Cómo gestionar el ego de tus colaboradores (y el tuyo propio)

Cómo gestionar el ego de tus colaboradores (y el tuyo propio)

Hay personas que sueñan con montar en globo para observar el mundo desde las alturas. Otras, en cambio, no lo necesitan, ya que su ego se encuentra permanentemente a niveles estratosféricos. Como jefe, es responsabilidad tuya asegurarte de que el ego desmesurado de un empleado no se convierta en un lastre para el resto tu equipo. Pero entonces, ¿cómo lidiar con un miembro del equipo con una que tiene una personalidad muy marcada, sin dejar por ello que tu propio ego se imponga? ¿Cómo reaccionar cuando el ego de un colaborador se vuelve tóxico?

Cómo convertir el ego en una fuerza motriz para el equipo

El ser humano es inseparable de su ego por lo que, en el trabajo, las cosas no iban a ser diferentes. Con frecuencia, el ego del empleado se manifiesta en forma de fanfarronería, en una tendencia a quitarle importancia a los logros de los demás en favor de los suyos, o incluso en cierto talento para desbaratar proyectos o relaciones entre compañeros a través de un comportamiento pasivo-agresivo. Por suerte, el ego también tiene su lado bueno, pues tras él se oculta una faceta más positiva que puede resultar beneficiosa para todo el equipo, siempre y cuando sepamos sacarle partido.

  • El ego, un aliado de la autoconfianza. Las personas triunfadoras suelen poseer un gran ego positivo, ya que creen en sí mismas y son capaces de superar todos los obstáculos. Esta confianza inquebrantable puede demostrar a los miembros del equipo con una personalidad más reservada que todo es posible, e inspirarles un mayor entusiasmo y determinación. Como jefe, está en tus manos fomentar los aspectos positivos del ego de tus empleados, es decir, la ambición, la confianza, la audacia, etc.

  • El ego, un impulsor del rendimiento. “En su momento me tocó gestionar un equipo de comerciales completamente desmotivados. Pero la llegada de un nuevo compañero, ambicioso y un poco arrogante, hizo que se reavivara la competencia dentro el equipo y que todo el mundo se pusiera en movimiento”, explica Camille, que trabaja como directora de ventas en el sector alimentario. Una competencia sana, alimentada por el ego de cada empleado, puede acabar con el aburrimiento y la rutina y mejorar el rendimiento general, despertando en el equipo el deseo de implicarse más en sus tareas.

  • El ego, un recordatorio de la importancia del reconocimiento. Debido a la gran carga de trabajo y las responsabilidades, es posible que en ocasiones te olvides de prestar atención a los progresos de tu equipo. En situaciones así, un empleado con un ego más desarrollado te permitirá recordar tu condición de líder. Eso fue lo que le ocurrió a Alejandro, jefe del departamento de informática de una empresa: “Cuando tuve que contratar a un nuevo empleado para que se uniera al equipo, enseguida me di cuenta de que este tenía una gran necesidad de reconocimiento y validación. Como quería ser justo con los demás, tuve que verbalizar más a menudo mi satisfacción con el trabajo de todos, algo poco natural en mí. En las siguientes revisiones anuales pude comprobar que mi equipo estaba más entusiasmado desde que comencé a hacer más comentarios positivos”.

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Cómo controlar tu propio ego ante los demás

Lidiar con un empleado con un ego desmesurado puede suponer toda una prueba de autocontrol para ti, ya sea porque ponga en entredicho tu manera de organizar el trabajo, tu estilo de liderazgo o tus valores. Pese a ello, sigue siendo tu responsabilidad como jefe el saber gestionar y ayudar a progresar a todos los miembros del equipo, incluido ese empleado que tanto te irrita. “Me ha tocado trabajar con un compañero un tanto sabelotodo. Da igual el tema que estemos tratando, él siempre parece haber inventado la pólvora y, para más inri, le encanta buscarle a todo el lado conspirativo. Sin embargo, la cultura de mi empresa es muy indulgente y no me queda otra que respetarla, por mucho que él ponga al límite mi paciencia” confiesa Antonio, que trabaja como jefe en el sector financiero.

Para ello, haz una lista mental de los comportamientos que estás dispuesto a tolerar y aquellos que van demasiado lejos, pero teniendo siempre en cuenta las prácticas de la empresa, que pueden ser más o menos indulgentes ante una actitud arrogante por parte de los empleados. Esto no hará que tu compañero cambie de actitud, pero al menos te ayudará a anticipar tus propias reacciones, ya que no hay nada peor que una reacción en caliente. La cuestión no es dejar que dicho empleado actúe sin consecuencias, sino simplemente tratar de ser justo a pesar de su capacidad para crear molestias.

