No lo llames miedo a separarse del móvil, llámalo nomofobia

Nomofobia en el trabajo: miedo a separarse del móvil

A Elon Musk, Presidente de Tesla y de SpaceX, le divierte llamar a los humanos “cíborgs”, debido a la gran importancia que ha adquirido el teléfono móvil en nuestras vidas. Las cifras lo dicen todo: de media consultamos el móvil más de 35 veces al día y el 77% de los jóvenes de entre 18 y 24 años reconocen que nunca se separan de su smartphone.

Si combinamos la abreviatura de “No Mobile Phone” con el término fobia obtenemos nomofobia. Elegida palabra del año 2018 por el Diccionario Cambridge, define la angustia (e incluso el miedo) de alejarse del smartphone o quedarse sin cobertura. Se trata de un fenómeno que no deja de crecer y que es producto de la adicción al teléfono móvil. Según un estudio realizado por SecurEnvoy, los jóvenes de entre 18 y 24 años tienden a sentir más dependencia: el 77% no son capaces de separarse del móvil ni unos minutos. Los jóvenes de entre 25 y 34 les siguen, con un 68%.

Además de afectar a la vida privada, la nomofobia puede tener consecuencias significativas en el día a día en el trabajo. En WTTJ hemos querido analizar la situación actual y darte consejos que te ayuden a prevenir esta adicción.

Cómo afecta la nomofobia a nuestra eficacia en el trabajo

Angustia y estrés

El móvil se ha convertido en el auxiliar neurológico indispensable de mucha gente. Hoy en día es difícil poder prescindir de él, sobre todo en el trabajo. Las principales víctimas de la esta angustia provocada por la ausencia del teléfono móvil son los adolescentes, seguidos por los ejecutivos más activos profesionalmente. Estos últimos quieren estar localizables permanentemente, pues estiman que así serán más eficaces. Por ello, no desconectan en ningún momento del día, ni siquiera fuera de los horarios de trabajo. Pero la realidad es que esta actitud les hace estar cansados y estresados, por lo que disminuye su rendimiento. Lo cierto es que serían más eficaces si dejaran de atender una llamada de vez en cuando.

La nomofobia está íntimamente relacionada con otro miedo: el de “perderse algo” (FOMO, Fear Of Missing Out, para nuestros amigos anglosajones). Esta angustia social se traduce en el deseo de estar conectado a los demás en todo momento. Un miedo que sienten especialmente los comerciales y las personas que buscan empleo, que siempre están a la espera de recibir buenas (o malas) noticias.

Pérdida de concentración

Las personas nomófobas nunca tienen el móvil lejos, ya sea durante una comida de negocios, cuando asisten a una presentación o en medio de una tarea importante. Cada vez que reciben una notificación desvían su mirada a la pantalla y, aunque se trate de un gesto muy rápido, basta para que se desconcentren por completo. Si tenemos en cuenta la cantidad de notificaciones que recibimos todos hoy en día, nos damos cuenta de que perdemos la concentración decenas de veces en un solo día, lo cual no ayuda nada si lo que queremos es, precisamente, ser eficaces.

Disminución de la creatividad

Está demostrado que aburrirse estimula la creatividad. Y las personas nomófobas nunca se aburren. Siempre tienen el móvil a mano y les basta con desenfundarlo en cualquier momento para redactar un e-mail, hacer una llamada, enviar un whatsapp o incluso echar una partida de Candy Crush. Sin embargo, cuando evitamos estos momentos de aburrimiento, en realidad estamos impidiendo que nuestro cerebro pueda crear nuevas conexiones neuronales y encontrar soluciones creativas a problemas que aún tenemos que solucionar.

Degradación de las aptitudes sociales

Seguramente te resulta frustrante ver a tu hermana pequeña enganchada al móvil durante una cena familiar y te molesta aún más si se trata de un compañero de trabajo. Cuando los nomófobos se concentran más en su smartphone que en su interlocutor (y en lo que está pasando a su alrededor), envían señales muy negativas (e incluso nefastas) para la relación. No es apropiado hacerlo delante de un compañero de trabajo y menos aún delante de un cliente. Nuestra capacidad de atención paga las consecuencias y las relaciones interpersonales se ven perjudicadas.

Otros peligros relacionados

La nomofobia puede provocar otro tipo de peligros, como el hecho de no poder controlar las ganas de contestar a un mensaje mientras conducimos. Y aún peor, algunas personas nomófobas incluso se ponen límites, pues evitan las situaciones en las que pueden verse privadas del móvil, o simplemente de cobertura.

¿Cómo puedes saber si eres nomófobo?

La nomofobia es bastante fácil de autodiagnosticar. Sólo tienes que hacerte las preguntas adecuadas y contestar de manera sincera. Estas son algunas:

  • ¿Te tocas el bolsillo a menudo para asegurarte de que tienes el móvil?
  • En las reuniones de trabajo, ¿estás con el móvil en la mano mirando las últimas publicaciones de LinkedIn o contestando e-mails?
  • Cuando coges el ascensor, ¿sacas el móvil durante los 30 segundos que dura el viaje?
  • ¿Eres capaz de guardar el móvil en el bolsillo (silenciado) cuando tienes que hacer una tarea importante?
  • Si se te olvida el móvil en la oficina, ¿pasas una mala noche?
  • ¿Miras el móvil a mitad de la noche?
  • ¿Alguna vez apagas el móvil?

