Mayores oportunidades que retos: por qué el teletrabajo es una buena noticia

Por qué el teletrabajo es buena noticia: retos y oportunidades
Un artículo de nuestro experto

David Blay

Periodista. Consultor y formador en teletrabajo. Conferenciante y podcaster.

En plena expansión del teletrabajo a nivel mundial como consecuencia de la crisis, y con numerosas empresas implantándolo ya de manera permanente en sus equipos, son varias las cuestiones que se plantean sobre el desarrollo de esta modalidad laboral. Entre ellas, destacan las voces que afirman que la posibilidad de trabajar a distancia provocará una deslocalización masiva de las profesiones del ecosistema digital, como ya sucedió en su día con la producción industrial con el objetivo de reducir costes. Pero ¿es cierto que nos dirigimos hacia un panorama laboral en el que se crearán competencias geográficas entre trabajadores de distintas regiones? Y, de serlo, ¿qué impacto tendrá sobre ellos esta tendencia? ¿Cómo afectará a la captación de talento?

David Blay, periodista especializado en cuestiones ligadas al teletrabajo y autor del libro ‘¿Por qué no nos dejan trabajar desde casa?’ (2014), nos da las claves sobre el panorama laboral que se dibuja con la generalización del trabajo a distancia en todo el mundo.

Partamos de una base: ni todo el mundo va a querer teletrabajar ni todo el mundo, aun queriendo, va a estar cómodo haciéndolo. Yo, que llevo ejerciendo mi profesión en remoto desde 2007, suelo huir de las generalizaciones en este tema en concreto. Porque existen demasiados factores internos y externos diferentes en cada compañía como para aseverar una única verdad. Lo que sí es cierto, indiscutiblemente, es que con una formación apropiada (porque, no nos equivoquemos, nadie nos ha enseñado a afrontar esta nueva manera de operar, como nadie nos dio un curso de redes sociales o de gestión del correo electrónico o las notificaciones de mensajería instantánea), un 60% de las profesiones pueden ejercerse a distancia. Y no lo digo yo, sino un estudio realizado por el Banco de España en 2020. Y si bien puede tratarse de una tendencia muy positiva para el mundo del empleo, esta generalización también plantea numerosos retos y cuestiones que merece la pena tratar.

Remuneración en función de la ubicación, ¿sí o no?

Uno de los temores más recurrentes, posiblemente alentado por las decisiones que tomó Facebook tras mandar a su plantilla a sus domicilios de pagarles diferentes sueldos según sus lugares de residencia, es si es factible que nos paguen menos por el simple hecho de ubicarnos en una localidad más asequible que aquella en que se construyó la sede central de nuestra firma. Algo que, en general, hoy en día no ocurre y es posible que no lo haga nunca. De hecho, la ley española que regula el trabajo a distancia especifica que el teletrabajo regular (más del 30% del tiempo de trabajo) en ningún caso podrá suponer un perjuicio para el salario.

Globalmente, las firmas que acostumbran a operar con trabajadores a distancia suelen ofrecer un salario tipo según el puesto a cubrir, independientemente de dónde proceda el talento que se presentará como candidato para acceder a ese empleo. Me explico: muchas multinacionales han contratado durante años a trabajadores fuera de su ámbito geográfico y les han pagado un buen salario, esto no es nuevo. Únicamente si se veían en la obligación de pedirles que dejaran sus casas y a sus familias para trasladarse a otra ciudad, o a otro país, asumían un coste compensatorio más alto. Pero cuando esto no sucedía, el sueldo no era menos competitivo por el simple hecho de no aparecer a diario por la oficina.

Aunque sí es cierto, por ejemplo, que existen compañías que no dudan en contratar a trabajadores en países con menor poder adquisitivo a los que ofrecen un salario muy competitivo en sus países de origen, pero menor que el que pagarían a alguien con la misma posición en el país donde está ubicada la empresa. Por ejemplo, es conocido el caso de numerosas compañías holandesas que, en este sentido, fichan desarrolladores senior en España por el mismo sueldo que costaría uno junior en su país.

¿Significa esto que puede ocurrir lo mismo con nosotros si se deslocalizan algunos puestos de trabajo? Quizá ese sea el miedo más recurrente, o lo que nos han hecho pensar desde las patronales laborales. Pero la realidad es que la generalización del teletrabajo abre más opciones que nunca para cualquier tipo de perfiles: podemos perder oportunidades, sí, pero también ganarlas. Porque ya no se busca cercanía, sino capacidad de resolución, por lo que el miedo que podamos tener a que alguien de la India haga lo mismo que nosotros más barato es lícito, pero seguramente un alemán también pueda temer que nosotros hagamos lo propio. Y que, en la era digital, los costes no los baja la producción. Lo hace la eficiencia.

