La crisis, ¿aumenta la solidaridad o la competencia entre compañeros?

¿Cómo afecta la crisis entre compañeros?

Desde mediados de marzo, muchos de nosotros nos encontramos teletrabajando de una forma fuera de lo común. En un contexto que está redefiniendo completamente las modalidades de trabajo y en el que los trabajadores están aislados en casa, las relaciones entre compañeros cambian y adquieren una nueva dimensión. Tanto si teletrabajamos como si estamos en situación de paro técnico, no todos gestionamos de la misma manera la soledad que entraña el confinamiento. Algunos sentimos más que nunca la necesidad de comunicarnos, de permanecer unidos frente a la dificultad, mientras que para otros es difícil gestionar las tensiones que la distancia puede generar. ¿Cómo reconfigura una crisis de esta magnitud la sociabilidad dentro de la empresa? ¿El confinamiento hace aumentar la comprensión entre los empleados o, por el contrario, incrementa las tensiones? Hemos hablado con varias personas que trabajan desde casa y que intentan, como pueden, mantener el vínculo con sus compañeros.

Dificultades para gestionar el tiempo

Para los que descubren el teletrabajo por primera vez, la gestión del tiempo y la carga laboral pueden resultar difíciles, especialmente en un contexto en que (casi) no está permitido salir de casa. Estamos acostumbrados a una jornada estructurada entorno al espacio de la oficina y a hablar con nuestros compañeros cara a cara, pero el teletrabajo requiere saber organizarse de forma autónoma y resolver las dudas por cuenta propia. Kevin, que trabaja como ingeniero, se siente bajo presión: “A menudo me preocupa no ser lo suficientemente productivo como para justificar trabajar desde casa. En la oficina es diferente, porque aunque te tomes un descanso para el café, estás “presente”. En casa, también es difícil ser consciente del nivel de productividad de los demás, de hecho solo he tenido contacto con un número limitado de personas. Por eso, ante la duda, me esfuerzo el doble para que no me echen en cara que me aprovecho del teletrabajo”. La distancia a veces hace que la relación entre los compañeros se tense y que las conversaciones se espacien más y sea más difícil evaluar el trabajo propio en relación con el de los demás. Esto hace que personas como Kevin compensen en exceso la situación y como resultado se autoimpongan una presión excesiva, lo cual sin querer impacta sobre los compañeros.

“En casa, es difícil ser consciente del nivel de productividad de los demás” - Kevin, ingeniero

Para Lea, que trabaja como abogada, esta primera experiencia de teletrabajo también resulta difícil de manejar. En su caso, la comprensión entre compañeros es primordial y la distancia sin duda aumenta la presión: “Como abogados, trabajamos muchas horas y casi nunca teletrabajamos, por lo que ahora tengo la impresión de tener que estar disponible todo el tiempo. En cuanto me alejo del ordenador dos minutos, me siento culpable. Entre compañeros nos mantenemos muy unidos, porque es una situación nueva, y hablamos cada noche para saber qué tal vamos, etc. Pero en mi caso la presión es aún mayor, porque veo que me llegan correos todo el tiempo, y en cuanto me permito un descanso, pienso que durante ese rato los demás están trabajando y me siento culpable”.

“En cuanto me permito un descanso, pienso que durante ese rato los demás están trabajando y me siento culpable” - Lea, abogada

Mientras que el espacio de la oficina permitía evaluar en tiempo real lo que hacían los demás y disponer de un punto de referencia para medir nuestra productividad, al teletrabajar tenemos que evaluar por nuestra cuenta si la cantidad de trabajo es “demasiada” o “insuficiente”. Como es mucho más difícil poder demostrar en tiempo real que estamos trabajando, algunas personas no dudan en “comunicar en exceso”, lo cual puede provocar tensiones en el equipo.

Un sentimiento de inutilidad que crea tensiones

Carolina, responsable de ventas de publicidad, notó rápidamente los efectos de esta situación: “Algunos compañeros contestan al más mínimo correo electrónico, incluso cuando este no requiere respuesta, solo para demostrar que están ahí frente al ordenador. Esto genera una atmósfera bastante perjudicial, creo yo, porque te sientes obligada a hacer lo mismo para demostrar que tú también estás trabajando. No solo consume mucho tiempo, sino que crea un ambiente dañino en que parece todo el mundo esté bajo vigilancia”.

Ante la soledad del teletrabajo, no todas las personas reaccionan de la misma manera. Las que se sienten más amenazadas por la crisis a menudo tienen la necesidad de legitimar su posición en la empresa mediante una reactividad extrema, sobre todo si ocupan puestos de responsabilidad, como señala Carlota, community manager en una agencia de publicidad: “En mi empresa no tengo un superior inmediato, trabajo de forma independiente, y siempre ha sido así. Sin embargo, desde el confinamiento, algunos compañeros con cargos de responsabilidad se permiten interferir en mi trabajo aunque no sepan de qué va. A menudo son personas que necesitan que se perciba su presencia, a quienes les molesta haber dejado de existir físicamente. Como resultado, intervienen constantemente, con lo que sea, para demostrar que existen y justificar su posición. Esto crea algunas tensiones que, por desgracia, no desaparecerán por arte de magia después del confinamiento”.