Cómo aplacar el ego de un empleado

El boxeador estadounidense Mohamed Alí dijo una vez: “Es difícil ser humilde cuando eres tan bueno como yo”. Y es que, efectivamente, el ego suele ir acompañado de cierto talento. No es de extrañar, por lo tanto, que a veces resulte difícil hacer reproches cuando los resultados son buenos. Sin embargo, los problemas y los conflictos derivados de un ego desmesurado pueden llegar a trastocar gravemente la productividad de un equipo, mermando su energía y su capacidad de colaboración. Entonces, ¿qué se puede hacer para aplacar el ego de uno de los miembros del equipo?

  • Felicítalo de manera individual. Las personas que hacen gala de un exceso de arrogancia suelen ocultar profundas inseguridades. Organiza una reunión individual para reconocer el valor de su trabajo. Más tarde, en las reuniones generales, felicita al equipo de manera conjunta. Este es un humilde pero poderoso recordatorio de que los esfuerzos de cada miembro son esenciales para el éxito de todo el grupo, y evita tener que poner a dicho compañero en un pedestal delante de los demás.

  • Descubre sus verdaderos puntos fuertes. La actitud del sabelotodo suele estar relacionada con la sensación de que su talento no está del todo aprovechado. Por eso depende de ti descubrir sus puntos fuertes y sacarles partido, de forma que puedas pedirle ayuda en temas muy precisos. Un ego ocupado es un ego sosegado.

  • Aprender a conocerlo personalmente. Conocer mejor la personalidad y las motivaciones del empleado puede ayudarte a calmar su ego, o por lo menos a mejorar tu relación con él, de modo que puedas acompañarlo de una manera más justa. Y quién sabe, ¡puede que incluso lleguéis a disfrutar trabajando juntos!

Cuando el ego se vuelve tóxico

Si la situación se ha vuelto insostenible tanto para ti como para los miembros de tu equipo, ha llegado el momento de actuar. Si no se le pone remedio, el ego de un empleado puede crear divisiones y derivar en problemas más graves. Por suerte, existe la posibilidad de gestionar este tipo de problemas de manera más o menos diplomática.

Entabla un diálogo con él, explicándole que las soft skills son tan importantes como los resultados y que la actitud forma parte del rendimiento. Hazle entender que sus interacciones con los demás no son aceptables y que su actitud podría tener un impacto en sus evaluaciones y en su éxito laboral. Una vez que hayas aclarado esto, deberéis centraros directamente en las formas de mejorar. Con mucha frecuencia, las personas con un ego desmesurado no son conscientes de su comportamiento. En ese caso, no dudes en proporcionarle ayuda, ya sea asesorándolo tú mismo u ofreciéndole la ayuda de un profesional ajeno a la empresa. Ante todo, déjale claro que quieres ayudarle a preservar su bienestar a nivel tanto personal como profesional.

Sin embargo, a veces el diálogo no da sus frutos. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a Antonio: “Un día cometí el error de explicarle que su ego podía incomodar a los demás. No se lo tomó nada bien, y se pasó dos meses sin mover ni un dedo. Como se implica mucho en el trabajo, se cree que es bueno en lo que hace, pero eso no siempre es cierto”. En una situación así, lo más importante es proteger a los demás miembros del equipo y apartar al empleado de una forma más o menos sutil: “Con el tiempo, opté por cambiar de enfoque. Le asigné una misión en solitario, engatusándolo con la idea de que se trataba de un proyecto extremadamente importante para la empresa. A mi propio ego no le hizo ninguna gracia, pero la estrategia funcionó bien, ya que hizo un trabajo fantástico y pudo dar un respiro a sus compañeros”, cuenta Antonio. Al asignarle una responsabilidad o un proyecto ambicioso, a ser posible con un trato limitado con el resto del equipo, solo tendrás que aguantar sus fanfarronadas de vez en cuando (durante la pausa para el café, por ejemplo) y así evitarás que su comportamiento repercuta directamente en los demás proyectos.

El ego es indispensable para la autoestima. Pero cuando se impone a expensas de los demás, puede resultar problemático, e incluso patológico. Dado que se desarrolla a una edad muy temprana, es necesario un trabajo voluntario, profundo y prolongado para lograr suavizarlo. Como jefe, tu misión consistirá en encontrar el equilibrio entre el apoyo a una personalidad complicada y el bienestar de los demás miembros de tu equipo. Y para ello deberás aprender a vivir con tu propio ego, y con el de los demás.

Traducido por Rocío Pérez / Foto de WTTJ

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