismo económico que mima a los trabajadores por un lado… y los controla por otro.

Apostarlo todo por el bienestar

Según un estudio de LinkedIn, el 83% de los expertos en selección de personal afirman que la marca empleadora influye notablemente en la capacidad para contratar a buenos candidatos. De esta manera, como un mosquito atraído por la luz de neón hipnotizante, el candidato se implica. ¿Y quién no lo haría? Como señala un empleado de una empresa online dedicada a la selección de personal: “Para que los candidatos acepten el trabajo, les ofrecen el oro y el moro. Y, lógicamente, estos eligen la empresa que les ofrece más beneficios, por encima de la que solo ofrece buen ambiente”. “Hoy en día, las grandes empresas tienen que funcionar así, ya que, de lo contrario, no conseguirían contratar a los mejores talentos”.

Stéphane, que ocupaba un puesto de comunicador en una empresa de publicidad, no valoraba sus beneficios precisamente con entusiasmo, pues era consciente del sometimiento que suponen todas esas ventajas aparentemente insignificantes. “Nos volvemos totalmente dependientes de la empresa. Si decidimos irnos, perdemos mucho más que un puesto de trabajo: todas las ventajas adicionales se nos escapan también”.

Confort o crecimiento profesional

Según Stéphane, muchos empleados se quedan en estas empresas porque esto les “simplifica la vida”. Si el trabajo es aburrido, ¡qué se le va a hacer!. “En la empresa en la que trabajé, nos convencían para que nos quedáramos diciéndonos que podríamos evolucionar, pero no siempre era cierto, aunque te lo hubiesen prometido. Tuve compañeros que nunca consiguieron subir de puesto, a pesar de ser buenos en sus trabajos. Esperaron dos años para nada. Es difícil y frustrante, pero cuando uno se siente privilegiado y está bien pagado, cierra los ojos más fácilmente”, lamenta.

Por esta razón, la mayoría de los trabajadores se queda. Son muchos los que se consideran afortunados con tantos privilegios y no se sienten controlados. El sociólogo Denis Monneuse asegura en su obra publicada en francés Le silence des cadres: enquête sur un malaise (“El silencio de los ejecutivos: estudio de un malestar”), que numerosos ejecutivos se sienten frustrados por un trabajo que no cumple sus expectativas. ¿Pero qué es prioritario, la comodidad o el enriquecimiento profesional? Una vez más, las opiniones varían de una persona a otra. Monneuse sugiere que las empresas deberían romper el efecto “jaula de oro”, que incita al trabajador a dar prioridad al bienestar material por encima del enriquecimiento profesional y la salud mental.

¿Una forma moderna de alienación?

Otro sociólogo, en este caso Jean-Pierre Durant, habla de una forma de regreso al concepto de alienación laboral planteado por Marx. Para él, esta nueva forma de alienación no necesariamente es percibida por los empleados como tal, a menudo ofuscados por los beneficios que gravitan en torno a sus funciones. “Una de las características de la alienación es la negación, es decir, el rechazo por parte de la víctima a admitir su condición”, afirma. La víctima no se da cuenta de que su presencia está condicionada por los beneficios que le ofrecen y no por el trabajo en sí. Muchos trabajadores ni siquiera se plantean si las ventajas de su puesto de trabajo ejercen un control perjudicial sobre ellos.

Durant evoca el regreso de la alienación laboral al comentar que, seducidos por los beneficios, los empleados no se atreven a irse. Así, se instaura una forma de subordinación voluntaria, que Jean-Pierre Durant define como un consentimiento paradójico. Este último combina a la vez “implicación forzada” y “satisfacción en el trabajo”, concretamente a través de una situación social cómoda y que da seguridad.

A ello se refiere también Stéphane, que explica que no todos sus compañeros percibían el sentimiento de control e inercia que él sintió durante los meses que ocupó un puesto ingrato y sin retos intelectuales. “Hay gente a la que le encanta su empresa, que piensa que nunca podría haber conseguido todos esos beneficios en otro lado y aceptan como intercambio que su trabajo no sea enriquecedor”.

Según la OMS, el bienestar en el trabajo consiste en “un estado mental dinámico, caracterizado por una armonía razonable entre las capacidades, las necesidades y las expectativas de una persona, y las exigencias y oportunidades del entorno”. Aunque los beneficios pueden ser una parte constituyente del bienestar, deben corresponder a la guinda del pastel y no constituir el plato principal.

Traducido por María Gutiérrez

Foto de WTTJ

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