“He aprovechado el confinamiento para escribir una novela”

Aprovechar el confinamiento para escribir una novela, entrevista

Mientras algunos nos conformamos con no perder nuestro empleo durante la crisis sanitaria, y como mucho nos atrevemos a innovar en nuestra vida haciendo pan casero o comprando online un juego de bandas elásticas y una esterilla que seguramente acabarán olvidadas en un cajón, hay quien aprovecha el confinamiento para poder dedicarse plenamente a su vocación, como escribir una novela. Es el caso del valenciano Kèlsang Bas, que ha hilvanado 89.000 palabras en un archivo de Word en apenas… 27 días. Algo más de 3.000 palabras por día. Una muestra de que, a pesar de las circunstancias, hay quien no ha dudado en darle la vuelta a la situación para afrontar nuevos retos.

Kèlsang, ¿de dónde vienes? ¿Cuál ha sido tu recorrido profesional hasta ahora?

Soy de Valencia, y aquí me ha pillado el confinamiento, aunque normalmente vivo en Berlín. Estudié Periodismo y Comunicación Audiovisual y durante toda mi vida me he dedicado a leer y a escribir. Aunque algunas asignaturas como Redacción de Guión me resultaron útiles para aprender narrativa, rápidamente me despegué del mundo audiovisual, me dejó de gustar. Tras acabar la universidad, empecé a buscarme la vida.

Comencé a viajar por Europa y a trabajar en el extranjero como guía turístico, que no tiene nada que ver con la literatura, pero que me permitió compaginar el trabajo con épocas en las que viajaba durante el invierno europeo. Durante estos años he vivido en Praga y en Berlín, y en esta segunda ciudad escribí la mitad de mi primera novela publicada, Los clanes de la serpiente. Trabajaba todo el día y, al llegar a casa, escribía sin parar. Todo este tiempo de nomadismo me ha permitido crecer.

Es decir, prácticamente tenías dos trabajos, uno para generar ingresos y otro para cultivar tu pasión.

Sí, en el primer caso, como guía, siempre he trabajado como freelance. Prácticamente nunca he trabajado con la figura de un jefe que me supervisara y estoy contento de haber conseguido esquivar esa parte. Lo considero vital para mi personalidad.

Prácticamente nunca he trabajado con la figura de un jefe que me supervisara y estoy contento de haber conseguido esquivar esa parte.

Sin embargo, con la escritura sí me he convertido en mi propio jefe. Escribir novelas conlleva mucha dedicación y yo tengo claro que quiero que forme parte de mi vida, por lo que es bueno tener un seguimiento y esforzarte en escribir, aunque no estés inspirado. Al final se da esa paradoja: para el trabajo que me daba dinero no necesitaba la figura de un jefe, pero a la hora de escribir, era yo quien actuaba como jefe y me imponía una exigencia constante.

La escritura requiere de mucha creatividad, y en ocasiones imagino que será difícil desarrollarla por falta de inspiración. ¿Qué has aprendido estos años al respecto

Creo que una de las cuestiones más importantes para ejercer cualquier tipo de labor es el hábito, la costumbre. Si pretendes ser muy bueno en algo que nunca has hecho, vas mal. Hace falta hábito. Por eso los pilotos de carreras de motos están subidos en ellas desde los tres años. La motivación y la inspiración con frecuencia vienen con el hábito. En mi caso, no hablo solo de escribir, sino también de leer mucho. Stephen King, por ejemplo, solía decir que su jornada laboral se componía de cuatro horas de lectura y otras cuatro de escritura.

La inspiración y la creatividad aparecen en momentos inesperados, parece que tienes que estar haciendo lo opuesto a buscarlos para que aparezcan. Así generas un espacio que permite que fluya la creatividad innata de los seres humanos. Si lo buscas, quizás no sale.

¿Dónde encuentras entonces la inspiración?

Me da la sensación de que tengo muchas ideas que contar; de pronto alguna empieza a moverse en mi cabeza y me veo capaz de expresarla. En mi caso, supongo que la historia que vaya a contar viene de mi pasado, de mis influencias, de mi vida, de mi imaginación, de la ficción que consumo… En general, creo que las ideas empiezan a tener sentido en mi cabeza en momentos de ruptura de la rutina.

Parece que romper con la rutina es una constante entre quienes aspiran a estimular la creatividad. ¿Qué haces tú para romper tu rutina?

Es curioso, soy bastante enemigo de las rutinas, pero al mismo tiempo muy rutinario, como la pescadilla que se muerde la cola. Por ejemplo, tras trabajar en Praga me fui cuatro meses a viajar por América del Sur. Eso fue una ruptura de mi rutina enorme. Luego volví a Europa, a Berlín, y más tarde a México. Parecía otra ruptura, pero al volver me di cuenta de que, finalmente, lo de vivir en Europa en verano y en otros lugares en invierno ya se había vuelto otra rutina en sí misma.

También me viene bien romper con la rutina dejándome tiempo específico para no hacer nada. En esos ratos es cuando te suelen venir las ideas.

