5 consejos para vencer el síndrome del impostor

5 consejos para vencer el síndrome del impostor

Creer que alimentas una mentira, que no eres digno del trabajo que tienes o que no vales para tu puesto y vivir con miedo a que algún día se descubra, son algunos de los pensamientos comunes que experimentan aquellos que sufren el síndrome del impostor. Muchas más personas de las que creemos deben enfrentar su rutina laboral sintiendo que son un fraude. Si crees que tú puedes estar entre ellos, te contamos qué hacer para superar tus miedos y disipar las dudas acerca de tu valía profesional.

1. Crea una lista de habilidades

Piensa en una cualidad de la que te sientas orgulloso y que te haya ayudado a alcanzar algún objetivo. Repite esta operación, haz una lista con todas ellas y no olvides apuntar junto a cada una de estas cualidades los resultados positivos que obtuviste poniéndolas en práctica.

Según la psicóloga Elisa Sánchez Lozano, directora de Idein, “aquellos que padecen el síndrome del impostor supeditan el ser al hacer” y necesitan “el refuerzo externo para sentirse bien”, lo que supone un problema a la larga. Para evitarlo, céntrate en tus habilidades y en cómo pueden ayudarte a alcanzar tus objetivos.

2. Reconoce tus debilidades y potencia tus fortalezas

En ocasiones tendemos a confundir una autoestima en plena forma con la egolatría. “Tener una autoestima sana no significa ser el mejor en todo”, puntualiza Elisa Sánchez. “El ego se basa en la comparación y es un mecanismo que se suele usar precisamente cuando la autoestima es baja”. Por ello, el primer escalón de una autoestima sana es el autoconocimiento, identificar aquellas cosas que se te dan bien y aquellas que no tanto.

Para conseguirlo, Sánchez recomienda “analizar si dedicamos más tiempo a potenciar nuestras fortalezas o nuestras debilidades”, porque habitualmente las personas inseguras dedican más tiempo a intentar mejorar sus debilidades y, según la experta, “esta estrategia está condenada a la frustración”.

Por este motivo, aunque es positivo que sepas identificar tus puntos débiles e intentes mejorarlos en la medida de lo posible, centra tu energía en potenciar aquello en lo que eres bueno. Esa cualidad que te hace brillar será la que te dará confianza en los momentos de crisis en los que te preguntes si realmente eres válido.

3. No dejes que el perfeccionismo te bloquee

La necesidad de hacer las cosas bien a la primera, de mantener el control y el miedo a fracasar puede bloquearnos y alargar los tiempos de trabajo. El perfeccionismo obliga a mantener estándares imposibles y a no conformarnos con nada. Por este motivo, los perfeccionistas se sienten atrapados en un ciclo interminable de esfuerzo excesivo. Es por ello que, quienes sufren el síndrome del impostor, tienden a trabajar en exceso para tratar de compensar el hecho de que sienten que no son adecuados para el puesto que ocupan.

Según explica Elisa Sánchez, es necesario establecer una diferencia entre exigencia y excelencia. Mientras la primera “se caracteriza por entender el error como un fracaso, se centra en los resultados y solo acepta una única forma de hacer bien las cosas”, lo que puede llegar a “generar trastornos como la ansiedad”. La segunda “entiende el error como una parte del aprendizaje y se centra en el proceso”.

Para que consigamos centrarnos en la excelencia y aprender de los errores, la psicoterapeuta Petra Kolber ofrece algunas estrategias en su libro Detox para perfeccionistas:

  • Identifica tus tres pensamientos negativos más habituales y escríbelos en una libreta. Tomar conciencia de ellos puede ser de gran ayuda, de esta forma, la próxima vez que te vengan a la cabeza podrás tomarte un minuto para analizarlos y desecharlos.
  • Cambia las expectativas por objetivos. A veces las expectativas vienen motivadas por lo que suponemos que los otros esperan de nosotros. Táchalas de tu lista y, en su lugar, proponte objetivos específicos, medibles, realistas y realizables.
  • No intentes cambiar el pasado. El pasado, pasado está. Deja de darle vueltas a tus errores y piensa en cómo te pueden ayudar a construir tu presente. No caigas en pensamientos tóxicos que no te llevan a ninguna parte.
  • Abraza tus imperfecciones. Escribe en una lista aquellas que te hagan sentir peor. Analízalas con detenimiento y valora si puedes trabajar en ellas para mejorar o si debes aceptarlas tal y como son. Querer a una persona (en este caso, tú mismo) no significa que nos deba gustar todo de ella.

4. Huye del pesimismo

Elisa Sánchez asegura que los pensamientos irracionales y negativos, en los que tendemos a caer cuando nos vemos afectados por el síndrome del impostor, generan emociones que nos llevan a anticipar un futuro negativo que, por otra parte, no necesariamente llegará a producirse. Como dijo el médico español Ramón y Cajal, “todo ser humano, si se lo propone, puede ser escultor de su propio cerebro”. Así que, para evitar caer en el pesimismo, te proponemos estos ejercicios:

  • Socializa. Ya sabes eso de que las penas compartidas se dividen, pero las alegrías se multiplican. Todos necesitamos una cierta dosis de introspección, pero asegúrate de no pasar solo la mayor parte del tiempo y de mantener el contacto con tus compañeros de trabajo.
  • Intenta buscar soluciones. Las personas pesimistas tienen más probabilidades de darse por vencidas cuando se encuentran con una situación difícil en el trabajo. La próxima vez que algo no marche bien, sé proactivo en vez de quejarte.
  • Cambia tu lenguaje. Es muy importante la forma en la cual nos expresamos, pues a menudo muestra cómo actuaremos. En vez de decir “no puedo” prueba con un “voy a intentarlo”.
  • Aprende cosas nuevas. Cuando llevamos mucho tiempo en la misma empresa es cada vez más difícil escapar de la rutina y encontrar algo que nos apasione. Busca algún reto novedoso y afróntalo con decisión.

5. Quítale hierro a lo que te preocupa

Según el estudio The impostor phenomenon, publicado en el International Journal of Behavorial, el 70% de la población ha sufrido el síndrome del impostor en algún momento de sus vidas. Si charlas con tus colegas, seguro que muchos de ellos se habrán sentido de manera similar en alguna situación y será mucho más fácil desdramatizar el asunto si compartís vuestras experiencias.

Por otra parte, para Elisa Sánchez en este punto es fundamental “aceptarse y tratarse con amabilidad”, pues en muchas ocasiones somos “demasiado duros y exigentes con nosotros mismos”. El primer paso para dejar el síndrome del impostor atrás es recordar que nadie es perfecto y permanecer abierto a la crítica, sin dejar que tus miedos internos tomen el mando de la situación. Si tu jefe te dice que no está contento con el resultado del informe que has entregado, en vez de de sentirte ofendido o incapaz, pregunta qué es lo que no ha funcionado y cómo podrías mejorarlo. Déjate aconsejar, muéstrate empático y receptivo al cambio y comprobarás que muchos de tus compañeros pueden ayudarte a ser mejor profesional.

Y por último, evita compararte, y mucho menos con gente que lleve muchos años en la empresa. En vez de sentirte frustrado, usa ese sentimiento como fuente de motivación e inspiración, sin olvidarte de cultivar tus propias pasiones y fortalezas, pues son las que te hacen único y valioso.

Foto de WTTJ

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Olga Tamarit

Freelance Content Creator

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