Lo mismo le sucedió a Clara, directora editorial: “Mi jefa, con quien siempre me he llevado muy bien, se encontró de la noche a la mañana con una carga de trabajo muy reducida. Como resultado, empezó a realizar una parte de mis tareas sin avisarme. Esto me chocó mucho porque me sentí súper inútil, y no me pareció juego limpio”.

En el caso de aquellos empleados que justifican su puesto a través de su carga de trabajo, o que incluso vinculan su identidad al trabajo, el confinamiento ha dado la vuelta a la situación y ha hecho que su mundo se tambalee. Se sienten indefensos ante un tiempo libre con el que no saben qué hacer… y que, como consecuencia, reinvierten en intentar demostrar su utilidad ante sus compañeros.

Algunos equipos sufren más presión que otros

Además de la personalidad de cada empleado, el puesto en la empresa también influye en el desarrollo de las relaciones entre compañeros. Entre los perfiles que han experimentado un aumento de la competitividad durante el confinamiento, están aquellos que poseen puestos directamente vinculados con la salud financiera de la empresa.

“Mi jefe nos culpa de la disminución de la facturación de la empresa, pero nosotros no tenemos nada que ver”, dice Carolina. “Todo el mundo se ve bajo la presión de redactar informes para demostrar que no son los responsables de esa pérdida de facturación, así que en lugar de ver buena voluntad entre compañeros, cada uno defiende sus propios intereses”. Por su parte, Laura, gestora de proyectos en una agencia de medios, lamenta: “Tengo una compañera que me bombardea con correos electrónicos y pone a todo el mundo en copia, ya que estamos negociando un contrato con nuestro mayor cliente y sabemos que, si no lo conseguimos, algunos puestos de trabajo van a desaparecer. Así que cada uno intenta salvar su propio pellejo y la solidaridad claramente pasa a un segundo plano”.

“Todo el mundo se ve bajo la presión de redactar informes y demostrar que no son responsables de la pérdida de facturación” - Carolina, responsable de ventas de publicidad

En los casos en que la continuidad de ciertos puestos no está asegurada, mantener la solidaridad puede resultar difícil. Sin embargo,algunos equipos logran mantenerse unidos frente a la incertidumbre apoyándose en una cultura de empresa que ya abogaba por la amabilidad antes de la crisis.

Relaciones interpersonales que reflejan la cultura de empresa

Para Carmen, que trabaja en Recursos Humanos, las relaciones entre compañeros son aún más estrechas desde el confinamiento. “Cuando se anunció el confinamiento, creamos un grupo de WhatsApp para ponernos al día, enviarnos vídeos… Vamos, que hablamos de todo menos de trabajo. A mí personalmente me ha permitido acercarme a algunos compañeros con los que antes no tenía mucho contacto, ya que no trabajábamos en el mismo departamento, y creo que el vínculo se mantendrá después del confinamiento”.

Según Natalia, directora de comunicación, el confinamiento ha permitido reforzar una cultura de empresa que ya estaba centrada en la comprensión y la solidaridad. “Creo que es genial, porque esta experiencia nos ha permitido ver que el ambiente de trabajo de antes no era ficticio, que realmente existe una preocupación por saber de los demás. Todos los viernes, por ejemplo, organizamos un aperitivo con aquellos empleados que se encuentran en paro técnico, porque también nos reuníamos con ellos antes del confinamiento, y de esta forma compartimos un rato juntos”.

Elena, terapeuta y especialista en comunicación y gestión del estrés, advierte aun así del “falso” ambiente de amabilidad. Según ella, si la amabilidad no está enraizada en una cultura de empresa ya establecida, entonces no tiene sentido. “Algunas empresas, para gestionar la crisis, han aplicado una capa de “barniz” de buena voluntad, donde los empleados hablan y se ponen al día, pero si detrás de ello no hay una verdadera preocupación por el bienestar de los demás, la vuelta a la realidad podría ser difícil para algunos”.

Tanto si aumenta la comprensión como si, por el contrario, aumenta las tensiones entre compañeros, al menos esta crisis habrá tenido el mérito de revelar las distintas personalidades y poner en perspectiva nuestros comportamientos ante una situación difícil. “Tengo la impresión de que el confinamiento ha acentuado la personalidad de cada uno”, reflexiona Carlota. “A mí personalmente me ha permitido cuestionarme si seguir o no mi carrera en esta empresa, así que ¡algo hemos ganado!”.

Traducción Rocío Pérez

Foto de WTTJ

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Coline de Silans

Journaliste indépendante

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