Así es como me di cuenta de que esos cambios me dan una apertura de miras y que quizás es por ahí por donde se va colando la inspiración. También me viene bien romper con la rutina dejándome tiempo específico para no hacer nada. Sin tareas, sin reuniones… Nada. En esos ratos es cuando te suelen venir las ideas, y luego ya puedes dedicar tiempo a escribir sobre ellas.

Imagina que te está leyendo una persona a la que le gustaría que le aconsejaras sobre cómo aumentar su creatividad. ¿Qué le dirías?

Hay que entender que los seres humanos somos creativos. Todos. Igual que todos respiramos, todos somos creativos. Me da la sensación de que la idea de “persona” que tenemos hoy es la de alguien prototípico, gris, mecánico, dedicado únicamente a su trabajo, pero lo que yo veo son muchas emociones, es alguien que llora, ríe, ama, crea… es una imagen mucho más colorida. Así es como nacemos todos. Recordarlo es vital.

En términos más prácticos, desarrollar la creatividad suele ser más fácil cuando te sientas a no hacer nada. A salir a pasear sin rumbo… y sin el móvil, eso es importante. O sentarte en una habitación sin un plan, y nuevamente, sin el móvil, a hacer cosas que hacías de niño, como pintar con lápices de cera, o hacer tareas manuales. O cocinar con tiempo. Todo eso te ayuda a desarrollar tu creatividad, las situaciones relajadas en las que pierdes la noción del tiempo. Si consigues llegar a ese estado en el que no estás demasiado preocupado, pero tampoco pasivo o durmiéndote, tu creatividad natural aflora.

Tu caso combina creatividad con mucha productividad: una novela en menos de un mes, y en un contexto como un confinamiento. ¿Cómo se hace algo así?

Hay dos cosas fundamentales que me han ayudado. En primer lugar, estar en un ambiente que facilite la labor. Un escritorio con un ordenador, un lugar ventilado con buena luz donde estés a gusto y que te haga sentir bien, en vez de un rincón feo y deprimente. Cuando te falla la inspiración, suelo decir que lo primero que tienes que hacer es limpiar tu mesa. Tu espacio de trabajo es un reflejo de tu cabeza.

Cuando te falla la inspiración, suelo decir que lo primero que tienes que hacer es limpiar tu mesa. Tu espacio de trabajo es un reflejo de tu cabeza

Y en segundo lugar, la meditación. Ni siquiera la hago todos los días, pero me ha servido para centrar la mente y reordenar prioridades, porque es fácil distraerse. También es importante descansar para no freírte el cerebro. En mi caso, me gusta desayunar bien y empezar el día leyendo. Escribía de 12 a 15 h, paraba para comer, y luego seguía de 16 a 19 h. Y después, descansaba. No hay que obsesionarse demasiado, hay que exigirse un ritmo de trabajo, pero a un nivel en el que estés cómodo. Ni muy laxo, ni excesivo.

Y una cosa más: hay que saber reconocer los momentos de bajón. Quizás tienes dos o tres días malos seguidos, y te viene a la cabeza la idea de que no vas a terminar nunca, de que has fracasado. Hay que saber que esos momentos los tiene todo el mundo en cualquier tipo de tarea, pero hay que sobrellevarlo. Pasarán.

Entonces, ¿estás de acuerdo con esta idea de productividad en el trabajo?

Pienso que bajo coerción o por obligación somos menos productivos, ahí está la clave. Yo, por ejemplo, he escrito otra novela sin tener la certeza de que se va a publicar, ya veremos. Si hay algo que detectas que sale de ti de forma espontánea… De ahí es de donde sale la fuerza, la creatividad.

Lo que sí necesitas es crear el hábito de estar sentado en esa noche en la que no te sale nada, aunque sepas que apenas vas a avanzar, porque el día en que estés inspirado y no te lo esperes, te pillará sentado frente al ordenador y te saldrán diez páginas del tirón. Hay que fijar dinámicas para seguir avanzando.

¿Cómo has lidiado con un clima tan negativo como el que supone un confinamiento, a nivel social, sanitario, económico…?

Bueno, para mí el confinamiento era una gran oportunidad. Soy introvertido y tengo un buen espacio, con jardín, así que me lo tomé con buena perspectiva. De todas formas, acabé de escribir la novela justo antes de que la incertidumbre empezara a plantearse más en serio. Las cifras son muy fuertes, pero vivimos en un estado del bienestar muy bueno, incluso después de todo lo que ha pasado en los últimos años. Me lo tomé con compostura.

Quizás soy muy optimista. Sé que mucha gente lo va a pasar mal; yo, sin ir más lejos a nivel laboral, ya que vivo del turismo y eso es algo a lo que ahora mismo no se sabe cuándo podrá volver la actividad. Pero tengo mucha fe en la capacidad del ser humano para salir adelante.

Foto de WTTJ

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Javier Lacort

Redactor freelance especializado en tecnología y startups

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