¿Puede la renta básica salvarnos de la crisis del empleo?

Renta básica: ¿la solución a la crisis del empleo?

¿Cómo ganar dinero cuando no podemos trabajar? En los últimos meses, distintos países del mundo han ido improvisando respuestas ante la crisis económica y sanitaria, con medidas como el pago de prestaciones a los autónomos en España o en Reino Unido, la instauración del paro técnico en Francia, o los cheques de incentivo económico en Estados Unidos, por mencionar algunas. Estas medidas han introducido, sin quererlo, la idea de una renta universal, es decir, un salario para todos los ciudadanos, sin condiciones. En Alemania, una prueba piloto va a ofrecer 1.200 euros al mes durante tres años a 100 participantes seleccionados al azar. En España ya se ha dado un primer paso hacia la renta universal, mientras que en Francia el político Benoît Hamon ha publicado un alegato en su favor. Incluso el papa Francisco está pidiendo su creación. ¿Es posible que la renta básica sea la “solución milagrosa” contra la crisis?

Steven Strehl, director estratégico de la asociación alemana Mein Grundeinkommen (“Mi renta básica”), no se anda con rodeos: “Antes de la crisis sanitaria, la gente pedía más trabajo para poder vivir. Ahora que no pueden trabajar, ¡lo que piden es dinero!”. Esta asociación, financiada con fondos privados, lleva desde 2014 pagando una suma de 1.000 euros al mes durante un año a cerca de 700 personas seleccionadas al azar. Su objetivo es impulsar el debate sobre la renta universal y comprender qué efectos tiene este colchón financiero en sus beneficiarios.

Desde el pasado mes de agosto y gracias al apoyo del DIW (el Instituto Alemán de Estudios Económicos) y del Gobierno alemán, la asociación ha pasado a una liga superior: la del estudio científico. Se han seleccionado a 120 personas al azar entre casi dos millones de participantes, sin importar su estatus social. “Puede ser tanto un ingeniero bien remunerado como una persona en el paro”, explica Strehl. Los afortunados recibirán 1.200 euros al mes (una cantidad ligeramente por encima del umbral de pobreza en Alemania) durante tres años. Al mismo tiempo, se llevará a cabo un seguimiento de una muestra de casi 1.400 personas con las mismas características socioprofesionales, pero que no recibirán ninguna ayuda económica por parte de la asociación.

“Dignidad para poder rechazar condiciones de empleo que condenan a la pobreza”

Steven Strehl está convencido de los beneficios de una renta básica universal, es decir, el pago de una cantidad a todos los miembros de la sociedad sin condiciones de ingresos, de empleo o de edad. “En estos últimos seis años, las personas seleccionadas han mostrado una mayor confianza en sí mismas y una mejora en su salud, y algunas han encontrado mejores trabajos gracias a la formación que pudieron financiarse”. Al responsable de la asociación no le cabe duda de que la generalización de la renta básica universal sería más eficaz que las ayudas fiscales a las empresas a la hora de combatir la próxima ola de desempleo. “Antes de la pandemia, en Alemania mucha gente ya se veía obligada al pluriempleo para poder sobrevivir. La renta universal puede proporcionar una red de seguridad que evite que millones de nuevos desempleados caigan en esta espiral. Y en el caso de quienes ya poseen un contrato fijo, pero les gustaría cambiar de trabajo, les permite hacerlo sin presiones ni miedo al desempleo”, afirma Strehl.

En la actualidad, cada vez son más los que comparten las opiniones de Mein Grundeinkommen, incluido el papa Francisco. En su libro Volvamos a soñar, el pontífice afirma que una renta básica “garantizaría a la gente la dignidad para poder rechazar condiciones de empleo que los condenen a la pobreza”. El pasado mes de julio, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) también consideró necesario establecer un ingreso básico temporal para los tres mil millones de personas en peor situación de pobreza en el mundo. Al otro lado del Atlántico, Jack Dorsey, fundador y director general de Twitter, anunció hace unos meses una donación de mil millones de dólares en acciones (alrededor del 28% de su fortuna) para luchar contra los efectos de la pandemia, un dinero que también se destinará “a la salud y la educación de las niñas, así como a la renta básica universal”.

En muchos países de Europa, la idea de una renta básica universal está ganando terreno tanto entre la clase política como entre la opinión pública. De hecho, según una encuesta realizada por la Universidad de Oxford, el 71% de los ciudadanos europeos considera necesario su establecimiento una vez erradicada la pandemia de Covid-19.

Ingreso mínimo vital: el caso de España

En España, el pasado mes de mayo se aprobó el ingreso mínimo vital, cuyo objetivo es complementar los ingresos de las muchas personas que se han visto inmersas en dificultades económicas debido a la crisis provocada por el coronavirus. Esta ayuda supone una renta de entre 462 y 1015 euros al mes, en función de la situación familiar. En realidad, esta prestación no es algo completamente nuevo en España, dado que las Comunidades Autónomas ya ofrecen una renta mínima a personas sin recursos. Entonces, ¿por qué ofrecer una prestación del mismo tipo a nivel nacional? Actualmente, la cantidad ofrecida varía mucho en función de la Comunidad Autónoma donde se solicite y las condiciones para obtener esta ayuda también difieren de una Comunidad a otra.