Si quieres analizar de manera más profunda tu nomofobia, en Internet podrás encontrar numerosos tests que determinarán tu nivel de dependencia. El test más difundido fue creado por una psicóloga y un investigador de la Universidad de Iowa. Consiste en 20 afirmaciones que te otorgan una puntuación que clasifica tu tipo de nomofobia de ligera a severa. Fue publicado en 2015 por la revista Computers in Human Behavior y también puedes leerlo en español.

Consejos para inmunizarse contra la nomofobia

Tomar conciencia del problema

Mucha gente niega ser nomófoba y no se da cuenta de que es víctima de una adicción y de la fobia que esta provoca. Se consuelan pensando que no es realmente nocivo y están convencidos de que, para ser eficaz en el trabajo, es necesario poder reaccionar rápido en cualquier momento del día.

En 2018, Apple puso a disposición de sus usuarios la función “Tiempo de uso” que, como su propio nombre indica, permite analizar el uso que le damos al móvil y nos revela hasta qué punto puede resultar acaparador. Los usuarios de Android pueden descargar aplicaciones equivalentes como Checky o QualityTime. Intenta sacar provecho de la información que proporcionan este tipo de aplicaciones y trata de disminuir el tiempo que pasas mirando la pantalla. Si tomas conciencia del problema y tienes ganas de vencer la nomofobia, seguro que el resultado será positivo.

Olvida el móvil al levantarte y acostarte

Si eres de los que están pegados al teléfono desde que se despiertan por la mañana (y lo primero que haces es mirar tus e-mails), deja que tu cerebro se despierte tranquilamente. Si lees las notificaciones unos segundos después de abrir los ojos, te estresarás enseguida. Trata de despertarte despacio: come algo, prepárate, haz algo de deporte y, cuando por fin estés de verdad despierto, consulta tu móvil y comienza tu jornada de trabajo.

Puedes aplicar el mismo consejo si eres de los que se quedan dormidos con el móvil en la mano esperando una respuesta del jefe o de un cliente. Haz un esfuerzo e intenta hacer otra cosa antes de dormirte. Si no lo haces, el último recuerdo de tu conciencia estará relacionado con el estrés del trabajo y esto perjudicará la calidad de tu sueño.

Establece momentos del día “sin teléfono”

Pasar ratos sin teléfono es una excelente manera de luchar contra la nomofobia. Para ello, puedes evitar el móvil en determinados lugares o a determinadas horas. Las comidas son un buen punto de partida: en vez de estar mirando las redes sociales mientras almuerzas, participa en las conversaciones de tus compañeros de trabajo o amigos. También puedes aplicar este mismo consejo mientras trabajas. ¿Tienes que redactar un informe? Silencia el móvil, guárdalo y no lo consultes hasta que hayas terminado.

Controla las notificaciones

¿Sabes por qué las notificaciones siempre son rojas? Para que nuestro inconsciente sea estimulado al máximo. Nuestro consejo: configura la pantalla de tu smartphone en blanco y negro. Conseguirás reducir considerablemente la sensación de placer que despierta ver una notificación. También puedes ir más allá y desactivar totalmente tus notificaciones, así serás tú el que las controle y podrás consultarlas solo cuando tú lo decidas.

La Digital Detox

¿Has pasado una semana especialmente estresante en el trabajo? ¿Demasiado tiempo delante del ordenador, reunido o con los ojos pegados al smartphone? Son cosas que pasan y probablemente vuelvan a ocurrirte, pero a grandes males, randes remedios. La digital detox consiste en no utilizar ningún objeto digital durante un tiempo determinado para reponer fuerzas de manera eficaz. Permite retomar el ritmo de trabajo con las pilas cargadas y enfrentarse a él preparado.

La OFCOM (Oficina de Comunicación) ha estudiado sus efectos: “El 85% de las personas que se han sometido a una digital detox estiman que la experiencia ha sido positiva. El 33% declaran sentirse más productivos, el 27% más liberados y el 25% más animados”. Otro estudio realizado por un grupo de neurocientíficos ingleses reveló más ventajas: este método mejora la postura corporal, la memoria, el sueño y las relaciones entre compañeros. Sus participantes afirmaron que la experiencia había cambiado sus vidas y que habían conseguido cambiar los hábitos relacionados con el uso del móvil.

Actualmente, el 96% de los españoles mayores de 14 años tiene un smartphone. Eso significa que prácticamente todos los trabajadores de una empresa tienen en el bolsillo un “mini ordenador” que les permite trabajar en cualquier sitio y, lo que es peor, en cualquier momento. Por eso, quienes creen que utilizar sus móviles a todas horas les hace más eficaces en el trabajo caen fácilmente en la nomofobia y acaban siendo esclavos de sus notificaciones. Recuerda que las adicciones siempre son nocivas, aunque con ellas se obtenga placer o dinero. Nunca es demasiado tarde para cambiar de actitud (tanto en la oficina como en casa) y aprender a utilizar el teléfono como una herramienta más y no como una necesidad.

Traducido por María Gutiérrez Alonso

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Gabriel Boccara

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