"Así trabajamos en televisión durante el confinamiento", testimonio

Testimonio: periodista de televisión durante la crisis sanitaria

Carolina Salvador es periodista y trabaja en una cadena de televisión regional pública. Como tantos otros profesionales, durante la crisis del coronavirus ha seguido acudiendo a su puesto de trabajo para garantizar que los informativos siguen llegando a las pantallas de los ciudadanos en confinamiento. Nos cuenta su experiencia como trabajadora de un sector que, a pesar de formar parte de nuestra realidad diaria, tendemos a “dar por sentado”. “Estar bien informado en un momento como este es más importante que nunca, así que los periodistas no paramos durante esta crisis sanitaria”.

Trabajo como periodista en la radiotelevisión pública valenciana, donde formo parte de la redacción de informativos, y el Covid-19 ha revolucionado nuestra manera de trabajar y las rutinas de producción. Hasta el inicio de la crisis, nuestra redacción se caracterizaba porque todos los trabajadores compartíamos un mismo espacio, lo que las jefas lo llamaban “redacción líquida y única”. Periodistas, cámaras, producción, lingüistas, documentación, realización… Esto nos permitía crear más sinergias y enriquecernos mutuamente. Pero el coronavirus nos ha separado a la fuerza.

Tú a Londres y yo a California

En el periodismo para televisión teletrabajar es más bien complicado y siempre hay un porcentaje alto de profesionales que tiene que acudir físicamente a la redacción y al plató, por lo que nuestro nivel de exposición al virus es alto. Es por esto que los trabajadores de la cadena nos han aplicado un sistema al que hemos llamado algo así como “tú a Londres y yo a California”. Lo que tanto se había evitado hasta ahora, que era crear turnos y departamentos “estancos”, se ha convertido en la norma por motivos de seguridad. Los de la mañana no se cruzan con los de la tarde, ni estos con los del fin de semana, y los turnos se dividen en grupo A y grupo B.

“Siempre hay un porcentaje alto de profesionales que tiene que acudir físicamente a la redacción y al plató, por lo que nuestro nivel de exposición al virus es alto”

Cada grupo ocupa un ala opuesta de la redacción y tiene asignados unos espacios determinados con un único objetivo: que no coincida nadie del grupo A con el B. Por eso entramos por puertas diferentes, usamos baños diferentes y cabinas de locución diferentes. Ningún compañero ni compañera se sienta en el ordenador de al lado, y la poca gente que puede, ha optado por el teletrabajo. De este modo evitamos que, en caso de contagio, este pueda extenderse a todo el equipo. Sin embargo, y aunque contamos con gel hidroalcohólico en cada esquina, el material de protección (guantes y mascarillas) también escasea.

Por otra parte, un “muro” divide la zona A de la B. Un “muro” que no impide que bromeemos y a través del cual nos gritamos para mantener la comunicación. Con este sistema y la distancia de seguridad que tenemos que conservar, mantener una conversación normal es imposible, y los gritos que tan habituales son en una redacción en condiciones normales, han aumentado de manera exponencial. Y cuando eso no funciona… siempre podemos recurrir a una llamada de teléfono a las editoras, aunque en realidad no estén tan lejos.

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Los invisibles de la tele

Pero además de los periodistas, en televisión hay muchos otros profesionales imprescindibles para que la emisión acabe en pantalla y de los que hablamos muy poco. Esta crisis del Covid-19 está poniendo de manifiesto la importancia de muchos de estos trabajos invisibilizados y con frecuencia precarizados que ahora, literalmente, nos están salvando la vida. En nuestro caso, el personal de limpieza merece una mención especial, pues están redoblando esfuerzos para que las instalaciones estén limpias y desinfectadas.

