¿Por qué nos volvemos paranoicos en el trabajo?

12 dic 2019

4 min

¿Por qué nos volvemos paranoicos en el trabajo?
autor
Marlène Moreira

Journaliste indépendante.

Estás convencido de que Silvia ha dejado intencionadamente que se cerrara la puerta del ascensor cuando te ha visto llegar esta mañana. Quiere tu puesto y es capaz de hacer cualquier cosa para que llegues tarde. Además, se lleva muy bien con Juan y se morían de risa los dos durante tu presentación de ayer. Pero… ¿y si simplemente lo que pasó es que Silvia no llevaba las gafas puestas y que Juan acababa de abrir un e-mail gracioso de un compañero?

La paranoia es un comportamiento común en el trabajo. A veces es una simple preocupación y otras veces hace que reaccionemos de forma desmesurada. Pero lo cierto es que, en ambos casos, representa un verdadero freno para el enriquecimiento personal y profesional. Esta tendencia natural hace que a menudo interpretemos mal las situaciones y que veamos significados ocultos y posibles amenazas donde no las hay. Consumidos por nuestra propia preocupación, entendemos de forma equivocada las motivaciones y las intenciones de los demás. ¿Es normal? ¿Qué podemos hacer para controlar nuestro comportamiento?

La oficina, un lugar favorable a la paranoia

La oficina es un lugar propicio a la paranoia. Es un espacio en el que se relacionan y colaboran numerosas personas, y cada una llega con su historia, sus problemas y sus ambiciones. Algunos tendemos a ser paranoicos por naturaleza, por lo que no es fácil para las empresas gestionar las preocupaciones de sus trabajadores a diario.

Porque algunas experiencias tóxicas dejan huella

A todos nos ha tocado enfrentarnos, en algún momento de nuestra trayectoria profesional, a situaciones difíciles: un jefe déspota, compañeros maliciosos, una suspensión, etc. A veces es complicado olvidarse de ellas y nos volvemos desconfiados. Si encima el ambiente laboral es tóxico, es normal que muchos pongan en entredicho la manera de comportarse de sus nuevos compañeros.

Porque la empresa siempre será un mundo competitivo

El carácter claramente competitivo de las empresas hace que, de manera espontánea, los que consiguen un nuevo puesto de trabajo piensen que los demás intentan derrocarlos. Entre la desconfianza, los golpes bajos y la ambición, uno puede acabar volviéndose y comportándose de forma paranoica.

Porque algunas personas son especialmente propensas

Todos luchamos contra los sentimientos paranoicos, ya que el miedo a ser excluido y menospreciado forma parte de la condición humana. Sin embargo, a las personas que se estresan fácilmente o que tienen poca confianza en sí mismas les cuesta más convivir con este sentimiento. De igual manera, las personas que han tenido una infancia privada de afecto y confianza suelen ser más desconfiadas cuando se adentran en el mundo laboral.
Desconfiar de los compañeros impide integrarse y crear relaciones esenciales para el enriquecimiento profesional. Un estudio realizado por la London Business School demuestra que las personas paranoicas se convierten, sin saberlo, en objeto de rechazo. Buscan constantemente superar sus miedos, intentan convencer a los demás de la razón de sus preocupaciones, y terminan por aburrir e irritar a sus compañeros. Y esto justifica precisamente su miedo al rechazo… ¡Es la pescadilla que se muerde la cola!

¿Cómo deshacerse de este sentimiento?

Ser paranoico puede traducirse en un controlar de un modo razonable o, por el contrario, adoptar un comportamiento patológico. En la oficina, la paranoia extrema puede llegar a crear un clima de miedo y tensión, mientras que una dosis normal puede ayudar a una empresa a anticiparse a las posibles amenazas (¡que a veces resultan ser reales!). Lea McLeod, fundadora del Job Success Lab, comparte sus consejos para mantener los pies sobre la tierra.

1. Apunta las situaciones que te generan miedo

Para poder cambiar de comportamiento, tienes que ser capaz de entenderlo y medirlo de manera racional. Dejar escrito cada pensamiento paranoico que tengas te permitirá darte cuenta de la frecuencia y la índole de tus sentimientos. El simple hecho de documentarlo a veces permite incluso que nos liberemos del poder que tiene sobre nosotros.

2. Plantéate la verdadera importancia de un hecho

Efectivamente, Silvia no ha aguantado la puerta del ascensor cuando has llegado esta mañana, pero, ¿es la primera vez que lo hace?, ¿ha hecho alguna otra cosa que te haga pensar que tiene algo en contra tuya? Antes de sacar conclusiones precipitadamente, es importante que trates de entender si lo que ha ocurrido es realmente importante o si, por el contrario, eres tú quien le da demasiada importancia.

3. Pregúntate “¿Y si me estoy equivocando?”

Es fácil encontrar pruebas que parecen demostrar la realidad de un hecho, pero estas no siempre son reales. Es lo que se conoce como el “sesgo de confirmación”, la tendencia natural a buscar elementos que permitan demostrar que nuestra intuición es correcta. Si crees que Juan duda de tu validez en el trabajo, interpretarás cada una de sus risitas o miradas como la prueba final de su animosidad. Antes de sacar conclusiones falsas, ¿por qué no te planteas que quizás Juan se ría porque le pareces, contrariamente a lo que crees, mucho más inteligente que el resto de las personas presentes en la sala? Sea o no verdad, lo cierto es que puede reírse por numerosas razones: acaba de recibir un e-mail gracioso, se ha acordado de una broma de un compañero, acaba de ver por la ventana a una persona que ha resbalado con una cáscara de plátano…

4. Sé proactivo

¿Por qué no le preguntas directamente a Silvia si te ha visto correr hacia el ascensor esta mañana? ¿Y por qué no le preguntas a Juan qué le hacía tanta gracia durante la reunión? Pedir explicaciones (sin utilizar un tono acusatorio) a menudo permite aclarar una situación. Quizás te sientas ridículo durante unos instantes por haber reaccionado de manera desmesurada, pero el resultado será menos nefasto que si te pasas meses dándole vueltas a ideas falsas.

Afortunadamente, la paranoia no siempre está fuera de lugar. A veces es la respuesta apropiada a un ambiente tóxico o una amenaza real. Lo cierto es que las personas paranoicas también tienen cabida dentro de una empresa, ya que controlan y se preocupan por todos los detalles, y esto les permite detectar oportunidades (y riesgos) que escapan a los demás. Aquellos que ponen la mano en el fuego por sus compañeros seguramente no detectan posibles amenazas. Roderick Kramer, profesor de la Universidad de Stanford (California), entrevistó a numerosos dirigentes y descubrió que ocho de cada diez líderes creen que han cometido algún error importante por haber confiado demasiado en los demás. Existe pues una buena dosis de paranoia en la vida profesional, y para encontrar el equilibrio justo es necesario medirla correctamente y evitar hundirse en pensamientos irracionales que hacen más daño que bien.

Foto de WTTJ

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