Mánager: 5 técnicas para lidiar con un jefe imprevisible

05 oct 2021

5 min

Mánager: 5 técnicas para lidiar con un jefe imprevisible
autor
Laure Girardot

Rédactrice indépendante.

Si tuviéramos que describir al típico jefe caprichoso o temperamental, probablemente diríamos que se trata de una persona conflictiva, con mal genio, y que cambia de opinión como de camisa. Alguien capaz de convertir tu vida y la de tu equipo en un infierno en un abrir y cerrar de ojos. Toparse con un jefe imprevisible en el trabajo supone un mayor riesgo de acabar sufriendo un ‘burnout’, sin mencionar la pérdida de productividad para la empresa. En una situación así, es necesario actuar cuanto antes, pero ¿cómo lidiar con esa permanente inestabilidad? ¿Qué medidas puedes tomar para proteger a tu equipo y construirte una coraza emocional? A medio camino entre la metodología ágil, la decodificación psicológica y el replanteamiento de la comunicación no violenta, te presentamos algunos consejos para evitar que tu día a día se transforme en una pesadilla o termine en una crisis de ansiedad.

1. Di adiós a la relación profesional perfecta

¿Cómo es exactamente un jefe ingobernable? Romain, mánager de una empresa digital en rápido crecimiento, conoce de sobra la respuesta, ya que tiene que lidiar a diario con un jefe bastante inestable. Según su experiencia: “Si por ejemplo le pido que apruebe algo, su reacción es imprevisible y no obedece a la lógica. Sus decisiones suelen ser totalmente irracionales”. Según Ludovic Girodon, consultor, conferenciante y autor especializado en gestión de equipos, “absorber las tensiones forma parte del trabajo de un mánager. Las relaciones profesionales son imperfectas, especialmente en estos puestos”. Por eso insiste en un paso clave: la aceptación. “Tenemos que asumir que la relación con esta persona no va a ser fácil. Lo importante es verlo como un reto y no como una carga. Es una cuestión de perspectiva”. Girodon anima a los mánagers a tener esto en cuenta cuando traten con un superior con mal carácter, ya que, tal y como asegura, “es raro que esa persona sea intencionadamente mezquina. Lo normal es que no sea consciente del efecto que provoca su forma de ser. Partir de esta premisa ayuda mucho”.

2. No tengas miedo de transmitir a tu jefe tu opinión

A menudo se habla de la valentía de los jefes, pero ¿alguna vez has oído hablar de la valentía de los empleados? Según Girodon, este enfoque es clave, y puede resultar muy útil en situaciones conflictivas. Una relación laboral sana funciona en ambas direcciones. Así, en lugar de limitarte a culpar a la otra persona, considera también tu propia conducta: “Hay que empezar por hacer introspección y preguntarse: ¿Soy un buen empleado para este jefe? ¿Soy consciente de lo que es importante para él, y hasta qué punto sé adaptarme a ello?”. Una vez hecho esto, es hora de pasar a la acción. Girodon nos anima a “tener el valor de ir a hablar con nuestro jefe, empleando para ello los fundamentos de la comunicación no violenta (CNV), también denominada compasiva o colaborativa: comunico el problema con hechos concretos y luego explico cómo me afecta, para posteriormente identificar soluciones comunes. La idea es generar un debate constructivo que puede no tener éxito… pero que tiene que hacerse sí o sí”. Esto evita que nos quedemos bloqueados en una mentalidad de víctima. Girodon destaca un punto esencial, que además resulta liberador: “Tenemos mucho más control sobre nuestro destino profesional de lo que creemos”. Para conseguirlo, no hay que dudar en reequilibrar la relación estableciendo una y otra vez los límites de la relación jefe-empleado.