“Esta crisis está poniendo de manifiesto la importancia de muchos trabajos invisibilizados y precarizados que ahora nos están salvando la vida”

Y también quiero hablar de los servicios de maquillaje y peluquería. Ellas no pueden teletrabajar, y es imposible peinar y maquillar a otra persona a un metro de distancia, por lo que su labor estos días está consistiendo en asesorar a las presentadoras desde una distancia segura mientras se maquillan y peinan ellas mismas. Quizá nadie había pensado en esto, pero me parece un ejemplo muy claro de responsabilidad y protección a las compañeras.

Un corresponsal en cada balcón y nuevas formas de conectar

En televisión necesitamos imágenes para poder sacar adelante una información (nadie se imagina un informativo sin imágenes), y es por eso que lo tenemos un poco más difícil que la prensa y la radio. Así que, para reducir al máximo el riesgo de contagio, a parte de los cambios en la distribución, también hemos adaptado nuestra manera de producir vídeos y noticias. En un momento en el que las personas encerradas en su casa durante la cuarentena son las protagonistas, las redes sociales nos han permitido que sean ellas mismas, con los vídeos que nos envían, quienes cuenten lo que están viviendo. Se han convertido en nuestros corresponsales en cada punto del territorio, una suerte de “corresponsales de balcón”, y gracias a ellos nos llegan numerosas historias que, de otra manera, sería imposible contar.

Y es que la cobertura de esta crisis nos ha hecho un regalo: las nuevas tecnologías nos han permitido explorar un canal de comunicación interesantísimo entre la audiencia y los periodistas. Nos han explicado cómo se organizan familias con niños; cómo funcionan las clases a distancia; cómo se organiza el teletrabajo; cómo viven esta situación los más mayores; las odiseas de la gente que está en el extranjero y quiere volver; o las miles de muestras de ingenio que dan el toque de humor a la cuarentena. La respuesta de toda esa gente que colabora con nosotros y nos envía ese material es, para mí, una de las mayores satisfacciones como periodista.

Y no solo hablo de ciudadanos anónimos. Los expertos, representantes políticos o de organizaciones y hasta los propios periodistas también se suman a grabar sus declaraciones con sus propios móviles y enviárnoslas por Whatsapp. La audiencia habrá podido comprobar cómo, en los últimos días, la mayoría de los directos se hacen por Skype y muchos periodistas nos cuentan la última hora desde el salón de su casa. ¡Pero es que no podemos parar!

“En los últimos días, la mayoría de los directos se hacen por Skype y muchos periodistas nos cuentan la última hora desde el salón de su casa. ¡Pero es que no podemos parar!”

Las redes sociales e internet se han convertido en motor de cambio y lo que hace unas semanas era “inemitible” es ahora nuestra tabla de salvación. Las conexiones en directo tienen una calidad técnica bastante peor, pero no así el contenido, con el que logramos sacar adelante la información y la programación especial. A situaciones extraordinarias, soluciones extraordinarias.

Nuestra misión

A todos los periodistas nos gusta vivir y contar momentos importantes, y este es histórico. Y aunque me satisface enormemente poder ayudar a construir el relato de esta crisis, en un informativo de televisión somos un equipo, y permanecer separada de los compañeros y compañeras o tener un contacto tan distante con nuestros entrevistados no es fácil. Por otra parte, sé que mi familia, que también pasa estos días confinada, vive el hecho de que siga acudiendo a mi puesto de trabajo con preocupación, por mí y por toda la gente que me rodea.

Es por eso que creo que merece la pena hablar sobre el debate de la sobreinformación, o incluso de aquellos que están aprovechando la crisis para hacer gala de sensacionalismo y telebasura. Entiendo la indignación de la ciudadanía en ciertos casos, pero también me gustaría que cuando la gente vea los informativos de televisión (o escuche la radio o lea la prensa), se acuerde de los y las profesionales que estamos tras la pantalla, que piensen en el esfuerzo que hay detrás y recuerden que también nos estamos poniendo en peligro para cumplir con nuestra misión de servicio público.

Foto de WTTJ

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