¿Qué pueden hacer las empresas para ayudar a sus empleados a combatir el estrés?

El estrés se ha convertido en una epidemia mundial. Aunque se manifiesta de muchas formas y está relacionado con diversos factores, gran parte del estrés que sufrimos procede de situaciones derivadas del trabajo. ¿Cómo pueden las empresas ayudar a sus empleados en la lucha contra el estrés? Con el fin de obtener respuestas concretas, hemos entrevistado a la doctora Lavinia Lonita, a la vez empresaria, que trabaja en Londres y es una experta en el estrés dentro del mundo laboral. Se trata de un tema siempre relevante pero que es especialmente actual en estos momentos ya que podría ayudarte a entender por qué la situación de incertidumbre y miedo provocada por la crisis del COVID-19 puede aumentar los niveles de estrés entre los miembros de tu plantilla.

WTTJ: Me gustaría empezar por una pregunta muy simple. ¿Qué es exactamente el estrés? Parece que todo el mundo habla de ello pero no necesariamente de la misma forma.

Dra. Lonita: Es cierto que el estrés se puede vivir de diferentes maneras, según la persona. Desde el punto de vista biológico, es un conjunto de mecanismos fisiológicos que nos ayudan a reaccionar ante fenómenos externos como, por ejemplo, la presencia de un depredador, cambios ambientales o situaciones que puedan suponer una amenaza para nuestras vidas. Por ejemplo, un ñu desarrolla estrés cuando es perseguido por un león, y este estrés puede salvarle la vida. Los importantes cambios hormonales ayudan a que el animal pueda correr más rápido para escapar del depredador.

En el mundo animal, el estrés sirve para salvar la vida del animal y, si no lo hace, el animal acaba muriendo. Es decir, el estrés tiene un final. En los humanos, los mecanismos que fueron diseñados para salvarnos de peligros inminentes se han vuelto, en ocasiones, crónicos. Incluso en ausencia de amenazas letales, experimentamos los mismos cambios hormonales. A veces, estos cambios nos pueden dar la seguridad necesaria para superar un desafío profesional (el denominado estrés positivo). Pero cuando el estrés se vuelve crónico, los cambios hormonales pueden producir ansiedad, problemas para conciliar el sueño, problemas digestivos y agotamiento. En otras palabras, el estrés nos puede enfermar.

El estrés servía para salvar nuestras vidas y probablemente nos salvó como especie, pero en la actualidad, estos cambios hormonales se activan cuando recibimos demasiados correos electrónicos, cuando llegamos tarde a una reunión, cuando tenemos una presentación comercial ante los clientes o cuando anticipamos una conversación complicada con nuestro jefe. ¡Rara vez se trata de una situación de vida o muerte!

¿Hay alguna forma médica de medir y concretar el estrés?

Sí, de hecho sí la hay. Existen algunos indicadores biológicos que se pueden medir, por lo que es posible objetivar el estrés y darnos cuenta de que es algo real y tiene un impacto muy peligroso sobre el cuerpo humano. Confiar en la percepción individual del estrés no es suficiente, ya que algunas personas sienten más estrés que otras.

La primera hormona relacionada con el estrés y que es posible medir es el cortisol. Nuestra secreción diaria de cortisol sigue un patrón que se puede medir a través de varias muestras de saliva durante diferentes momentos del día. La mayoría de las personas segregan más cortisol por la mañana. Luego estas secreciones se estabilizan y caen al final del día. Si los niveles de cortisol son demasiado altos a altas horas de la noche, sufrimos insomnio. Si son demasiado bajos durante la mañana, esto podría ser un indicador del síndrome del trabajador quemado (burnout, cuando nos sentimos incapaces de gestionar nada. Naturalmente, todo esto depende de cada persona, ya que cada uno de nosotros tiene diferentes características biológicas y sigue distintos patrones. 

Entre las hormonas que pueden medirse, también está la DHEA (deshidroepiandrosterona), que compensa algunos efectos negativos del cortisol. También la dopamina, serotonina, adrenalina y noradrenalina, que son neurotransmisores de catecolaminas, cuya presencia en la sangre aumenta cuando estamos bajo situaciones de estrés. Estos neurotransmisores inducen ciertas alteraciones como el aumento de la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el azúcar en sangre. Son los encargados de ayudarnos a responder ante el peligro (correr más rápido para salvar nuestra vida, por ejemplo).

El estrés no fue diseñado para estar activo constantemente. Para que tengamos la suficiente fuerza, los mecanismos de estrés dejan de lado otras funciones corporales como la digestión y la inmunidad. Por lo tanto, cuando estamos continuamente bajo situaciones estresantes, corremos el riesgo de desarrollar úlceras e hipertensión, perdemos la libido, sufrimos pérdida de memoria y podemos caer en depresión. Podríamos casi decir que si está sometido a muchísimo estrés, nuestro cerebro empieza a encogerse. Y acabamos siendo menos productivos y menos creativos.

¿Qué proporción del estrés que sufren las personas se puede decir que está relacionada con el trabajo?

