Qué es el "efecto desánimo" y cómo afecta a la búsqueda de empleo

El "efecto desánimo" y su impacto en la búsqueda de empleo

El “efecto desánimo” es un viejo conocido en el mundo laboral. Supimos de su existencia durante la crisis económica del 2008, cuando se produjo un extraño fenómeno estadístico: es cierto que se destruían empleos, pero las cifras de desempleo aumentaban a un ritmo distinto, más lento. Incluso había meses en que los datos de desempleo recordaban a periodos anteriores a la crisis. La explicación está en que, a veces, una parte de la población desempleada desaparece de las estadísticas: personas que no encuentran un nuevo empleo y ni siquiera se registran como desempleados en el SEPE. Simplemente, dejan de buscar trabajo. Hoy, como consecuencia de la crisis del coronavirus, las cifras del desánimo han vuelto a repuntar.

El desánimo también se mide

Azahara Consuegra tiene 29 años y, ahora mismo, no busca trabajo: “Tras enviar tantos currículums y ver que siempre te rechazan, que ni siquiera te llaman para una entrevista ni se molestan en leerte, te entran ganas de tirar la toalla”. Su caso, similar al de muchas otras personas en situación de desempleo en mitad de una crisis económica, es un ejemplo de ese desánimo que vuelve a flotar sobre las estadísticas: en el segundo trimestre de 2020 en España, el porcentaje de la población activa de entre 20 y 64 años que podría buscar trabajo pero no lo hace era del 5,8%, según EUROSTAT. Es la cifra más alta desde que se tienen registros (2005). Para encontrar un dato parecido tenemos que remontarnos al segundo trimestre de 2013, cuando el porcentaje era del 4,5%.

Tampoco se había producido nunca en España un incremento interanual del desánimo tan notable. Si comparamos la cifra de 2020 con la del mismo periodo de 2019 (2,6%), el incremento es evidente: un aumento del 123,1% en solo un año. Tampoco entre trimestres (70,6% entre el primero y el segundo trimestre de 2020). Así que es lógico pensar que la pandemia tiene algo que ver. Sin embargo, es posible que el virus simplemente haya sido el detonador, pero que la carga ya estuviera puesta.

“El modelo de creación de empleo y las oportunidades laborales previas a la crisis eran muy intensos, pero volátiles: estaban basados en la burbuja inmobiliaria y de crédito que a partir de 2008 se esfumó”, explica Javier Esteban, periodista especializado en empleo. “Y aunque a partir de 2014 hubo una recuperación del empleo que mitigó el desánimo, no se logró encontrar un modelo que sustituyera al anterior y resolviera el problema de la precariedad”.

“Aunque a partir de 2014 hubo una recuperación del empleo que mitigó el desánimo, no se logró encontrar un modelo que sustituyera al anterior y resolviera el problema de la precariedad” - Javier Esteban, periodista especializado en empleo

El desánimo español está entre los primeros de Europa. La cifra (5,8%) es la cuarta más alta de la UE, tras Italia (12,5%), Irlanda (7,1%) y Croacia (6%); la media de la UE se sitúa en el 4,2%. España es, además, el país que experimentó el tercer mayor crecimiento interanual entre 2019 y 2020, solo por detrás de Irlanda (136,7%) y de Francia (125%). La media de la UE fue del 55,6%.

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Los jóvenes lo tienen más difícil

En España, las cifras referentes a las personas de entre 15 a 24 años son todavía más desalentadoras. Es en este rango de edad donde se observa el incremento más alto de toda la UE: el desánimo ha aumentado un 149,3%, por encima de Francia (121,1%) y de Reino Unido (83,9%).

El desánimo afecta en nuestro país al 17,2% de los jóvenes que pueden trabajar, la tercera cifra más alta de la Unión Europea tras Italia (29,2%) e Irlanda (17,9%), y muy por encima de la media de la UE (11,1%). Estos datos van en la línea del paro juvenil en España, que actualmente se sitúa en el 43,9%, el porcentaje más alto de Europa y 2,5 veces más que la media europea (15,7%).

¿Por qué estamos en el podio europeo del desánimo entre los jóvenes? “Hay que tener en cuenta que cada país tiene sus particularidades”, explica Javier Esteban. “En el caso de España, con una tasa de paro juvenil que supera el 40% y una temporalidad cercana al 70%, creo que es achacable sobre todo a la falta de confianza en poder encontrar un trabajo sin que este caiga de lleno en la precariedad”.

¿Me sirven mis estudios para trabajar?

Para Esteban, hay dos causas principales que explican por qué el desánimo se extiende entre los jóvenes. La primera tiene que ver con la falta de formación, real o percibida. “Existe una brecha entre el talento de los jóvenes y el que demandan las empresas, y esto hace que los jóvenes perciban que sus estudios (sean de Formación Profesional o universitarios) no les sirven de nada. Esto lleva tanto a un desánimo laboral como educativo, que es igual de nocivo”, subraya el experto.

