Teletrabajo y pandemia: la receta para el ‘boom’ tecnológico

Teletrabajo y pandemia: la receta para el ‘boom’ tecnológico
Un artículo de nuestro experto

David Blay

Periodista. Consultor y formador en teletrabajo. Conferenciante y podcaster.

El juego de ‘Los Sims’, primero, y la aparición de ‘Second Life’, después, abrieron el camino a una posible realidad alternativa, donde nuestras existencias virtuales podrían incluso compararse a las reales. Y nos proveyeron de visión dirigida hacia cómo podríamos interactuar en el plano no físico con cualquier perfil del planeta, estuviera donde estuviera. Hoy, la posesión por parte de una gran parte de los habitantes del planeta de teléfonos inteligentes y asequibles que superan la potencia de ordenadores no tan antiguos evidencia el rápido salto al que nos enfrentamos casi a diario. ¿Son estos mundos virtuales, impulsados por los avances tecnológicos, el futuro del trabajo?

Si todavía no has leído Ready Player One (Ernest Cline) o la trilogía El problema de los tres cuerpos (Liu Cixin) no solo te estás perdiendo dos de los mejores libros de ciencia ficción de la última década, sino dejando de entender la forma en que las interacciones digitales de la humanidad van a cambiar de forma definitiva tras la pandemia. Hoy, como ya ocurrió en el año 1985 con El juego de Ender, situaciones que vemos algo lejanas van a plantarse en nuestra vida de manera bastante inmediata. En la obra de Orson Scott Card se adelantaban el impacto de internet y unas tabletas que todavía tardarían 20 años en convertirse en realidad, pero en las de Cline y Cixin el horizonte se encuentra ciertamente cercano.

En estos tiempos y tras la experiencia vivida en el último año, un conglomerado de firmas lideradas por Sony y Epic Games han anunciado recientemente que planean invertir más de 1.000 millones de dólares en crear un “metaverso”: una mezcla de realidad virtual y aumentada que sustituiría al internet que conocemos y donde los humanos podrían interactuar sin límites, no solo físicos sino tampoco monetarios. No en vano hemos podido comprobar que ya comienzan a establecerse economías alternativas a las oficiales en la nube, como ha demostrado la salida a bolsa de Coinbase hace pocas semanas. Pero ¿cuán realistas son estas perspectivas?

A pesar de que transitamos hacia modelos híbridos con jornadas partidas entre oficinas y lugares propios (y su consecuente redefinición de tareas en un sitio y en el otro), las conexiones digitales entre compañeros, clientes, proveedores y otros perfiles relacionales ya no saldrán de nuestra vida. Y la pregunta subyacente es cómo, a nivel tecnológico y hasta temporal, irán evolucionando para que podamos darles un uso óptimo.

Comunicación virtual: una nueva generación de plataformas

La tecnológica Zoom, que ha dado lugar a uno de los males de los teletrabajadores desde el pasado mes de marzo (la bautizada como ‘fatiga Zoom’), ha sido precisamente la que lidera ahora la creación de un fondo de 100 millones de euros para invertir en startups que creen herramientas complementarias a lo que ellos ya ofrecen. El plan de la compañía es empezar a dirigirse hacia un futuro en el que la experiencia de los usuarios vaya más allá de las simples videollamadas con pantalla multicompartida, pero sin tener que salir del entorno que han creado y con el que se han familiarizado en el último año millones de personas en todo el planeta.

La lucha por dominar las comunicaciones virtuales representará en los próximos años una de las grandes apuestas de las compañías líderes en el entorno del software. Se demostró en febrero con el lanzamiento de Viva por parte de Microsoft, una plataforma que reúne comunicaciones, conocimiento, aprendizaje, recursos e información para los empleados de cualquier empresa y que busca unas funcionalidades más globales enfocadas a la mejora de la productividad y el bienestar de los trabajadores. Tal es el punto de interconexión en el que pretenden que se generen las interacciones, que la plataforma incluye programas para fomentar la relajación, ‘gamificación’ integrada para recibir refuerzos positivos por tareas realizadas y hasta un Big Data que recoge el desempeño y lo remite a los cargos responsables.

La lucha por dominar las comunicaciones virtuales representará en los próximos años una de las grandes apuestas de las compañías líderes en el entorno del software.

En una línea parecida se enfoca la apuesta de Webex, aunque su People insight va más destinado a la monitorización del trabajo tanto en perfiles que actúen en remoto con en aquellos que permanezcan en las oficinas. Lo que ambas empresas comparten es la preocupación, dicen, por la privacidad de sus contratados, y aspiran a crear informes digitales que ayudarán a saber qué perfiles funcionan mejor juntos o cuándo optimizar las reuniones grupales.