El estrés es un fenómeno relacionado con múltiples factores. Sin embargo, es cierto que gran parte del estrés que sufrimos está relacionado con el trabajo. Según las estadísticas, una de cada dos personas afirma sentir estrés en el trabajo. Pero esta proporción podría ser más elevada, ya que algunas personas ni siquiera son conscientes de ese estrés y otras tienen vergüenza de reconocerlo. En el mundo de los empresarios (que también es mi mundo) el estrés es algo omnipresente que proviene de vivir constantemente en un estado de miedo e incertidumbre. Los emprendedores nunca saben a ciencia cierta qué les deparará el mañana ni si su modelo de negocio es viable. Tienen que cambiar constantemente de objetivos, y eso es muy estresante.

En general, diría que el estrés en el trabajo está relacionado con tres aspectos: administración del tiempo (cuando alguien tiene demasiado trabajo sobre la mesa y no puede administrarlo), un mal encaje (cuando el empleado no es el adecuado para realizar el trabajo o el trabajo no es el adecuado para el empleado) y relaciones tóxicas entre jefe y empleado.

¿Qué acciones específicas se pueden llevar a cabo? ¿Cómo se puede reducir el estrés dentro de la compañía?

Lo más importante es, probablemente, lo más complejo: un buen proceso de reclutamiento. Cuando se contrata a alguien que lucha constantemente para estar a la altura de las exigencias de su trabajo, esta persona desarrollará más estrés (y no será productiva). Lo mismo sucede a la inversa: si se contrata a alguien para quien el trabajo es demasiado fácil, esta persona se aburrirá y activará sus mecanismos de estrés como respuesta. La calidad de los procesos de selección y la habilidad de los reclutadores para determinar quién puede hacer qué es esencial. Es algo dinámico: con el tiempo, a los empleados se les deben ofrecer oportunidades que se ajusten a sus aspiraciones y capacidades de desarrollo profesional.

El segundo elemento tiene que ver con la capacidad de la empresa de crear un entorno que favorezca la confianza. Las personas deben sentirse lo suficientemente seguras en el trabajo como para admitir que están aburridas o que tienen dificultades con algo concreto. Es una cuestión de cultura corporativa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que una empresa no es una “familia”, sino más bien un equipo de atletas. Si un miembro del equipo se retrasa demasiado o se vuelve tóxico, es mejor dejar que se vaya. El rendimiento del resto del equipo depende de ello.

¿Qué le parecen las actividades como las clases de yoga y de meditación? ¿Qué opina sobre la tendencia de la felicidad en el trabajo?

Soy un poco reacia al concepto de felicidad en el trabajo. No creo que sea adecuado relacionar ambos términos. Alegría, motivación o satisfacción parecen palabras más apropiadas. La felicidad es un estado pasivo que parece incompatible con todas las tensiones intrínsecas que se ponen en juego cuando se trabaja (por ejemplo, cuando es necesario resolver un problema y superar un desafío). Dicho esto, las clases de estiramiento, las sesiones de meditación y los tentempiés saludables pueden ser acciones positivas. El riesgo reside en crear algo demasiado “totalitario”: si la vida entera de un empleado transcurre dentro de la oficina (incluidos el tiempo libre y el deporte), puede ser más difícil escapar del estrés en el trabajo.

Hay dos acciones concretas que, a mi juicio, son muy efectivas: las reuniones paseando (o walking meetings, en inglés) y una correcta iluminación. Las reuniones caminando se pueden entender como un remedio para el sedentarismo crónico del mundo laboral. Muchas investigaciones demuestran que este tipo de reuniones aportan muchos beneficios mentales. Favorecen la lluvia de ideas, aunque son menos adecuadas para tomar decisiones. Todos necesitamos movernos mucho más y, por ello, los directivos deberían animar a sus empleados a que se levanten de sus sillas, salgan, caminen o simplemente se muevan con más frecuencia. En muchos sentidos, el sedentarismo crónico es el nuevo tabaquismo. En cuanto a la iluminación, investigaciones al respecto demuestran que una cantidad adecuada de luz mejora el estado de ánimo y los niveles de energía, mientras que una iluminación insuficiente puede contribuir a la depresión. La iluminación afecta asimismo a la concentración.

Por último, es esencial crear un entorno de trabajo donde sea posible concentrarse. En algunas salas, se deberían establecer normas similares a las de una biblioteca, es decir, no permitir interrupciones entre compañeros. La concentración tiene un valor inestimable.

Siempre hay cierto grado de estrés en el trabajo. ¿Cómo sabemos cuándo es demasiado? ¿Cuáles son las señales a las que un directivo debe prestar atención?

Un directivo debe estar atento a los cambios de personalidad de sus empleados. Si la actitud de una persona cambia durante un periodo largo de tiempo, esta es una señal preocupante. Este cambio podría estar relacionado con algo personal, pero también podría ser una señal de que esa persona está “quemada” en el trabajo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha creado una nueva definición del síndrome del trabajador quemado que tiene en cuenta estos cambios de estado de ánimo. Si, por ejemplo, un empleado empieza a desarrollar cierto cinismo, esta podría ser una señal de burnout.

Es difícil para los mánagers controlar el estrés con objetividad porque ellos también se ven afectados por él. Los mánagers son parte de las relaciones que pueden inducir estrés y, a menudo, se sienten impotentes. Creo que las empresas necesitan actores externos y neutrales que se encarguen de hacer este control. Con alguien no involucrado en la empresa, los empleados estarían más dispuestos a hablar abiertamente sobre cualquier problema en el trabajo.

Foto de WTTJ

Laetitia Vitaud,Mireia P. Sabadell

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