¿Acentos? Sí claro, pero en el trabajo mejor no

Glotofobia: así se discrimina en el trabajo por el acento

Coincidiendo con el 98 aniversario del nacimiento de Lola Flores, la cerveza Cruzcampo presentó hace unos días la campaña ‘Con Mucho Acento’ que buscaba, según declaró la propia marca, poner “los estereotipos patas arriba y abandonar definitivamente ciertos estigmas alrededor de los acentos”. La campaña llega precisamente en un momento en el que hemos sido testigos de diversas polémicas en los medios y en las redes sociales, surgidas a raíz de que varias personalidades públicas, como la ministra María Jesús Montero o el presentador Roberto Leal, hayan sido objeto de burla por sus acentos. Y si bien La Faraona nos recuerda que el acento debería ser motivo de orgullo, la realidad es que nuestra sociedad todavía tiene muchos prejuicios en relación a los acentos y que, como es de esperar, también se reflejan en el mundo laboral.

“Yo hacía publi, no monólogos”: el día a día en el trabajo

Carlos trabajaba en una agencia de publicidad, pero asegura que, en su equipo, sus ideas no se tomaban en serio debido a su acento malagueño. “El ‘qué gracioso eres’ era mi día a día. Después de presentar una idea siempre caía algún ‘qué arte, qué gracioso’ o ‘me encanta cómo hablas’. Te aseguro que mi intención no era ser gracioso, era ser brillante. Pero de mi idea, nada, ni un comentario. ¡No digo que mis ideas fueran buenas! Pero me fastidia que escuchasen mi acento andaluz y se olvidasen de que yo hacía publi, no monólogos”.

Este tipo de experiencias son muy comunes. Aunque a veces adoptan formas realmente graves, como en el caso de Elena. “Encontré trabajo en el gabinete de prensa de un showroom de moda en Barcelona. Mi padre es venezolano y mi madre peruana, pero yo no tengo ningún tipo de acento. Un día, estaba hablando con mi jefa y ella de repente me dijo: ‘Menos mal que no tienes acento, porque a las pijas de Barcelona, y sobre todo a las de Madrid, no les gusta la gente con acento. Si lo tuvieras no podrías trabajar en moda’”, recuerda.

Ana, de Cádiz, asegura que, sin duda, la peor experiencia por acento fue cuando trabajaba en una famosa app de reparto de comida a domicilio: “En teoría, todo es muy diversity y muy chupiguay. Mola contratar a gente internacional, pero no de otras autonomías”. “En una llamada de trabajo por Skype con personas de la central de la empresa que está fuera de España, en la que se estaba hablando en inglés, yo tenía que comentar un tema importante. Tengo un nivel C1 de inglés, pero mientras hablaba, notaba que varios compañeros se contenían la risa. Una compañera que era amiga mía me contó que el jefe había pasado por Slack una foto de Carmina Barrios, la protagonista de la película Carmina o revienta, como si yo fuera mínimamente parecida a ella… Fue muy doloroso el tiempo que pasé allí. Me sentí muy ofendida y muy infravalorada”, lamenta Ana.

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Glotofobia: así discriminamos por el acento

Podríamos encontrar cientos o miles de testimonios parecidos. Son ejemplos de lo que se ha bautizado como glotofobia o acentismo. Carlos Romero, profesor del departamento de Psicología evolutiva y de la educación de la Universidad Autónoma de Madrid, explica que la glotofobia, o el rechazo o discriminación hacia una persona con motivo de su acento, “es un fenómeno global que se debe a mecanismos neurales y psicológicos comunes a todas las personas”.

Pero puntualiza: “En cada región puede haber particularidades, debido a los estereotipos que tienen las personas acerca de los diferentes acentos, ya sean regionales, extranjeros o característicos de una determinada etnia”. Por ejemplo, según Romero, uno de los acentos que peores estereotipos arrastra en España es el asociado con la etnia gitana. Pero, ¿cuáles son las razones por las que ocurre este fenómeno?

Dificultad para procesar la información

Según cuenta Romero, investigaciones realizadas por la Universidad de California muestran que la categorización por acento puede ser incluso más fuerte que la categorización que hacemos por raza, y añade que estos efectos de categorización “se dan desde la más temprana infancia”. En este sentido, otro estudio, en este caso liderado por Katherine Kinzler, de la Universidad de Cornell, mostró un dato muy interesante: “Los niños de 5 años prefieren hacerse amigos de niños de otra raza, pero que hablen con su mismo acento, antes que de niños de su misma raza pero que hablen con un acento diferente”.

Esto se debe, según explica Romero, a la dificultad de procesamiento. “Hemos realizado varios estudios en los que hemos observado que el cerebro procesa de forma diferente el acento nativo (o los acentos más estándar) y los acentos extranjeros (o menos estándar, como los acentos regionales, los acentos propios de alguna etnia o clase socioeconómica particular, o simplemente acentos a los que no estamos acostumbrados). El cerebro tiene más dificultades al procesar la información acústica de los acentos no estándar y eso hace que le sea más difícil entender el significado de las palabras. Esto, a su vez, puede provocar un sesgo negativo sobre las impresiones que nos formamos de los hablantes. De una forma casi inconsciente, nos formamos una impresión más negativa de aquellas personas que más nos cuesta entender”.