“Existe una brecha entre el talento de los jóvenes y el que demandan las empresas, y esto hace que los jóvenes perciban que sus estudios no les sirven de nada” - Javier Esteban

La otra causa es la brecha entre el sistema educativo y el mundo laboral. “Las empresas españolas piensan en el empleo como en un coste y no como una inversión en talento. Por ello, son reacias a participar en iniciativas de formación”. Por ejemplo, una de estas iniciativas es la Formación Profesional Dual (o FP Dual), un tipo de FP en el que la formación se reparte entre el centro educativo y la empresa, con prácticas remuneradas. Y aunque lleva desde el 2012 implementada, actualmente no existen datos que demuestren que haya contribuido a mejorar la empleabilidad de los más jóvenes.

Las fuentes del desánimo

Azahara Consuegra identifica claramente el origen de su desánimo por buscar trabajo: que las empresas pidan experiencia a jóvenes que todavía no han tenido tiempo de adquirirla. “Te exigen una experiencia que no tienes y que nadie te da. Y si nadie te la da, ¿cómo esperan que la tengas? Quieren a alguien joven y con cinco años de experiencia, que ya venga enseñado de otro lado para no tener que perder tiempo mientras aprende”, se lamenta.

“Te exigen una experiencia que no tienes y que nadie te da. Y si nadie te la da, ¿cómo esperan que la tengas?” - Azahara Consuegra (29)

Victoria González, 24 años, terminó sus estudios de Periodismo y se marchó a Inglaterra a trabajar. Cuando regresó a España, estudió un máster de marketing digital y empezó a coleccionar prácticas. “Iba ilusionada a todas las prácticas que me ofrecían, pero empecé a ver que por mucho que hayas estudiado y por mucho que intentes dar de ti en las escasas oportunidades que se te presentan, nada es suficiente y nadie ve en ti ‘algo’ para darte el trabajo que te mereces. Acabé muy desanimada”, explica.

Victoria reconoce que en aquel tiempo recurrió a un profesional, que la ayudó a “controlar la ansiedad y a vivir con ella”. “Es duro reconocer que nadie te quiere en ningún trabajo y piensas que quizás la culpa sea tuya. Al final el trabajo es una forma de validarte como persona”, asegura la graduada en Periodismo.

¿Qué se puede hacer para luchar contra el desánimo?

“Hay que actuar en todos los frentes”, responde Javier. “Por un lado hay que reducir la precariedad del modelo productivo y acercar de verdad las empresas al sistema educativo a través de herramientas como la FP Dual, las becas y bolsas de trabajo, y los contratos de formación y relevo, que están infrautilizados en España”.

En las universidades hay que adaptar los estudios “no ya al mundo laboral, sino al mundo real, y no a intereses políticos de todo tipo que, por desgracia, suelen estar desconectados de los intereses de los alumnos y de la sociedad”. Y en cuanto al hogar, el experto en empleo propone “adoptar medidas para que los recursos de las familias no se conviertan en una brecha para el talento, sobre todo en el entorno digital”.

Los servicios públicos de empleo tampoco se libran. El experto plantea que hay que hacer una “reforma integral de las políticas activas para que los servicios públicos de empleo se perciban como una herramienta útil de verdad para buscar empleo y no sólo como un registro para cobrar prestaciones”. “Esto incluye también la formación de los desempleados, que debe repensarse para convertirse en la puerta de regreso del mercado laboral. La última reforma en estos ámbitos tiene un lustro y, a la vista de los resultados, está claro que queda mucho por hacer para diseñar un sistema que de verdad acompañe y apoye a los desempleados en su travesía”, opina el experto.

“Hay que hacer una reforma integral para que los servicios públicos de empleo se perciban como una herramienta útil para buscar empleo y no sólo como un registro para cobrar prestaciones” - Javier Esteban

Mirar hacia adelante

“Intento no pensar en ello y ser positiva, concienciarme de que ahora mismo estamos viviendo una situación difícil”, dice Azahara Consuegra, que hoy está sin trabajo. “Entre la pandemia y demás, llevo un año parada, pero lo que sí estoy haciendo es seguir formándome en idiomas y tecnología, ya que he visto que es lo que más exigen las empresas, además de la experiencia. No me gusta estar sin hacer nada”.

Victoria González tiene hoy dos trabajos: “Uno de lo mío (en una agencia de marketing) y otro de teleoperadora, que al final es lo que me da para vivir y comer”. Confiesa que cada vez está más cansada. ¿Y el desánimo? “No creo que lo haya superado… Para mí va ligado a la resignación de que ‘es lo que hay’ y que para qué seguir buscando trabajo si parece que tampoco vas a conseguirlo”.

Sin embargo, cuando le preguntamos qué le diría a la persona que era hace unos meses, cuando no tenía trabajo ni ánimos para buscarlo, Victoria responde: “Le diría que siguiera intentando encontrar su sitio (también a la persona que soy ahora), que no se rinda y que pronto lo encontrará”.

Foto de WTTJ

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