¿Sufres el síndrome del explorador? Así afecta a tu carrera profesional

El síndrome del explorador y su impacto en tu carrera profesional

En casi todos los equipos humanos está presente una figura muy reconocible por todos que rápidamente llama la atención sin quererlo. Hablamos de esa persona inquieta, con tantas aristas que siempre sorprende con alguna nueva. Esa compañera que además de ser una gran diseñadora gráfica es una excelente fotógrafa, y sabe navegar en un velero, y compone algo de música, y ella misma repara sus muebles… De estas personas con una curiosidad que parece infinita y un ansia de aprendizaje constante se dice que tienen el “síndrome del explorador”, algo que puede parecer difícil de manejar, pero que también puede convertirse en una enorme oportunidad para el entorno profesional.

El “síndrome del explorador” es una expresión acuñada por Arancha Ruiz, headhunter y experta en talento y marca personal. Para Arancha, este “síndrome” agruparía a los profesionales que son “incapaces de dejar de aprender” y que se caracterizan por su curiosidad permanente. Se interesan por cuestiones de toda índole, sobre las que adquieren conocimientos para luego poner en práctica.

En un primer momento, Arancha usó el término “adicción al aprendizaje” para referirse a este fenómeno, pero no tardó en desecharlo, ya que consideraba que la palabra “adicción” tiene un matiz negativo poco apropiado para que resulta algo tan sano a priori como la curiosidad y las ganas de aprender algo nuevo.

Cómo reconocer a alguien con este síndrome: ¿de verdad son adictos?

Hablar de curiosidad infinita y de ganas de aprender cosas nuevas es hacer una reducción general de lo que les ocurre a estos “exploradores”. Por lo general, cumplen varias de las siguientes características:

  • Aman los retos, pero sin frenos. Cuando aparecen límites y barreras durante el proceso que suelen seguir al interesarse por algo nuevo, baja su nivel de curiosidad e interés por ese reto. En su ADN está el poder moverse con libertad.

  • Rechazan las etiquetas. “Diseñador de aplicaciones web”, “community manager”, “desarrollador iOS”… Estos “exploradores” prefieren definirse de forma más visionaria y genérica, por lo que son reacios a aquellas denominaciones que les supeditan a un cargo y a un ámbito de trabajo muy específicos. Prefieren ser identificados con todo un sector o una vocación que con algo demasiado concreto.

  • Sufren cierta insatisfacción permanente. El polo antagónico de quien ocupa un puesto de trabajo a los 25 años y lo abandona para jubilarse cuarenta años después, sin haber desarrollado su carrera laboral más allá ni haber buscado otras formas de trascender en su puesto. Detestan esta idea, siempre piensan en cómo podrían acceder a algo mejor y en lo que se pueden estar perdiendo por culpa de su posible inmovilismo.

  • Les encanta comenzar nuevos proyectos. Hay quien prefiere sumarse a lo que ya está hecho, con la posibilidad de conseguir cierta seguridad y estabilidad, pero quienes “sufren” este síndrome adoran los comienzos y la adrenalina que conlleva empezar algo desde cero. Les motiva esa incertidumbre, ese lienzo en blanco que hay que empezar a dibujar desde el principio. Una vez llega esa estabilidad y todo gana cierta inercia, surge el aburrimiento y la necesidad de empezar algo nuevo otra vez.

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El síndrome del explorador en el trabajo: pros y contras

Como ya podrás intuir, este síndrome puede suponer una navaja de doble filo dentro del entorno laboral para quien lo padece (o lo disfruta), pues aunque tienden a ser perfiles polifacéticos y creativos, también es fácil que se frustren con rapidez o se sientan insatisfechos con tareas definidas.

Ventajas

  • Su creatividad. Saben y quieren ver más allá de lo establecido, la cantidad de vivencias y experiencias distintas que su perfil les ha permitido acumular son gasolina para el “incendio creativo” que llevan dentro. Arancha habla de que el talento de quienes encajan en el perfil tiene forma de embudo: la boca es muy ancha, dada esa gran cantidad de vivencias y aprendizajes adquiridos. Una vez esta persona ha de proyectarla hacia un entorno laboral muy concreto, esa boquilla se estrecha y ahí se conectan sus ideas.