Así, la novedad consiste en que ahora el Estado podrá complementar esas ayudas autonómicas hasta alcanzar un nivel mínimo común y, por lo tanto, aquellas personas que en la actualidad no cumplan las condiciones en su Comunidad Autónoma para recibir un subsidio mensual tendrán derecho a solicitar el ingreso mínimo del Estado, siempre que reúnan los requisitos marcados por el Gobierno. Sin embargo, es importante destacar que esta no es una renta básica universal, puesto que no está dirigida a toda la población, sino únicamente a los más vulnerables, y su recepción se restringe, en principio, a un período de tiempo delimitado.

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Un efecto beneficioso y duradero

Julia Eisenach, de 28 años, fue una de las seleccionadas en abril por la asociación Mein Grundeinkommen. Para ella, supuso un gran alivio: “Aún vivía con mis padres y mi primer contrato como directora de fotografía en televisión acababa de terminar, justo en el punto álgido de la pandemia”. Gracias a esta ayuda, pudo mudarse a Hamburgo y buscar un nuevo trabajo. “Es realmente liberador: no tengo que aceptar el primer trabajo que encuentre para pagar las facturas, puedo seguir buscando un puesto que me guste dentro de mi especialidad y tengo tiempo para otros proyectos que también son importantes para mí”.

Un experimento realizado en una zona rural de Kenia también demostró los efectos positivos de la renta universal en el empleo. Desde 2017, varios economistas del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han estado ofreciendo ayudas económicas a 10.000 hogares en situación de pobreza, sin condiciones para su recepción, y según informa el sitio web de noticias Quartz, estas personas “han sabido aprovechar la estabilidad de sus ingresos para realizar inversiones a largo plazo”. Así pues, los beneficiarios de una renta universal asumen más riesgos y toman la iniciativa con nuevos proyectos a la hora de lanzar su propio negocio o unirse a una nueva empresa, un círculo virtuoso que ha provocado un descenso en la tasa de desempleo. En la aldea de Otjivero, en Namibia, un proyecto de renta mínima puesto en práctica en 2008 dio lugar a un gran aumento de la actividad económica. El obispo luterano responsable del proyecto afirmó entusiasmado que los años en que se llevó a cabo “demostraron que (la renta mínima) cambia la vida de la gente, la idea de que las personas se vuelven perezosas no es verdad: el empleo creció un 25% y los ingresos casi se duplicaron”.

De la experimentación a la realidad

¿Llegará un día en que la renta universal supere la fase de experimentación y se convierta en una realidad? En la actualidad, Alaska es la única región del mundo en haber implementado una verdadera renta universal, financiada gracias a los ingresos de la industria del petróleo y disponible desde 1982 para todos sus habitantes, aunque la cantidad varía de un año a otro en función de los beneficios obtenidos. En 2016, por ejemplo, sus habitantes recibieron el equivalente a 80 euros al mes, una cantidad que dista mucho de la imaginada por los defensores de la renta básica. Entre 2017 y 2018, el gobierno de Finlandia decidió otorgar a 2.000 personas en situación de desempleo 560 euros mensuales. Sin embargo, el proyecto fue abandonado por considerarse que su impacto sobre el empleo era demasiado pequeño.

A mayor escala, la renta universal podría incluso hacer aumentar el riesgo de pobreza, según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE). Según este organismo, en países como Finlandia o Reino Unido, donde las ayudas sociales ya son elevadas, el problema de la pobreza no se resolvería, pues al recibir una renta básica se retirarían dichas ayudas a la población en riesgo. En cambio, en países como España, Portugal o Grecia, debido a la escasez de ayudas, la renta universal podría tener un impacto muy positivo, según la misma organización.

Para los defensores de la renta universal en Europa, las reflexiones de la OCDE resultan de poco interés por falta de pruebas concluyentes. Sin embargo, debemos reconocer el mérito de esta organización al intentar estudiar cómo pasar de experimentos tan variopintos como los financiados por fondos privados en Alemania, o por el dinero del petróleo en Alaska, a una renta básica universal para todos los ciudadanos europeos.

David Cayla, de la asociación francesa Les Économistes Atterrés, tiene una opinión muy clara sobre el asunto: “La renta universal no tiene razón de ser”. Cayla argumenta que, además del costo de su financiación, a menudo criticado por sus detractores, uno de los principales escollos de la renta universal sería la pérdida del vínculo entre trabajo y riqueza. “Si quieres repartir más riqueza, tienes que producir más. Los defensores de la renta universal proponen una sociedad austera basada en la reducción de las horas de trabajo, lo que automáticamente conduciría a una menor riqueza, y eso no es sostenible. El papel del Estado no consiste en distribuir dinero a la población, sino en facilitarle medios de integración, lo cual implica la creación de puestos de trabajo públicos, la solicitud de pedidos a empresas privadas y el desarrollo de una sólida política comercial”, opina Cayla. Según él, “es totalmente ilusorio pensar que la renta universal puede ofrecer una respuesta excepcional a esta situación”.

Sea como sea, lo cierto es que la triple crisis actual (económica, sanitaria y ecológica) nos ha llevado a imaginar una sociedad y un mercado laboral diferentes, así como un mejor equilibrio entre la vida personal y la profesional, y no es de extrañar que muchos sueñen con un cambio de modelo. Puede que, en un futuro cercano, la renta básica universal deje de ser una utopía.

Traducido por Rocío Pérez

Foto de WTTJ

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