¡Socorro! Mi compañero está obsesionado con las teorías de la conspiración

¡Socorro! Mi compañero está obsesionado con teorías conspirativas

Seguramente has oído hablar de la teoría del 5G, según la cual éste es responsable de la propagación del Covid-19 porque ataca las defensas de nuestro cuerpo. Por otro lado, están las teorías de las vacunas, que defienden que son una forma encubierta de inyectarnos microchips para rastrear cada uno de nuestros movimientos. Por no hablar de QAnon, una teoría de la extrema derecha estadounidense que afirma que un círculo de pedófilos conspira para acabar con Donald Trump.

En España, pero también en el resto de Europa y en Estados Unidos, las teorías conspirativas cada vez tienen mayor aceptación. Puede que estas ideas te parezcan descabelladas, pero ¿qué pasaría si alguno de tus compañeros estuviera totalmente convencido de ellas? Para responder a esta pregunta hemos hablado con el Doctor Daniel Jolley, experto en fundamentos psicológicos y sociológicos de las teorías conspirativas, y también con una empleada que tuvo que pasar por esta situación en el trabajo.

El coronavirus y las últimas elecciones de EE. UU. alimentan toda una serie de movimientos conspirativos. En España, el 37% de la población está convencida de que el virus se ha creado en un laboratorio chino, mientras que en Estados Unidos lo cree un 30% y en el Reino Unido un 25%.

“Uno de los ingredientes clave para el nacimiento de un movimiento conspirativo es un acontecimiento de gran magnitud”, afirma el Doctor Daniel Jolley, psicólogo social especializado en teorías conspirativas y profesor titular en la Universidad de Northumbria. “Lo mundano no necesita una respuesta conspirativa. En psicología, esto es lo que se denomina sesgo de proporcionalidad: un evento importante debe tener una explicación igualmente importante”.

Pongamos como ejemplo QAnon, surgido en 2017 y que volvió a cobrar fuerza durante las elecciones en EE. UU. Esta teoría conspirativa de la extrema derecha afirma que un funcionario anónimo llamado “Q” está filtrando información secreta del Gobierno estadounidense en internet sobre una red de pedófilos caníbales y satánicos que conspiran contra Donald Trump. En la actualidad, la teoría de QAnon ha sobrepasado las fronteras de EE. UU. y se ha abierto camino hasta Europa, transformándose para encajar en la narrativa de cada país.

En el Reino Unido, decidimos buscar testigos de este fenómeno entre los usuarios de Reddit y recibimos, entre otras cosas, el siguiente testimonio: “Uno de mis compañeros de oficina no para de hablar sobre QAnon desde hace ya varios días. Se pasa el día enseñándonos vídeos durante los descansos y advirtiéndonos sobre ello. […] Ni siquiera puedo hablar seriamente del tema con él, porque se pone peor. Sin embargo, soy consciente de que si nadie le contradice, sus ideas podrían extenderse como la pólvora. Es agotador”. A pesar de que varias redes sociales han borrado miles de cuentas y grupos relacionados con QAnon, en Reddit se ha mantenido un grupo de 40.000 miembros que se han visto afectados negativamente por este movimiento, en el que se ofrecen apoyo mutuo y comparten sus preocupaciones sobre amigos, familiares o compañeros que han caído en sus redes.

Aunque el teletrabajo se ha convertido en la norma para la mayoría de los empleados, algunos continúan yendo a la oficina. Y a veces, eso supone compartir el espacio de trabajo con compañeros víctimas del “virus conspirativo”. Sin embargo, ¿cómo desacreditar las creencias de un jefe o un compañero sin poner en entredicho las reglas jerárquicas y de etiqueta en la oficina?

Teorías conspirativas junto a la máquina de café

Marina, que trabaja para una empresa de tecnología, tiene un compañero cuyas ideas complotistas son difíciles de ignorar. “En mi oficina solo somos cuatro personas a tiempo completo, así que paso todo el día con él. Cuando se unió al equipo, disfrutaba de su compañía porque era una persona divertida y muy carismática, y he de admitir que era entretenido escuchar sus teorías conspirativas”, comenta.

Al principio, las convicciones de su compañero le parecían inofensivas. “Un día que estábamos trabajando hasta tarde, me contó que acababa de comprar un libro sobre la Luna y por qué está donde está. Una semana después, nada más sentarme a la mesa vino corriendo a explicarme que la existencia de la Tierra se debe al simple hecho de que la Luna está 1 milímetro a la izquierda, o algo así”, nos relata con una sonrisa.

Pero con la llegada del Covid-19, su tono se volvió mucho más siniestro y a Marina se le borró la sonrisa. Una mañana, su compañero le aseguró que una novela del escritor de terror estadounidense Dean Koontz, publicada en 1981, ya anunciaba la pandemia. En ella, el escritor cuenta la historia de la creación de un virus, Wuhan-400, desarrollado en un laboratorio a las afueras de la ahora famosa ciudad china. El rumor no tardó en expandirse en Twitter. “Mi compañero insistía en que era demasiada coincidencia, que el coronavirus no había salido de la nada y que estaba claro que todo era un plan del Gobierno chino”, comenta Marina.