  • Su excelente capacidad de hacer frente a nuevos escenarios. Seguro que todos tenemos en mente al típico empleado que sufre cuando llegan cambios de cualquier tipo e incluso opone cierta resistencia para que no se modifique su entorno. El explorador es la figura opuesta: está preparado para los cambios y se adapta a ellos con facilidad, lo cual supone una enorme ventaja tanto para la empresa como para el resto del equipo.

Inconvenientes

  • La posibilidad de sentirse incómodos cuando ocupan un puesto de trabajo con funciones demasiado definidas, ya que tenderán a sentirse constreñidos y no desarrollarán todo su potencial. De hecho, quizás esa situación les anime a marcharse y buscar otro proyecto en el que trabajar. Para ciertos puestos donde el rol es muy concreto y quien lo ocupa no debería salirse de ahí, este perfil puede ser conflictivo.

  • Su deseo de aprender cosas nuevas puede tener un impacto negativo sobre la estabilidad del proyecto en el que participe y es posible que la historia no termine bien. Estos perfiles son idóneos para crear nuevos proyectos y que, una vez estabilizados, se les asigne otra nueva creación o se permita que ellos mismos sean quienes puedan indicar qué nuevas oportunidades perciben.

Encajo en el perfil, ¿qué hago?

Si te sientes identificado con todo esto y crees que tienes el síndrome del explorador, quizás sientas cierta inquietud, sobre todo si en algún momento has sentido cierta frustración derivada del fracaso de alguno de tus proyectos. Ante todo, no te preocupes demasiado. Según Arancha, los exploradores son algunos de los empleados más valiosos del siglo XXI gracias a su curiosidad y su capacidad de adaptación. A estas alturas, en 2020, estas características son esenciales en un mercado laboral donde todo avanza más rápido que nunca y en el que el inmovilismo y la inacción son casi sinónimos de una condena de muerte a medio plazo.

No obstante, sí existen algunos riesgos. Para la empresa, es posible que “el explorador” se convierta en una figura difícil de gestionar a nivel laboral y necesite una curva de aprendizaje considerable, en comparación con los demás trabajadores, al que haya que fijar ciertos límites por su tendencia a la dispersión, dada su enorme curiosidad. Si crees que es tu caso, puedes tratar de fijarte tú mismo esos límites y concebirlos no como algo que impedirá tu desarrollo, sino que te permitirá enfocar tu creatividad y triunfar en un entorno de libertad sin barreras, pero tampoco distracciones.

Para que tu deseo de aprender no dificulte tu integración en el mercado laboral, resulta fundamental que te conozcas: aprende a identificar cuáles son los estímulos que hacen saltar tus resortes para ser capaz de canalizar esa inquietud y, al mismo tiempo, sé consciente de que en determinados momentos deberás reforzar tu atención para evitar la dispersión. Esto es algo que vas a poder hacer mejor con el paso de los años, poco a poco irás descubriendo cuál es el sistema que mejor encaja contigo.

En esa misma línea, no infravalores o desprecies tu condición. El síndrome del explorador puede ser peligroso o benigno en función de cómo lo enfoques. SI te lo tomas como una justificación ante el resto para tu tendencia hacia la dispersión, difícilmente podrás trascender y explotar las diferentes opciones que da esta naturaleza. Si lo orientas como algo que, si lo sabes gestionar, te puede convertir en un virtuoso, las posibilidades de alcanzar el éxito profesional y una carrera próspera se disparan.

Por último, ten en cuenta que es posible que en algún momento no seas capaz de gestionarlo por ti mismo y aparezcan dudas o temores sobre tu futuro profesional a causa de este síndrome. En ese caso siempre puedes recurrir al servicio de un psicólogo experto en orientación laboral, o incluso de un mentor, que te ayude a entender tu situación y a superarla mediante los mecanismos adecuados. Tan natural como colocar una tirita sobre una pequeña herida, tan reconfortante como una manta cálida.

Foto de WTTJ

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