Sin embargo, estos avances se enmarcan dentro de lo que podríamos denominar “ventanas comunes”, es decir, con conexión directa a nuestro ordenador, tableta o teléfono inteligente. Pero se alejan todavía de cómo imaginamos que podrían cambiar verdaderamente nuestras relaciones a distancia, algo que sí están visualizando (y hasta probando con éxito) algunas compañías en diversas partes del planeta.

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Universos online: de los juegos al día a día

Gustavo Medina del Rosario nació en las Islas Canarias, pero opera la compañía The Singular Factory desde Florida con un equipo deslocalizado ramificado en más de 10 países y husos horarios. De la necesidad de gestionar esta situación de manera interna, donde todos los trabajadores se enmarcan en lo que los anglosajones denominan full remote, nació un programa que hoy ya utilizan miles de personas: Nubii. Ahora ha dado el primer paso hacia la creación de un espacio que, pese a ser cien por cien virtual, recupera la sensación de ubicarse en el mismo entorno físico.

Nubii recuerda cuando te conectas a Los Sims o Second Life, pero para quien no viviera los inicios de los 2000, se resume en una pantalla donde cada miembro del equipo dispone de un avatar propio. Una vez configurado, se accede al espacio de oficina (también diseñado a medida y que puede representar fielmente aquel al que acudimos de manera física). Y allí uno ocupa el lugar en el que quiera “sentarse”, puede acceder a una sala de reuniones con otros compañeros, tomar un café virtual con ellos y hasta decidir si pasa 10 minutos por los pasillos por si surge alguna conversación informal. Al tiempo que escoge el color con el que presenta al resto (verde como libre, amarillo para atender una llamada y rojo, “no molestar”) para evitar interrupciones innecesarias.

Uno ocupa el lugar en el que quiera “sentarse”, puede acceder a una sala de reuniones con otros compañeros, tomar un café virtual con ellos y hasta decidir si pasa 10 minutos por los pasillos por si surge alguna conversación informal.

“La pandemia ha acelerado una tendencia que no solo ha multiplicado por 10 la velocidad de implantación, sino que ha demostrado que esta situación se va a quedar”, señala Gustavo. “Hay marcas con campañas cruzadas entre volver a las oficinas o directamente no hacerlo nunca más y cada una pelea por atraer talento global. Esto, por ejemplo, está suponiendo un problema para gente como nosotros, que no somos un transatlántico y vemos cómo se incrementa la dificultad de fichar gente de nivel y cómo nos tocan constantemente a nuestros mejores perfiles”, señala Medina.

Experiencias inmersivas a corto plazo: ¿realidad o utopía?

En la era de las pantallas y con la expansión del teletrabajo, nuestra imaginación (y hasta algunas voces de expertos) hablan a corto plazo de experiencias inmersivas, realidad virtual y aumentada y hasta de hologramas como los que George Lucas adelantó en el Star Wars primigenio con Obi Wan Kenobi.

Algunas voces de expertos hablan a corto plazo de experiencias inmersivas, realidad virtual y aumentada y hasta de hologramas.

Con ese tipo de tecnología lleva dando servicio a nivel global desde hace años Quasar Dynamics, donde su CEO Javier Ortizà rebaja las expectativas inmediatas, aunque deja la puerta abierta a opciones intermedias, como los proyectos de “realidad mixta” en los que han colaborado con Microsoft: “Hemos realizado proyectos de realidad mixta con Hololens, que supone el uso de realidad aumentada a la altura de los ojos. Al dejar las manos del usuario libres, cambia directamente la percepción. Ya hay servicios de teleasistencia donde la cámara enfoca lo que está viendo la persona conectada y hasta se pueden realizar anotaciones que aparecen sobreimpresionadas”, explica Ortizà.

El gran salto, asegura, vendría en el caso de que este tipo de dispositivos se adquiriera para uso masivo de ocio en las casas particulares, y se pudiese incorporar posteriormente al plano profesional. “La realidad inmersiva, por ejemplo, necesita de un móvil y una cámara, pero opciones como Oculus (equipos de realidad virtual) las solventan ya en el presente. Su precio, que hoy día ya es menor que el de un teléfono inteligente de alta gama, seguirá cayendo. Y quizá algunas compañías traten de buscar interacciones a través de estos dispositivos”.

Aunque, según su experiencia, aún podemos tardar en mantener reuniones con hologramas: “En mi opinión no existe una tecnología en tiempo real para dar la sensación de que estás físicamente en otro lugar. Yo he tenido encuentros de prueba y no han sido satisfactorios, por lo que dudo que su aplicación pueda implementarse de manera inmediata”.

Y también advierte: la tecnología de la que disponemos en la actualidad puede ser solo la punta del iceberg de lo que está por venir. “De repente se crea una disrupción y todo cambia, como vimos con motivo del confinamiento. No limitemos lo que viene a las dos tecnologías que conocemos”.

Foto de WTTJ

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