Acentos y estereotipos

El segundo mecanismo en el que se basa la glotofobia es el de categorización: “Utilizamos el acento de las personas para hacer inferencias sobre su grupo social y les atribuimos las características estereotípicas asociadas con ese grupo. Además, cuanto más fuerte es el acento de la persona, más estereotípica es percibida esa persona. Por ejemplo, una persona con un acento andaluz más marcado será percibida como más estereotípicamente andaluza que otra persona con un acento andaluz más débil”, argumenta Romero.

En relación con esta cuestión, el departamento en el que trabaja Romero en la Universidad Autónoma de Madrid tiene actualmente un estudio en proceso que pretende demostrar que, en el contexto de un juicio por un delito con violencia, los acusados que hablan con acento extranjero reciben condenas más severas que los acusados que hablan con acento estándar.

El impacto del contexto y la actualidad

Romero añade que también hay efectos ambivalentes, que dependen del contexto. “Por ejemplo, y recurriendo al estereotipo (¡y piensa que yo soy andaluz!), una persona con acento de Andalucía en el contexto de una fiesta quizás pueda ser percibida de forma más positiva que en el contexto de una entrevista de trabajo, porque al escuchar el acento se activa el prototipo que se atribuye a ese colectivo”, comenta.

Y lo mismo sucede con la actualidad: “Por ejemplo, hoy en día, un acento madrileño quizás no sea del todo bienvenido por algunas personas de Cataluña, y a la inversa; mientras que ha habido otros momentos históricos en los que estos efectos no tenían por qué darse, o al menos no con la misma fuerza”, opina el experto.

“Pero, ¿tú sabrías neutralizar el acento?”

Todas estas asociaciones negativas afectan a muchos ámbitos de la vida, también a la hora de encontrar empleo. Según Carlos Romero, numerosos estudios demuestran que los potenciales candidatos a un trabajo que hablan con acento regional o extranjero suelen ser percibidos como menos competentes que los candidatos que hablan con un acento estándar o más parecido al del entrevistador.

En España, durante años, se ha tendido a favorecer el español estándar o neutro en posiciones que requerían interacción con el público. El ejemplo de la televisión, donde con frecuencia se exigía a los presentadores que eliminasen sus acentos regionales, es uno de los más conocidos y Haridian, una periodista canaria residente en Madrid lo conoce bien. “Acababa de terminar la carrera de Periodismo y comunicación audiovisual y era mi primera entrevista de trabajo en una productora. El puesto al que optaba era de reportera”, cuenta. “Acudí a la cita y el entrevistador comenzó a contarme en qué consistía el puesto y dijo que le había encantado mi perfil. Pero cuando yo le empecé a contar un poco mi experiencia y demás, se me quedó mirando de una forma extraña. Cuando acabé de hablar, me preguntó: ‘Oye pero, ¿tú sabrías neutralizar el acento? Para este puesto necesitaríamos un acento más neutro’. Le dije que sí, sobre todo por vergüenza. Cuando llegué a mi casa le escribí un correo electrónico diciéndole que finalmente no aceptaba el puesto”.

No obstante, el experto recuerda que en otros contextos se puede producir el efecto contrario. “Los efectos de categorización también pueden ser positivos”, apunta Romero y pone el ejemplo de la lengua inglesa: “Por ejemplo, en Estados Unidos, el acento británico estándar se asocia con la inteligencia, porque el estereotipo de los británicos va en esa dirección”.

¿Podemos prevenir la glotofobia?

La solución de este problema no es en absoluto sencilla, pero preguntamos a Carlos Romero qué podemos hacer para reducir la glotofobia. “Es una pregunta muy difícil, pero luchar contra esta problemática requiere, desde luego, un enfoque multidisciplinar”. Esto pasa por la legislación, para penalizar de forma efectiva los casos de discriminación laboral, pero también por la educación: “Es muy necesario educar en la positividad y la riqueza que aporta la diversidad de acentos, y familiarizar a las personas desde jóvenes con diversos acentos y con sus hablantes para reducir los sesgos negativos”.

En el ámbito laboral, tanto las empresas como los medios de comunicación tienen mucho que aportar a esta cuestión. Las primeras, deberán fomentar políticas internas que profundicen en una cultura de la diversidad y de la integración, no solo internacional sino también a nivel autonómico. Los medios, por su parte, deberán sacar a la luz los casos de discriminación por el acento y fomentar el debate social en torno a esta cuestión. Porque como bien dice la falsa Lola en su anuncio, “acento es que se te vean las costuras”, y eso solo puede ser algo bueno.

(*) Algunos nombres se han cambiado para proteger la identidad de los entrevistados.

Foto de WTTJ

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