La cosa no quedó ahí, y pronto su compañero empezó a decir que el uso de las mascarillas era una forma de “control gubernamental que no sirve para nada”, basándose en el creciente número de casos infectados como prueba. También afirmó que Trump había contraído el Covid-19 a propósito para “toserle a Biden durante el debate” y que en realidad la gente no muere debido al coronavirus, ya que “los medios de comunicación siempre dicen que cierta persona murió después de contraer el virus, y no a causa del virus”.

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¿Quién cree en estas teorías conspirativas?

Por desgracia, no existe un perfil claramente definido. “Todos somos susceptibles en un momento dado de creer en este tipo de teorías”, comenta el Doctor Jolley. Sin embargo, explica que las teorías conspirativas pueden resultar más atractivas para ciertos perfiles concretos:

  • Personas que suelen reaccionar de una manera más emocional que racional.
  • Los narcisistas. “Para un narcisista, poder identificar y señalar con el dedo a los culpables de sus problemas resulta muy tentador”.
  • Personas a las que les gusta sentir que son especiales. “No hay nada como una teoría conspirativa para hacerte sentir que eres único, ya que te ofrece acceso a información ‘exclusiva’”.
  • Personas que se han sentido rechazadas por los demás. “Es una forma de explicar lo que les ha ocurrido, les permite llenar ese vacío, y les hace sentirse deseados”.

Los eventos de 2020 han supuesto un terreno muy fértil para la proliferación de las conspiraciones. “Todo apuntaba a que aparecerían creencias conspirativas sobre el Covid-19, ya que siempre surgen en los momentos de crisis”, comenta el Doctor Jolley. “Las elecciones presidenciales son momentos de grandes cambios y agitación, por lo que también favorecen el desarrollo de teorías conspirativas. (…) Hacen que la gente se sienta abrumada”.

Los discursos conspirativos ofrecen una solución simple a un problema complejo. Para el compañero de Marina, como muchas otras personas, resulta más fácil encontrar algo o alguien a quien culpar que enfrentarse a la ansiedad generada por un enemigo invisible (el virus).

Cuando la empatía es mejor que la confrontación

Un día, Marina terminó por plantarle cara a su compañero cuando este se negó a usar la mascarillaen la oficina. Cuando él expuso sus argumentos, ella le respondió que no tenían una base científica, y que conocía a gente que había muerto debido al coronavirus. “Me preguntó cuántos años tenían. Cuando le dije que tenían unos 70 años, me respondió que de todas formas iban a morir tarde o temprano”.

Al final, Marina optó por rendirse. “Tengo que admitir que me siento un poco incómoda, porque no tengo fuerzas para ir echando pulsos a los demás. Pero no puedo ignorar lo que dice. (…) Casi le envidio por creer tanto en algo, por dejarse embaucar por tanta palabrería”, se lamenta.

Aunque Marina trató de plantarle cara a su compañero y hacerle ver lo contradictorio de sus convicciones, no todo el mundo es capaz de hacer esto, ya que se trata de algo muy subjetivo. Si te sientes con el valor de hacerlo, el Doctor Jolley sugiere actuar como un mensajero de confianza. No obstante, es mejor no echar por tierra sus teorías, así de primeras. “Podría ser interesante entender, en un gesto de empatía sincera, por qué esa persona ha llegado hasta ahí”.

El problema de los temas controvertidos es que pueden entremezclarse con otros, tal y como afirma el Doctor Jolley. “Normalmente no nos da por preguntar a nuestros compañeros por sus creencias políticas o sus opiniones sobre la igualdad de género. Yo, por mi parte, nunca lo he hecho. Pero si saliera a la luz un tema controvertido debido, por ejemplo, a un comportamiento sexista en la oficina, lo normal sería dar un toque de atención en esa cuestión en concreto.

Si las creencias de tu compañero están creando un ambiente de trabajo tóxico debido a un comportamiento discriminatorio, sexista o racista, lo más prudente es seguir el protocolo habitual. Intenta abordar el tema con la persona en cuestión y, si esto no funciona, recurre al departamento de Recursos Humanos.

Nuestras creencias son parte de lo que somos, por lo que no es probable que tu compañero de trabajo cambie de opinión de la noche a la mañana. “Esa persona necesitará tiempo y espacio para hacer un ejercicio de introspección sobre sus creencias, ya que su identidad corre el riesgo de cambiar durante el proceso”, afirma el Doctor Jolley. No es una tarea fácil, dado que el contexto actual está provocando que nuestros miedos existenciales se disparen. Sin embargo, ¿este tipo de teorías tienen realmente cabida en el entorno laboral?

Traducido por Rocío Pérez

Foto de WTTJ

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