3. Identifica los posibles métodos de comunicación

Romain adoptó esta perspectiva al tratar de comprender el aspecto psicológico detrás del comportamiento de su jefe. “¡Por fuerza tiene que haber algún método que funcione con este tipo de personalidad! Según mi experiencia, suele ser el enfoque empresarial o de rendimiento el que consigue que la discusión vuelva a su cauce. Es un estímulo excelente”. Romain también descubrió otra forma interesante de comunicarse con su jefe: “Logré identificar algunas de sus fuentes de inspiración: la imagen de marca, algunos líderes inspiradores, etc. Utilizo ejemplos concretos que le atraigan para demostrarle que no está yendo por buen camino. Es un método infalible”. Por lo tanto, vemos que el trabajo de Romain incluye un componente psicológico, algo que no tendría por qué ser así.
Para profundizar aún más, Girodon también sugiere utilizar herramientas de desarrollo personal: “Una vez que has tomado conciencia de tus diferencias y las has reconocido abiertamente, puede resultar útil emplear herramientas de comunicación no verbal, como el MBTI o el DISC. Básicamente se trata de encontrar un pretexto a fin de llegar a un procedimiento operativo común y obtener una perspectiva general. De lo contrario, acabaremos chocando, lo cual tendrá un impacto negativo en el rendimiento”.

4.Protege a tu equipo

A Romain no le ha quedado otra opción que desempeñar el papel de “mánager pararrayos”, puesto que actúa como filtro entre el director general y sus equipos. Este papel no existía antes de su llegada. “Implantar procesos y cambiar hábitos lleva tiempo, porque el director general tiene que generar confianza. Pero a la larga funciona bien”, afirma. Sin embargo, siempre cabe la posibilidad de que algo falle. Si eso ocurre, Romain nos recuerda sutilmente el procedimiento a seguir, centrándose en el aspecto empresarial: “Hago hincapié en el hecho de que el bienestar y la felicidad de los empleados son fundamentales para el rendimiento de la empresa. Luego, recuerdo a mi equipo que deben ver las cosas con cierta perspectiva: aquí no está en juego la vida de nadie. Les animo a desconectar y hago todo lo posible para garantizar un entorno de trabajo saludable, aunque eso signifique llevarme todos los golpes. Girodon está de acuerdo con este método: “Tenemos que ser coherentes cuando hay incoherencias. Es decir, asumir que algunas decisiones no nos corresponden. Puede que no estemos de acuerdo con ellas, pero hay que saber aceptarlas y compartirlas con los compañeros, siempre con transparencia. Es parte del juego: trabajar en una empresa a veces significa aceptar decisiones con las que no estamos de acuerdo al cien por cien”. Además, siempre que nuestro jefe crea en la visión de la empresa, en su misión, valores y razón de ser, los desacuerdos no supondrán un gran problema. Esa es su manera de proteger al equipo a largo plazo.

5. Pon freno a la espiral de negatividad

El peligro de este tipo de situaciones es que pueden dar lugar a una espiral negativa que se mantenga dentro del equipo. Girodon comparte un consejo clave: “No solo tenemos que reconocer los defectos de nuestro jefe, sino también sus cualidades, aunque nos cueste. La idea es evitar centrarse en los aspectos negativos, ya que eso supondría el principio del fin en una relación profesional. Este tipo de actitudes no solo fomentan las interacciones no virtuosas, sino que arruinan el día a día de todos los implicados”. Un enfoque racional evitará que parezca que todos tengan un enemigo común: “Es inútil rebelarse. Hay que atenerse a los hechos y asumir ese malestar”. Romain logró detener la espiral negativa gracias en parte a su forma de ser: “Tengo la suerte de ser bastante tranquilo por naturaleza. Sé cómo equilibrar las cosas y orientarme totalmente a la resolución de problemas. En lugar de asumir el problema o la presión sin filtro, enseguida me pongo a pensar en soluciones. Además, he hecho las paces con la profesión que he elegido. Estoy aquí para resolver problemas: esa es la apuesta que haces cuando te incorporas como mánager a una empresa digital en rápido crecimiento. De lo contrario, más vale que cambies de profesión”.

Traducido por Rocío Pérez / Foto: Welcome to the Jungle

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