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¿Por qué siempre nos imaginamos lo peor?

Una oportunidad para el talento

Entonces, ¿no hemos aprendido nada de la deslocalización por motivos económicos que se llevó a cabo en los sistemas de producción de todo el mundo? Debemos tener en cuenta que esta circunstancia suele darse en la industria de la manufactura, en la que difícilmente podremos englobar el teletrabajo. Por otro lado, como comentábamos, la búsqueda de talento en otros países a precios más competitivos es un fenómeno que ya se daba antes de la pandemia en las profesiones digitales. ¿O no es cierto que plataformas como Upwork, para buscar y encontrar trabajo como freelance, permitían a muchos españoles ofrecer sus habilidades a mejores precios que otros ciudadanos del mundo? La globalización llegó antes que el trabajo remoto. Pero eso no significó que solo se buscara mano de obra más barata.

Pongamos un ejemplo clarificador: en el sector de los desarrolladores, el paro tiende a cero. Y no solo a los mejores se los rifan, sino a cualquiera que sea capaz de demostrar sus habilidades de manera razonable. Hasta el punto de que muchísimos de estos perfiles reciben diariamente ofertas a través de las redes sociales para cambiar de compañía. Con un sueldo mayor. No se están buscando trabajadores más económicos. Se buscan mejores.

Si entendemos esto, nos preparamos (hoy hay formación rápida, barata y eficiente para reorientarse en cualquier sector, vengas de donde vengas) y somos conscientes de que algunos mercados clásicos se hunden, pero otros emergen a lo grande (un claro ejemplo: los medios de comunicación agonizan, pero las empresas no paran de fichar periodistas para realizar contenidos propios como podcast o píldoras audiovisuales), nos permitiremos plantear dos escenarios: la pérdida del temor por parte de los trabajadores a solicitar poder ejercer su profesión desde casa, una de las grandes barreras existentes hoy día, y el ejemplo hacia los dubitativos de que, con una buena base, esta opción puede convertirse en válida para cualquiera que pretenda al menos probarla.

El impacto positivo supera al negativo

Hemos comenzado a teletrabajar en mitad de una crisis sanitaria, encerrados en casa, a cargo de nuestros hijos o de personas dependientes, la mayoría sin educación digital previa, añadiendo a las preocupaciones laborales las familiares y las económicas. Y sin embargo, gracias en gran medida a las empresas que han podido operar a distancia, la caída de la economía y la pérdida de empleos han sido menores.

Es más, es un hecho que a partir de septiembre de 2020, tras un verano tranquilo y con la reapertura de los colegios, unido a un mayor conocimiento de los procesos que implica el teletrabajo, el final del año fue enormemente productivo. En este tiempo, es posible que muchas personas se dieran cuenta de cómo era realmente el teletrabajo cuando la flexibilidad estaba de verdad presente en sus vidas y podían aprovechar las horas del día para hacer otras cosas más allá de estar delante de un ordenador.

Pero, como suele ocurrir cuando entramos en una velocidad de crucero en cualquier ámbito de nuestra vida, no solemos darnos tiempo para parar a reflexionar. Y en lo que se refiere a la implantación del teletrabajo en las empresas, esta reflexión es vital para optimizar no solo los procesos, sino el estado de ánimo de sus plantillas. Porque, al fin y al cabo, hoy todo es medible. Incluso el rendimiento y la productividad, también el estado de la salud mental o el riesgo de burnout de las personas que están a tu cargo.

Aquellas compañías que durante los primeros meses de la crisis no dudaron en tener conversaciones con sus equipos acerca de cómo se encontraban ellos o sus familiares, deberían tenerlas ahora sobre si se sienten cómodos o no con el trabajo a distancia. Esto influirá en gran medida en la motivación de cada colaborador, en su eficiencia, en su implicación. Con esta base, podemos pensar en situarnos en un escenario más feliz, y menos estresante a todos los niveles, que el que vivimos hoy día: un lustro hacia adelante, con esta práctica normalizada entre emprendedores y empleados de todo el planeta y sobre todo con la barrera de la desconfianza menguada por los resultados positivos que ha traído para todos, trabajadores y empresas, la normalización del trabajo a distancia.

Foto: David Blay para WTTJ

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